Eh... decir lo siento vale de algo? Si sirve de excusa, diré que el ordenador donde tenía la historia murió, y no guardé toda la información. Pero haciendo de nuevo limpia entre cd's antiguos me he encontrado con algunos capítulos que ya había escrito, así que, de que vaya hilando la historia, los subiré, que sé lo que molesta que una historia se quede a medias.

Eso sí, estaba un poco perdida, así que todo lo que había pensado para esto, habrá cambiado después de tantos años.

Cap. 4 Volver a dar las gracias...

El día siguiente, Hermione, después de haber recapacitado acerca de su profesor y ese supuesto enamoramiento hacía él, había caído en la cuenta de que todo tenía que ser alguna ilusión, algo pasajero por las hormonas.

Sí, seguramente es eso. No me puede gustar alguien como Snape, es mi profesor, mucho mayor que yo,… Ha debido ser un lapsus por lo del coma.

Mucho más animada por sus nuevos pensamientos, se levantó de la cama y se arregló para ir a desayunar. Una vez en el Gran Comedor, dirigió una mirada a la mesa de los profesores, y se extrañó de no encontrar allí a Snape. Rápidamente, se maldijo a sí misma por pensar en él una vez más.

Mira, si no está, que no esté. No me va la vida en ello y punto.

Y era cierto, el profesor había decidido pasar directamente del desayuno. Se vio en el espejo, y el reflejo que le mostró no es que fuera muy alentador. Vale que no durmiera como era debido desde hacía… décadas, pero esa noche no había dormido nada y todo por culpa de su alumna. Se lavó la cara a ver si se le pasaba un poco el malestar general que tenía al pensar que llevaba dos noches en vela por pensar en Granger, la primera para ver cómo le salvaba y la segunda por el abrazo que le había dado.

Hacía mucho que nadie le abrazaba tan efusivamente como lo había hecho ella y sólo por dar las gracias, bueno, quitando a Dumbledore, pero eso no contaba.

Veamos, Severus, no hagamos tonterías. Granger es una alumna más, ¿por qué ahora te da por pensar en ella? ¡Se acabó! Ella está bien, sólo te agradeció el gesto de salvarle la vida, bueno, gesto… hubiera muerto si no, es normal que diera las gracias. Ya está, todo vuelve a la normalidad.

Severus Snape siempre se había caracterizado por tener una cabeza fría, sabía sopesar pros y contras de una actuación. Era un hombre realista, que no se dejaba guiar por sentimientos y mucho menos dejar ver los (pocos) que él sintiera a los demás. Había construido un muro a su alrededor que, contadas personas, habían traspasado y no estaba dispuesto a que nadie más lo hiciera.

Con renovados pensamientos, se metió en la ducha para poder dar su primera clase del día con un poco de elegancia.

El día para Hermione pasó rápido, entre tener que ponerse al día con los deberes y estar con sus amigos, no tuvo tiempo de pensar en nada más. Por la noche, después de haber estado como de costumbre en la biblioteca hasta que le echaron, volvía hacía su sala común, distraída pensando en los exámenes que tenían próximamente cuando oyó un carraspeo a su espalda. Sabiendo ya a lo que se atenía, se giró lentamente.

Estupendo, con todos los profesores que hay en el colegio, no puede ser ni Macgonagall ni Dumbledore, no… tiene que ser Snape.

- Vaya, vaya… ¿estas son horas de andar por el colegio, señorita Granger? – Frente a ella estaba Snape, mirándola desde arriba.

- Eh… vengo de la biblioteca, señor.

- Debería estar en su sala común, no deambulando por el castillo.

Hermione, que no estaba dispuesta a dejarse vencer tan fácilmente, se encaró a su profesor.

- Que yo sepa, profesor, todavía no ha dado el toque de queda.

- Cierto, se me olvidaba que usted lo sabe todo. – Le contestó Snape susurrando lo último, lo bastante alto para que su alumna lo escuchara. – Lárguese… ahora mismo…

Hermione se dio la vuelta, no quería jugársela más.

- … no vaya a ser que me dé las gracias de nuevo… y no tengo ganas de soportarlo otra vez… - Lo dijo con todo el desprecio del que era capaz, algo que no pasó desapercibido para la chica que ya se marchaba.

Será cabronazo, encima…

Se paró en el pasillo y se dio la vuelta, hasta estar de nuevo a la altura de su profesor.

- Sí, fue un error. No caí en la cuenta de que es usted el maldito murciélago sin sentimiento ninguno que pasa de todo y todos. Cierto, si hay una próxima vez, que lo dudo, pues no tengo ganas de acercarme a usted más de lo necesario, recuérdeme lo cabrón que es, ¿de acuerdo? – Terminó diciéndole con una sonrisa en la cara, y acto seguido, se giró y echó a andar lo más rápido que pudo.

El hombre se quedó más que asombrado. Cuando quiso reaccionar, Hermione ya se había perdido por el pasillo, siendo consciente de que si se quedaba allí, corría el riesgo de ser castigada por el resto del curso.

Snape miró a todos los lados, para ver si había alguien que hubiera visto lo que realmente había pasado.

¡Dichosa sabelotodo! Nadie me habla así y sale de rositas. Ya te pillaré, Granger… Habrase visto… que insolencia…

¿Con quién hablas?

¿Contigo, no?

Ah, vale, vale.

¿Tú la has visto? En la vida un alumno ha osado dirigirse de ese modo a mi persona… vamos.

Es que es una Gryffindor y de las buenas.

Pero… ¿hasta qué punto vamos a llegar?

Mira, Severus, asume que te ha gustado.

¿Perdona? Claro… ahora me agrada que los alumnos se me revelen.

No… pero te ha gustado la forma en la que te ha encarado.

Dejémoslo…

Era ya la segunda vez que se escapa sin darle tiempo al profesor a replicarle ni a quitarle todos los puntos necesarios.

Intentó despejar la mente de la Gryffindor dichosa mientras se dirigía a su habitación. Su subconsciente llevaba razón, le había encantado ver a la chica fuera de sus casillas pero sin perder el control por completo, el ver como se había levantado hasta estar a su altura y mirarle directamente a los ojos, y el verla girar haciendo que su maraña de pelo girara a la par… sí, le había gustado.

No me puedo creer lo que he hecho. Lo raro es que haya salido airosa de la situación.

No cantes victoria, Hermione.

Ya estamos… Bueno, ¿y lo bien que me he sentido? Aunque a lo mejor me he pasado un poco…

Ahora es cuando te comes la cabeza…

A ver, tampoco es que no se interese por los demás, a fin de cuentas, fue él el que me ayudó con lo del coma, eso demuestra que sí que se preocupa…

Cierto.

¡Pero que no! Siempre se pasa conmigo, encima que se lo agradezco. Arrgg! Paso.

Continuará... (lo prometo)