Capítulo 6 – Meiling.
-¿Kinomoto dijo?-Cuestionó un inglés al otro lado de la bocina mientras escribía el nombre que aquella mujer le estaba dictando.- Sakura Kinomoto, japonesa, 18 años ¿algo más que sepa de ella?
-Eso es precisamente lo que tú vas a decirme a mí querido Eriol-Sentenció la voz femenina del otro lado. Li Syaoran no estaba equivocado cuando sospechó que su madre no se quedaría sentada dejándole hacer lo que él quisiera. Un Li siempre luchaba por que las cosas salieran como él quería pero, sobre todo, un Li tenía la obligación de cumplir con las normas y él había fallado con la principal de las reglas Li: "La familia es primero".-Tu conoces a mi hijo mejor que nadie Hiragizawa, se que entenderás que estoy buscando lo mejor para él.
-No se preocupe señora Li.- Concluyó él mientras sonreía para sí mismo al otro lado del teléfono.- En cuanto sepa algo no dude en que me pondré en contacto con usted.
-Hazlo pronto. En un par de semanas llegarán a Hong Kong para hacer público el compromiso y me quiero deshacer de ella antes de que eso suceda.
Eriol Hiragizawa colgó el teléfono y se escondió la pequeña libreta negra entre las bolsas de su saco. A sus 20 años Eriol ya había trabajado para una agencia de investigación secreta y, en aquel momento, se encontraba estudiando Relaciones Internacionales en una universidad Inglesa. Él conocía a los Li desde que tenía memoria y había compartido aventuras inigualables con Syaoran durante su infancia. A la familia Li y no podía fallarles, se encargaría de descubrir quién era aquella tal Sakura Kinomoto y si era una mujer digna de convertirse en la señora Li.
Pero no pudo evitar dejar que aquel nombre le hiciera ruido. En algún momento, de alguna boca o de algún lugar él había escuchado de ella, el problema era ¿dónde? ¿de quién? ¿cuándo? Escuchó a su prometida llamarle desde la cocina y trató de olvidar aquella conversación y aquel trabajo por un momento. Cuando ellos dos estaban juntos no hablaban de trabajo, no se cuestionaban de aquello. Para ella era sumamente tensionante escuchar de cómo él se ponía en riesgo para obtener la información que se le pedía y, él , terminaba un tanto cansado de escuchar de sus problemas en sus prácticas de publicidad en las revistas más importantes del Reino Unido.
Se amaban y llevaban viviendo juntos desde ya varios años y, por eso, no se presionaban por el trabajo del otro. Se dirigió a la cocina y se encontró con una hermosa mujer de ojos amatistas y largos cabellos oscuros cocinando algo que, suponía, era un pastel. Sonrió. No podía esperar para convertirla en su esposa y compartir con ella el resto de su vida.
-¿Llamada importante?-Cuestionó ella mientras le servía un poco de aquel pastel que resultó ser de vainilla con fresas.
-Trabajo.- Respondió mientras la miraba fijamente.
-oh.-Fue lo único que atinó a responder antes de volver a cambiar el tema de conversación.
Ahora, casi 16 años después, Eriol Hiragizawa no pudo evitar llevarse las manos al rostro. Suspiró y, de nuevo, se sintió culpable. Había sido parte de los causantes de la infelicidad de su mejor amigo Li Syaoran y de su ahora cuñada Sakura Amamiya quien, en realidad, era apellidaba Kinoomoto. Era su culpa que las cosas hubiesen terminado de aquella forma y, también, era uno de los culpables de que Arantza Amamiya desconociera en su totalidad de los derechos que le correspondían por ser descendiente de los Li.
Derechos que, por su bien, nunca conocería porque, sí los Li llegaban a conocer de su existencia, las cosas se pondrían feas. Muy feas.
El sonido de su móvil le sacó de sus ideas y no pudo evitar sonreír al mismo tiempo que se sentía nervioso al reconocer el número de quien le llamaba. Aspiró una fuerte bocanada de aire y lo tomó entre sus manos presionando con cuidado el botón verde.
-Señora Reed un placer hablar con usted.- Dijo mientras trataba de mostrarse lo más sereno y seguro posible.- Tenia tiempo si saber de usted.
-Eriol te conozco desde que tengo memoria no entiendo ¿cuál es la obsesión por llamarme señora Reed?. Llámame Meiling por favor, como en los viejos tiempos.
Ambos se quedaron en un largo silencio. Claro que se conocían, ambos, en un acto desesperado, habían intentado salvar a Sakura del infierno que le esperaba pero no lo consiguiero. Ahora, después de tantos años, ambos, se seguían sintiendo culpables. La única persona de la tradición Li que conocía de la existencia de Ari era Meiling, misma que en aquel momento creía que ambas vivían en algún lugar del continente europeo.
-¿Cómo está tu esposa y tu hijo?-Cuestionó tratando de entablar una conversación pero era en vano. No valía la pena mentirle a él porque también sabía que sus llamadas no eran nunca para eso Sabía que Tomoyo Hiragizawa era dueña y diseñadora de una de las mejores revistas de moda que había en el país y que, al mismo tiempo, se daba el tiempo de ser madre y dirigir una academia de artes musicales y escénicas.- No vale la pena que te mienta, sabes que no te llamo para eso.
-¿Ahora qué sucede Mei?
-Tienes que alertar a Sakura y a su hija.- Dijo ella mientras se remolineaba en el cómodo sillón de su oficina.- Se que no vas a decirme dónde están y que ya no viven en Japón puesto que me lo has repetido hasta el cansancio. Estoy consciente de que mi familia le hizo mucho daño pero necesito advertirle de lo que está por venir así que Eriol, te lo ruego, déjame hablar con ella, déjame que le cuente.
-¿Y qué está por venir Meiling? Entiendo que la niña viene a ser tu sobrina y que quieres saber de ella pero ¡déjalas tranquilas! Si mi mujer sabe que sigues llamando para saber de ella va a buscarte y te va a matar Meling. Conoces a Tomoyo Hiragizawa y sabes que va a hacerlo.
-Hay un libro sobre la vida de Ying Fa y está nominado para los premiso de la CAE. En cuanto la tía Ieran lo sepa Sakura se las va a ver negras o, peor, van a encontrar a la niña y se la van a quitar… para siempre.
Meiling contaba con apenas 17 años cuando recibió órdenes de su tía para que acudiera a Japón a cuidar de su primo. Lo adoraba y no podía negarlo, Syaoran representaba para ella la única familia que había tenido puesto que sus padres murieron cuando era aún muy pequeña. Era su hermano, su amigo, su compañero y confidente por lo que entendía a la perfección en sentir de su tía ante la precipitada decisión de matrimonio que había tomado.
Pero confiaba en él como nunca había confiado en nadie y, por eso, estaba convencida ún sin conocer a Kinomoto que era digna de su primo sin importar que sucediese.
Tomó en primer vuelo a Tokio que encontró y, por el bien de ella y de su primo, no avisó a nadie de su viaje. Si aquella mujer era quien Syao afirmaba que era le dejaría entrar sin cuestionamientos y le dejaría tomar su papel de prima y copropietaria del departamento al que llegaría porque, según se había enterado, llevaban un par de meses viviendo juntos.
Decidió que caminaría hacia el departamento. Únicamente una vez había estado en Japón y esa había sido en compañía de la familia Li, de la familia a la que ahora pertenecía. Habían escogido aquel departamento entre una infinidad de ellos porque era uno de los más cercanos a la universidad donde su primo estudiaba y donde, se suponía, ella iría estudiar también.
Pero no lo hizo. No quiso separarse de su familia porque ya había perdido una y no estaba dispuesta a perder otra. No otra vez.
Tocó con fuerza a la puerta. Una. Dos. Tres veces. Suspiró con impaciencia y dejó que su pie comenzara a denotar su frustración por no obtenerla respuesta esperada. Miró el reloj y dedujo que seguramente su primo se encontraba realizando prácticas en alguno de los juzgado s del país. Pero, de ella, no conocía nada.
Llamó nuevamente y se repitió lo mismo que había sucedido minutos atrás: nadie respondió. Tomó su valija y se dirigió por aquel pasillo a donde estaban las escaleras. Volvería más tarde a ver si los encontraba más tarde, por ahora, quizás una tarde de compras o un buen café podría ayudarle a pasar el rato.
Había vivido tratando de cumplir los planes de su tía quien, consideraba, que el futuro de su vida era ser una modelo reconocida pues tenía la belleza física suficiente para conseguirlo pero, ella, no era feliz. Se sumió en sus pensamientos mientras caminaba por aquel pasillo mientras buscaba la salida pero, sin querer, chocó de frente con una persona haciendo que la enorme cantidad de libros que cargaba cayeran al piso haciendo un fuerte estruendo.
Se llevó las manos a uno de los pies y se percató del dolor que le había causado el golpe de uno de los tantos libros que estaban en el suelo y, después, dirigió su mirada a la mujer que se encontraba agachada recogiendo todos aquello. Dirigió una de sus manos a algunos de ellos y recogió con cuidado no sin antes leer algunos de los títulos: Literatura del Siglo XVI, Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare, Lo opuesto al Amor de Julie Braux, Evaluación crítica de la novela dramática, etc.
-Lo siento.- Dijo la chica que tenía unos enorme s ojos tonos esmeralda y que la miraba al tiempo que recogía desesperadamente la pila de libros que aún estaban en el suelo.- Venia tan cargada que no te vi. Espero no haberte lastimado.
Meiling sonrió ante la torpeza de la chica. Era bonita, muy bonita para andar sola por aquellos pasillos tan cargada con todos aquellos libros. Tomó algunos de ellos entre sus manos y los levantó para que, la chica, no tuviera que caminar al apartamento que le correspondía. Ambas se miraron y no pudieron evitar sonreírse mutuamente pues, aunque no estuvieran aún consientes de ello, ambas tendrían su destino ligado para toda la vida.
-No eres de aquí ¿verdad?-Dijo la chica de cabellos mieles mientras buscaba en su bolso con la mano que le quedaba libre el juego de llaves que seguramente le dejarían entrar a su apartamento.- ¿buscas a alguien en especial?
-Mi primo y no, no soy de aquí. Vengo de Hong Kong.
-¡Qué coincidencia!- Dijo al chica mientras mentía la llave en la hendidura de aquella puerta que Meiling Li estuvo tocando minutos atrás.- De ahí es mi prometido.-Completó de manera sonriente e ilusionada. Era una mujer enamorada y aquello podía notarlo hasta una persona ciega-Mucho gusto, me llamo Sakura Kinomoto y no sabía que a demás de mi novio hubiese más personas de procedencia China en este edificio.
-Meiling.- Dijo ella mientras le respondía la sonrisa. Aquella mujer definitivamente no estaba a la altura de cumplir los estándares que seguramente la matriarca de los Li había marcado para que alguien ocupase un día su lugar. No se le veía que fuera una persona de sociedad, ni siquiera se veía que fuese mayor de 17 pero, aún así, ella tenía lo que las otras parejas de su primo nunca habías mostrado: amor.
Sakura le invitó a entrar al apartamento que, Meiling, conocía a la perfección. Blanquísimas paredes daban una iluminación singular a la sala principal misma que estaba decorada con objetos en tonalidades verdes y cafés. Sí, los Li tenían un gusto exquisito para la decoración pero, todos y cada uno de ellos, sabían que aún y cuando pudiesen elegir los mejores y más hermosos adornos nunca conseguían que un lugar pareciese un hogar. Creaban casas hermosas y elegantes dignas de familias ricas como las propias pero nunca conseguían que se sintieran en sus casas pero, este lugar, era distinto.
En cada uno de los rincones había un no se qué que le inspiraban calidez y tranquilidad, era como si en esa ocasión ella estuviese en casa, en un hogar cálido y acogedor donde podías deshacerte de los miedos y angustias para sentirte querida y cuidada. En ese lugar sentía que podía ser quien ella quisiera ser y, esa persona, no era una modelo… era algo que iba mucho más allá.
Platicaron toda la tarde como si se conocieran desde siempre. La japonesa no le cuestionó sobre su vida o su pasado, sobre quién era y a qué venía por lo que la china hizo exactamente lo mismo. No pregunto de dónde era, de su familia, estatus o procedencia, ni siquiera cuestionó su edad o carrera, simplemente habló con ella como si se tratase de una muy buena amiga que hacía tiempo no veía.
La tarde comenzó a caer poco a poco entre risas y carcajadas de ambas chicas y, para cuando se dieron cuenta, el estrellado cielo nocturno adornaba a la pintoresca ciudad de Tokio. Sakura rolo sonrió y se dirigió a la cocina apelando que pronto llegaría su novio y que, a ambos, les encantaría que se quedara a cenar. "Sé que le encantara hablar con alguien que sea de Hong Kong, aunque no lo diga se que extraña su casa" dijo en algún momento de la conversación mientras cortaba algunas verduras para la cena. Por su lado, Mei, nunca había aprendido a cocinar pues su familia consideraba que si sería una modelo importante, debido a esto se sentó en uno de los bancos que daban a la barra de la pequeña pero acogedora cocina del lugar y tomó entre sus manos uno de los libros que habían ocasionado que ambas se conocieran. Ese fue el momento en el que sus sueños tomaron un sentido, cuando decidió lo que en verdad quería hacer de su vida. El momento exacto, en el lugar necesario, con la persona perfecta.
Meiling se llevó las manos al cabello tratando de tranquilizarse pero no lo consiguió. Se levantó de su escritorio y caminó si poder detenerse de un lado a otro de la oficina. Se sentía harta, agotada, impotente. Años atrás no había podido ayudar a la única persona, después de su fallecido esposo y de su hijo, que confiara al cien por ciento que pudiese hacer lo que fuera.
Sakura le había dado el empujón que necesitaba, le había mostrado un camino que ella no conocía y le había puesto entre sus manos la posibilidad de ser importante. Si era una de las principales críticas de la CAE no había sido por su dinero ni por su estatus. No. Había sido por su talento, por su entrega, por su buen trabajo… por su apoyo incondicional a pesar de que nunca más volvió a verla.
Recordó a la niña que había nacido fruto de aquella relación y se sintió imponetente al tener que guardar el secreto de su existencia. ¿Cómo sería? ¿Qué estaría haciendo? No pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su cuerpo de solo imaginar que dijese de su existencia. Sakura la perdería en ese preciso instante. La dinastía Li era fuerte en influyente y en un chasquido de dedos se quedaría con su custodia sin siquera dar tiempo a Sakura de luchar por ella y, en ese momento, sintió nostalgia y miedo.
Nunca tuvo hijos propios pero sí tuvo a un hijo al que adoraba completamente. Conoció a Huang Reed cuando recién comenzó a trabajar para el Consejo Asiático de Escritores como pasante de manuscritos. Alto, de cabellos y ojos oscuros. Sí, era atractivo pero, sobre todo, era atento, cariñoso y siempre se mostraba atento a los sueños que ella le contaba. "Sólo cree en ti y verás como el destino acomoda todo para que salga" le dijo alguna vez y, ese día, se percató de que lo amaba.
Él era viudo y tenía un pequeño de 4 años llamado Yang. Era su mundo y su adoración y ella estaba consciente de aquello, el problema era ¿podría ella amar a un niño que no hubiese nacido de su seno? Lo conoció una cálida tarde de Abril en un parque cercano a la CAE, habían acordado encontrarse casualmente en aquel lugar para que se conocieran y dejaran que el pequeño decidiera, en sus manos estaba el destino de aquella relación.
Ojos negros y rubíes se toparon y una descarga eléctrica recorrió sus cuerpos. Tenía unas ganas inexplicables de abrazarle y acurrucarle entre sus brazos, era tan perfecto y hermoso como nunca imagino que consideraría a un pequeño. Él, expectante, se acercó y le tendió la mano en señal de saludo mismo que ella correspondió tomando su mano y acercándole a ella para besarle la frente y abrazarle.
"Encantada de conocerte, espero seamos buenos amigos" recordó haber mencionado y, desde aquel momento, lo amo como nunca imaginó amar a nadie y, sin llevar su sangre, lo idealizó como el hijo que siempre quiso. Huang murió 3 años después de contraer nupcias con Meiling y nunca concibieron al hijo que ambos anhelaban pero, ella, tomó a Yang entre sus manos, lo educó, lo amo y lo trató con dulzura porque él era su hijo, el más perfecto y hermoso que la vida le pudo haber dado.
No juzgaba a Sakura por proteger a su hija porque, ella, definitivamente haría lo mismo por Yang.
-Es una linda historia.- Dijo Sakura mientras revisaba el arroz que terminaba de cocinarse en al vaporera y, al mismo tiempo como toda buena ama de casa, cocinaba las verduras y acomodaba la mesa.- Es una hermosa historia de amor, un tanto distinta por la forma en la que Elizabeth trata a Mr Darcy pero es maravillosa.
-Oh.- Fue la única exclamación que salió de sus labios. Por alguna extraña razón aquel libros entre sus manos hacía que una inexplicable carga eléctrica recorriera hasta los sinfines de su cuerpo. Sus ojos, su mente, sus manos exigían que este fuera abierto y que pudiese juzgar la historia por ella misma y no por la que la amable chica de ojos verdes le decía.
Sakura tomó una taza de té en una de sus manos y con la otra tomó la mano de Mei dirigiéndola a donde ella denominó como su zona de lectura conformado por un lindo y cómodo diván adornado con muchos almohadones de colores y donde la imagen del cielo nocturno de la ciudad de Tokio adornaban como el mejor papel tapiz del país. Dejo en té en una mesita de al lado y le invitó a sentarse ahí y leer un rato mientras ella terminaba la cena.
Así pasó alrededor de una hora más. Las palabras de Jane Auten enviaron a Meiling a un lugar inimaginable donde sentía una profunda y pura atracción hacia hacía el que era el protagonista masculino de la obra y unos profundos celos ante Lizzy quien decía lo que creía y pensaba sin que le importara lo demás.
Si ella fuera un poco más como ella nada de lo que estaba pasando le afectaría y seguramente estudiaría lo que ella quisiera.
Y ahora sabía perfectamente lo que quería ser: Crítica de Libros.
Escuchó un ruido al otro lado del apartamento y, dedujo, que seguramente su primo había llegado ya. Era hora de decirle a Sakura la verdad de quién era ella. Dejó el libro en el diván y se levantó para así dirigirse a la entrada del lugar. Sonrió ante la imagen que le esperaba. Él, en pro de su efusividad del momento, tomó a su prometida entre sus brazos y la cargó hasta que su rostro quedó sobre el de él mientras que ella se apoyaba con sus manos sobre los hombros de él. Reían. Ambos reían de una forma peculiar que Meiling Li nunca había escuchado.
-¡Bájame!-Gritaba ella mientras miraba fijamente a su novio olvidándose por completo de la visita de aquella noche.- Mi amor ¡ya! ¡Bájame!
-Te ves hermosa cuando peleas.- Dijo él mientras la bajaba al suelo de nuevo y le besaba la frente con cariño.- y tambiéncuando estas despeinada o cocinando, o haciendo tarea o…
-Cariño a veces eres todo un dolor de cabeza.- Concluyó mientras se enseñaba la lengua como si fuera una chiquilla que acaba de ganar la pelea.- Se giró para regresar a la cocina y vió a Mei esconderse tras una de las paredes. Se ruborizó de manera desmesurada. Ella lo había visto todo.-Mi amor vino una chica a cenar,la conocí esta tarde y le invité a quedarse- Andaba buscando a su primo de Hong Kong pero no lo encontró así que le pedí que esperara aquí ¿No te parece raro? ¡No sabía que a demás de ti hubiese otra persona de procedencia china por aquí!
-Eso es porque no lo hay.- Terminó.
Mei salió del escondite y se plantó de frente a su primo quien la miraba de forma incrédula y un tanto fría. Ahora desconfiaba de ella y era de esperarse. Ella estaba consciente de que él consideraría que era una enviada de Ieran para deshacerse de Sakura y efectivamente eso era pero, ahora que la conocía, no podría hacerle daño.
Era la mujer que la dinastía Li necesitaba le gustara a su tía o no.
-¿No vas a presentarse?-Cuestionó la mujer de ojos rubí mientras se dirigía hasta su primo, le besaba las mejillas y lo estrechaba entre sus brazos.- Lamento no habértelo dicho antes Sakura pero debía esperar a ver si en verdad eras digna de saberlo y de que te hablara. Soy Meiling Li, prima de tu prometido.
No pudo evitar recordar aquel día en que la conoció. Pudo considerarla el algún momento una amenaza pero no lo era. Nunca lo fue. Meiling Li se había convertido en uno de los seres humanos que más le habían protegido después que se sucediera lo que, aunque no hubiese querido reconocerlo en aquel momento, era inevitable.
Sakura miró la hora le reloj y bufó. Había sido un mal día pues no había podido avanzar con su columna. Quiso llamar a su hija para saber cómo estaba su día cuidando de Kenji pero no lo hizo. No sentía la valentía de llamarle después de recordar todo esto. Algún día tendría que decirle lo que había sucedido aquel día, tendría que contarle porque no conocía nada de su padre. Tendría que contarle la verdad sobre ella misma y, tal vez, su hija la odiaría por haberse convertido en aquello para poder salir adelante.
Tomó sus cosas y decidió que era momento de volver a casa pues, al atardecer, Arantza tomaría sus gastadas zapatillas y sus mallas negras para dirigirse a la academia de danza y música de Tomoyo, misma que en los momentos más duros habían sido el lugar donde ella había trabajado para sostener a su hija en aquellos primeros días y para terminar de pagar sus estudios de periodismo.
Sabía que Arantza amaba la música, la danza, el arte. Estaba consciente de que era excelente para la escuela pero, su verdadera pasión, eran las artes escénicas, los sonidos que te llevaban a lugares desconocidos. Sonrió de saber que tenía una hija tan polifacética y, con solo traer su recuerdo a la mente, no pudo evitar recordar su sorprendente parecido con su padre.
Syaoran. Lo extrañaba como nunca creería que extrañaría a alguien pero, al mismo tiempo, le dolía saber que él nunca había querido escuchar su verdad. La verdad. Habían soñado en tantas cosas juntos, habían planeado tanto, se habían amado tanto. Pero algo les había faltado, no se habían amado verdaderamente y nunca confiaron al cien por ciento entre ellos. Quizás en aquel momento debió de haber dudado de ella, quizás debió de haberle cuestionado sobre su vida antes de que todo se viniera a cabo así o, simplemente, ella debió de haberle dicho sobre su vida.
Pero no valía la pena lanzar piedras de un lado a otro. No valía la pena buscar un culpable. Ambos como pareja habían fallado y no habían luchado lo suficiente. Ahora él tenía a alguien en su vida y ella, bueno, ella al menos tenía a Arantza a su lado.
Y, aquello, debía de permanecer así hasta que Ari supiese la verdad y ella misma decidiera, no podría decidir para toda la vida sobre ella aún y cuando eso deseara con toda el alma.. Sabía a lo que se arriesgaba al decirle a su hija la verdad pero no podía condenarla a vivir en el desconocimiento eterno.
Suspiró. La decisión estaba tomada. Aquella noche le contaría la verdadera historia. Su historia y, por primera vez, ella sería la que decidiría sobre su destino.
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Bueno ya era hora de que salieran a la luz personajes importantes :) espero les agrade mucho este capítulo y les pido bastante sus reviews son super importantes para mí. Dejen la verdad ¿les gusta? ¿creen que podría mejorar? ¿Qué les parece bueno?
En fin ya no falta mucho para saber cómo fue que ambos se separaron así como tampoco para que Ari sepa la verdad así que espérenme tantito jajajaja.
Dejen reviews por favor
Ashaki*
