¡uf! Pues finalmente salí victoriosa de la batalla campal que me dio este capítulo. El principio se negaba a salir. Pero he aquí.
¿Alquien recuerda cuando al principio dije que serían cinco capítulos con un epílogo?
¡AJAJAJAJAJAJA...jajajajaja... jaja...ja... ja...!
Pues no. ._.'
Ya mejor ni le cuento, pero van a ser más de cinco, eso quedó claro. He modificado algunas cosas de la estructura para bien así que ya mejor cuando vea que ya se va a acabar, les aviso.
Realmente no tengo mucho más que decir y ésta vez no hay vocabulario (¿alguien más se siente como en la primaria? ¿alguien? ¿no? ok.)
Así que sin más demora, el fic:
Capítulo 5:
Hiccup y Astrid se sentaron nuevamente en la alfombra de la sala frente a una laptop que tenía 93% de batería y tres libros de pasta dura y negra con letras doradas en el título.
– Bien, ¿en qué nos quedamos? – preguntó Astrid.
– ¿En la relación de Tolkien con Lewis?
– ¿Entonces qué te parece si nos enfocamos en hacer el análisis de los personajes? Para eso sólo necesitamos los libros que aquí tenemos.
– De acuerdo, ¿qué personajes te gustaría analizar?
– ¡Éowyn! – respondió Astrid sin dudar.
Hiccup sonrió. Por supuesto que Astrid querría analizar a Éowyn. Ella tomó el segundo libro de la trilogía y se puso a hojearlo.
– ¿Y tú? ¿Qué personaje te gustaría analizar? – le preguntó ella a su vez sin separar los ojos de las páginas.
– Me parece que yo analizaré a Gollum.
Astrid levantó la vista de la lectura.
– ¿Te gusta lo difícil, eh?
– No es que me guste lo difícil – sonrió Hiccup – es que me parece el más interesante para analizar. Siempre me llamó la atención el cómo dejó que el anillo lo consumiera poco a poco. Uno jamás pensaría que antes fue un Hobbit.
Astrid asintió.
– Es cierto, creo que Gollum engloba lo peor de las personas. En lo que pueden llegar a convertirse si se dejan arrastrar por sus… - Astrid buscó la palabra levantando nuevamente la vista y mirando al techo - ¿Instintos? ¿Delirios? ¿Ambiciones? Sí, por sus ambiciones sin escuchar a la razón. Se olvidan de su humanidad.
Hiccup torció la sonrisa.
– Si quieres dejo que lo analices tú – dijo con voz burlona.
– ¿Qué? – cuando cayó en la cuenta de a qué se refería se rió. – Creo que me quedaré con Éowyn. Pero gracias por la oferta.
Ambos se pusieron a trabajar sin perder tiempo ya que no tenían mucho antes de que se le acabara la batería a la computadora portátil. Hiccup le daba tres horas antes de que muriera. Con un suspiro mental, sacó los lentes de su bolsillo y se los volvió a poner, después tomó el tercer libro de la trilogía y buscó pasajes donde saliera su personaje.
Pero cómo no, sus mascotas decidieron que ya los habían ignorado lo suficiente y que ya era hora de reclamar su atención. Toothless se subió al regazo de Hiccup muy despistadamente y Astrid sintió a Stormfly trepar por su espalda usando la camiseta y la trenza como cuerda. En lugar de detenerse en su hombro subió hasta posarse en la cima de su cabeza. Ella se limitó a ignorarla y siguió separando pasajes con "post-it" mientras mordisqueaba un lápiz.
– No sé si lo habías notado – dijo Hiccup conteniendo la risa – pero hay un perico en tu cabeza.
– Es difícil ignorarlo cuando sus garritas se encajan en tu cuero cabelludo.
– ¡Astrid, hola! – gritó.
– Hola. – respondió su dueña distraídamente. - ¿te bajas?
El ave no pareció entender la pregunta pues se limitó a acomodarse mejor sobre ella. Astrid suspiró, pero continuó ignorándola.
– Hey, no hagas eso. – dijo Hiccup cuando Toothless le daba manotazos al bolígrafo con el que él estaba escribiendo, sus ojos verdes no perdían el movimiento de la pluma. Después intentó imitarlo mientras tecleaba dándole golpecitos con sus patas al teclado de la laptop.
Lo peor es que como afuera se estaba deshaciendo el cielo, no podía sacarlo al patio. Después de unos valiosos quince minutos, logró que se quedara en paz dándole un bocadillo para gatos. Toothless lo dejó estar porque decidió que estaba cansado y quería tomar una siesta.
Pasada más de una hora, llevaban buena parte del proyecto avanzada. Habían hecho la mayor parte en silencio, preguntándose mutuamente algunas cosas de vez en cuando.
– ¿Qué tan largo crees que deba ser esto? – preguntó Hiccup después de un rato.
– Ni idea, yo llevo tres cuartillas. Agregaré algo de la batalla de los Campos de Pelennor y lo daré por terminado. – contestó girando el cuello para que se le desentumiera. Stormfly finalmente se había bajado de su cabeza y aunque al ser un ave era liviana, después de soportar su peso por tanto tiempo casi le provoca torticolis.
Hiccup asintió, él también casi terminaba.
– ¿Algo más que quieras agregar?
– La misoginia de Tolkien al casi no poner personajes femeninos. – se quejó Astrid, a la vez que se pasaba las manos por los brazos en un intento de crear fricción.
– Astrid, ¿tienes frío?
– Un poco. – admitió.
– ¿Por qué no me lo dijiste? Iré por un sweater.
– No, ya vamos a acabar. Hay que apurarnos antes de que se le acabe la batería a tu computadora. Sólo queda el 34%.
Hiccup suspiró. Bajó la cremallera de la chaqueta estilo sudadera que él traía puesta y se la quitó.
– Entonces ponte esto. – se la extendió.
– Pero…
– Yo la uso sólo por usarla. Reamente no tengo frío. – la interrumpió y luego se encogió de hombros. Era verdad, al menos.
Astrid se la puso y trató de ignorar el hecho de que ese maldito aroma le nubló momentáneamente la razón otra vez. El proyecto, tenía que recordar el proyecto.
Después de lo que les parecieron siglos, y con sólo el 2% de la batería restante, terminaron la tarea.
– ¡Por fin! – exclamó Astrid extendiendo las piernas sin ponerse de pie, pues las había tenido dobladas por casi tres horas. - ¡Ya terminamos!
Hiccup estiró la espalda.
– Unos minutos más y no lo logramos.
Eran casi las dos de la tarde. El cielo seguía gris y las luces muertas.
– ¿Cuándo crees que regrese la electricidad? – preguntó Hiccup quitándose los lentes y masajeándose el puente de la nariz. Desde que Astrid hizo su pequeño comentario se había vuelto incómodamente consiente de ellos.
Como si lo hubiera escuchado, sucedió otro clic y regresó la luz. La casa volvió a la vida, de pronto todos los aparatos sonaron con un "beep-beep" y las televisiones se encendieron. Hiccup suspiró. Tendría que ir y apagar la del cuarto de sus padres, que siempre se encendía sola cuando regresaba la luz después de un apagón.
– Eso lo responde, supongo. – comentó él sarcásticamente. Ella sonrió.
Cuando la luz del teléfono inalámbrico que había en la sala se encendió en color naranja, Astrid recordó que les debía una llamada a sus padres. Y de verdad no quería hacerla.
– Creo que debería llamar a mi casa, ahora que la luz volvió.
– Claro. Yo iré a… llevar esto arriba – dijo recogiendo la computadora portátil y las otras cosas que utilizaron para darle un poco de privacidad.
Cuando su anfitrión se perdió de vista en el segundo piso, Astrid pensó que realmente no tuvo que haber esperado tanto. Bien pudo haber llamado desde el teléfono de la cocina. La línea telefónica no se cortaba necesariamente cuando había un problema con la electricidad.
Aún y con todo el tiempo que lo postergó, no había salvado uno sólo de sus pensamientos para lo que le iba a decir a su madre. Aspiró hondo y descolgó el teléfono para llevárselo a la oreja, pero ¡oh, sorpresa! No daba línea.
– ¿Oh?
Tal vez el teléfono inalámbrico necesitaba algunos minutos para volver a funcionar. Se dirigió a la cocina y lo intentó con el que estaba empotrado en la pared. Nada. La línea estaba muerta.
De verdad, no debería sentir semejante alivio por no poder comunicarse con sus padres. Se recordó a sí misma que debían de estar preocupados por ella y el alivio pasó a convertirse en una moderada culpa. Se mordió el labio. Entonces se le ocurrió una idea.
Subió las escaleras y le pidió a Hiccup su celular, con la esperanza de que la tormenta no hubiera interferido con la señal, pero no hubo suerte, no salían ni llamadas de emergencia.
"Bueno" pensó "lo intenté".
No había mucho más que hacer, y sus mascotas por fin se habían quedado tranquilas después de andar toda la mañana brincando. Decidieron ver una película, por lo que se instalaron en la sala una vez más.
Astrid, por supuesto, no era de las chicas a las que le gustaban las películas románticas con final tan inminente como inverosímil donde la protagonista se quedaba con el hombre ideal. O peor y más cliché: con el que nunca pensó que terminaría.
Hiccup sospechaba esto, desde luego, por lo que abrió Netflix y dejó que ella escogiera la película mientras él iba por bocadillos a la cocina. Cuando regresó con un bowl de palomitas, un plato de sándwiches y refrescos, Astrid había puesto la segunda película de "Thor".
– Me la perdí en el cine – se excusó ella – y después no me di el tiempo de verla.
– Está bien – dijo Hiccup sentándose en el sofá. – Me agradan las películas de Thor. No son muy apegadas a la mitología nórdica real, pero no están mal.
A Astrid se le iluminaron los ojos. No había mucha gente por ahí a la que le gustara la mitología nórdica.
– ¿Verdad? – se giró hacia él sentada en el sillón y continuó - ¡A mí también me gusta la mitología nórdica! Especialmente las Skjaldmö.
Hiccup trató de hacer memoria.
– ¿Las mujeres guerreras?
– Sí, esas. Hay veces en las que las describen con los aires machistas de la época – añadió rodando los ojos – pero el concepto de una mujer guerrera me parece genial. Habla de que las mujeres tenían más opciones y no sólo casarse.
– Tú hubieras sido una, ¿no? La más valiente de todas.
– Eso puedes apostarlo – sonrió con suficiencia a la vez que se inclinaba por un sándwich para después concentrarse en la pantalla.
Hiccup sonrió. Claro que Astrid hubiera sido una Skjaldmö. Una valkirie, la más hermosa y más valiente guerrera. A pesar de que el papel le venía como anillo al dedo, no pudo evitar sentir como la sombra de la decepción le carcomía las entrañas. No sólo en la mitología nórdica, si no que en todas las mitologías, cuando una mujer se dedicaba por completo a la guerra, renunciaba para siempre a la compañía de un hombre.
Suspiró. Supuso que no importaba en que época o cultura hubieran nacido, nunca hubiera tenido una oportunidad con ella.
Trató de concentrarse en la película, y no en que Astrid no había vuelto a alejarse después de su arranque de emoción y su brazo lo rozaba ligeramente cada vez que se movía. Casi tenía miedo de moverse él mismo.
Sin embargo pronto el cansancio comenzó a hacer mella en él. Había dormido apenas unas tres horas, y luego se habían puesto a terminar el proyecto, que le agotó otro poco más mentalmente. La película iba por la mitad cuando comenzó a sentir que sus ojos se cerraban. Se negó, aún así, a quedarse dormido. No con Astrid al lado.
Entonces un peso cayó en su hombro y cuando bajó la vista para ver de qué se trataba, se llevó una sorpresa al percatarse de que era la cabeza de Astrid. Su boca ligeramente entreabierta con respiraciones regulares. Las pestañas le acariciaban las mejillas cuando aleteaban sin llegar a abrir los parpados. Se había quedado dormida.
Pero claro, él no era el único cansado. Astrid también se había levantado a las cinco de la mañana con el apagón.
Dejó escapar el aliento que no se había dado cuenta que estaba conteniendo. Se permitió observarla abiertamente, una forma en la que jamás podría estando ella despierta. Era casi como soñar despierto, pero aún mejor. Nunca se había atrevido a tener ensoñaciones donde Astrid se quedara dormida en su hombro, y sin embargo aquí estaba, recargándose en él y respirándole en el cuello.
Sintió las comisuras de la boca curvarse lentamente hacia arriba casi con incredulidad. Se relajó con cuidado en el sofá, no queriendo despertarla. Incluso trató de acomodarse para que ella estuviera más cómoda. Astrid se movió un poco pero se limitó a buscar una posición más favorecedora sin despertar.
Hiccup se atrevió a pasarle un brazo por los hombros y recargar la mejilla sobre su cabeza. La película seguía su curso en la pantalla, pero el control remoto estaba muy lejos y no había nada en la tierra que pudiera hacerlo moverse en ese momento. No supo cuándo, pero él también se quedó dormido.
Horas después, el cuarto se había quedado en silencio cuando la televisión se apagó sola por falta de uso. Un gato y un perico observaban a sus dueños con divertida curiosidad sin llegar a intervenir. Se limitaron a mirar desde el mueble para gatos donde momentos antes también habían estado dormidos.
Mientras tanto, Astrid se removió en sueños. No recordaba cuando había regresado a la cama, pero el olor de Hiccup impregnado en las sábanas delataba la situación. No tenía ganas de despertar, pero ya no tenía sueño tampoco. Se acurrucó restregando la cabeza en la almohada tratando de alargar el momento un poco más.
Suspiró.
No, un momento. No fue ella quien suspiró. Y… ¿por qué la cama se movía?
Abrió los ojos abruptamente y se dio cuenta que seguía en la sala, en el sofá. Encima de Hiccup.
Contuvo la respiración un segundo mientras sentía que el corazón se le caía al estómago. ¿En qué. Momento. Pasó. Esto? Sintió que se le calentaba la cara como nunca antes y por una vez en su vida, no supo que hacer.
Siempre se burló de este tipo de situaciones en las novelas o películas que veía. Eran ridículas y muy fáciles de evitar, o en su defecto, de salir de ellas conservando tu orgullo intacto. Ah, pero que ilusa había sido. Juró solemnemente jamás volver a burlarse.
Pero ¿ahora qué se supone que iba a hacer?
Hiccup seguía dormido. (¡A Dios gracias!) Pero no sería por mucho. Astrid fue consciente de que estaban en una posición un tanto comprometedora. Mientras que la cabeza de Hiccup descansaba en el reposabrazos del sofá, la de ella había estado hasta hacía unos momentos enterrada en el hueco de su hombro. Además, su brazo izquierdo le rodeaba el torso y la hacía consiente de su respiración acompasada. Para rematar, podía sentir su pierna izquierda enredada entre las de él. Una ligera presión en la cintura le decía que él también la estaba abrazando.
"Muy bien, tranquilízate Astrid. ¿Cómo puedes salir de ésta situación sin avergonzarte a ti misma?" pensó ella tratando de conservar la calma, lo cual era un poco complicado debido a la cantidad de factores que le suponían una distracción.
Volvió a apoyar la cabeza en su hombro y cerró los ojos, tratando de pensar. Suspiró y su aliento chocó contra la piel de la yugular del chico y se le devolvió a la cara, impregnado en su aroma. Casi quiso gimotear de frustración. Abrió los ojos y miró hacia arriba.
Hiccup dormía plácidamente ignorante de la crisis que le provocaba aún inconsciente. Se tomó un momento para mirarlo. Tenía la piel blanca salpicada de muchas pecas y las pestañas largas que a los chicos les daba igual tener y que muchas chicas matarían por poseer. Astrid notó que tenía los labios un poco resecos, algo extraño considerando el húmedo clima. Apartó rápidamente la vista. El flashazo de un pensamiento invadió su mente y lo quería evitar a toda costa.
Hiccup, por otro lado, debió sentir su mirada porque sus parpados comenzaron a aletear próximos a abrirse. Se removió y soltó un suspiro, pero aún así se negaba a despertar. Sintió un peso sobre su lado izquierdo y lo apretó con la mano tentativamente. Estaba cálido y se movía con el vaivén de una respiración. ¿Toothless? Seguramente.
Comenzó a acariciar el pelaje distraídamente aún reticente a despertar. Pero esperen. Esto no era pelaje, era tela. Abrió los ojos súbitamente y se encontró con un par azul en lugar de uno verde devolviéndole la mirada.
– Um… hola. – dijo ella.
Hiccup pudo sentir como el corazón le dio un vuelco con un tinte de pánico. ¿Realmente se había quedado dormido con Astrid en sus brazos?
– Eh… hola, Astrid.
Ella se sentó rápidamente, enredándose un poco al hacerlo, pues sus piernas seguían entrelazadas. Él la imitó. Astrid se retiró nerviosamente el cabello de la cara mientas se aclaraba la garganta.
–Disculpa. Seguramente soy muy pesada. – ¿Qué otra cosa podía decir?
– No, para nada.
Por un instante ambos buscaron que decir para llenar el repentino e incómodo silencio, pero no se les ocurría nada. Al final no tuvieron que seguir estrujándose los sesos, pues sus mascotas habían decidido que ya habían sido lo suficientemente indulgentes al permitirles dormir la siesta. Tenían hambre y querían comer.
Cuando un maullido y un chirrido atrajeron su atención Hiccup y Astrid exclamaron un "¡Toothless!" y un "¡Stormfly!" a la vez y se precipitaron a atenderlos, por una vez genuinamente impacientes.
Cuando finalmente entendieron que lo que sus mascotas querían era comida, recogieron los platos vacíos que tenían en la mesita de la sala y se dirigieron a la cocina para alimentarlos.
Eran casi las siete de la tarde y mientras Hiccup abría otra lata de comida para gatos pensó que necesitaba ducharse. Probablemente Astrid también querría tomar un baño, así que se lo ofreció cuando ella partía una manzana y se aseguraba que todas las semillas quedaran en el trozo que le iba a dar a su mascota.
– Un baño suena genial, gracias.
Por lo que dejaron a sus animales comiendo en la cocina y Hiccup fue a sacar más toallas del closet donde las tenían guardadas. Astrid recordó que su ropa seguía en la secadora y se ofreció para ir a buscarla. Entró a la lavandería y sacó tanto la suya como la de Hiccup, que solo eran unos jeans, un sweater y una playera. Mientras que ella tenía un sujetador que ocultar. Comenzó a doblar las prendas y deseó con todas sus fuerzas tener un cambio de ropa interior. Si tan sólo tuviera su mochila que usaba para entrenar, ahí conservaba un cambio a parte del uniforme de voleibol por si llegaba a bañarse en la escuela. Pero su mochila estaba… ¡en la cajuela de su coche! Había olvidado bajarla en su casa y qué bueno que no lo había hecho.
Salió corriendo entusiasmada en dirección a la cocina y chocó nuevamente con su anfitrión en el camino.
– ¡Whoa, Astrid! ¿Qué pasa? – preguntó a la vez que la sostenía para evitar más percances.
– ¡Mi mochila está en la cajuela! – exclamó. – Es decir… me gustaría obtener la mochila que dejé en la cajuela de mi auto.
Hiccup le puso las toallas en las manos encima de la ropa doblada que ya cargaba.
– Ten, yo iré a buscarla.
– Está bien, no es necesario.
– ¿Lo cerraste con llave? – preguntó sin escucharla.
– No.
– Entonces sube esto y yo te llevaré la mochila. La de la izquierda es la caliente.
Astrid maquilló la sonrisa que se esforzaba por invadir sus labios en una fina línea que no logró esconderla por completo, pero no discutió y subió las escaleras. Bueno, el garage estaba techado y Hiccup no se mojaría, al menos.
Casi sintió pena al quitarse la camiseta que había usado desde el día anterior, pero se sentía sucia y necesitaba ducharse. Usó la regadera en lugar del jacuzzi, aunque casi sucumbe a la tentación. Cuando el agua caliente le mojó la piel sintió sus músculos destensarse poco a poco. Tomó el shampoo y se le quedó mirando unos segundos. Se negó rotundamente a olerlo antes de usarlo.
Cuando salió del baño, vio su mochila sobre la cama y se precipitó a sacar su contenido. Sobre la cama también seguía la ropa que ella había sacado de la secadora. Una vez solucionado el problema de la ropa interior, eso la dejaba con la ropa que usaría encima ahora.
No quería volver a ponerse la falda (además ya era casi de noche) y se rehusaba a usar el uniforme del equipo fuera de la cancha. El short era demasiado corto y hacía frío. Se puso las medias oscuras que había sacado de la secadora y mientras decidía guardó la ropa de Hiccup en su closet. Se preguntó si se molestaría si le tomaba otra camiseta. Seguramente que no. Eligió una playera de color oscuro que tenía un diseño en color rojo y se la puso. Le llegaba a los muslos pero las medias le cubrían las piernas.
"Al diablo, hay chicas en la escuela que usan faldas más cortas sin medias debajo" decidió.
Se cepilló el cabello y optó por dejarlo secar antes de trenzarlo nuevamente. Le dirigió una mirada al espejo y notó que sus mejillas aún estaban un poco coloreadas. "Es el agua caliente" se dijo a sí misma.
Volvió a ponerse la sudadera de Hiccup y la dejó abierta porque le llegaba a la misma altura que la camiseta. No debería sentirse tan cómoda en ropa que no era suya, de verdad. No quiso mirarse nuevamente al espejo antes de salir de la habitación, temiendo a lo que fuera a encontrar reflejado en su rostro, en la sonrisa que se había negado a dejarla desde que toda esta aventura dio comienzo.
Respiró hondo y bajó las escaleras para encontrarse con Hiccup.
Ajem, sí.
Siento que de nuevo me van a querer matar por dejarlo ahí, yo sé que parece poco, pero el desarrollo toma tiempo. Además bien pude haberlo dejado en "¿Realmente se había quedado dormido con Astrid en sus brazos?" ¡pero no lo hice. No soy tan cruel xP
No, de verdad. Consideré dejarle ahí, pero dije "no, escribiré un poco más. Además la escena no está terminada"
En fin, también pude seguir más pero de haberlo hecho hubieran tenido que esperar otros tres días. ¿Mejor que primero leen esto por mientras y luego les traigo continuación?
A mí me agrada esa idea :)
Bueno, por el momento es todo.
¡Nos leemos! Mil gracias por todo su apoyo. En serio.
