Siento la tardanza, pero entre los exámenes finales que tuve, que me fui de vacaciones, tal y cual... Lo siento mucho, de verdad.
Gracias por las rewies, son de agradecer y muy constructivas, jeje.
Cap. 2 Solución o no...
Había llegado el día sin saber qué podía hacer él para poder averiguar cuál era el ingrediente que había hecho que su alumna estuviera en coma, por lo que se levantó y comenzó su día, no sin dejar de pensar en alguna solución.
Su primera clase, para colmo, era con Gryffindor y con los de su casa. Fue al desayuno, en donde el director le preguntó si había averiguado algo acerca de la señorita Granger.
Esto lo he provocado yo, lo soluciono yo. – No, Albus, estoy en ello.
Cuando pasó junto a la enfermera, le preguntó por el estado de Hermione, disimulando su preocupación, más bien parecía que preguntaba si iba a llover ese día.
-Pues sigue igual, Severus. No ha habido cambios.
Eso en parte le tranquilizó, pues no empeoraba, por lo que tenía tiempo. Al llegar a su aula, todos los alumnos corrieron a sentarse a sus respectivos sitios. Se fijó en el hueco que había entre Harry y Ron, y algo en el estomago se le movió. Cuando apartó la vista hacía el moreno, vio claramente la mirada de odio que tenía, por lo que Snape le mandó una mejor.
- Bueno, hoy prepararemos Filtro de muertos en vida… ¿Alguien me puede decir para qué sirve?
El único sonido que se escuchaba era la respiración de Snape tratando de calmarse.
Qué clase más incompetente… Longbottom mirándose los zapatos, Potter mirando las musarañas, Weasley… dormido. A ver si Draco, sí… peinándose que está y los dos otros, Crabble y Goyle… para qué nombrarlos… Echo de menos a Granger, por lo menos atendía en clase. ¡Yo no he dicho eso!
- Vaya… comiencen.
Pasado un rato, estaba pensando en cómo librarse de la incomodidad que sentía al pensar que la sabelotodo estaba en la enfermería por su culpa, cuando escuchó a Harry hablar con Ron. Enseguida, iba a quitarles puntos cuando escuchó algo que le interesaba.
- … a ver Ron, ¿no te acuerdas que en tercero Hermione podía ir a todas las clases, aunque coincidieran sus horas? Pues era porque tenía un giratiempo. Mira, si yo tuviera uno… - Decía Harry muy animado, mientras echaba los últimos ingredientes de la poción.
- Potter, Weasley, esto no es una cafetería. 10 puntos menos para Gryffindor. – Por mucho que le hayan dado la solución, no iban a librarse de su pérdida de puntos.
¡Eso es! Si pillo un giratiempo, puedo ir a la clase de ayer y ver qué ingrediente no debería estar en la pizarra.
Terminó la clase antes de lo que debería (algo que no molestó a los alumnos) y corrió escaleras arriba al despacho de Mcgonagall. Entró sin llamar si quiera.
- Severus, ¿a qué viene tanta prisa? – La profesora Mcgonagall se encontraba sentada ante su escritorio revisando unos pergaminos.
- Minerva, necesito que me dejes un giratiempos. – Snape no se anduvo con rodeos.
- ¿Un giratiempos? ¿Para qué quieres tú un giratiempos?
- Tú sólo dámelo. –Al ver la cara de la profesora de extrañeza, continuó – Sé que hace unos años se lo dejasteis a Granger para que fuera a todas sus clases, sé que tenéis uno, así que… por favor… -se empezaba a desesperar – déjamelo.
Con cara de enfado, la profesora se levantó y se dirigió a un cajoncito que se encontraba cerca de la puerta. Sacó el artilugio y se lo entregó a Snape, no sin antes advertirle de que jugar con el tiempo no es muy recomendable. Snape sabía de sobra que no estaba enfadada por dejarle el aparato, era porque no le había dicho para qué lo quería, la profesora siempre se quería enterar de todo…
Estupendo, ahora sólo me queda ir a ayer, ¿no? A la clase de Gryffindor. Pero… como vean a dos de mi persona, los alumnos capaz de salir corriendo. Bueno, a ver cómo narices me las apaño.
Una vez en su despacho, vio que tenía clases con los de 5, pero la verdad es que no estaba dispuesto a esperar para ver si su plan surtía efecto, por lo que rápidamente escribió en un trozo de pergamino que no había clases y lo colgó en la puerta con un hechizo. Volvió a su habitación y calculó el tiempo que necesitaría para ver la pizarra, y se dio cuenta de que no iba a ser mucho. Le dio un par de vueltas a la manecilla del giratiempos y sintió como todo alrededor daba vueltas. Cuando todo terminó, estaba de nuevo en su habitación, pero era mucho más temprano. Al prestar atención, pudo escuchar el grifo de la ducha y cayó en la cuenta de que era él duchándose y que cuando saliera, le iba a ver, así que corriendo, se metió debajo de la cama.
Esto es patético. Escondido en mi propia habitación y todo por la sabelotodo de Gryffindor.
Mientras pensaba, vio cómo su otro yo se vestía con los movimientos de la varita, arreglaba un poco la cama, y salía de la habitación. El Snape actual, pensó que ahora le tocaba esperar a que desayunaran y demás, pero aun así, salió de la habitación y se sentó en una de las sillas de los alumnos. Estuvo esperando cerca de 20 minutos hasta que oyó que alguien se acercaba. Se trataba de él mismo, y corriendo se escondió en el armario de los ingredientes. Desde el armario, vio como el otro Snape escribía los ingredientes y pasos a seguir de la poción de ese día. Como pudo, divisó los nombres, y efectivamente, había un error al final de las instrucciones. En ese momento entraban los estudiantes, y se oyó a si mismo hablarles.
- En la pizarra están los ingredientes. Comiencen… ¡ya! – ¡Je! ¡Cómo impongo respeto!
Se dio cuenta que Hermione estaba con la mano levantada y cómo el profesor pasaba de ella, descaradamente.
Creo que soy muy capullo con ella. Para alguien que contesta a las preguntas, que atiende y que hace los ejercicios bien… debería tratarla mejor…
Pensando estaba que no se percató que los alumnos se acercaban al armario para coger los ingredientes, alumnos que iban maldiciendo al profesor… A punto estaba de abrir el armario Draco, cuando milagrosamente, todo volvió a dar vueltas y apareció en el mismo armario, pero ya sin nadie fuera. Salió, ya sin miedo a encontrarse a sí mismo, y se dirigió a su laboratorio privado, el cual se encontraba detrás de una puerta situada en el aula. Allí empezó a buscar el ingrediente dichoso, se trataba de Eléboro que al mezclarse con el Acónito, había formado una reacción muy potente. Por suerte, y como buen especialista en pociones, sabía cómo contrarrestar el efecto. Lo único malo es que la poción para tal fin necesitaba de bastantes horas para que funcionara. Rápidamente se puso manos a la obra, para no perder tiempo. Estuvo trabajando hasta la hora de la comida, cuando dejó la poción para que reposara durante un tiempo, luego le añadiría el último ingrediente.
Bajó al Gran Comedor más animado que por la mañana, algo que no pasó desapercibido para el director, el cual ni le preguntó el porqué, sabía de sobra que no le iba a contestar.
Después de la comida, se acercó a la enfermería, a ver cómo estaba su alumna. Al llegar, vio a la enfermera junto a su cama, y eso le preocupó.
- ¿Ocurre algo? – Aunque estuviera preocupado, él no daba señales de tal cosa.
- Ha empeorado un poco, Severus, para que engañarte. Parece que respira con dificultad. Le he dado una poción, pero no parece hacer efecto. O encontramos pronto la cura…
Snape se dio la vuelta, haciendo girar junto a él su túnica negra con la elegancia que sólo él posee. Fue a ver la poción que seguía reposando en su laboratorio, le echó el ingrediente que faltaba y se volvió a la habitación.
- Maldita sea.
Joder, mira que tardar tanto la jodida poción. Faltan como… ¡¡8 horas!! No puede pasar nada en ese tiempo…
Resignado a esperar, se sentó en el sillón enfrente de la chimenea encendida. Estaban a finales de febrero, y seguía haciendo frío. Nada más sentarse, conjuró un vaso y una botella de whisky de fuego, para beberse de un trago el vaso entero. Pasó el resto de la tarde tratando de no pensar, claro que le era imposible. A la hora de la cena, prefirió quedarse en su habitación, así estaría más pendiente de la poción. Al cabo del rato (un buen rato), ya estaba preparada. Con cuidado, vertió un poco del líquido en una botellita, lo tapó y se dispuso a marcharse a la enfermería. Se percató de que ya era más tarde de la medianoche, y había más frío de lo normal. Consiguió llegar a la enfermería y, por suerte, no vio a la enfermera por allí.
Estará durmiendo. Mejor, no quiero que nadie sepa que me dedico a salvar a niñas en coma…
Se acercó sigilosamente a la cama, y sacó de su bolsillo interior la botellita. Vio como Hermione respiraba dificultosamente, haciendo que el profesor se sintiera mal.
No entiendo porqué, si ya se va a poner bien… o eso espero...
Cuidadosamente le levantó la cabeza lo necesario para que el líquido pudiera pasar por la garganta. Cuando la botella quedó vacía, depositó de nuevo la cabeza en la almohada, esperando a que la chica reaccionara, pero al contrario de todo pronóstico, Hermione dejó de respirar…
Continuará...
