Disclaimer: Nada de Harry Potter ni las imágenes que uso para inspirarme me pertenecen.

Sumario: Harry tuvo una genial idea en un momento de aburrimiento. Abrumado por la posibilidad de contactar con una persona desconocida envía a Hedwig con su carta a por alguien especial sin darse cuenta que una cosa tan insignificante como esa abrirá las puertas a un amor que arrasará con todo, incluso con Voldemort.

NOTA: En mi perfil tenéis el link para ver las imágenes en photobucket, en el álbum "Una Carta de Amor".


Capítulo Extra

Dumbledore y la tapadera de Cedric

Dumbledore no podía creerlo que estaba pasando delante de sus narices. El mortífago que había protagonizado a Moody descubierto delante de todos y el Torneo siendo investigado. ¡Qué mala suerte había tenido el pobre Diggory! Fuera quién fuera quién había dejado inconsciente a Cedric, y había mandado la señal de socorro, claramente no pensó que sería Moody quien iría en su búsqueda pensando que quizás pudiera ser Potter. Debería haberlo previsto pero ahora Cedric estaba muerto y no podía dejar que nadie lo supiera.

"¿Cómo es posible?", preguntó llorando Julinda Diggory, su cabello del mismo color que el de su hijo, tumbado sobre la cama de la enfermería con rostro angelical pero claramente muerto. "¿Cómo pudiste dejar que nuestro hijo fuera asesinado?"

Dumbledore no dijo nada; no sabía que decir. Amos Diggory estaba callado, tan callado como su hijo asesinado, y eso le hacía temer. Mientras que Julinda era alguien intimidante ella no tenía la misma posición política que su marido al ser una curandera. Amos, no obstante, era un político reconocido y siempre había sido uno de sus más fieles colaboradores pero ahora… No sería descabellado pensar que Amos pudiera darle la espalda, figurativamente, en el Wizenmagot. No, tenía que arreglarlo de alguna forma.

"¿Cómo pudiste, Albus?", susurró Amos, cuando vio que Dumbledore no pensaba darle ninguna explicación porque no tenía ninguna para contarle. Ni siquiera una falsa. "¿Cómo pudiste dejar que mi hijo, que esos chicos, fueran entrados en este miserable Torneo sabiendo que… sabiendo que él está vivo y detrás de esto? ¿¡CÓMO PUDISTE DUMBLEDORE!?"

"Créeme Amos, si hubiera sabido las posibles repercusiones, lo que hubiera pasado si alguno de nuestros invitados hubieran estado en peligro yo-"

"¡No hables como si Cedric no importara nada!", gritó Julinda, que había estado llorando en silencio escuchando las palabras de su marido. De repente su rostro se puso rojo, de la ira y de la frustración, y las lágrimas brotaron sin cesar de sus ojos castaños. "¿¡Qué demonios importa la reacción de Francia o Bulgaria!? ¡NUESTRO HIJO ESTÁ MUERTO! ¡MUERTO ME OYES! ¡Cedric está-está!"

Y luego un sonido extraño, como un gato magullado, le salió de la garganta antes de ponerse a llorar sin poder hablar una sola palabra más. Dumbledore, extrañamente, sintió algo incompresible removerse en su estómago y acoplarse a su garganta, viendo como Julinda lloraba desconsolada con unos sollozos desgarradores que le salían de lo más profundo. Amos, quien había perdido toda su ira al ver de nuevo a su hijo tendido muerto en brazos de su esposa, se echó a llorar también en el cabello de su mujer.

Dumbledore, sin pensarlo, sacó su varita de sauco y apuntó en la dirección de los Diggory. "Obliviate. Vuestro hijo Cedric ha sido enviado a Estados Unidos, lejos del Reino Unido y de la inminente guerra. No tendréis contacto para no alertar de su paradero; cuando la guerra termine él os buscará una vez más".

Los lloros cesaron de inmediato y Amos y Julinda le miraron con el rostro en blanco, ajeno de emociones, y asintieron. Se levantaron y se marcharon sin tan siquiera mirar a su difunto hijo. Minutos más tarde Dumbledore transfiguraría el cuerpo de Cedric en una piedra cualquiera y lo lanzaría a las profundidades del Lago Negro, cuando nadie pudiera verle actuar de forma tan bizarra. Crouch Junior le había dado una idea estupenda. Los siguientes días los amigos de Diggory recibirían una carta de Cedric explicándoles su repentina salida del país; con el clima bélico del momento, nadie preguntaría dos veces si era una carta de su amigo.

...

Draco y la muerte de Nagini

"Maldito Pot-", siseó nervioso antes de cortarse en seco.

No le haría ningún bien decir el nombre de Potter en la Mansión Malfoy siendo el Señor Tenebroso su invitado. Además, con su madre desaparecida y su padre en Azkaban, solo quedaba él en su casa. Tendría que haberle dicho a Potter que su padre no había pisado la cárcel más de 2 días antes de ser rescatado por los hermanos Lestrange. Lucius era un hombre valioso para Voldemort. Aun siendo más poderoso políticamente que como luchador, Voldemort sabía que las alianzas y los sobornos de Lucius le podían servir ahora más que nunca.

Solo tenía que observar a Dolores Umbridge. Esa mujer era repugnante, incluso Draco y los otros Slytherins, aun siendo favorecidos por ella, la habían detestado. Había sido fácil para Lucius Malfoy, sin saber que su hijo le espiaba las 24 horas del día, pasarle ciertas reliquias oscuras que resultaron ser un fetiche para Umbridge. Umbridge bien podía ser un mortífago a pesar de tener un odio extraordinario a la mayoría de los siervos de Voldermort, aun creyendo en sus ideales. Era una tremenda contradicción y Draco detestaba pensar en el tema, la verdad sea dicha. Sino fuera porque estaba contribuyendo en matar a Voldemort…

"¿Dónde estará esa víbora?", se preguntó para sí mismo.

Llevaba días intentando acabar con la serpiente pero cuando pensaba que estaba preparado, como por arte de magia, Nagini desaparecía de la Mansión en la que estaba confinado. Por otro lado, cuando la veía reptar peligrosamente por sus suelos, como si fuera la reina de la casa, le entraba un pánico inexplicable. ¿Qué pasaría si Voldemort se enterara de que él la había matado? Fuera lo que fuera que Potter se traía entre manos era suficiente como para matar a Voldemort y Draco no creía que el Señor Tenebroso estuviera conforme de que él ayudara a planear su derrota.

Miró la daga, bañada en veneno de basilisco, que Potter le había dado y suspiró. De repente escuchó un 'pop' característico de los elfos domésticos y se giró, con rostro infeliz, a gritar unos cuantos improperios. Sin embargo, nunca hubiera imaginado que fuera Kreacher, a quién le había pedido ayuda días atrás, aguantando la serpiente odiada a pocos centímetros de su cara.

"¡AAAAAAAH!"

Draco blandió sus manos enguantadas frente su precioso rostro para protegerlo, con los ojos cerrados al ver los 5 metros de serpiente enrollada como si de una cuerda verde se tratara en los endebles brazos del elfo doméstico que sonreía triunfal, y con una expresión algo esquizofrénica, alzando la serpiente como si de un trofeo se tratara. Juraría que había escuchado a alguien más gritando pero cuando calló de repente al darse cuenta que él también estaba gritando no escuchó nada.

Minutos atrás, cuando se atrevió a abrir los ojos, observó la cabeza de la serpiente abierta y sangrando en su carísima alfombra persa mágica. Miró sus manos con estupefacción y luego contempló la daga clavada en la pared. ¡Merlín! Se la había cargado en un ataque de pánico. De repente se empezó a sonrojar. De pronto estaba tan rojo como la Sala Común de Gryffindor. ¡Merlín! ¡Si Potter se enterase de cómo había aniquilado a Nagini se lo recordaría durante toda la vida! Kreacher, que aún estaba presente en su habitación, seguía con los brazos en alto pero mirándole con el rostro en blanco. Draco se aclaró la garganta.

"Gracias Kreacher, puedes retirarte".

Kreacher ni asintió ni habló, simplemente se fue con la boca algo colgando. Horas más tarde Draco tendría la brillante idea de ver sus memorias en una pensadera, por pura curiosidad, y salió de ésta con el rostro ardiendo de la vergüenza al comprobar que había gritado como una niña, agitando los brazos con la daga desenvainada que había estado contemplando por pura casualidad segundos antes de que apareciera Kreacher, semejante a un molino. Vio cómo salía un humo espectral, junto con un grito helador que había pasado por alto, y cómo la daga salía despedida debido a las convulsiones de la serpiente, cuya fuerza la empotró en la entrepierna del retrato de su abuelo Abraxas que colgaba encima de su chimenea metros más allá. Definitivamente no le iba a decir a Potter cómo lo había hecho.

...

Los gemelos y su dinero perdido

"¿Qué ha pasado aquí?", se preguntó en voz alta Fred y ambos miraron como la puerta de su antigua habitación estaba forzada.

Pudieron ver rastros de su broma de advertencia por todos lados, cubriendo de plumas amarillas todo el suelo, pero no había rastro del perpetrador. George se puso rojo de la ira al ver las pisadas barrosas sobre su alfombra de plumas improvisada. Aunque no parecía haber nada fuera de lugar pudieron deducir que, fuera quien fuera, alguien había estado husmeando en su habitación aprovechando que ellos ya no residían en la madriguera.

"¡Oh, no!", exclamó Fred, que había seguido los pasos y había comprobado que sus pertenencias estuvieran en su lugar. "¡Nuestro dinero!"

"¿Cómo?", preguntó George y miró su escondrijo bajo la cama. Palpando a tientas y encontrando un hueco vacío.

"¡Alguien nos ha robado!", dijo Fred, con el rostro contraído del enfado.

Bajaron aprisa las escaleras y se encontraron con un seguido de personajes que sus padres habían dejado pasar a su casa. Shacklebolt, Fletcher, Jones, Moody, Figg, Snape, entre otros muchos que no reconocían. Miraron el suelo y vieron las pisadas dirigirse a Mundungus Fletcher. Ambos se abalanzaron escaleras abajo, antes de ser interceptados por su madre, con las manos en las escaleras. Ni siquiera la miraron.

"¡TÚ! ¡LADRON!", gritó uno de los gemelos, Molly no podía saber cuál de los dos era.

"¿¡CÓMO TE ATREVES A ROBARNOS EN NUESTRA PROPIA CASA!?", chilló el otro y el rostro de su madre se fue poniendo cada vez más rojo a medida que más desconocidos se apuntalaban en la puerta del salón a mirar el drama.

"¿Robado?", se escuchó uno de los extraños hablar en voz baja y luego otros murmuraron en voz baja.

Molly Weasley, sin pensar en las consecuencias, cogió una oreja de cada gemelo y se fue con ellos a su habitación; cerrando de un portazo la puerta. Los gemelos, impactados por la humillación a la que su propia madre les había sometido, solo se quedaron parados mirándola con la boca abierta. Al menos hasta que Molly Weasley contempló el suelo de su cuarto con asco.

"¡QUÉ ES TODA ESTA PORQUERÍA! ¡OS TENGO BIEN DICHO QUE NO USEIS VUESTRAS BROMAS EN ESTA CASA O EN CUALQUIER LUGAR! ¡YA ESTÁIS RECOGIENDO ESTA POCILGA ANTES DE QUE VENGA VUESTRO PADRE!", gritó a pleno pulmón su madre, con el rostro tan rojo como su cabello, y el cuello vibrando del volumen.

Fred notó su cara arder de la ira. ¿Quién se había creído que eran ellos? No solamente su madre había insultado indirectamente su higiene sino que les había humillado y ni siquiera había hablado ni una sola palabra de su dinero desaparecido. George no podía creerlo, miró con nuevos ojos a Molly Weasley, sin poder creerlo.

"¿Y ya está? ¿Te decimos que nos han robado dinero, de nuestra propia habitación, y nos ordenas que la limpiemos?", preguntó con un hilo de voz George, viendo que su hermano estaba mordiéndose la lengua para no ponerse a chillar como un energúmeno.

Su madre soltó un bufido entre resentido y superior que le erizó el bello. "Si hubierais dejado ese dinero en la cámara Weasley no habría pasado esto, ¿no es así?"

Fred estalló, cogiendo la mesa fuertemente para evitar una tragedia. "¡ES NUESTRO DINERO NO EL TUYO NI EL DE PAPÁ! ¿¡ACASO TE DIVIERTE TENER A LADRONES EN CASA!?"

Molly volvió a enrojecer pero hizo caso omiso de las últimas palabras de su hijo. "¡PUES AHORA NO ES NI NUESTRO DINERO NI EL VUESTRO!"

Y cogió la puerta con aires furiosos y se fue, dejándolos boquiabiertos y atónitos. Fred se tapó la cara con las manos, evitando ponerse a llorar de la frustración. George, sin embargo, el gemelo más ligeramente calmado, abrió fuertemente sus armarios mágicos y empezó a llenar una mochila con sus cosas. Si su madre prefería creer en las tonterías de Dumbledore antes que a su familia estaba claro que tenían que largarse de ahí.

"Vamos, cojamos lo nuestro y nos largamos", le dijo, en voz alta, aunque no le hacía falta.

Fred asintió y en menos de media hora, aunque podrían haber usado sus varitas, gracias a su enfado hubieron expoliado su antigua habitación de todo salvo de las sábanas y los muebles.

"¿Qué hacemos con Ron y Ginny?", preguntó Fred, que por fin podía hablar sin ponerse a chillar.

George sacudió los hombros. "Cojamos sus cosas por si acaso".

Y así fue como, sin decirle nada a su madre, recogieron todas las pertinencias de sus hermanos antes de desaparecer sin un solo adiós.

"¡Malditos todos!", gritó George y dejó sus cosas con violencia en el sofá de su pequeño piso en el callejón Diagon.

Fred estaba tan furioso que ni siquiera asintió. ¡Habían guardado cerca de 200 galeones en su habitación! De cualquier modo, suspiró. No podrían recuperarlo ahora.

"¡Mierda!", gritó Fred, acordándose de otra cosa que habían dejado en su cuarto a escondidas.

George le miró y luego comprendió qué pasaba por la mente de su gemelo. Ambos hablaron al unísono. "¡La escoba de Ginny!"

Fred luego palideció cuando recordó que le habían prometido a su hermana, hacía años, que para su quinto curso iban a regalarle la mejor escoba del mercado. "Ginny nos matará. A nosotros o a mamá…".


Bueno, se acabó UCA. Solo quedará editarla y nada más. Siento haber tardado una semana más de lo esperado en colgarlo pero no he parado quieta. Gracias por todos vuestros reviews.

Me voy a tomar un tiempo para continuar con Chimaera; la que seguramente modificaré. Aun así no me he olvidado de Chimaera o de Falacia.

R&R.

Blackcirce.