Muy bien, pues ni yo me lo creo. He aquí el segundo capítulo. (Es mi primer segundo capítulo :O)

Espero que lo disfruten mucho. Me sorprendió ver que a muchos de ustedes les haya gustado mi AU. Pues bien, he aquí la continuación.

Como mencioné en el capítulo anterior, sé que hay palabras que se dicen de manera diferente en cada país. Aquí recopilé algunos sinonimos de algunas palabras que usé en este capítulo para que todos puedan entender a qué me refiero.

Loro: perico, cotorro (parrot)

Computadora: Ordenador, laptop. (computer)

Celular: Móvil, teléfono móvil. (cellphone)

Camiseta: playera, camisa, polera, polo, remera, franela (T-shirt)

Sudadera: chandal, jersey (sweatshirt)

Chaqueta: Chamarra, casaca, cazadora. (jaquet)

"Las noticias": Noticiero, Noticiario, noticioso (The news) Me refiero al programa que vemos todas las mañanas en la televisión donde nos dan… pues las noticias.

¡Si ven alguna otra que no conozcan o si saben de alguna otra que se me haya pasado me avisan! Sin más, el fic:


Capítulo 2:

Como las nubes habían oscurecido la tarde, el recibidor estaba poco iluminado cuando entraron. Astrid no había siquiera cerrado la puerta cuando unos chillidos agudos se escucharon desde dentro.

– ¡Astrid, Astrid! ¡Cruuuaaa! ¡Astrid, hola!

Hiccup se quedó plantado en el pasillo desconcertado por la extraña voz mientras Astrid colgaba su chaqueta en el perchero que estaba junto a la puerta y sonreía tímidamente.

– Disculpa, es mi loro. – después se giró hacia dentro de la casa y gritó – ¡Ya vine, Stormfly!

Cuando escuchó a su dueña, más gritos emocionados de "¡Astrid, Astrid! ¡Hola! ¡Stormfly, que bonita cotorra!" llegaron a los oídos de Hiccup. Él sonrió. Astrid se apresuró escaleras arriba.

– Pásale, hacia allá está la sala. Trabajaremos en el comedor, ¿te parece? Ahora vuelvo – sin esperar respuesta corrió hasta desaparecer en el segundo piso.

Una vez solo, Hiccup se adentró tímidamente en la casa de su compañera. Las paredes eran de color melón y tenía ese aire hogareño que muchas casas no logran conseguir. Nadie había salido a recibirlos y aparte de los gritos del loro, la casa estaba en silencio, por lo que supuso que no había nadie más en casa. Se preguntó si viviría con sus dos padres y si tendría hermanos.

La sala tenía sillones de cuero cafés y una mesa de centro con una fuente empotrada en el medio. A un lado, un poco más allá, estaba la mesa del comedor, que era redonda y de vidrio transparente. Había un frutero grande con frutas reales en el centro. Las paredes estaban llenas de fotografías de estudio de Astrid. Unas eran de cuando tenía como tres años, otras cuando tenía alrededor de diez, otras de adolecente un poco más joven de lo que era ahora y sólo una fotografía familiar donde aparecía con sus dos padres y nada más. Así que no tenía hermanos.

No supo cuanto tiempo se quedó mirando las fotografías cuando Astrid finalmente bajó las escaleras cargando una jaula de aspecto pesado que traía un loro azul dentro.

– ¡Cruuuaa! ¡Stormfly! – exclamó el loro, luego giró la cabeza de lado para ver con su ojo directamente hacia donde estaba Hiccup. – ¡Astrid, Astrid! ¡Stormfly, que bonita cotorra! ¡Perica, Stormfly!

– Ya, ya. Cálmate. Sólo es Hiccup. Dile "Hola". – le dijo mientras colocaba la jaula sobre una mesita que estaba en un rincón.

– Hola.

Hiccup sonrió.

– Hola. ¿Cómo te llamas?

– ¡Stormfly! – respondió la cotorra.

– ¿Quién es tu mamá, Stormfly? – preguntó Astrid.

– ¡Astrid! – respondió con su voz de loro. Hiccup se rió.

– No le preguntes nada más porque es todo lo que sabe responder. – dijo Astrid con una sonrisa – ¿No te molesta que la tenga aquí verdad? Puede que grite un rato pero después se calmará. No me gusta dejarla sola en la habitación si yo no estoy ahí, ya de por sí se queda sola todo el día.

– Está bien, no me molesta para nada.

Astrid le dirigió una sonrisa agradecida.

– Iré por platos y servilletas. Ahora vuelvo.

Cuando Astrid se fue, Stormfly se quedó muy seria y no paraba de cambiar de posición buscando la mejor manera de analizar al extraño. Hiccup se acercó a la jaula para facilitarle la tarea. Para su sorpresa, la cotorra se comenzó a reír. Soltó un claro "ja, ja, ja, ja, ja" entre dientes, – pico – mientras dilataba las pupilas y lo veía de arriba a abajo.

– Hola, Stormfly – repitió Hiccup. – ¿Cómo estás? – Le acercó un dedo y la cotorra abrió el pico amenazadoramente como si fuera a morderlo, pero después de unos segundos pareció pensárselo mejor y en su lugar sólo se acercó a los barrotes de la jaula y pegó la cabeza para que él la acariciara. Cuando su dedo tocó las plumas azules que tenían los bordes en amarillo-dorado, éstas se esponjaron y ella cerró los ojos. Después comenzó a hacer un ruido que bien pudo ser un ronroneo.

– Por cierto, olvidé decirte, no te le vayas a acercar porque… - le llegó la voz de Astrid desde la puerta que conectaba a la cocina, sin embargo se detuvo en seco al verlo acariciar a su mascota y dejó caer algunas de las cosas que traía en las manos – La estás tocando – susurró completamente pasmada. – La estás tocando.

Hiccup retiró el dedo y Stormfly levantó la vista al escucharla entrar de nuevo a la sala.

– Eh… ¿no debería?

– No deberías poder. No deja que nadie la toque. Excepto yo, por supuesto. Ni mis papás pueden. A un tío le arranco una uña de un picotazo. Jamás le volvió a crecer.

Hiccup miró al ave con renovado respeto. Astrid se agachó para recoger las servilletas que había tirado y los cubiertos que se cayeron al suelo.

– Ahora… en seguida vuelvo. – Astrid seguía en shock cuando se devolvió a la cocina para cambiar los cubiertos sucios por unos limpios. Hiccup volvió a acariciar a la cotorra y ella lo dejó hacer. No parecía agresiva para nada.

Cuando Astrid volvió dejó los platos en la mesa y después le abrió la jaula a su mascota que salió riéndose de nuevo.

– ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Cotorrita!

Stormfly trepó por la jaula y se posicionó encima.

– Hola, Astrid. – repitió.

– Hola – le contestó su dueña. – No sabe decir muchas cosas pero eso no le impide hablar sin cesar.

- Es bastante simpática – comentó Hiccup extendiendo una mano para pasarle los dedos por las plumas una vez más. Stormfly estaba encantada con la atención. Astrid los miró y se mordió una sonrisa.

– No te lo puedo creer. – murmuró. – Nunca había dejado que otra persona la tocara. Espera, tengo que tomar una foto. – se palpó la falda con las manos buscando su celular pero cuando no lo encontró corrió hacia la entrada donde había dejado la mochila.

Regresó con la mochila de los libros abierta en una mano mientras rebuscaba en ella con la otra, dándose prisa como si temiera que el fenómeno fuera a terminar en cualquier momento.

– Mis papás no se lo van a creer. – dijo para sí mientras dejaba caer la mochila a sus pies y levantaba el teléfono móvil para poder tomar la foto. Hiccup se sintió repentinamente cohibido. Si esa mañana alguien le hubiera dicho que Astrid le tomaría una foto, lo habría mandado con un psiquiatra.

– Listo. Ya tengo evidencia fotográfica.

Hiccup dejó de rascarle la cabeza y comenzó a abrir y cerrar los puños sin saber que hacer con las manos.

– Oh, si quieres lavarte las manos, el baño está por allá. – le informó Astrid, malinterpretando su gesto.

Hiccup tomó la invitación para alejarse un momento y respirar. De pronto todo era muy abrumador. La mayor parte de su vida se la había pasado sólo con Fishlegs como compañía y con su primo de bully. Y ahora repentinamente la chica más popular de la escuela (ella no era consiente, pero aún así) le hablaba como si fuera lo más normal. Sí, abrumador era la palabra.

Sacudió la cabeza mientras dejaba el agua correr por sus manos para después mojarse la cara. Soltó un suspiro y salió del baño. Astrid ya había preparado todo para comer cuando entró a la sala. Stormfly estaba en el respaldo de una silla dirigiéndole significativas miradas a la comida.

– Es carne, no puedes comer eso. – se adelantó Astrid. Después tomó una manzana del frutero y cortó un pedazo con un cuchillo – Toma.

Stormfly tomó el trozo de manzana con una pata y se puso a comer con un ligero "crush, crush". Astrid se sentó en la silla en la que estaba su mascota e invitó a Hiccup a sentarse también con un gesto de la mano.

Cuando terminaron de comer, Astrid se llevó los platos a la cocina y fue a buscar su computadora a su habitación para poder hacer el trabajo.

A pesar de que a Stormfly le agradaba Hiccup no pudo evitar celar a Astrid. Se pasaba de un lado de la silla al otro inquieta, luego a su hombro, luego bajaba por su brazo hacia la mesa e incluso intentaba subirse al teclado de la lap-top intentando llamar su atención. De vez en cuando intentó mordisquear algunos lápices pero Astrid se los quitaba rápidamente. Nunca perdió la concentración mientras lo hacía, lo que hizo pensar a Hiccup que así era el comportamiento usual del ave.

– Quiero agregar su relación con Lewis – dijo Hiccup refiriéndose a Tolkien cuando ya llevaban alrededor de dos horas trabajando.

Astrid bostezó mientras estiraba la espalda.

– Oh, sí. Tengo entendido que intercambiaban escritos mutuamente para retroalimentación.

Hiccup asintió, ya no se sorprendía que Astrid supiera datos de interés sobre lo que fuera.

– Es bastante interesante y estoy seguro de que no todos conocen el dato.

Astrid asintió, luego se puso a teclear.

– Me parece bien. ¿Cómo debo ponerle? ¿Un subtítulo que se llame "Relación con otros autores"?

– ¿Qué te parece "Relación con C. S. Lewis"? Así no tendremos que investigar si conoció a más autores. – Astrid volvió a asentir. Stormfly se subió al hombro de su dueña y luego chirrió.

– ¡Au! – exclamó Astrid.

– ¿Qué?

– No lo hace a propósito pero sus garritas están afiladas. – Astrid se llevó una mano a la camiseta y movió el cuello para exponer su clavícula. Hiccup sintió que se sonrojaba.

– ¿Ves? – preguntó ella, sin darse cuenta de su reacción.

Hiccup se forzó a mirar y entonces vio a lo que se refería. En la piel blanca había bastantes arañazos rojizos, unos más recientes que otros. No eran muy profundos pero tuvieron que doler cuando se los hizo.

– A veces se agarra muy fuerte – la disculpó Astrid.

Hiccup se levantó las mangas del sweater que traía puesto hasta los codos y le enseñó sus antebrazos. Él también estaba cubierto de arañazos.

– Sé a lo que te refieres. – sonrió él – Mi gato hace lo mismo.

Entonces un trueno invadió el cielo, la luz pintando sombras en las nubes y el ruido ensordeciendo a quienes lo escucharon.

Astrid se acercó a la ventana y corrió la cortina. La lluvia estaba arreciando. Hizo una mueca.

– Nunca se puede confiar en el pronóstico del clima que dan en las noticias. – se quejó. Dijeron que la tormenta que habría en el mar no alcanzaría Berk.

Hiccup se acercó también a la ventana para ver hacia fuera.

– Tal vez no alcance Berk, pero definitivamente lloverá toda la noche si esto continúa así. Será mejor que vaya a casa. – Eran pasadas las siente y se estaba haciendo tarde, de todos modos. Esperó que su voz no transmitiera su desencanto. Ésta había sido la mejor tarde que había tenido en mucho tiempo.

Astrid asintió.

– Será lo mejor. Vamos, te llevo.

– No es necesario. Puedo llamar un taxi. – ofreció él, aún y cuando la oferta de Astrid supondría alargar su tiempo con ella.

– No es problema. Será más rápido. Así no te alcanza la lluvia.

Sin más, Astrid fue a buscar sus llaves y Hiccup a recoger sus cosas con una sonrisa.

– Espera, primero deja te envío esto al correo antes de que se me olvide. – dijo sentándose de nuevo frente a la computadora. - ¿cuál es tu dirección?

Discúlpenlo mientras se toma su tiempo para procesarlo. Astrid le acababa de pedir su correo electrónico. Trató de no tartamudear cuando se lo dio.

– Listo. Enviado. – Astrid cerró la lap-top – aún nos falta un poco pero ya nos pondremos de acuerdo por correo.

– Me parece justo.

Cuando otro trueno rompió el cielo, comenzaron a darse prisa. Astrid se acercó a la jaula para meter a Stormfly en ella, pero su mascota se rehusaba a dejar su hombro.

– ¿Qué te pasa, chica? Obedece y entra ahí.

Pero Stormfly se negaba a escuchar y rezongaba con un gorjeo ininteligible aferrándose con más fuerza a la sudadera que usaba Astrid. Cuando otro trueno alumbró nuevamente el cielo, Astrid se dio por vencida.

– ¡Bien! ¡Hagámoslo a tu manera, vendrás con nosotros!

La perica se fue bien afianzada al hombro de Astrid cuando se subieron al carro.

– Qué raro. Nunca había hecho ésto.

– Tal vez sólo está nerviosa por la lluvia. – ofreció Hiccup abrochándose el cinturón.

– Sí, seguramente. – respondió encendiendo el auto.

Las calles estaban llenas de carros que se apresuraban a llegar a sus destinos, con la esperanza de no ser alcanzados por la tormenta. Sin embargo pronto la lluvia comenzó a enfurecer y un fuerte viento comenzó a soplar de quién sabe dónde.

Astrid manejaba con cuidado y despacio, pues era difícil ver a través de tanta agua. Stormfly se había hecho bolita en el hueco del hombro de su dueña y gorjeaba nerviosamente.

– Da vuelta aquí, ésta es la colonia. – indicó Hiccup justo antes de que otro trueno atravesara el cielo.

– Ok – jadeó Astrid.

Un constante repiqueteo comenzó a escucharse golpeando el asfalto y el auto.

– ¿Eso es… granizo?

– Creo que el ambiente frío de Berk está congelando la lluvia.

"Debí haber llamado ese taxi" se recriminó Hiccup. Lamentando haber hecho salir a Astrid de su casa con semejante clima.

Cuando entraron a la colonia un fuerte viento golpeó el auto y Astrid podría haber jurado que sintió el coche zarandearse con él. Repentinamente, una palmera comenzó a bailar descontroladamente al son de la tempestad que se había desatado y vaticinando lo que se venía, Astrid aceleró para que no les cerrara el paso. El carro alcanzó a pasar por los pelos antes de que el desdichado árbol cayera cerrando el paso a la colonia.

Ambos suspiraron.

– Eso estuvo… cerca. Bastante. – respiró Hiccup

– ¿Pero de dónde demonios salió semejante tormenta? Estúpido pronóstico del clima.

No tardaron mucho más en llegar a la casa de Hiccup. Astrid iba a estacionarse frente a la casa cuando él la detuvo.

– Espera.– Después se agachó para rebuscar en su mochila que tenía a los pies y sacó un pequeño control remoto. Apretó un botón repetidas veces hasta que finalmente la puerta del garaje comenzó a abrirse lentamente. Tenía espacio suficiente para dos autos, pero no había ninguno. El de su padre estaría en la alcaldía donde lo dejó el chofer y el de Hiccup estaba en el taller. Astrid se estacionó en el lugar de Hiccup.

Hiccup volvió a apretar el botón pero la puerta del garaje se negó a volver a la vida.

– Genial. – se quejó él. – Escogió el momento perfecto para quedarse sin pila. Tendré que cerrarla a mano. – Abrió la puerta del carro y salió al garaje que estaba comenzando a mojarse.

– ¡Espera, yo te ayudo! – gritó Astrid. Dejó a Stormfly sin ningún tipo de miramiento en el ahora vacío asiento del copiloto y se precipitó fuera.

Hiccup escuchó la puerta del auto azotarse y se giró.

– ¡Vas a mojarte! – gritó mientras jalaba el cordón para cerrar la puerta manualmente.

– ¡Muy tarde! – respondió ella mientras colocaba sus manos arriba de las de él y ambos jalaban el pesado portón. Cuando finalmente consiguieron cerrarlo, ambos estaban empapados y con el cabello chorreando.

Hiccup suspiró recargándose en la puerta del garaje. Después miró a Astrid. El cabello se le pegaba a la cara con el agua y su ropa estaba tan mojada que goteaba.

– Creo que deberías esperar a que baje la lluvia antes de regresar a casa. – sugirió jadeando.

– Sí, yo también lo creo. – contestó de igual forma en un jadeo.

Hiccup sonrió y Astrid se descubrió a sí misma devolviéndole la sonrisa.

– Entremos. Nos vamos a resfriar si nos quedamos aquí mojados. Hiccup sacó las llaves de la casa de su mochila y Astrid sacó a Stormfly del auto.

Cuando entraron a la casa dejando un camino de agua a su paso, Hiccup recapacitó en el hecho de que estaba atrapado con Astrid en su casa hasta que la tormenta amainara, y nadie sabía cuando sería eso. Después de todo, pensó, no había sido tan mala idea no llamar ese taxi.


¡Hasta aquí! ¡En el próximo capítulo sale Toothless! :) Espero no tardarme en actualizar, pero dénme chance. Me la pasé dos días escribiendo y puliendo estos dos capítulos, en cualquier momento puedo entrar en crisis, jejeje. Pero incluso si no es mañana, prometo actualizar pronto.