Ok, bueno primero que nada una disculpa. Yo sé que me tardé más de lo que acostumbro en subir capítulo, pero tuve mis razones. Quería que quedara lo más perfecto posible porque con la noticia de que éste es el último capítulo.

Lo sé, lo sé. Muchos de ustedes no quieren que se acabe pero yo me rehúso a escribir a lo estúpido para rellenar la trilogía en lugar de sacar una historia debidamente estructurada con lo que se necesita decir, ni más ni menos. Paro hey, les mencioné que habría epílogo y lo habrá.

Algunos de ustedes me mandaron PM preguntando que si iba a abandonar la historia. Déjenme les digo que jamás haría eso. Me parece una falta de respeto a ustedes y a mí misma por no terminar lo que empiezo.

Por otro lado, por fin descubriremos el porqué esta historia se llama "Ensoñación" (Ah, ¿había razón?) Pues sí, compañeros había razón.

En las notas del primer capítulo mencioné que este fic estaba insprado en una canción ("A Deydream Away" de All Time Low) por si la quieren oir. Este capítulo tiene bastantillas cosas que saqué de la letra.

Y pues... nada más. Disfruten.


Capítulo 6:

Cuando Astrid entró a la cocina, encontró a Hiccup preparando la cena con Stormfly en el hombro y Toothless sentado en una silla cercana moviendo la cola y siguiendo todos los movimientos de su dueño. Las pequeñas gotas con agua que colgaban de los mechones castaños delataban que él también había tomado un baño.

Había sustituido su pijama anterior por otra limpia, también en color verde. ¿Cuántas pijamas en ese color tendría?

– ¡Astrid, hola! – exclamó Stormfly cuando la escuchó entrar. Hiccup giró la cabeza para verla y una sonrisa se extendió por su rostro como saludo.

– Hey, ¿qué tal el baño?

– Muy bien, gracias. Espero que no te moleste – dijo señalando la camiseta que traía puesta dándole tironcitos con una mano – Ya es de noche y no quería ponerme mi otra ropa.

– No, para nada. Más bien, disculpa. Olvidé ofrecerte una.

– No importa. – dijo ella poniéndole una mano en el hombro para que Stormfly se pasara con ella.

– ¿No te estuvo molestando, verdad?

– Ni un poquito. Aunque le gusta morder el cabello.

– Es el agua. Las gotitas le llaman la atención. – señaló Astrid.

Después le pasó una mano por algunos mechones castaños para que las pequeñas gotas cayeran, provocando una descarga eléctrica iniciando en el cuero cabelludo de Hiccup y terminando en la punta del pie. Algunas salpicaron al ave y ésta sacudió la cabeza. Astrid se rió y Hiccup camuflajeó su jadeo con una risa.

– Así que… - comenzó Astrid despreocupadamente – ¿tu madre es bióloga? ¿Sale mucho de casa?

– Antes no lo hacía tanto, pero hace dos años se fue México a investigar una especie de búhos y este año se fue a las Islas Galápagos para observar a los reptiles endémicos de Valparaíso.

Astrid se había sentado en la silla donde anteriormente estaba Toothless y éste reposaba ahora en sus piernas ronroneando mientras ella lo acariciaba. Recargó su mejilla en una mano y observó a Hiccup mientras él le contaba de su familia.

– Pero suele estar aquí la mayor parte del tiempo. – se encogió de hombros. – ¿Qué hay de ti? ¿Qué hace tu familia?

– Mi papá es comandante en la policía local. Mi mamá tiene un Dojang de Tae Kwon Do.

Hiccup se detuvo un momento mientras cortaba la verdura y tragó pesado. El misterio de las increíbles habilidades de Astrid para el deporte y el desgaste físico quedaba resuelto.

– Y supongo que eres cinta negra y que podrías vencer con dos movimientos a cualquiera lo suficientemente estúpido como para retarte, ¿no? – comentó él tratando de sonar despreocupado.

Como toda respuesta, Astrid le dedicó una sonrisa digna del gato de Chesire. Después se levantó – Toothless saltó y cayó de pie con un ligero "meaw" – y tomó un cuchillo para ponerse a ayudarle a preparar la cena.

Decidieron cenar en la sala, para poder terminar de ver la película. Sin embargo se distraían constantemente encontrando todas las incoherencias con la mitología real. Astrid resultó ser una perfeccionista y se desesperaba cada vez que cambiaban algo drásticamente. También le gusta señalar los fallos en el guion, en la edición de video, el mal trabajo de cámara y lo que ella denominaba "actuación poco creíble".

Cuando la protagonista humana y Thor iniciaban algún tipo de contacto, Astrid rodaba los ojos.

– Al final se casará con Síf, chica. Supéralo. – dijo mientras le daba un trago a su bebida.

– Astrid, no seas cruel – la reprendió Hiccup con tono burlesco – ¿Qué tal si es amor verdadero?

– ¿Amor verdadero? ¡Sí, cómo no! Se han encontrado dos veces… ¡y sólo por un día cada vez!

– ¿Y si es amor a primera vista? – insistió para molestarla.

– Decídete, amor verdadero o amor a primera vista.

– ¿Por qué no pueden ser los dos?

– Ahora suenas como Disney.

– Es Marvel, es lo mismo.

Ambos se rieron ante el improvisado chiste y siguieron hablando y riendo más mucho después de que la película acabó. Astrid le contó como solía quedarse en casa sola con Stormfly por largos periodos de tiempo, pues sus papás trabajaban hasta tarde y no llegaban a casa sino hasta que se hacía de noche, y así fue como adquirió el hábito de la lectura. Hiccup le contó que él también solía quedarse solo en casa, y así fue como terminó haciendo sketches de máquinas imaginarias al estilo Julio Verne.

Hablaron durante mucho rato, sin mirar las manecillas del reloj. Y cuando finalmente fueron conscientes de la hora, ya pasaban de las 3 de la madrugada. Reticentemente, decidieron irse a dormir. Hiccup acompañó a Astrid hasta la puerta de su cuarto.

– Bien. Eh, te veo en la mañana… bueno, más tarde. – balbuceó él rascándose el cuello. Se le había ocurrido la loca idea de que esto parecía una cita, en el momento en que él la dejaba en la puerta de su casa.

Astrid ladeó la sonrisa.

– Claro.

Se decidió que ésta vez no se quedaría con las ganas, así que antes de que pudiera cambiar de opinión, le puso una mano en el hombro para jalarlo hacia abajo, se paró de puntitas y le besó la mejilla.

– Buenas noches, Hiccup.

Se metió al cuarto y cerró la puerta con suavidad. Él se quedó otro momento ahí, completamente inmóvil y con los ojos muy abiertos. Ni siquiera quiso tocarse la piel por temor a que la sensación de cosquilleo desapareciera.

– Buenas noches, Astrid – murmuró para sí, a pesar de que ella no pudiera escucharlo.

Esa noche se fue a dormir pensando en ella una vez más, pero esta vez fue diferente. Porque esta noche le había servido para tomar consciencia, más que nunca, de todo lo era ella. Es cierto, antes la admiraba por ser bonita y perseverante, pero ahora se daba cuenta de que era mucho más que eso. Era divertida, era inteligente, podía bromear y actuar despreocupadamente sin detenerse a meditarlo. Era amable y cariñosa con su mascota. Era… era casi demasiado perfecta.

Y ahí estaba de nuevo, la decepción carcomiéndolo por dentro. Jamás tendría una oportunidad con ella, porque ¿cómo podría alguien como Astrid fijarse en él? Después de todo, no tenía nada especial, excepto tal vez su increíble capacidad para meterse en problemas. ¿Quién querría eso?

El sueño tardó en llegar a él, que se removía incomodo cada dos minutos cuando un nuevo pensamiento aún más deprimente que el anterior lo asaltaba. Ni siquiera estaba Toothless con él para animarlo, al parecer él también estaba demasiado deslumbrado con las visitas como para prestarle atención.

Trató de verle el lado positivo a la situación. Al menos había podido convivir con Astrid y llegarla a conocer, y eso era un privilegio que no todos tenían. "Astrid me dejó conocerla" se consoló "y eso no lo hace con casi nadie. Con nadie que yo sepa, de hecho". Se atrevió a pensar que era especial y que quizá podrían seguir siendo amigos una vez que volvieran a la escuela y el hechizo de la tormenta llegara a su fin. Con ese pensamiento, finalmente lo venció el sueño.

Astrid, por otro lado, estaba llegando a una conclusión. "Bueno, ¿y qué más da? Me gusta. No es como si estuviera prohibido. Es inteligente, atento, amable, respetuoso y tiene un sentido del humor contagioso. Además, a Stormfly le agrada, eso es un extra." El extra, en realidad, era la hilaridad ante la ceguera de sus compañeras de clase. Bueno, pues si ellas eran lo suficientemente estúpidas como para ignorarlo, bienvenido sea. "Mejor para mí". Sonriendo con suficiencia, finalmente abrazó la almohada y se quedó dormida.

Era pasado el mediodía cuando Astrid sintió un constante mordisqueo en la nariz y a sus oídos llegó un gorjeo persistente que le instaba a despertar.

– No. – Se quejó, y trató de cubrirse con las mantas, pero el ave no se dio por vencida –Stormfly, no. Déjame dormir.

Después de varios minutos de insistencia, finalmente se desesperó y se levantó.

– Está bien, ya basta. Ya me levanté. – suspiró y se talló la cara. Se sentía cansada por la desvelada de anoche. Sin embargo cuando vio la hora se apresuró a lavarse en el baño y luego a bajar las escaleras. Hiccup ya estaba abajo, por supuesto, pero le aseguró que él también se acababa de levantar.

– Buenos días. Tardes – se rió.- ¿Dormiste bien?

– Muy bien. Ya ni siquiera escucho la tormenta.

Hiccup asintió.

– Se ha convertido en un ruido de fondo fácil de ignorar.

Esa mañana desayunaron en la mesa de cuatro plazas y aspecto rústico que estaba dentro de la cocina, y encendieron la televisión para ver si había más noticias acerca de la tormenta, pero no había nada nuevo. Quedarse dentro y mantener la calma. La electricidad regresaría pronto a las áreas donde aún no volvía y las líneas telefónicas se reestablecerían lo más pronto posible.

– Al parecer la tormenta no tiene planes de parar todavía – dijo Hiccup en un tono tal vez demasiado alegre – ¿Qué quieres hacer hoy?

Para su sorpresa, Astrid tenía su respuesta preparada.

– Me gustaría que hicieras un dibujo para mí, si se puede.

Desde que le había mencionado que sabía dibujar tenía deseos de pedirle uno. Incluso la noche anterior se había demorado un poco más en ir a dormir echándole un vistazo a los cuadernos de dibujo que tenía en el escritorio. Muchos eran máquinas de aspecto Steampunk, pero otros eran paisajes o bocetos de Toothless.

– ¿Qué clase de dibujo? – preguntó sin poder disimular su sorpresa.

– Disculpa, no pude resistirme y curioseé un poco en tu escritorio. – admitió – No los vi todos. No quería invadir tu privacidad, pero es que no me pude resistir. Tus dibujos son asombrosos, de verdad.

– Oh. Um, gracias. – dijo – Está bien, no me molesta que los hayas visto.

Siempre y cuando no hubiera visto el sketchbook que solía cargar en la mochila que se llevaba a la escuela. Ahí había dos o tres de ella. Pero todo parecía indicar que no había sido el caso.

– Así que… - continuó Astrid – me preguntaba si podrías dibujar a Stormfly para mí.

Eso era fácil. Hiccup sonrió.

– Desde luego.

Así pues, después de desayunar subieron a la habitación de Hiccup y Astrid se sentó como si fuera una sirena en la alfombra junto al librero. Stormfly estaba en su antebrazo y Toothless se le subía al regazo queriendo tomar parte de los juegos.

– Espérate, chica. No te muevas tanto.

– Está bien. No necesito que se quede tan inmóvil. – dijo abriendo el cuaderno de dibujo y buscando una hoja en blanco. Se había sentado con las piernas cruzadas frente a ella – Toothless, tú no las molestes y quítate de ahí.

Astrid se rió entre dientes.

–Si a ti no te molesta, a mí tampoco.

Dirigiéndole una última sonrisa, se puso a dibujar.

En su defensa, debemos decir que lo intentó, de verdad intentó no dibujarla a ella también, pero era muy difícil resistirse a la escena que tenía enfrente. Stormfly y Toothless se rehusaban a dejar de jugar y Astrid terminaba irremediablemente inmiscuida en el juego de las dos criaturas que no podían quedarse quietas.

También estaba el detalle que seguía usando su camiseta. Astrid estaba sentada de la forma más recatada posible y realmente no había nada indecente en su ropa, pero a pesar de que sus piernas estaban oscuras cubiertas por las medias, Hiccup no podía evitar notar que la camiseta dejaba ver un poco más de ellas de lo que permitían las faldas que comúnmente usaba.

Aunque era cierto que Astrid usaba falda a menudo, no eran, ni mucho menos, el tipo de faldas que usaban otras chicas que dejaban ver más piel de la necesaria y a la que además añadían tacones de vértigo. Astrid siempre vestía con discreción y prefería las botas de piso a los altos tacones que lucían las demás, pero esta vez las líneas que tuvo que trazar para dibujar sus piernas fueron considerablemente más largas. Casi fue una tortura dibujarlas.

Sin embargo, el verdadero dilema era capturar de la manera correcta su rostro. El brillo de sus ojos, la naturalidad de su sonrisa. Realizó trazos delicados y cortos, tratado de ser lo más preciso posible. Astrid, ignorante a su dibujo, trataba de mantener a Stormfly en un ángulo favorecedor – había recargado el codo en uno de los estantes del librero después de un rato cuando se cansó – sin saber que Hiccup ya había terminado con el ave desde hacía rato y ahora se concentraba en capturarla a ella.

Después de unos minutos, la plática se apagó. Hiccup seguía concentrado. Pensó que esto sí era como una de sus muchas ensoñaciones. Esos momentos cuando la veía pasar a lo lejos y se ponía a soñar despierto acerca de cómo sería sentarse a su lado, incluso si ninguno de los dos decía nada.

Astrid estaba sentada a un brazo de distancia, y a la vez, estaba tan lejos como esa ensoñación. Sí, estaba precisamente a una ensoñación de distancia. Distancia que era imposible salvar. Era preferible dejarla ahí, de verdad, pues es todo lo que ella podía ser de él, ¿no? Una ensoñación. Y si la mantenía a una ensoñación lejos de él no tendrá que perderla, porque nunca la tuvo en primer lugar. ¿Qué le diría incluso de ser así? No sabría ni qué decir ni cómo actuar aún si ella estuviera dispuesta a verlo de otra manera. Por otro lado, si la mantenía una ensoñación alejada, estaría seguro y no saldría lastimado. O bueno, no más de lo que ya iba a salir. Se acercó demasiado a su ensoñación y ahora pagaría el precio.

Astrid levantó la vista del juego de sus mascotas para mirarlo. Se había quedado muy quieto de repente, el lápiz congelado a la mitad de la página. Tenía la mirada perdida y nostálgica, casi triste. Pero había algo más, la mirada que le estaba dirigiendo era casi de adoración y pudo sentir que su estómago se contrajo con algo que fue incapaz de nombrar. Los ojos verdes de Hiccup brillaban anhelantes y Astrid se descubrió a sí misma deseando quitar esa mirada suplicante de su rostro. Con gusto le daría lo que le pidiera si estaba en su poder cumplirlo.

Se mordió el labio, dudando por un momento si no sería demasiado. Pero alejó el pensamiento con un "¿Qué más da?"

Se arrodilló haciéndose para adelante, Stormfly saltó al suelo y Toothless la persiguió en su reiniciado juego, y antes de que Hiccup pudiera preguntarle qué pasaba, ella lo tomó por la camisa y lo jaló para darle un beso en los labios.

Fue corto y espontáneo, pero bastante significativo. Los labios de ella atrapan el inferior de él y pudo probarlo. La sensación fue dulce y única. Pudo sentirlo devolverle el beso inconscientemente, mordiendo gentilmente sólo con sus labios el superior de ella. Se separan con un sonido suave y Astrid se volvió a sentar, pero no tan lejos como antes. Se miraron un momento y después ella soltó una risita.

– Desearía que pudieras ver tu cara justo ahora.

Hiccup escogió ese momento para salir de trance. Desvió la vista, avergonzado.

– Estoy sonriendo como idiota, ¿verdad?

Astrid negó lentamente con la cabeza y le dirigió una sonrisa amable.

– Estás sonriendo como si te importara. Como si significara algo para ti.

No supo cómo responder a eso. Deseó poder besarla de nuevo, para que la sensación durara más tiempo, pero no se atrevió. ¿Ahora ven a lo que se refería cuando mencionó que no sabría que decir si la tuviera? Cuando el silencio comenzó a prolongarse demasiado, le entregó el dibujo. Había dejado caer el lápiz, pero aún conservaba el cuaderno en un puño.

Astrid tomó el dibujo y se sorprendió. En la hoja aparecía ella de una manera casi irreal, con un perico en el antebrazo izquierdo y un gato en el regazo.

– ¿Me dibujaste a mí también? – Preguntó sonriendo - ¡Está increíble! – Levantó la mirada y lo vio con un azul brillante de emoción – ¡Gracias!

Cuando él no pudo devolverle la sonrisa ni agregó nada más, la sonrisa de Astrid se deshizo tan rápido como la flama de una vela en un vendaval. Entonces pareció entender el problema y contuvo un suspiro.

– Hey, escucha. Lo siento, ¿sí? – murmuró mirando hacia el suelo – No quise importunarte. Soy un poco impulsiva, a veces. Sólo… olvida lo que pasó si quieres. – ofreció forzando a las comisuras de su boca a subir mientras se retiraba repetidas veces el cabello de la cara.

Hiccup encontró finalmente su voz.

– No, no. Es sólo que… ¿por qué?

– ¿Por qué… te besé? – se relamió los labios, nerviosa – Bueno, no lo sé. ¿Me nació hacerlo? Ya te dije, soy medio impulsiva y -…

– No, me refiero – la interrumpió suavemente – ¿Por qué yo? ¿Por qué decidiste besarme?

Astrid buscó una posición más cómoda para sentarse. Colocó el cuaderno a un lado para evitar maltratarlo y como cuando estaba nerviosa le daba por agarrar cosas para buscar algo que hacer, cruzó las manos sobre su regazo para tratar de no evadir su mirada, que la cuestionaba ansiosa.

Astrid siempre había sido directa en lugar de irse por las ramas, así que solamente se aclaró la garganta una vez para que la voz no le saliera débil y fue directo al punto.

– Pues… obviamente porque me atraes, Hiccup. – tras un segundo de vacilación, agregó – Esperaba que fuera mutuo.

¿Bromeaba, verdad? ¿Ella esperaba que fuera mutuo?

Astrid, por su parte, no supo muy bien como tomarse su cara de indignación.

– Bueno, sí. Es mutuo. – dijo como si fuera obvio – Pero… ¿por qué?

Astrid sinceramente no lo entendía.

– ¿Por qué, qué? Tendrás que ser más específico.

Él suspiró con contenida exasperación. No podía creer que ella no lo viera y francamente le era difícil hablar de esto.

– Mírame, Astrid.

Una petición redundante, dadas las circunstancias, porque ya lo estaba mirando. Aun así, ella se tomó un momento para pasarle la mirada desde la cara hasta los pies. Hiccup se mordió la lengua para pensar en otra cosa y no en su mirada escrutadora y así evitar avergonzarse. Una vez que terminó, Astrid hizo un ademán que decía "¿y?".

Hiccup casi puso los ojos en blanco, sarcástico ante todo. Después se recompuso y se preparó para expresar su punto.

– Astrid, por si no te habías dado cuenta, soy un nerd, no tengo habilidades sociales, tartamudeo cuando hablo, más si es contigo, a veces soy sarcástico aun cuando no quiero serlo, tengo una habilidad imposible para meterme en problemas y… y… – buscó algo más, pero como no se le ocurrió nada, añadió la definitiva – y me falta una pierna. ¿Qué tan atractivo es eso?

Astrid lo miró sorprendida por unos momentos. Parpadeó un par de veces confundida, la sorpresa pintada en su cara.

– ¿Es en serio? – preguntó, y esta vez fue ella la que pareció ofendida. – ¿O sólo estas siendo sarcástico cuando no quieres?

– Es en serio, Astrid. – su tono triste la calmó.

Astrid suspiró.

– Hiccup, me di cuenta de que eres un nerd, de tu sarcasmo y de todo lo demás desde hace tres días, cuando hablamos por primera vez en ese salón de clase. ¿Y te digo algo? También podría agregar que eres ingenioso, inteligente y divertido. ¡Ja! He estado encerrada por tres días sin contacto con el mundo exterior y no me has dado tiempo de aburrirme. – Le sonrió – Y lo de tu pierna ya lo sabía.

Todo Berk lo sabía, de hecho. ¿El hijo del alcalde teniendo un accidente y estando hospitalizado por casi un mes para después perder la pierna izquierda? Estuvo en los noticieros y en los periódicos por semanas enteras.

–Hiccup, no pensaba en tu pierna cuando te besé. Pensaba en ti. Tú eres atractivo.

La seguridad y suavidad con la que lo dijo lo tomaron desprevenido.

– ¿De… verdad?

Astrid se encogió de hombros, repentinamente tímida sobre su comentario. Volvió a retirarse el cabello de la cara.

– Para mí, sí.

Ella levantó la vista y lo miró a través de las pestañas, inconsciente de lo adorable que su gesto resultaba. Pero después se rió.

– Ahora sí estás sonriendo como idiota. – añadió.

Hiccup sabía que no podía evitarlo, por supuesto. Después de todo, la chica de sus ensoñaciones le acaba de decir que lo encontraba atractivo. Y si esto es una ensoñación, entonces mejor la aprovechaba antes de que terminara.

– ¿Podemos hacerlo de nuevo? – preguntó repentinamente.

Astrid parecía estar en su propia ensoñación porque sacudió un poco la cabeza y preguntó.

– ¿Qué cosa?

– Besarnos.

– Oh. – parpadeó una vez y luego se volvió a reír.

Hiccup temió por un segundo que fuera a burlarse de él, pero desechó el pensamiento antes siquiera de que terminara de tomar forma. Astrid nunca se había burlado de él. A pesar de todo, no pudo evitar sorprenderse cuando ella se arrastró hasta su regazo y le puso las manos en el cuello, jalando gentilmente el cabello de la base por detrás. Hiccup se deslumbró por la sonrisa amplia y sincera que le dirigió.

– Sí – respondió, y entonces ninguno supo muy bien quien besó a quien, pero carecía de importancia porque fue imposible seguir la cuenta del número de veces que la acción se repitió el resto de la tarde.

El día se fue entre risas, besos, bromas y más besos. Ninguno pudo recordar algún día que se lo hayan pasado mejor. Por esa razón, no fueron conscientes que cuando cayó la noche, la lluvia había disminuido, quizá incluso lo suficiente para que Astrid regresara a casa.

Durante la cena volvieron a encender la televisión y el "no salir bajo ninguna circunstancia" se había transformado en un "no salir a no ser que sea estrictamente necesario" y repentinamente las risas despreocupadas se convirtieron en sonrisas discretas y educadas.

Entraron de nuevo al cuarto de Hiccup, buscando a sus mascotas, que se habían desaparecido tan pronto vaciaron sus platos en la cocina. Ahora estaban dormidos en un rincón donde Hiccup tenía la cama de Toothless. Y aun cuando el otro no lo sabía, ambos habían empezado a buscar excusas para que Astrid se quedara.

"Toothless y Stormfly ya se durmieron, sería cruel de mi parte despertarla"

"Es tarde, tal vez debería sugerirle que se quede otra noche"

"Es peligroso salir con las avenidas inundadas"

"El cableado está dañado y no hay luz en muchas avenidas. No es seguro conducir cuando no hay luz."

Hiccup se puso de pie y sacó otra camiseta del mueble donde las guardaba. No la mira cuando se la extiende, no se atreve. Es una camiseta de tela abrigadora y de manga larga. No tendrá frío con ella. Astrid sabe que hay una pregunta implícita que va con la camiseta. Ella mira la prenda y luego alza la vista para verlo a él. Sonríe.

Luego toma la camiseta.

"Seguramente, la palmera sigue bloqueando la entrada."

FIN


¡Listo! uf, pues ya acabó.

Mi primera historia multichapter terminada! que emoción.
¿Qué les pareció?

Pues como les dije, habrá epilogo, así que en realidad... aún no acabamos. xD

¡Nos leeremos una vez más! ;D