Sé que no tengo perdón por tardar tanto, pero aún así... lo siento. Bueno, capítulo tres.

Cap. 3 Dar las gracias

El profesor Snape se asustó como pocas veces le ocurría. El ver a la insufrible sabelotodo sin color en la cara y sin muestras de vida, hizo que a él mismo se le fuera toda la seguridad que siempre hacía gala de poseer.

- Vamos, Granger, no me haga esto… - decía mientras le agitaba por los hombros. Se quitó la túnica por el calor que le estaba entrando debido a la angustia que sentía en esos momentos - ¡Granger! ¡Despierte! ¡No me va a dejar con la panda de imbéciles de sus compañeros! ¡Reaccione!

Se estaba desesperando cada vez más, su alumna no reaccionaba de ninguna forma. Estaba a punto de sacar la varita, cuando notó con Hermione empezaba a toser ruidosamente. Cuando se percató de que el color volvía al rostro de la chica y comenzaba a abrir los ojos, se apresuró a la puerta, pues no quería que su alumna supiera que había estado allí y en el estado de agitación en el que se encontraba.

Por nada del mundo se debe enterar de que he sido yo el que le ha ayudado y menos lo mal que lo he pasado al pensar que moría…

Hermione despertó sintiendo la garganta arder. Tras ubicarse y ver que se encontraba en una cama de la enfermería, pudo ver que la puerta de la habitación privada de la enfermera se abría a la vez que la puerta que daba al pasillo del castillo se cerraba tras pasar una figura alta. No le dio tiempo a pensar en nada más cuando oyó a Madame Pomfrey hablarle.

- ¡Señorita Granger! Qué alegría que esté usted despierta. – Decía Madame Pomfrey mientras se ajustaba la bata y se acercaba a la cama. – Deje que vea cómo está.

Dicho esto, comenzó a cerciorarse de que su paciente estuviera bien.

- Madame Pomfrey, ¿qué me ha pasado? – Hermione tenía un vago recuerdo de la clase de pociones, pero, como siempre, quería tener la certeza.

- Tuvo un accidente en las clases de pociones. Mezcló unos ingredientes que formaron una fuerte reacción que usted inhaló. Desde hace un par de días se encuentra en coma. Lo que no sé cómo ha despertado, la verdad, sin una poción que contrarrestará a la que había tomado… Qué raro, pero bueno, está bien, que es lo que cuenta.

Después de estar un rato pendiente de ella, la enfermera le comunicó que debería descansar allí por lo menos un día más, para ver cómo evolucionaba. Hermione no puso inconveniente, pues la verdad se encontraba cansada. Cuando ya se estaba sola se dio cuenta de que había algo en el suelo, al lado de la cama. Bajó de la misma para recoger lo que parecía una túnica. Con ella en las manos, pudo darse cuenta de que se trataba de la prenda de su profesor más temido.

¿Qué hace aquí la túnica típica de Snape, si no se la quita ni para ducharse? Si es que se ducha, claro está… La dejaré ahí, bien dobladita, ya vendrá a por ella.

Volvió a tumbarse en la cama, pero nada más apoyar la cabeza en la almohada, recordó la figura que se había escabullido por la puerta, y entonces comprendió quién había estado allí.

La túnica, la persona que se iba, que haya despertado así porque sí, y que fuera en la clase de pociones… todo parece indicar que fue Snape quién me ha dado la poción para despertar…

No… ¿qué iba a hacer Snape aquí? Ni que ser preocupara por mí…

Pues parece que sí, querida…

Anda, cállate…

Al llegar a las mazmorras, Snape corrió a su habitación para poder despejarse un rato. Todavía estaba preguntándose qué le había ocurrido en la enfermería.

¿Por qué me ha afectado tanto el verla así? Si sólo es mi alumna… Vale que es la mejor alumna que he tenido durante todos mis años de enseñanza, vale que comprobé que sin ella en clase no tiene gracia preguntar, pero de ahí a que me preocupe por ella, hay un trecho.

A ver si la empiezas a apreciar…

¿Apreciar a la sabelotodo de Granger? Qué dices…

Lo que oyes.

Mira, mejor me voy a dormir, seguro que mejoro mentalmente.

Pasó la noche dándole vueltas al tema y seguía sin ninguna explicación que le convenciera, porque claro, la explicación de que le empezaba a gustar una alumna de Gryffindor, a Severus Snape no le convencía.

Al día siguiente, Snape supo por Dumbledore que Hermione estaba bien, pero que estaría un día más en la enfermería por órdenes de Madama Pomfrey. Eso le dio un margen de tiempo para poder poner sus pensamientos en orden.

Hermione, mientras tanto, se aburría como nunca en la cama de la enfermería. Por distraerse un poco, trataba de recordar algo que le indicara si era cierto que su profesor de pociones había estado allí y, cuando estuvo segura de que así era (todo indicaba a ello), intentaba averiguar qué podía estar haciendo él allí, algo que no le vinculara a ella. Lo que conseguía con esto era que sólo pensara en él. De acuerdo que el profesor no le trataba bien, nada bien para ser más exactos, pero no le odiaba y no sabía por qué… cuando se dio cuenta, estaba enumerando las cosas que le gustaba de su no odiado profesor, que si su voz, que si su levantamiento de cejas, que si era muy inteligente y valiente,… y que, básicamente, estaba muy bueno.

Mierda aburrimiento, mira lo que me haces pensar…

Al llegar la noche, Snape se encontraba en su despacho corrigiendo unos cuantos trabajos cuando oyó que alguien llamaba a la puerta. Maldiciendo porque le molestaran a esas horas, ordenó pasar a quién fuera. No se esperaba encontrar frente a él a Hermione, la cual intentaba parecer muy tranquila pero fracasando en el intento.

- Vaya, señorita Granger, pensaba que se tenía que quedar en la enfermería.

- La enfermera me ha dejado salir ahora mismo.

- Bueno, así aprenderá a no interrumpir en mi clase y no causar más problemas. – Hermione se mordió la lengua para no soltar lo que realmente pensaba, pero mejor dejarlo pasar. – ¿A qué debo su visita?

Hermione, con toda la tranquilidad que pudo obtener, avanzó unos pasos hasta ponerse enfrente de su escritorio, donde Snape estaba sentado.

- Eh… yo… venía… quería… -¿Qué narices te pasa, chica, ya no puedes ni juntar dos palabras? Snape, mientras tanto, le miraba fijamente, intentando no reír delante de la muchacha.

- ¿Sí, señorita Granger?

- Venga, tu puedes… - Venía a entregarle su túnica, profesor, se le olvidó en la enfermería. Tenga.

Le tendió la túnica bien doblada. Snape tendió la mano para recogerla mientras se levantaba y rodeaba el escritorio con la vista fija en Hermione. Ella solo se limitó a mantenerle la vista fija en él, pese a que le costó, lo consiguió hasta que habló.

- Gracias, señorita Granger. Ahora, ya puede retirarse.

- Sí, profesor.

Se volvió para dirigirse a la puerta, pero haciendo acopio de todas sus fuerzas, se giró y dando un paso, abrazó al profesor, el cual solo atinó a levantar los brazos mientras aun sostenía la túnica doblada en una de las manos.

- Gracias, profesor, sé que fue usted el que me ayudó. Según la enfermera, no hubiera salido de esta si… Gracias.

Cuando Snape pudo darse cuenta de lo que pasaba, Hermione ya se marchaba por la puerta. Aun así, se quedo de pie, asimilando lo que había ocurrido.

Recapitula: la chica ha venido a darme la túnica. Se ha girado. Ha vuelto a girar y me ha abrazado. Creo que empiezo a delirar. Sí, definitivamente estoy delirando. Y encima se ha dado cuenta de que he sido yo el que la ha ayudado… Mierda. Y lo peor de todo, es que me ha… gustado el dichoso abrazo.

- ¡Joder!

Hermione llegó corriendo a la sala común. Aún no le cabía en la cabeza lo que había hecho. Por suerte, no había nadie en la sala, así que subió a su habitación y se tumbó en la cama.

¡He abrazado a Snape! Mira, si me dices a McGonagall, se vería hasta normal, pero Snape… Mañana no sobrevivo a la clase de pociones, me va a acribillar a insultos. ¿Quién me mandará a mí?

Tú, que eres muy cumplida.

Pensaba que habías desaparecido.

Te queda mucho por escucharme.

¿Cómo qué?

Pues como que te gusta Snape

No pudo seguir conversando con ella misma, alguien tocaba la puerta. Era Ginny, que iba para ver cómo se encontraba después de la enfermería e informarle que los chicos preguntaban por ella. Bajó a verles, hacía tiempo que no les veía y ya les echaba de menos.

- ¡Eys! Herms, ¿qué tal todo? Veo que ya estás recuperada – Le dijo Harry mientras le daba un abrazo.

- Sí, ya estoy bien. Anda que habéis venido a verme alguno de los tres, ¿eh? Ya os vale. Me he aburrido bastante.

- Lo sentimos, Herms, pero hoy eran las pruebas para el equipo de quidditch… y nos dijo McGonagall que ya estabas bien… y entonces… - Esta vez era Ron quien se acercaba a darle un abrazo.

- Ya lo sé, por eso os perdono. ¿Qué tal todo por aquí, alguna novedad?

Pasaron un buen rato sentados a la chimenea mientras hablaban. Hermione se puso al corriente de todo lo sucedido en su ausencia, de los deberes que tenían y ya cuando se les cerraban los ojos, decidieron irse a dormir. Al llegar a la cama, Hermione se quedó dormida nada más caer.

Continuará...