Capítulo 2 - Conociendo a Ying Fa

Se talló con fuerza los ojos mientras miraba en su reloj la hora a la que había despertado, si es que en realidad había dormido, ó para sí misma: no había dormido nada. Se levantó de la incomoda silla que se había convertido en lo más parecido a una cama desde hacía ya dos semanas, cuando por fin descubrió la causa de que su padre se comportase tan extraño, cuando se dió cuenta porqué sus mejillas no tenían el color de antes y, cuando se dió cuenta, de que esta vez sí se quedaría sola. Hacía dos semanas había descubierto que su padre padecía cáncer en el hígado y que, en su condición, ya nada se podía hacer para controlarlo.

Su única opción: un transplante y ella no era compatible.

MIró a su padre quien aún dormía en aquella cama de hospital y no pudo evitar sentir que su corazón se partía en pedazos. Él era todo lo que tenía y, ahora, ahora estaba a punto de perderlo. Besó su frente con cuidado para no despertarlo pues él también había pasado una mala noche... una pésima noche. Salió de la habitación no sin antes pedirle a una enfermera que cuidará de él pues ella tenía que realizar algunos movimientos para poder pagar el hospital. A sus casi 17 años Sakura Kinomoto se encontraba en la situación más difícil de su vida: no tenía a quién acudir, su trabajo en aquella cafetería no le daba ni lo necesario para pagar un ni siquiera una cuarta parte de la cirugía para su padre y, para variar, el seguro con el que contaba su padre ya estaba agotado. Busco ayuda en la universidad donde él laboraba y se encontró con que ya le habían remplazado y le dieron una miseria de indeminzación para que se ayudase por la condición en la que se encontraba, y ni siquiera podía pagar la hipoteca de la casa... todo estaba perdido.

Quiso romper el llanto ante su situación, su vida era una basofia y no podía hacer nada para cambiarlo. A la edad de 4 años su madre había muerto junto con su hermano, Touya, en un accidente de coche dejando a la pequeña niña al cuidado de su padre quien, desde aquel momento, se había convertido en su todo. Fijitaka Kinomoto era su mundo y ahora todo se estaba derrumbando, fue él quien le enseñó lo que debía saber sobre la vida, sobre los amigos, del amor e incluso del sexo-y cabe decir que fue el tema más incómodo que trató como el-, fue él el que la había convertido en la joven aspirante al periodismo que era y, ahora, ahora quizas nunca la vería convertida en aquello.

No tenía caso seguir contando el dinero... simplemente no lo tenía.

Se sentó un rato durante su hora de descanso en aquella cafetería, levantó los pies al aire y se frostó los ojos que se le cerraban de sueño. Quiso llorar, ni siquiera si trabajaba horas extras lo conseguiría.

Pensó en llamar a su mejor amiga Tomoyo Daidouji y pedirle ayuda para poder arreglar aquel embrollo en el que se encontraba pero, para su desgracia, Sonomi Daidouji, madre de Tomoyo, y Fujitaka Kinomoto, su padre, nunca se habían llevado bien lo que complicaría las cosas. Suspiró. Su padre no querría caridades de nadie y, para ser sincera, ella tampoco. Pero ¿Cómo hacerlo? ¿De dónde sacaría 10,000 dólares americanos para pagar tan si quiera la cirugía? ¿Y para las medicinas, el hospital y, por como estaban las cosas, un departamento para que pudiesen vivir? Ni vendiendole su alma al mismisimo demonio lo lograría-y vaya que lo había considerado comouna buena opción-.

-¿Alguna vez oíste que las escorts ganan muy bien?-Dijo una jóven que se encontraba platicando con algunas amigas en aquella cafetería quien , desde el momento que mencionó la posibilidad de ganar dinero había ganado la atención de la castaña.- Tu sabes, es la forma decente de llamar a las putas que trabajan en los burdeles.

-¿Y cuánto es ganar bien Kinchui?-Cuestionó una de ellas con curiosidad.

-Más de lo que tu y yo ganamos juntas en un mes.-Dijo ella mientras le lanzaba una servilleta a modo de juego.- Quien sabe con ese trasero que te cargas seguramente te pagarían más.- Y dicho aquello se echaron a reír como niñas pequeñas.

Y esa era la respuesta que necesitaba, era como si el destino le estuviese dando la oportunidad de conservar lo que era suyo. Suspiró. ¿Valía la pena convertirse en aquello, perder sus ideas, su moral, sus valores? ¿Acaso valía la pena vender su virginidad en aquellos condiciones? ¿Vender su cuerpo, lo único que en verdad de quedaba a ella, era la solución? Pero el no hacerlo también implicaba consecuencias que le afectarían toda la vida: se quedaría sola, nunca estudiaría periodismo, todos su sueños se irían por el caño porque estaba oficialmente en la calle. Aún así ¿Valía la pena venderse a un desconocido?

Era la vida de su padre la que estaba en juego y, solo por eso, valía la pena.

Ahora el problema era otro ¿Dónde se supondrá que trabajararía? Definitivamente no podía ir preguntando persona tras persona si conocían un buen burdel donde pudiese venderse y, definitivamente, tampoco se pararía por la noche en alguna esquina de la zona galante de Tokio para meterse con el primer semental que se le parara enfrente. No. Sí iba a hacer las cosas las iba a hacer bien y, si para eso, debía llamar a la persona que sabía absolutamente todo sobre todo lo que ella quería saber la llamaría.

-¿Tomoyo?-Cuestionó la ojiverde al otro lado del audicular cuando se dió cuenta que su llamada estaba siendo atendida.-¿Amiga eres tú?

-¡Sakura!-Gritó una mujer amatista a miles de kilómetros de distancia de donde la mujer de gos hermosas y transparentres gemas esmeraldas estaba.- ¿Cómo has estado amiga? ¿Tú papá sigue en la Uiversidad? y ¿Cómo va lo de periodismo? ¡Tienes muchas que contarme!-Dijo con tanta emoción que, aún y cuando casi nunca sucedía con ella, no se percató de que algo perturbaba la mente de la que había sido y era su mejor amiga desde que tenía memoria.

-Todo perfecto.-Mintió. No podía decirle la verdad a la mujer de negros y onduldos cabellos que siempre había sido la voz de su conciencia porque, en momentos como aquel, lo que menos ocupaba era una vocesita molesta que estuviera jodiendo con que las cosas no debían ser como planeaba hacerlo. -En realidad necesitaba que me ayudaras con algo de un artículo preliminar que me pidieron como parte de mi admisión a la universidad. ¿Qué piensas sobre la prostitución Tomm?

No que no existieran otras personas a las que pudiese acudir para obtener aquella información pero, Tomoyo, ella era la única que tenía una mentalidad más abierta y objetiva sobre cualquier tema. Estaba conciente de que si le preguntaba a alguna de sus amigas que aún recidían en Tokio y en Tomoeda le dirían que aquello era una averración, la escoría más baja del planeta, que solo las mujeres de baja calaña se metían a aquello y no... no necesitaba comentarios de esos.

-Hablando objetivamente te diría que, antes que nada, es un trabajo digo las mujeres esas podrán estar haciendo actos contra la moral pero no le están robando a nadie sino que están ¿cómo llamarlo? vendiendo un producto aunque ese sea su propio cuerpo. Por otro lado creo que es mejor que una persona se prostituya a que robe. ¿Por qué lo preguntas? o mejor dicho ¿Exactamente que quieres saber sobre la prostitución?

Sakura no pudo evitar sonreír aún y cuando se sentía un poco asustada ante lo que realizaría. Tomoyo era como toda una enciclopedia y, ella, no dudaría en usarla en aquel momento.

-Bueno es que me tocó un tema algo complejo y necesito de alguien muy analítico para que no me deje guiarme por mis subjetividades y creencias morales o sociales. La historia es esta: Hay una muchacha como de 17 años, puedes llamarla como quieras Tomy así que no preguntes, y pues tiene muchos problemas porque su madre enfermó y no puede pagarlo. ¿Estaría mal que ella se vendiera para salvar a su única familia? es decir, ¿podría conseguir el dinero de esa forma?

-Pues esa chica tendría suerte si es virgen Sak ¿Sábes cuánto llega a pagar un raboverde empedernido con tal de ser el primero en la vida de una mujer?-Dijo un tanto seria ante la pregunta de su amiga.- Por ejemplo en Tokio existe un burdel que es considerado como el más elegante, es aquel al que solo va el que puede pagar una suma sustanciosa con el único fin de satisfacer sus pulsiones sexuales: Luna Llena. Bueno si no mal recuerdo Meryl, una de las chicas que trabajaba en mi casa de Tokio, me contó que una de sus amigas trabajaba ahí y que su primera vez fue subastada en una muy buena suma Saku.

-Bien, creo que con eso puedo escribir algo bueno.-Contestó la ojiverde tratando de terminar con la conversación.-Gracias por la ayuda.

-Pero Saku, aún así deberías mencionar que debería buscar otra forma de salir del apuro... una donde no tenga que vender su dignidad a cambio.

-sí Tomy, adiós.-Y dicho aquello cortó la comunicación.

Suspiró. Era ahí a dónde debia ir, era su úica esperanza, el boleto que la sacaría de esos apuros... el único modo de salvar a su familia. Miró al relojj y se dió cuenta que había terminado su hora de comer en aquella maldita cafetería. Suspiró, tomó su delantal color rosa y se lo amarró para seguir con su trabajo al menos una tarde más.

Al mismo tiempo algunos jóvenes estaban reunidos en un apartamento de la zona más lujosa de Tokio. Los 3 amigos no podían evitar mirar fijamente hacia el mismo punto de la pared y, como un acto agregado en algunas ocasiones, levantar una lata de cerveza para llevrselas a los labios. La vida apesataba y, por lo menos dos de ellos, habían optado por solidarisarse con uno de sus amigos que pasaba por un momento de depresión: su novia le había sido infiel.

Takeshi Yamazaki y Hiragizawa Eriol miraban con algo de tristeza a su mejor amigo, Li Syaoran, quien no podía evitar estrujar aquel medazo de ojalata que tenía entre sus manos. Estaba furioso, decepcionado, herido, todos los sustantivos que podrían usarse en momentos como aquellos podían describir sus sentimientos,

-Vamos hermano no te pongas tan mal, Akena no valía tanto la pena.- Dijo Eriol mientras posaba una de sus manos en el hombro de su amigo tratando de darle un poco de ánimo.- Regreso a Inglaterra en dos días y no sería buena onda dejarte tan mal.

-Eriol, Akena me engañó con el idiota de Ishida ¿Crees me siento bien aunque me digas que no valía la pena?-Cuestionó el mientras lanzaba la lata contra la pared.

-Creo que tú necesitas distraerte.- Comentó ahora Yamazaki mientras se levantaba y se acomodaba la camisa polo que vestía.- Y yo se perfectamente como hacerlo asi que cambiate... te tengo una enorme sorpresa.

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-Eres muy delgada niña ¿Cuántos años tienes?.-Cuestionó una mujer mientras rodeaba a Sakura como un buitre hambiento. La señora Akira, actual jefa de Luna Llena, analizaba poco a poco a la figura de la ojiverde que había llegado a su "centro de entretenimiento" pidiendo trabajo. No podía negarlo era muy hermosa pero, definitivamente, también era una niña y se le veía en el reflejo de sus grandes ojos.

-16.- Dijo el un hilo de voz ante la presencia de esa mujer. Por alguna extraña razón le temía, no sabía si era por la forma en que la miraba o por lo que representaba pero sí, le temía.- Necesito este empleo por favor.- Rogó.

-¿Bailas?-Cuestionó la mujer mientras admiraba el par de zapatillas de ballet que colgaban de su mochila rosa.

-Acudía al Concervatorio de Artes antes de que papá enfermara, estudie danza desde los 5 años.- Contestó mientras miraba fijamente a la mujer de cabellos y ojos oscuros que tenía frente a ella.

La mujer suspiró profundamente y, algo dentro de ella, le indicó que aquella niña era una buena adquisición y, si la enredaba como se debía, la tendría con ella hasta que pudiese sacarle todo lo que necesitaba. Sonrió. Se dirigio a su escritorio y sacó una cinta con la que comenzó a revisar todas y cada una de las medidas de la chica para darse cuenta de que, tal y como lo esperaba, eran muy ó el teléfono y le dirigió algunas palabras al interlocutor que lo habái contestado y, tras colgar la bocina, extendió la mano a la niña para que después de sus labios fluyera un "Bienvenida a Luna Llena".

No pasaron mas que algunos minutos cuando una mujer de no más de 26 años entró a la oficina. Sakura la admiró desde el momento que la escuhó ingresar al recinta: era muy hermosa. Unos ojos azules la esraban observando al mismo tiempo que ella miraba a la dueña, sus cabellos rubios caían hasta su cintura y vestía de una manera muy elegante, Su nombre: Miyako Lorigua y, hasta donde había compredido la conversación de Akira con la recién llegada, desde ahora sería lgo así como su entrenadora.

La señorita Lorigua, si es que aún se le podía denominar "señorita", le extendió la mano regalandole una cálida sonrisa y la invitó a ponerse de pie. Ambas salieron de la oficina para llegar a la que, seguramente, era la habitación de ella. De nuevo lal mujer de cabellos rubios la admiró con cuidado, inspeccionó cada centímentro de su cuerpo con la mirada y, aún y cuándo aquella mujer no la estaba tocando, se sentía intimidada.

-¿Por qué una niña tan hermosa y jóven como tú quiere dedicarse a esto?-Cuestionó al fin Miyako mientras sentaba a Sakura en el banco de su peinador y comenzaba a cepillar sus cabellos mieles.

-Mi papá enfermó y no tengo dinero para pagar su operación... él es todo lo que me queda.- Dijo la castaña mientras veía, en el reflejo del espejo, como comenzaban a caer gruesas lágrimas desde sus ojos y cómo estas rodeaban su infantil rostro hastaencontrar su muerte en el frío suelo del lugar. No podía quejarse, al menos el lugar era muy hermoso y Miyako era muy agradable.

Miyako mirò a la niña con un inexplicable cariño, por alguna razón le recordaba a sí misma el día que había comenzado su vida de prostituta hacía ya 6 años. Se dirigió a uno de los closets y sacó un sensual camisón rosa junto con la ropa interior que le hacía juego. Sakura la tomó entre sus brazos mientras la analizaba lo que estaba sucediendo, todo era muy rápido... demasiado rápido. Sintió una mano posarse sobre su hombro y encontro a aquella joven sonriendole con una especie de ternura y cariño que no había conocido antes. La vió dirigirse a uno de sus cajones y sacar una caja de lentes de contacto. La mujer la miró y volvió a l a caja donde guardaba aquellos pequeños lentes de colores, sacó uno y se los dejó en su mano.

-Entiendo que no tienes otra opción y por eso cuidaremos tu intimidad lo más que se pueda. Borraremos por las noches tus peculiares ojs verdes y, a partir de ahora, cuando pises Luna Llena no tienes familia, no tienes pasado, no hay problemas personales ni nada que pueda afectar tu relación, que es puramente sexual, con el cliente ¿entendiste?.- Dijo la mujer mientras comenzaba a ondular estéticamente el cabello de la castaña.- A partir de hoy cuando pises estos pisos y respires del aire que hay aquí adentro tú no eres Sakura Kinomoto, no eres una muchacha de casi 17 años que bailaba ballet, que ha pasado noches y noches cuidando a su padre en el hospital. A partir de hoy te llamas Ying Fa ¿Ha quedado claro?

Sakura suspiró, se escuchaba que la mujer hablaba en serio pero, aún y cuándo le había levantado la voz y le estaba arrebatando toda su historia en ese momento, sonrió. Se preocupaba por ella y, nadie lo había hecho a demás de su padre y Tomoyo. Asintió lentamente y dejó que la mujer siguiera peinando su cabello hasta dejarlo perfecto. Miró la cajita de contactos que tenía entre sus manos y descubrió, que a partir de ahora, cada vez que llegara a aquel lugar tendría los ojos azules y sonrió... al menos no mancharía la única herencia de su madre dejando que aquellos hombres con los que se acostara vieran lo único que en verdad le quedaría.

Tomó su móvil y llamó a su padre quien, gracias a todos los dioses, se escuchaba mejor. Le comunicó, en forma de verdad a medias, que había obtenido un empelo nuevo y que comenzaría aquella noche. Escuchó a su padre quejarse pues, desde su enfermedad, su hija trabajaba sin parar todo el día y, ahora, también lo haría por las noches. Quiso saber que haría y ella contestó que simplemente estaría en un restaurante trabajando de camarera. Le dolía mentirle pero, en situaciones como aquella, no le quedaba ninguna otra opción. Colgó mientras el corazón se le rompía en mil pedazos por aquella mentira pero mentía porque lo amaba y, ahora que se había propuesto salvarle, lucharía con todas sus fuerzas contal de que aquellos fuera verdadero.

Se dirigió a la habitación que Miyako le mostraba no sin antes toparse con varias de las mujeres que, seguramente, trabajaban ahí. Todas hermosas y todas distintas una de las otras. Algunas aún vestían jeans y camiseta mientras reían sonoramente al tiempo que se maquillaban o peinaban mientras que otras ya vestían hermosa ropa interior con encajes y colores llamativos... todo era tan distinto y, al mismo tiempo, tan llamativo.

Muchas chicas la miraron con interés, algunas otras con desprecio y otras simplemente le dedicaron una sonrisa de bienvenida al tiempo que pasaba por los pasillos de Luna Llena. Miya le mostró su habitación, el lugar donde ahora atendería a sus clientes y, en palabras de ella, les daría el placer por el que habían pagado. No podía quejarse en realidad aquel lugar era muy bonito y, hasta ahora, todos habían sido amables con ella. Le mostró el lugar donde se encontraban los preservativos que utilizarían sus clientes ya que, aún y cuando ella les estuviera dando su cuerpo para hacer lo que ellos quisiesen, también debía cuidarse, Luna Llena no podía arriesgarse a perder toda la inversión que realizaba en ellas por una maldita ETS.

-Y esta te la tomarás tan pronto termines de tener sexo con la persona de esta noche.- Dijo la mujer mientras le extendía una pastilla a sus manos.-No tenemoso tiempo de que empieces un tratamiento con anticonceptivas así que solo por esta vez tomarás una "pastilla del siguiente día". Ahora tomate esta que sí es para prevenir embarazos no podemos arriesgarnos a perderte si apenas estás llegando.- Dijo la mujer mientras miraba sin asombro a Sakura cambiarse frente a ella, ya había visto a muchas muejres desnudas y una más no la asustaría ni nada.-Debes complacer hoy a tu cliente en todo lo que desee, te estan subastando querida Ying Fa y tu éxito en este negocio depende de esta noche. Tú decides que tan codiciada quieres ser o si te convertirás en el plato de segunda mesa como muchas de las que aquí trabajan.

-Si Miyako.- Dijo la niña mientras le dirigía una tímida sonrisa-Gracias.

-Ahora debes llamarme Azura, así me llamo aquí y... no hay de que Ying.

Aquella tarde pasó demasiaod rápido, era un cambio total en su vida... jamás se imagino que terminaría haciendo aquello. Se miró al espejo y encontró a una desconocida en el reflejo. Una mujer de cabellos muy ondulados, ojos azules y maquillaje se encontraba frente a ella y, en su reflejo, solo se podía ver una sola cosa que sí era parte de sus esenca: sus zapatillas de ballet- Por alguna extraña razón Miyako, mejor dicho Azura, le había dicho que parte de su atractivo era que derrochaba inocencia de una forma sutil y natural por lo que debían jugar con aquello. Le pidió que usase esas zapatillas que colgaban de su bolso y que las amarrara de la forma más elegante que supiera y, sin cuestionar, lo hizo.

No podía negarlo, extrañaba ir a su clase de baile y denzar por todos lados de forma natural y, también, extrañaba poder sentarse frente a su ordenasdor y escribir sus bobos intentos de artículos para algún periódico o revista. Extrañaba todo aquello pero, si quería de vuelta, debía de comenzar con esto y terminarlo. Se sentó en la cama en la que en algunas horas más entregaría su dignidad al hombre que pagara más y lloró, lloró amargamente porque tenía miedo, porque nunca había tenido que enfrentar aquello, porque dentro de ella había soñado que su primera vez sería con quien ella amara y que la amara a ella y no con un desconocido que simplemente necesitaba satisfacer su instinto sexual con ella.

Pero era la vida de su padre la que estaba en juego y no iba a ser por ella que él la perdiese.

Al mismo tiempo dos hombres, uno de ojos ambarinos y otro de ojos azules respectivamente, estaban sentados algo nerviosos en una sala de espera. Ninguno de los dos conseideró alguna vez siquiera pisar un sitio como aquel. Eriol no podía dejar de jugar con la revista menos provocadora que encontro haciendo tirones una a una las hojas que la formaban: su novia lo mataría, ¡Tomoyo le cortaría el cuello si sabía dónde estaba en ese momento! Obvio estaba él no haríai nada malo pero, por el simple hecho de estar ahí, se sentía infiel y eso era malo... muy malo y sobretodo teniendo una novia tan perspicaz como ella.

Yamazaki tardó al rededor de una hora en la oficina de aquella mujer y ambos amigos se preguntaban que tanto estaba arreglando ahí adentro. Aún y cuando Syaoran era de orígen Chino y no llevaba más de 4 meses en Tokio estudiando derecho, sabía a la perfección lo que significaba oír de labios de un hombre que la noche anterior la había pasado en "Luna Llena". Y ahora, después del engaño de Akena, estaba ahí, sentado en uno de los cómodos y seductores sillones de aquel burdel que, para ser un burdel, era el lugar más elegante que había conocido desde su llegada a Tokio.

-¡Todo listo Syaoran!-Dijo Yamazaki feliz mientras se sentaba al lado de sus dos mejores amigos en aquel momento.- Hoy se acaban tus problemas y hoy te olvidas a Akena ¡Y de eso me encargé yo!

-¿Ya podemos irnos de aquí?-Cuestinó Eriol quien ya había terminado de deshacer aquella pobre revista.-No entiendo que hacemos en un berdel y menos cómo es que conoces a la dueña o lo que sea que sea ella.

-Solo le conseguí una fabulosa noche de placer a nuestro amigo como consolación de su ruptura con la tonta de Akena.-Dijo felizmente mientras palmeaba la espalda de su amigo.-Me costó una fortuna amigo ¡La chica está divina! y es una nueva adquisición de la casa. ¡Si la vieras! había como 4 hombres que querían arrebatarle la virginidad esta noche amigo y ¿adivina? ¡Nadie más que tú te quedas con ella!

Jugó con sus dedos por largo tiempo, hacía tan solo unos minutos que Azura había aparecido en la habitación anunciandole qu ela subasta había terminado y que, desde hacía muchos años, nadie había ofrecido tanto por una chica. No entendía el porque de su sonrojo si aquello no era un cumplido directamente pero, aún así, se sonrojó como hacía mucho no lo hacía. Se dirigió al espejo y se arregló un poco el maquillaje para no verse tan mal y, aún y cuando no reconocía a la chica que veía, sonrió.

Escuchó a alguien acercarse a la habitación y, en acto seguido, ella estaba sentada en el borde de la cama, esperando con expectativa a ver all hombre que entraría. ¿Sería un hombre mayor? ¿un millonario tal vez? ¿Alto? ¿bajo? ¿Moreno? La puesta se abrió sacandola de sus pensamientos y, aquella, fue la primera vez que lo vió.


Hola a todos!

Bueno debo ser MUY MUY MUY SINCERA estoy muy triste y decepcionada de este fic porque creo que no le gustó a nadie ya que, tristemente, solo tengo 2 reviews.

Si alguien desea en verdad que lo continue pues deje un review ya que si no encuentro 10 reviews mínimo de este capítulo, es decir que haya 12 reportados, creo que lo borraré y, la verdad, creo que es una buena historia y algo diferente... ha sido todo un reto.

Por ahora trabajo en el nuevo capítulo de Trampas del Destino y despues terminaré el de Destinos entrelazados pero como mi woed no me quiere tengo que trabajar en wordpad lo que me complica las cosas...

en fin...

10 REVIEWS O BORRO EL FIC!! EN VERDAD!!! (no es amenaza pero en verdad siento que esto no le gusta a nadie)

un beso y PRESIONEN EL BOTÓNCITO DE ABAJO Y DEJEN UN REVIEW

Ashaki*