Capítulo 4 - Finales y Comienzos

-Dos pasajes Hong Kong señorita.- Dijo la voz de una castaña al otro lado de la bocina del teléfono. Durante los años que había utilizado para escribir, primero que nada, sus artículos sobre la prostitución y la doble moral de la sociedad en los temas relativos a este acto no le quedaron ni tiempos ni ganas para salir con su hija a algún sitio de vacaciones-a demás de que la prensa amarillista y las familias de "sociedad, como lo era la familia Li y otras de la estirpe, tenían un tanto amenazadas a las Amamiya-bueno era bastante, pero ninguna de las dos les prestaba atención suficiente-.

Tras eso, cuando Ari consideraba que por fin el trabajo le regresaría a su madre que antes daba clases de danza en la academia de Tomoyo por las noches y que la invitaba a comer comida china de dudosa procedencia-que, a decir verdad era lo más delicioso y divertido que hacían juntas los fines de semana-, se vio envuelta en un nuevo proyecto: un libro.

Arantza conocía a su madre y, por ende, Sakura conocía a su hija: ella nunca evitaría que su madre cumpliera sus sueños, ya había hecho suficiente por ella sacrificando sus escasos sueños a la edad de 18 años para hacerle frente a la vida y tener a su bebé ella sola ¿en qué momento su progenitor-porque no era su padre, no puede ser tu padre alguien que simplemente implantó una semillita y se fue- apareció y desapareció de la historia dejándoles solas?

-Primera clase-Dijo un tanto emocionada: desde él no había vuelto a usar la primera clase pero, Ari merecía eso y más.- A las 2:15 me parece perfecto, un placer hablar con usted señorita.- Y colgó. Iría a Hong Kong y evidentemente no había forma de que se encontraran: él seguía siendo el dueño y señor de las Corporaciones Li, mismas que le fueron heredadas por su condición y sangre a demás de que, desde que tomó posesión de ellas, las convirtió en uno de los emporios más productivos en el continente Asiático. Ella no era nadie más que una escritora, una muy polémica por cierto, pero solo eso y bueno, el hecho de haber renunciado a ser una Kinomoto y buscar la protección de sus familiares Amamiya le daban la seguridad de que ni se enteraría de que había pisado territorio chino en algún momento.

Era difícil pero, ahora que había comenzado su recorrido hacia el pasado, recordando detalle a detalle lo sucedido no podía evitar que su corazón se rompiera nuevamente en mil y un pedazos. Escondió su rostro entre sus manos para evitar nuevamente que las lágrimas perfilaran abiertamente por su rostro pero no lo pudo evitar: ahí estaban.

Y de solo pensar que ya habían pasado 15 años desde aquello, un escalofrío recorrió su piel al tiempo que los recuerdos vagaban nuevamente por su cabeza.

Fingir un orgasmo era algo sumamente sencillo y, desde que trabajaba en Luna Llena, no le quedaba más que fingir uno cada vez que estaba con un cliente: pagaban más si era evidente que te daban placer aún y cuando lo único que sentías en muchas ocasiones era repugnancia hacia ellos, o dolor cuando uno era un poco tosco a la hora de querer tomarte.

Jadeo un poco más fuerte sin llegar a extralimitarse, después era muy evidente que fingías, pasó sus manos por el cabello del hombre y le pidió que fuera un poco más rápido –entre más rápido más pronto terminaría-.. Gimió un poco fuerte haciendo que el desconocido de emocionase y, un par de minutos después él ya había terminado y ella agradecía al cielo que ahora podía correrlo.

Se levantó de la cama y se enfundó un su corta bata melocotón y se miró en espejo mientras se acomodaba el cabello. Maldijo por lo bajo al encontrar una marca en su cuello, ese canalla se la había dejado aún y cuándo siempre advertía que no quería marca alguna o si no tendrían que buscarse a otra con quien acostarse. El problema: él era de los que mejor pagaba y ahora que Azura- Miyako- se había ido las cosas estaban un tanto más complicado.

Al menos el cielo había sido bueno y había reconocido la bondad que Miya había tenido siempre con ella: acogiendola en su casa, cuidando de ella cuando no tenía a nadie más en el mundo, le ayudaba con sus tareas de la universidad cuando estas se complicaban con el trabajo, pero ahora ella se iba a casar. Extraordinariamente durante el trabajo como Azura conoció a un hombre: Kazuke, quien se enamoró perdidamente de la bailarina y prostituta. Después de tanta renuencia de parte de ella para que esa relación avanzara finalmente se enamoró de él y, ahora con su ayuda, pudo saldar la deuda que tenía con la señora Akira por lo que era libre de hacer lo que quisiese de su vida.

Fue por eso que se casó y se fue a Tomoeda a vivir su feliz vida de casada y le dejó, en señal de amor y amistad, el departamento donde habían compartido un año juntas.

Acompañó al hombre a la puerta y se despidió secamente mientras lo despachaba como siempre lo hacía después de cada turno. Se quedó recargada en el marco de la puerta mientras mascullaba algunas tantas maldiciones a aquel individuo y, después, se dirigió a la sala de espera para que le pasaran al siguiente: el último de la noche.

-Tardaste menos de lo que esperaba.- Dijo una voz que ella conocía muy bien.- ¿La pasaste bien?

-Cierra la boca.- Contestó ella de forma juguetona mientras le tomaba la mano y lo dirigía a la habitación donde se reunían, al menos, una vez al mes.- Fue un asco tuve que fingir un orgasmo dos veces con tal de que ese animal se fuera. ¿Qué prefieres hoy?¿Comida china?¿Jugaremos monopoly o haremos una cosa más hoy?

Estaban acostumbrados a verse de tanto en tanto, él había sido el primero en su vida tanto como Ying Fa como para Sakura pero, él, desconocía totalmente que la conocía como ambas. Desde que aquel día en las afueras de la universidad ella lo había conocido como Syaoran, estudiante de la facultad de Derecho, las cosas comenzaron a mejorar en su vida: mariposas revoloteaban por su vientre cada vez que quedaban para comer en la escuela o cuando el al acompañaba a su departamento solo para ver que llegara bien. Nunca le cuestionaba por el hecho de que evitaba hablar de su pasado o sobre su empleo, nunca le forzaba a salir por las noches porque ella siempre evitaba hacerlo.

Desde que ese par se había conocido Ying Fa escuchaba siempre anécdotas de lo que hacían juntos desde la voz de él haciéndola sentir halagada y enamorada pero, evidentemente, como Ying Fa no podía amarlo ni desearlo para estar con ella siempre: Ying Fa era de todos y a la vez de nadie, la mujer con quien compartías la cama por un par de horas y después no era más que una prostituta, muy cara por cierto, que te dio placer por unos momentos.

Y ella, se había enamorado de él desde unas semanas después que él había repetido su visita pero, desde que Sakura había aparecido en su vida, sus visitas eran cada vez menos frecuentes, y cuando iba a verla las idas a la cama habían desaparecido por completo del itinerario de cosas por hacer y, aún y cuando sabía que él pagaba literalmente una fortuna para verla, le gustaba tenerle cerca aunque fuese solo como amiga porque, aun y cuando pasaba muchísimo tiempo con Sakura no estaba segura de que él estuviese sintiendo lo mismo que ella por él.

-Vengo a despedirme.- Soltó el por fin haciendo que una fuerza desconocida estrujara su corazón en ese momento ¿sería que volvería a Hong Kong? ¿Desaparecería tanto de su vida como de la de Sakura?-Creo que esta es la última vez que vendré a verte Ying y espero en verdad que lo entiendas: te quiero muchísimo, fuiste y eres la amiga que necesité en momentos muy difíciles para mí pero… pasó algo.

-¿Qué sucede?-Cuestionó con rapidez mientras trataba de mantenerse fuerte, no podía dejar que Sakura fuera la que estaba recibiendo la noticia porque él no hablaba con Sakura en ese momento, él hablaba con Ying Fa: la prostituta, la bailarina y, la que el consideraba, su amiga.-Sabes que puedes contarme lo que sea…

-Me enamoré.- Soltó mientras rompía en una risa nerviosa y se sonrojaba un poco mientras la miraba a los ojos.- Ella es la mujer más especial que he conocido en toda mi vida: es simpática, despistada, es maravillosa Ying pero… no puedo engañarla viniendo aquí y sé que ella no entendería esto que siento por ti. Tu sabes, los periodistas son un poco complicados.

-¿Periodistas?-Cuestionó mientras una loca idea bailaba en mente, una en la que él estaba enamorado de ella locamente, tanto como para mandar a Ying Fa al caño y no pensar nunca más en ella sino en Sakura, en la mujer que sí era real. Suspiró.- Entiendo, te mereces a la mejor mujer y me parece perfecto que la hayas encontrado… solo espero que ella sienta lo mismo que tú por ella.

-Eso mismo espero yo.- Ella lo abrazó con cariño y le pidió un momento para cambiarse, mientras tanto, él podía pedir algo de comer para, que ese día, jugaran su último partido de monopoly y, de ese modo, les quedara un perfecto recuerdo de lo que había sido su amistad.

Lo amaba como no había amado a nadie en sus 17 años de vida pero él era heredero de una fortuna por ser poseedor de la sangre de los Li mientras que Ying Fa no era nadie más que una puta muy cara que se vendía en un burdel, una mujer sin familia, sin pasado porque no quería tenerlo y quizás sin futuro porque no habría futuro como Ying Fa: tarde o temprano Ying Fa moriría para que solo quedara Sakura y, en ese momento, bueno cuando solo quedara Sakura entonces ya decidiría que hacer de su vida.

Jugaron un par de horas y platicaron de cosas tontas, de las mismas de las que solían hablar cuando iba en un día normal a Luna Llena. Nadie sabía que él iba a verla solo para hablar y solo algunas veces para acostarse y pasar un buen rato, nadie imaginaba que eran amigos pero sí había alguien que podía oler lo que Ying Fa sentía por él: Izumi- o al menos así la llamaban ahí-.

Izumi había entrado al negocio algunas semanas antes de que Kinomoto si quiera considerara la posibilidad de venderse por las noches y, tanto la señora Akira como ella misma, consideraron que tal vez podría convertirse en más de lo que si quiera habían pensado pero, Azura-Miyako- se opuso rotundamente a entrenarla: algo le faltaba a la niña esa y, estaba consciente, que la imagen de femme fatale ya no era la que vendía en ese negocio. Y entonces llegó ella, una chiquilla que no podía si quiera tratar de ser quien no era, no tenía altanería y sensualidad de mujer madura sino que pintaba con gracia algo de coquetería y de sensualidad pura, se movía con la ligereza del viento y su sonrisa, su maldita sonrisa era la que se había ganado todo… hasta la presencia del primer cliente muchas veces en su habitación.

El chico miró el reloj de pared que colgaba del lado izquierdo de la habitación de Ying y ella siguió su mirada hasta que se toparon en el mismo punto: la hora estaba cerca, él debía irse para no volver ahí y ella, ella debía continuar con su vida hasta que pudiera saldar la deuda que tenía con Luna Llena. Se levantó mientras le extendía la mano a la mujer de los falsos ojos celestes para ayudarla a levantarse del suelo. Se miraron y sonrieron, pintando en ambos rostros la imagen con la que querían ser recordados por siempre en la memoria de aquella persona que había sido tan importante para ellos.

Fue entonces que ella le lanzó los brazos al cuello y se aferró a él escondiendo su rostro en su pecho mientras unas diminutas lágrimas bailaban por su rostro. Despedirse dolía mucho y su vida había no era nada más que la recopilación de despedidas de muchas personas hacia ella y esta, extrañamente esta era la que más le dolía. Tomó sus mejillas entre sus manos y bajo la cabeza del chico hasta que pudo besar su frente en señal de cariño y admiración, lo estrechó entre sus brazos fuertemente y, en ese momento, él la abrazó también.

-Se muy feliz con ella.- Soltó mientras seguía escondida entre sus brazos.

-Lo seré, ella es simplemente perfecta, hecha totalmente a mi medida.- Dijo él mientras ala alejaba un poco para mirarla a los ojos.- Promete que te iras pronto de aquí y que serás alguien más que Ying Fa, enamórate y se feliz porque tú más que nadie lo merece.

-Lo prometo Syaoran.- Dijo ella mientras lo dirigía hacia la puerta y sentía como sus manos iban alejándose al tiempo que él caminaba y la iba soltando porque llegaban al límite de la distancia que ambos podían mantener.- Amala mucho porque sé que ella te amara igual

-Gracias por haber sido mi amiga.

-Syaoran, yo siempre voy a ser quien tu quieras que sea…

"Quién tú quieras que sea" esas malditas palabras habían retumbado en su cabeza desde la primera vez que la vio y se sintió estúpido por haber creído en ellas y más aún por ser ellas las que le hicieran descubrir la verdad de aquella maldita bruja de ojos verdes que lo habían envuelto de una forma tan perfecta que aún ahora, 15 años después, la recordaba. Es loco recordar como a tus veinte años en verdad crees que puedes controlar al mundo y poseerlo entre tus manos para hacer las cosas tal y como quieres en el momento pero, cuando te caes de esa nube de irrealidades en la que vivías, entonces te das cuenta de que duele y de que todo el mundo de fantasías que habías pintado no era nada más que eso: fantasía.

Él la había amado de verdad, la había amado como nunca había amado a nadie y como, tristemente, quizás nunca lo haría. Durante los últimos 10 años había tenido una relación intermitente con Reika Shouda pero de quien, al final de cuentas, no terminaba de enamorarse: era muy atractiva puesto que era una de las modelos más demandadas en el continente asiático y quien, desde hacía un tiempo, se hacía cargo de su sobrina Nanami, hija de la fallecida hermana de su "novia"-si es que se le podía llamar así- y bueno tenía muchas compañeras de turno.

Solo sabía que no daría el corazón nuevamente porque él lo había dado una vez y este nunca le había sido devuelto porque Sakura Kinomoto y Ying Fa habían hecho lo que habían querido con él: usarlo, pisarlo, mentirle y engañarlo hasta que el teatro se les calló.

No quería ni siquiera pensar en ella pero no era algo que pudiese evitarse, ella había dejado una marca en él como Sakura y como Ying Fa, las había conocido a ambas y, aunque pesara reconocerle, las había amado porque, aun y cuando le costara reconocerlo, algo dentro de sí siempre le dijo que se parecían demasiado, era como si el destino le hubiera puesto en el camino a un posible porque Ying Fa era imposible pero Sakura: ella había pintado como la niña que nunca considero encontrar, la ni niña que ni siquiera creía que existiera y que, a pesar de todo, ahí estaba.

Y, de nuevo, maldijo el día en el que la conoció y, aún más, el día en el que se enamoró de ella.

Aquella fue la última vez en que Ying Fa y Syaoran Li se vieron en aquel lugar, el último día en que los pies de aquel hombre de origen chino habían pisado Luna Llena mientras que los de ella no tenía mayor opción más que seguir ahí.

Ella miró su reloj y vio que ya se perfilaba su hora de salida, o al menos su hora de salida de aquel día, 8:30 pm ¡ja! Y pensar que los sábados era cuando menos gente atendía y si comenzaba desde las 4 pm podía tener la noche para sí misma.

Pero esa noche era una muy triste porque él ya no volvería a verla pero ¿qué más podía pedir? Cuando estas enamorada lo único que pides es que esa persona encuentre todo lo que quiere y bueno, fuese quien fuese la mujer que lo había cautivado así, no sabía en lo absoluto cuan afortunada era. Se puso la muda de ropa que había llevado y, por fin, se deshizo de sus falsos ojos azules para ver en su reflejo a la mujer que en verdad era. Unos ojos verdes se asomaban por aquel reflejo haciéndole sonreír un poco: al menos así podía ver algo de su madre yendo con ella a cualquier lugar que ella quisiera. Abrió su cartera para encontrar un colgante con una delicada y fina S con una pequeña y lujosa esmeralda adornando el final de ella.

Él la había dejado como único legado en su testamento para ella y, seguramente, había hecho aquello para que ella, en un acto desesperado por salvarle, la hubiera vendido. Pero seguramente él hubiese preferido que se vendiese aquella fina pieza de oro en lugar de la venta del cuerpo de su hija. Siguió viendo su reflejo en el espejo y sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas: quería llorar por ellos, porque los extrañaba y los amaba como únicamente se ama a la familia, quería llorar porque ahora sí estaba sola, ya no estaba nadie: No había vuelto a hablar con Tomoyo desde aquella vez por vergüenza de sí misma por lo que hacía, simplemente a ella no podía mentirle por lo que prefirió simplemente desaparecer.

Y, ahora, él se iba.

Un sonido la sacó de sus ideas y se dirigió a su móvil que sonaba y brillaba sin parar en señal de que alguien la estaba buscando. Una sonrisa discreta apareció cuando reconoció el nombre de quien llamaba, lo tomó entre sus manos y presionó el botón verde para después llevar el móvil a su oído.

Ahora él la llamaba a ella, no a Ying Fa, no a la prostituta… llamaba a Sakura Kinomoto, la mujer de ojos verdes de la Universidad de Tokio que estudiaba periodismo, que en sus ratos libres se colaba a alguno de los salones de danza y disfrutaba de unos minutos volviendo a bailar como lo hacía cuando podía: siempre amo el ballet clásico y, para colmo, siempre había sido buena pero no era algo a lo que quisiera dedicarse, simplemente era lo que la mantenía con vida de la misma forma que lo hacía el escribir.

-Hola.- Dijo ella mientras sentía que su habitación se iba llenando de miel y chocolate al tiempo que escuchaba la sensualidad de la voz de aquel chico contra la bocina: lo deseaba como Sakura y no como Ying Fa y, aún y cuando aún no llegaba a los 18, estaba segura que quería pasar el resto de su vida con él.

Pero él ya había encontrado a alguien más o, al menos, eso le había dicho a Ying Fa.

-¿Harás algo esta noche?-Cuestionó el al otro lado de la bocina haciéndole sonrojar por la invitación: ella siempre rechazaba las salidas de noche pero, él, nunca le cuestionaba sus razones: la amaba en sus secretos y en sus verdades y ella, ella simplemente era así. Y él la amaba aunque no supiese que semejantes sentimientos iban dirigidos hacia ella y, ella, lo adoraba día y noche e imaginaba su rostro en cada uno de sus clientes solo para no sentirse tan infiel al sentimiento que profesaba. –Necesito hablarte de algo y no puedo esperar a mañana.

Un escalofrío recorrió su cuerpo ¿se iría a despedir de ella también? Miró el reloj y revisó nuevamente la hora 8:45 y aún debía llegar a casa pero si él se iría no podía alargar su agonía por lo que no dudó en ningún momento.

-¿9:30 te parece bien?-Preguntó ella mientras se ponía unos lentes oscuros para cubrir el color de sus ojos y tomaba una pashmina para cubrir su cabeza convirtiéndose en un ser humano que quería que nadie le reconociese al salir de ese lugar: tenía su vida privada y nadie tenía derecho de perturbarla y, a demás, le vería a él.-De acuerdo, te veré ahí.

Colgó el móvil si tomó su gran bolso para dirigirse a la puerta que solamente las que ahí trabajaban conocían: una salida solo para ellas. Se despidió de algunas de las chicas y le dirigió una mirada de respeto a Izumi, no solamente porque ella era mayor y con más antigüedad en aquel lugar, sino también porque le temía, ya una vez quiso pasarse de lista e Izumi le hizo la vida imposible por un par de semanas. Moraleja: no te metas con Izumi si quieres vivir en paz en Luna Llena.

Entre ellas sabían quiénes eran en realidad y, tener a alguna de ellas de enemiga, podía terminar contigo para siempre.

Se subió al auto que siempre la recogía en su departamento y que, después de su jornada, la regresaba a tal con el fin de cuidar la "mercancía" del lugar. Luna Llena realizaba inversiones sumamente sustanciosas en cada una de sus prostitutas: sin excepción alguna todas acudían al médico 3 veces al año solo para comprobar que estaban sanas porque, como buen burdel, no podían exponerse a tener a una enferma entre sus mujeres, en caso de que su enfermedad fuese curable Luna Llena financiaba el tratamiento, mismo que debía ser pagado de vuelta con una alta suma de intereses haciendo que, las deudas de las que ahí trabajaban, siempre estuvieran creciendo. Las ropas que usaban, las pastillas anticonceptivas, el uso de transportación del lugar: todo era obligatorio de usar y todo les era cobrado sin que pudiesen decir algo en contra.

Nadie retaba a la señora Akira si quería mantener el lugar que ya se habían ganado en Luna Llena,

-Hola Hideki.- Dijo Sakura mientras se subía al Mercedes que la dirigiría a un lugar cercano a casa para que llegara con bien-no podía llevarla a casa o las personas sospecharían demasiado-.-¿Crees que hoy podías acercarme a un lugar distinto?

-A donde digas Sakura.- Dijo el hombre con una sonrisa. No todas las prostitutas eran así de amables, a decir verdad se consideraban a sí mismas como las reinas del universo cuando en realidad no eran más que unas putas que se vendían muy caro para lo que la gran mayoría de ellas ofrecía.

Pero Sakura era muy distinta a las demás. Azura había hecho un excelente trabajo al enseñarla a mantenerse en el suelo, a no sentirse superior por ganar dinero y por ser admirada por su capacidad de crear placer y deseo con una sola mirada. Pero, por lo menos él, no sentía deseo por Sakura: la quería demasiado como ser humano, siempre bondadoso y siempre alegre. Hablar con ella era su mayor atractivo y, su capacidad de darse sin esperar nada a cambio era sumamente impresionante: cuando su hermana enfermó y ya no le alcanzaba para las medicinas ahí estaba ella ofreciéndole el dinero sin siquiera darle la posibilidad de pagarle después, cuando las cosas se tornaban oscuras y difíciles ella simplemente te sonreía y entonces todo era paz.

Gracias al destino ella había aparecido en su camino y se había convertido en su amiga y, solo por eso, la protegería toda la vida de cualquier cosa que quisiera hacerle daño.

-Aquí está bien.- Dijo con cariño mientras le revolvía el cabello desde el asiento trasero.- Gracias Hideki nos vemos hasta el lunes.- Y dicho eso bajó del auto mientras se dirigía al parque que él le había señalado no sin antes entrar a un establecimiento para entrar al baño del lugar.

Entró en uno de los compartimientos y se sentó sobre la tapa del sanitario emitiendo un bufido: estaba harta de que, a pesar de salir con gafas y pashminas, los hombres pudieran seguirle viendo de una forma tan lujuriosa. Se quitó aquella mantilla y se la amarró al cuello para tratar de verse un poco más sofisticada, por lo menos quería dar la impresión de que había tenido tiempo de arreglarse aún y cuando aquello no fuese cierto. Salió para mirarse en el espejo el tocado y no dudó en pasar un poco de maquillaje sobre su rostro solo para tratar de verse atractiva: como Ying Fa se sentía sensual, deseada, hermosa; pero como Sakura no era nadie más que una chiquilla que aún ni siquiera llegaba a los 18 años, sin gracia ni encanto alguno.

Suspiró. Como Sakura no tenía nada que ofrecerle que no pudiese ofrecerle otra así que, aún y cuando doliera, no quedaba mayor opción que hacerse a la idea de que le sucedería lo mismo que a Ying esa misma tarde.

Caminó a toda prisa porque ya era tarde para su cita, si es que aquello podía considerarse como tal, y apresuró el paso tan pronto pudo reconocer su silueta en aquella banca. Ahí estaba él con uno de sus libros de Civil entre las manos mientras sus pupilas se movían de un lado a otro, guiados por la infinidad de letras que se habían juntado en aquellas hojas para formar aquello que le gustaba tanto leer y estudiar.

Se recargó en uno de los árboles cercanos solo para admirarle con cariño y se percató de cómo el aire alborotaba sus cabellos achocolatados a como le daba placer y, en ese momento, sintió celos de él: como Sakura quizás nunca podría hacerlo y, el viento, por el simple hecho de serlo podía jugar con él sin que alguien pudiese recriminarle.

Pero sonrió, al menos estaría él ahí como amigo tal y como había estado desde meses atrás en que se conocieron: siempre atento, cariñoso, bueno, enigmático y, dentro de ella, sabía que era especial para él porque le hablaba a Ying Fa de ella. Loquería porque él no le cuestionaba por lo que era o por lo que hacía porque no creía que fuera tan importante el pasado: Mejor piensa en el futuro que ahí es donde vivirás por siempre le dijo alguna vez y, al parecer, ese día se percató de que lo amaba.

Él levantó la mirada al sentirse observado y se cruzó con los ojos esmeralda de una castaña que, extrañamente, se había vuelto tan especial en su vida. Se veía adorable recargada en aquel grueso tronco vistiendo una falda blanca a la rodilla que danzaba con el aire de la misma forma que sus cabellos mieles que caían a media espalda. Su blusa rosa enmarcaba el delgado cuerpo de aquella niña que, simplemente, lo habían cautivado como nunca creyó hacerlo: no era vanidosa ni tampoco buscaba derrochar una sensualidad que no era la de ella, era simplemente hermosa sin siquiera saber que lo era, inocente, perfecta.

Simplemente alguien hecha exactamente a su medida.

-¿Hace cuanto estás ahí?-Cuestionó el mientras cerraba su libro y se levantaba al mismo tiempo que la sutil risa de la chica se escaba de sus labios y se acerba a donde él estaba.- Supongo por esos ojos que un buen rato ¿no?

-No tanto.- Dijo ella con gracia.- Es solo que te notabas tan concentrado que no quise molestarte.

-Tenía que hablarte hoy de algo importante

-Lo sé.

Se miraron por un rato sin siquiera dirigirse la palabra ¿qué pasaría a partir de ahora? ¿era eso un adiós o quizás una despedida? ¿era tan vez el final de una historia para comenzar eso?

Suposiciones y suposiciones solamente… entonces ¿qué era?


¡Hola! Bueno estoy muriendo de frío, literalmente, la hermosa ciudad de Guadalupe, Nuevo León, México está a unos horrorosos 4ºC y mañana se pronostica que estemos a o 0ºC o menos…¡Bah!

En fin aquí esta otro capítulo de Luna Llena que, debo decirlo, es mi favorito de los 3 que tengo publicados. Espero en verdad muchos REVIEWS porque me desanima bastante que a los otros 2 le firman bastante y este pues como que no lo quieren mucho.

Pasen también por Trampas del Destino y Destinos entrelazados :)

¡EL LUNES DE VUELTA A LA UNIVERSIDAD!

Love ya'

REVIEWS POR FAVOOOR!

Ashaki*