Cenicienta

Por Mandragorapurple


Lenacienta estaba impactada con la belleza de castillo. Toda la gente bebía, comía y bailaba con alegría, murmuraban con las miradas en el trono donde el príncipe Kanda observaba a las jóvenes casaderas.

Todos quedaron en silencio cuando vieron llegar a Lenacienta, contuvieron la respiración ante su belleza e incluso el príncipe levantó una ceja. Jamás habían visto a esa bella joven y de inmediato se formularon preguntas sobre su nombre y procedencia.

La sorpresa fue mayor cuando el príncipe Kanda, hasta ahora con la mirada ausente y aburrida, se levantó y la invitó a bailar.

Fue imposible separarlos, bailaron mirándose a los ojos haciéndose preguntas discretas. En sus rostros se podía ver que habían encontrado a su amor verdadero.

El reloj comenzó a sonar indicando que eran las doce. Lenacienta sintió angustia pues su hada Jeryy le había dicho que debía volver a las doce en punto. Soltó al príncipe en medio de una pieza y corrió a la salida disculpándose. El príncipe corrió tras ella. No sabía su nombre o donde encontrarla, no podía dejar ir a su futura esposa.

Presurosa, Lenacienta bajó la escalinata del castillo dejando caer su zapatilla roja de cristal y se perdió en el bosque antes de sonar la última campanada. El príncipe la perdió de vista pero encontró la zapatilla, la sostuvo entre sus manos y juró que la encontraría y se casarían. De inmediato, un hombre surgió de los árboles y se presentó frente a él armado hasta los dientes.

-¡Ningún pulpo se casará con mi Lenacienta! – gritó el malvado hermano que había prohibido a la joven asistir al baile. Arrebató la zapatilla al príncipe y se fue riendo a carcajadas.