Dedicado a quienes todavía creen en ese repentino amor que florece sin causa alguna.


Muerte para dos, por favor


SEGUNDA PARTE

Blue jeans

Te amaré hasta el fin de los tiempos, esperaría un millón de años


Harry cayó al suelo en un sonido seco.

Sentía su cuerpo temblar, pero no le importaba, no le importaba en absoluto. Las convulsiones se acentuaban, y era como si su cerebro se hubiera desconectado y lo dejara inmóvil, como el cuerpo de una muñeca al que pisotean. Sin embargo, sí podía ver, sí podía sentir. Y dolía.

Su visión era borrosa, a causa de las lágrimas calientes que caían por su rostro sin poder detenerlas, sin ser realmente consciente de que estaban allí, gritaba, había gritos por todas partes, y no fue hasta que su cuerpo se arqueó en donde se dio cuenta de que el que estaba gritando era él. Sus oídos funcionaban igual que una televisión rota, en blanco y negro, de repente oía un pitido y todo se escuchaba con claridad, su respiración, su visión borrosa, mientras que sus anteojos los llevaba puestos, pero estaban quebrados. Sabía que no era el único que gritaba, había ruido por todas partes.

Las sensaciones venían a él como un relámpago indeseado por momentos. En un parpadeo era capaz de escuchar conversaciones ausentes, susurros, risas, sollozos, y al otro, el pitido había vuelto a aparecer, y sólo podía ver, observar, imágenes, porcelana blanca, caños rotos, agua por todas partes. Al siguiente instante lo único que podía hacer era sentir, como si las sensaciones acumuladas de toda su vida, se reprodujeran en un segundo, y su cuerpo no soportara tanta intensidad. Porque tantas emociones lo abrumaban, lo estaban matando.

La manera en cómo se sintió cuando su primo lo colgó de un árbol cuando tenía cuatro años, Lo abandonado que se había sentido, cómo se sentía. El vacío que experimentaba al estar solo, a hacer las cosas solo, a no depender ni necesitar a nadie, porque, ¿quién había estado ahí cuando se raspó las rodillas?, ¿quién lo había abrazado cuando tanto lo necesitaba?, ¿quién lo cuidaba?, ¿quién lo arropaba por las noches?, ¿quién estaba para él cuando lloraba? Como nadie nunca había estado ahí para él, resultaba irreal que él siempre estuviera ahora para otras personas. Cómo se había sentido el primer helado, mientras se derretía dentro de su boca, cuando se sintió protegido por Sirius al descubrir que era su padrino, la esperanza que había sentido, que lo inundaba de felicidad. El amor que les tenía a sus amigos, cuando había conocido a Ron. La primera vez que había atrapado la snich. Cuando volaba, el viento correr por su rostro, la adrenalina a tope.

Cuando lo había visto.

Ojos grises. Boca suave. Palabras hirientes.

¡Harry!

En una exhalación, sintiendo sus pulmones a punto de explotar, se levantó de golpe. Su corazón martillaba acelerado, mientras sentía sus mejillas calientes y la boca seca. Miró a todas partes, alarmado, observando que no estaba en ningún lugar monótono, en ningún infierno, en ningún limbo, la habitación de siempre lo recibió como siempre: desordenada. Draco era un maniático de la limpieza, pero la Sala de los menesteres se especializaba por cumplir los deseos, y aunque siempre terminaban pensando en una habitación grande, solían destrozarla a menudo.

Los ojos grises de Draco detonaban un tinte de preocupación, mezclada con seriedad, pero, claro, eso era simplemente imposible, ellos sólo se estaban acostando, en plan pollas y agujeros, cuerpos, no personas, en plan yo te follo duro y tu gimes mucho. Si a Harry no le doliera tanto, estaría en el séptimo cielo.

—Draco…

Pero se sentía demasiado débil como para pensar en lo que ellos eran, los sueños, las pesadillas estaban constantemente presentes, aparecían todas las noches, cuando se suponía que eso se acabaría, porque Voldemort ya no podía ver su mente, ya no podía saber nada, aunque, esos sueños eran diferentes, no eran visiones, no había tanto odio, ni tanta crueldad, ni se sentía un asesino, ni un intruso con una máscara; no, los sueños mostraban todo tipos de sentimientos, los que más añoraba, los que más les gustaban, y los que intentaba ocultar. Era como si todo estuviera inundado de tristeza, de anhelo, de nada y de todo. A Harry no le gustaban para nada esos sueños, porque, toda la energía que había gastado intentando cerrar los ojos a las cosas que no quería sentir, las pesadillas lo demostraban, que, en vano serían todos sus intentos. Que no podía escapar de sí mismo.

Así que, ignorando los gritos de advertencia de su mente, con sus manos frías y temblorosas, se acercó lentamente a Draco y lo abrazó, posó sus brazos en los hombros pálidos y desnudos, sintiendo un estremecimiento recorrerle entero, mientras sus pechos chocaban, y empezaba a respirar con agitación, a pesar de que Draco suspiró.

Harry sentía el cuerpo temblar, mientras enredaba sus dedos en el cabello suave y fino, arrodillado a la cama, aferrándose a Draco como si de un ancla de vida se tratara, podía sentir el latir de sus corazones a través de su pecho.

Y latían fuertes. Rápido. Profundo.

Su estómago dio un vuelco cuando sintió unas manos posarse lentamente sobre su espalda, era casi imperceptible, pero Harry sabía que las manos estaban ahí, que los dedos pálidos acariciaban sutilmente sus omóplatos desnudos, las caricias eran tan débiles, como si no supiera cómo reaccionar pero muriéndose por tocarlo, Harry lo sentía, lo sabía por la manera en que lo estaba tocando, despacio, lento, suave. Casi como si intentara tranquilizarlo.

Harry se deshizo entre sus brazos. Aferrándose con fuerza a Draco, abrazándolo tan fuerte que debía doler, pero no importaba, todo desapareció de su mente, la confusión quedó doblegada, y ya no se sentía responsable de sus actos, su cuerpo era un témpano helado en las partes descubiertas, y el mismísimo infierno en las que Draco estaba tocando.

Dentro de su pecho explotaron tantas emociones, que, al igual que en sueño, no supo identificarlas, pero seguían ahí, rondando dentro de él como neblina. Sus brazos eran cálidos. Le gustaban. Se sentía como si estuvieran hechos para abrazarlo.

Draco debería estar hecho para él.

Debería.

Harry siempre había pensado que los abrazos eran para reconfortar, pero sentía el cosquilleo tan particular en la nariz, los ojos le picaban, y quería largarse a llorar.

—Es sólo un sueño, Harry.

No. No era sólo un sueño, pero ya daba igual.

A la mañana siguiente, cuando despertó solo, con las sábanas frías y vacías como el hielo, se repitió constantemente que no estaba decepcionado. Las mentiras funcionaban mejor cuando empezaba a creérselas.


Harry lo arrojó a la cama de un tirón, como si fuera cualquier cosa menos una persona. Draco seguía siendo tan delgado, que sentía, que si se pasaba de la raya, podría lastimarlo sin darse cuenta.

En ese momento a Harry no podría importarle menos.

Quería lastimarlo.

La mirada gris, penetrante, empecinada y desafiante, no desaparecía de sus ojos, ya no sonreía engreído como antes, de hecho, hacía mucho tiempo que Harry no había visto esa sonrisa, ninguna sonrisa de hecho. Y aunque eso lo entristecía, no tenía tiempo en ese momento para sentirse compasivo con él. No ahora.

Se quitó la túnica con semblante sombrío, nunca se había sentido así, bueno, Malfoy provocaba sensaciones que nunca creyó sentir, nunca pensó sentirse atraído por un chico principalmente. Pero nunca había estado tan fuera de sí. Tan desquiciado.

Lo volvía loco. Harry quería odiarlo, mientras pasaba cada día desando penetrarlo hasta la inconsciencia, cada día buscándolo con la mirada, cada día necesitándolo.

Después de esa noche, en la que Harry había despertado teniendo una pesadilla—bastante frecuente— y habían tenido ese encuentro tan íntimo (mucho más que follar), Draco lo había ignorado, decía que estaba más ocupado, y por consecuencia, Harry no había parado de mirarlo, más de lo normal, lo que había hecho que se obsesionara más aún con Malfoy, la incertidumbre lo estaba matando, porque aparte de que su cuerpo frustrado le reclamara la piel, el olor y el sabor de Draco, seguía sin saber nada más sobre sus desapariciones.

Harry estaba enfermo por su atención. Y sabía que todo estaba por desmoronarse antes de que se diera cuenta, que estaba perdiendo el control.

Pero había pasado demasiado tiempo sin Draco, sin poder tenerlo sólo para él, sin olerlo, sin escucharlo…Y sinceramente, su consciencia se podía ir bien a la mierda.

Porque ser ignorado, dolía más de lo que alguna vez creyó saber. Le helaba la sangre, lo hacía pensar, pensar en demasía siempre debería haber sido ilegal, porque suponía y hacía conjugaciones, se ilusionaba, se reprimía, se masturbaba, y Harry quería dejar de hacer lo correcto, porque sabía que la relación sexual que ambos mantenían no sólo lo afectaba a él, sino a todas las personas a su alrededor, Draco era el enemigo, estaba en el bando contrario, podía hacerle daño—más del que provocaba sin darse cuenta—, podría hacerlo fracasar y no fallar en el intento. Si descubría que Harry…que Harry se había convertido en un dependiente, Draco podía hacerlo trisas si quisiera. Pero no lo hacía, porque, en principal no sabía que tenía ese poder en sus manos.

Así que Harry se había visto obligado a convertirse en un monstruo, se había visto resignado a no mostrar sus verdaderos sentimientos, lo cual, también lo afectaba profundamente a sí mismo, porque, como todos sabían, no era su naturaleza. Porque con Malfoy no funcionaba, no podía decirle que se moría por besarlo todo el tiempo, en frente de todos, que cuando lo miraba todo desaparecía, que, joder, no lo soportaba más, que lo quería para él, para siempre. Porque, el tiempo en que no estaban juntos, no paraba de carcomerse la cabeza, porque su trato pura y únicamente sexual, no lo restringía de estar con otros chicos, o con cualquiera. Y Harry no podía soportar todo el sufrimiento que estar con Draco significaba, y lo que significaba no estar con él, también.

¿Qué tan enfermo sonaba eso?

Desabrochó simplemente el botón de su pantalón y se bajó el cierre, su semi erección se notaba perfectamente desde el punto de vista de Draco, porque Harry vio como tragaba saliva audiblemente, y su nuez bajaba y volvía a subir, Harry quería lamer ese cuello.

Draco se veía acorralado, estaba en la misma posición que cuando lo tiró como una muñeca sin vida a la cama, sólo su rostro se había movido para observarlo, sus ojos gritaban contradicción.

Harry se arrojó imprevisiblemente hacia él, tan deprisa que Draco jadeó de sorpresa, mientras se estremecía al sentir sus cuerpos chocar. Harry juntó sus manos arriba de su cabeza, como tanto le gustaba hacer, porque, uno de los privilegios de toda esa enorme mentira, era decirle que no quería que lo tocara y que por eso ataba sus manos o las sostenía durante el sexo, cuando en realidad se moría por las manos de Draco sobre él, incluso su polla dentro de su culo, pero, había un placer morboso verlo rendido y abierto para él.

Era siniestro, pero, ¿qué más podía hacer? Harry nunca había tenido que proteger sus sentimientos de esa manera.

Apretó sus muñecas, que, si bien había pasado tiempo desde la última vez que las había maltratado, conservaban moretones violáceos, había una parte de él que se sentía un poco culpable, pero el monstruo en su pecho se sentía conforme con el resultado, marcarlo, tener el poder sobre Draco, se sentía bien, sentía que debía hacerlo, que al menos una parte de Draco también le pertenecía. Ahora sus ojos grises brillaban, tan tormentosos, tan adictivos. Su aroma estaba en todas partes, agua fresca, perfume francés, champú caro. Dios, Harry lo había extrañado tanto…

Su lengua lamió su cuello expuesto, y sintió su escalofrío como si fuera el suyo propio, fue como si Malfoy se despertara de la ensoñación, porque empezó a retorcerse y aunque sus ojos seguían oscuros, parecía alarmado, asustado.

—Suéltame, Potter—intentó poner énfasis en la palabra «Potter» como si la escupiera, como solía hacer antes, pero no funcionó, y el temblor en su voz hizo fracasar todo su intento por parecer amenazante.

Harry lo miró con altanería.

(Y esperó que le saliera bien, porque nunca había usado—en este caso, fingido—altanería con alguien).

Se mordió el labio casi sin darse cuenta. ¡Maldición! Debía quitarse ese maldito hábito antes de que alguien lo descubriera.

— ¿Por qué? —. Fingió inocencia, lamió su mandíbula, como si absorbiera un dulce extremadamente delicioso, mientras Draco se retorcía con fuerza y jadeaba más fuerte—. Yo no quiero detenerme—no quiero hacerlo nunca—. No voy a soltarte—no podría hacerlo—. Y tengo ganas de follar—quiero hacerte el amor hasta que digas que me necesitas.

Harry se apretó contra él, haciendo que sus erecciones entraran en contacto y chocaran, sus bocas estaban a centímetros, y vio cómo el rostro de Draco se contraía de placer y suspiraba, sus párpados estaban caídos, y sus pestañas rubias se hacían más notorias que de costumbre, sus mejillas pálidas ya estaban sonrosadas, temblaba ligeramente.

Era increíble la manera en que lograba derretirlo sin siquiera ponerle una mano encima, sólo lo estaba observando, y daban ganas de comérselo entero.

Draco inspiró tres veces antes de mirarlo fijamente a los ojos, todavía había una lucha interna en ellos. Harry sonrió, sabía que terminaría rindiéndose.

—Pero…

Hoy no tenía mucha paciencia, si bien nunca había estado dotado de esa virtud, la ansiedad estaba colmándole las venas, su sangre hervía y sentía palpitar su erección junto con la de Draco, que estaban prácticamente pegadas, salvo por la ropa que estaba de por medio, Draco, jadeando, estaba intentando contener los gemidos mientras que él inconscientemente había empezado un vaivén contra su cuerpo, restregándose sutilmente, apretando sus erecciones.

— ¡Ahh! —Draco gimió, mientras corría su rostro al costado, como si tanto placer lo agonizara. Harry sintió un tirón en la ingle, mientras que jadeaba para buscar aire.

Con desesperación, porque esos gemidos eran igual a un Harry a punto de correrse vergonzosamente rápido, acercó su boca a la de Draco y lo besó como si fuera a respirar por primera vez, Malfoy gimió dentro del beso y abrió las piernas, y Harry se dio cuenta de que no había sido consciente al hacerlo, parecía mareado de placer, y a él le gustaba imaginar que era por la misma razón por la que su pecho se calentaba. Soltó sus muñecas lastimadas, pero Malfoy sabía que no debía moverlas, sus manos vagaron, y sostuvo sus mejillas mientras no paraba de besarlo con ansiedad, mordiendo sus labios y liberándolos para lograr respirar y gemir, y aunque ese tiempo era demasiado corto para sus pulmones, siempre volvía a besar sus labios otra vez, era como si sus bocas no soportaran tanto tiempo separadas; sus manos temblaban, no podía entender por qué, si era por la emoción que le agarraba desprevenido, o porque se trataba de Draco, todo siempre se trataba de Draco, pero lo hacían, como si tuviera miedo que desapareciera, la piel de Draco era suave y lisa como la seda, y se veía como la porcelana recién pulida.

Había una parte de Harry que no podía evitar sentirse nervioso ante la belleza de Draco, esa que siempre había estado ahí, abrumándolo.

Rasguñó un poco sus mejillas sin dejar de besarlo, luego descendió sus dedos y recorrió su cuello, acariciándolo, su pecho, tocándolo todo, mientras Draco se revolvía debajo de él para buscar más contacto. Arrancó su camisa, provocando que los botones salgan disparados y la tela se rasgara, creyó oír un amortiguado ¡Potter!, lleno de reproche, pero Harry lo miró con ojos oscurecidos, para luego morder su clavícula, haciendo que Draco se arqueara.

Quitó su corbata escarlata y los restos de la camisa, desparramados por el suelo sin mirar, dejando el pecho lampiño, sonrosado y descubierto. Posó sus dedos en una tetilla y la jaló fuerte mientras Draco lanzaba un gemido estrangulado. Harry acarició sus costillas, su cintura estrecha, sus caderas, con las dos manos, al mismo tiempo que chupaba con gula su pezón, arañó un poco su estómago mientras jugaba rozando su vello púbico, y presionaba y mordía especialmente fuerte su tetilla, dejándola erecta y salivada.

— ¡Harry!

Rasgó sus pantalones a duras penas, con las manos temblorosas y la respiración agitada, mientras Draco alzaba las caderas intentando deshacerse de él con rapidez. Lo arrojaron al suelo, junto con los calzoncillos negros, haciendo rebotar la erección roja y húmeda, que lo señalaba.

Draco no paraba de moverse y ondearse debajo de él. Estaba desesperado, y Harry amaba la manera en que se arqueaba, cuando lo miraba con esos ojos dilatados y brillantes, cuando, incluso, hasta se cristalizaban al punto de llorar de placer. Por él. Por Harry. En momentos como ese, en donde lo tenía a su completa disposición, era cuando dentro de su pecho las abejas asesinas se convertían en suaves mariposas azules de terciopelo, en donde todo desaparecía, y lo único que podía ver era a Draco alzando las caderas en busca de fricción, gimiendo, gimiendo su nombre, jadeando, sonrojado, y realmente, ahora, nada importaba más.

Porque todo se salía de control.

Esos segundos eran como perder el conocimiento, en donde minuciosos instantes las mariposas volaban y explotaban unas contra otras en su pecho, hasta que algún ruido peculiar o un sobresalto, lo despertaba, lo sacaba de ese estado límbico que lo ilusionaba. Y empezaba a pensar, no tanto como cuando no estaba con Draco, pero lo hacía, y pensar, lo estaba matando. Las murmuraciones dentro de su cabeza lo torturaban, lo aniquilaban, hasta que las mariposas se marchitaban y de las cenizas, las abejas resurgían sin poder evitarlo, era cuando el monstruo dentro de él, salía.

Era como si Draco entero lo obligase a que saliera.

La frustración de no poder tenerlo (no como él quería), la rabia y los celos que lo consumían, día a día, obsesionándolo, el odio que siempre conservaría para él, y el dolor.

El dolor no se iba. Las mariposas—ahora marchitas—solían hacerlo olvidar. Malfoy lo hacía olvidar de todas sus preocupaciones, de sus miedos, pero al mismo tiempo, le recordaba todo lo que no tenía: Draco. Y era una especie de felicidad absurda y un dolor agonizante que no sabía que podría existir. Que nunca pensó poder sentir.

Mucho menos por Malfoy.

Le quería.

Harry podría haber salido corriendo en ese mismo momento, podría haber gritado a causa de esos pensamientos no tan absurdos, podría gritarle a Draco, porque él tenía toda la culpa, e intentar olvidarlo, o fingir hacerlo al menos, pero no. Ni siquiera se detuvo, siguió provocando el cuerpo de Draco, como sólo él sabía hacerlo, siguió besándole el cuello y escuchándolo gemir, porque de nada servía esa clase de pensamientos cuando era lo único que había estado ocultándose a sí mismo. Cuando ya lo sabía, y no podía hacer nada contra eso.

Cuando, en realidad, estaba jodido. Y demasiado perdido. Draco se había convertido en algo que no sabía—ni estaba seguro de querer—definir, era como: Te necesito, pero no puedo soportarte, me gustas demasiado, y ese es el problema, te quiero, pero es un desperdicio hacerlo cuando una parte de mí, todavía te odia.

Draco podría crear las abejas asesinas en su estómago, y convertirlas en mariposas de terciopelo azul, podría hacer gruñir al monstruo en su pecho, como también hacerlo ronronear, podría ser su ancla, su enemigo, su amante, pero no era su brújula.

Harry lo quería, pero sabía que Draco—ni el sexo, ni sus repentinos sentimientos por él—no solucionarían sus problemas, los incrementaría. No sería salvado.

Aunque no necesitaba ser un héroe cuando estaba con él. No necesitaba ser un héroe esta noche.

Al parecer, no había remedio para la perdición.

En un movimiento brusco y desprevenido, agarró sus caderas debajo de él, y las giró sin previo aviso, obteniendo como respuesta un jadeo sorprendido.

— ¿Harry?

Draco estaba de espaldas a él, en cuatro, con el rostro casi enterrado en la almohada por la impresión, sin poder buscar una posición cómoda, el culo alzado y las caderas arriba. Harry quería golpear su trasero tan malditamente pálido, hasta convertirlo en un color rojo intenso, como un par de manzanas carmín. Harry quería poseerlo hasta que Draco se enterara, de que era suyo, de que le pertenecía, porque, Harry le pertenecía, en ese momento y ahora. Porque el futuro con alguien como ellos, no servía, y él lo sabía muy bien.

Draco sacaba las parte más oscura de Harry, la más peligrosa, y eso lo asustaba.

¿Dónde canalizar este tipo de sentimientos? Harry sentía que perdería la razón si seguía mirando su culo como un lobo hambriento.

Casi imperceptiblemente murmuró un hechizo, ese que había visto en un libro de la biblioteca, desde que había empezado a tener esa especie de relación con Draco, había investigado como buen amigo que era de Hermione (jamás le contaría lo que ambos tenían a menos que ella lo averiguara, pero lo mínimo que podía hacer era informarse), se lo había aprendido de memoria sin darse cuenta, lo había leído tantas veces, que resultaría imposible olvidarlo, el hechizo era simple, igual que el resultado, pero había deseado desde que lo leyó, probarlo con Draco.

Unas cuerdas, de un material similar al cuero, ataron los antebrazos atrás de su deliciosa espalda de porcelana, lo cual, lo dejaba completamente indefenso, las cuerdas eran tan apretadas que no solo le dejaban la piel tirante y rojiza en cuestión de segundos, sino que, si intentaba parase y salir corriendo, se caería. Harry sabía que, incluso aunque tuviera la posibilidad, Draco no correría.

Y era un placer electrizante mezclado con una abrumadora felicidad repentina, el saber que era deseado con la misma intensidad, porque Draco se lo había demostrado, con cada beso, con cada mirada, que se excitaba de sobremanera, con él, y Harry no lo podía creer.

Tal vez, la razón por la que no se marchaba de una vez por todas, como su consciencia le gritaba que hiciera, era porque quería aprovechar lo que temían antes de que todo terminara. Quería quedarse.

Las decisiones te definen, y la que Harry sabía que había tomado, le dejaría una herida profunda.

— ¿¡Qué mierda estás haciendo!?

—Esa boca, Malfoy, ¿qué dirían las personas si te escucharan? —se mofó. Sinceramente, Harry era consciente de que era un experto en arruinar momentos, pero no sabía hasta qué punto.

Draco enrojeció hasta las orejas, mientras respiraba por las fosas nasales profundamente, temblaba y él no sabía si de puro placer morboso o de rabia, tal vez un poco de ambas.

—Potter—gruñó con rabia, mientras apoyaba una mejilla en la almohada y así poder mirarlo, de costado. Harry se mordió el labio, y no porque estuviera mintiendo precisamente. Sus ojos tormentosos chispeaban como relámpagos furiosos, pero él podía observar su cara contorsionándose de la vergüenza—. No te me hagas el prolijo ahora, Señor Impulsivo. Ahora dime—habló con los dientes apretados y Harry soltó una risita, mientras Draco lo fulminaba con la mirada—. ¿Qué crees que estás haciendo atándome las manos?

No se veía para nada cómodo.

Se veía adorable.

Harry se acomodó de forma que su pantalón abultado rozó con el trasero, mientras Malfoy se estremecía, contradiciendo sus propias palabras.

— ¡Suéltame, Potter! Porque juro que te arrepentirás—se lo veía frustrado y cada vez respiraba con más agitación, mientras observaba cómo Harry se quitaba la camisa con gracia, se desabrochaba los pantalones y lo rozaba a propósito. Provocarlo en la cama como en los pasillos seguía teniendo el mismo efecto reconfortante.

— ¿En serio? —preguntó irónico y somnoliento, pues el aroma de Draco estaba en todas partes, era sutil pero increíblemente varonil y estimulantemente delicioso.

Sacó su lengua, mientras se inclinaba y recorría el camino de la espalda en las vértebras, podía sentirlo temblar debajo suyo. Draco estaba sudando y suspiraba con cada lamida.

—Potter—gimió de manera entrecortada, y él no supo si le estaba reprochando o suplicando, pero, con Malfoy debía de ser lo mismo. La lengua de Harry bajaba y bajaba hasta llegar a la línea de su trasero. Con ambas manos lo abrió, de manera que su agujero quedase expuesto. Harry prácticamente salivaba. Draco respiraba ya con agitación, jadeando, arqueándose sutilmente, inclinando su trasero, meciéndose, con sus antebrazos irritados y tan rojos (como debería estar su trasero) que Harry temió que se lograra una herida superficial. Al mismo tiempo que se retorcía entre las cuerdas y su pecho subía y bajaba con tensión.

A Draco no le gustaba estar atado, probablemente era una de las razones por la cual a Harry le encantaba hacerlo.

— ¿Decías? —habló sobre su trasero expuesto, dejando que su aliento chocara contra él de manera que lo hacía balbucear.

— ¡Potter! —lo miró de costado, con ojos suplicantes, ardiendo, de deceso, derritiéndose, pero con la boca torcida, intentando reparar su orgullo. Harry le dio una lamida a su entrada—. ¡Ahh! —Su espalda se arqueó automáticamente y él casi podía verlo doblar los dedos de los pies.

— Así que ahora soy Potter, ¿eh? —jadeó en un intento por parecer burlón, y estaba funcionando…mayoritariamente. Era demasiado difícil controlarse si lo miraba de esa manera. Como si no pudiera contenerse, su mirada le pedía que lo follara.

— ¿Q-qué…se supone que estás h-haciendo? —. Harry chupó su entrada, salivándola y retirándose rápidamente, Draco temblaba y sus nudillos se apretaban tanto que estaban pálidos, haciendo contraste con el rubor de todo su cuerpo, mientras contenía un gruñido y retenía la respiración entrecortada.

—Vamos a jugar, Draco—murmuró, rozando sus labios sobre su entrada, y luego enterraba su rostro en su trasero, mientras Draco lo contraía, frotó sus labios haciendo fricción, pero ni se acercaba a un beso, era casi un roce.

Draco parecía estar volviéndose loco. Y el pecho de Harry se llenaba de calor, se llenaba tanto, que desbordaba.

Malfoy parecía haber perdido la capacidad de hablar, porque lo único que hacía era lanzar impropios y menear su trasero contra la cara de Harry, mientras no paraba de gemir. Harry adoraba llevarlo al límite, incluso si eso significaba el exquisito dolor de sus bolas y su polla dura como nunca antes.

Con un chupetón húmedo y rápido, sin poder llegar a satisfacerlo, sacó su rostro del trasero de Draco, mientras que Malfoy lanzaba un gemido en protesta. Pero él no lo soportaba más. El cabello se le pegaba a la frente y sentía una capa de sudor en la espalda, como Malfoy, quien deliraba sin dejar de retorcerse.

— ¿Lo quieres, Malfoy? —. Empujó sus caderas contra su culo, haciendo que su erección liberada quedara clavada en la raya de su pálido trasero—. Dime que lo quieres. Que quieres que te folle…

— ¿Por qué haces esto? —sollozó, mientras inevitablemente empujó su trasero contra la erección de Harry.

—Porque me gusta tenerte desnudo, jadeante, desesperado, mojado y ansioso.

Su cuerpo entero tembló por las palabras de Harry, mientras lanzaba un gemido ahogado que intentó ocultar enterrando su cara en la almohada, pero todo su cuerpo demostró cuánto le habían afectado las palabras, y a Harry le encantaba. Le encantaba la manera en que se resistía a él, sabiendo que se derretía siempre que lo tocaba, le encantaba que fuera igual de orgulloso que siempre, porque la victoria después le sabia más dulce.

Draco temblaba con la respiración agitada, mientras inspiraba tres veces, y esta vez sin mirarlo, dijo:

—Potter—imitó el tono que solía usar cuando escupía su apellido como si no fuera digno de estar entre sus labios, o al menos lo intentó, porque jadeaba para buscar aire, y en cuatro, con las manos atadas, sonrojado y el culo alzado, no se veía muy amenazante que digamos. Harry cerró los ojos mientras presionaba su polla contra su trasero. Necesitaba liberación, ahora—. Deja de ser un idiota y fóllame.

Harry habría reído si hubiera podido, hubiera contestado del mismo modo, pero no podía, de lo único que era consciente era que la punta de su miembro ya estaba dentro del cuerpo de Draco y que sentía relámpagos recorrerlo entero, corrientes eléctricas concentrándose en sus bolas, en su polla dura y húmeda.

Estaba hipnotizado, y no reaccionó por completo hasta que Draco empujó sus caderas hacia atrás, de manera que Harry quedó fundido de calor, penetrándolo por completo. Malfoy abrió aún más sus piernas, mientras se arqueaba y se retorcía casi sin darse cuenta, como si su cuerpo le pidiera tocar a Harry, y en esa posición resultaba imposible.

Harry lanzó un gemido gutural intentando acostumbrarse al calor abrasador que lo rodeaba su miembro, mantenía la mandíbula apretada, apretaba sus manos fuertemente alrededor de la cintura de Malfoy, sabiendo que dejaría marcas a causa de la piel hipersensible y pálida que tenía, pero en ese momento no podía pensar en nada. Podía sentirlo gemir, no podía ver su rostro pero sabía que estaba contraído por el dolor y el placer, con la boca abierta…

—Sí—susurró Draco con la voz entrecortada—. Joder, sí—empujó su trasero, meneándolo suavemente, en un ritmo pausado y constante que estaba volviéndolo loco, demasiado despacio, y sin embargo, sentía a su corazón a punto de explotar.

Harry no lo soportó más. Empezó a mover sus caderas con rapidez, penetrándolo profundo, sin poder detenerse, sin poder parar, frenético. Se sentía fundir en Draco, enlazado, inseparable.

Momentos en los que podía fingir que él también lo quería.

Momentos en donde era únicamente suyo, en donde le pertenecía.

—Ah, Draco…Draco…Draco.

A Harry le encanta decir su nombre. Sabía que el hecho de que su polla hubiera estado enterrada en su culo ya era suficiente confianza como para llamarlo por su nombre de pila siempre que quisiera, pero no creía que Malfoy estuviera muy contento con ello. Por eso se permitía murmurar, gemir y jadear su nombre como un mantra en el sexo, sin cesar. Y a Draco parecía calentarle de sobremanera, porque siempre gemía más fuerte cuando se lo decía al oído después de morder su oreja y absorberla.

Oía el suave golpeteo de sus bolas chocando contra el culo de Draco, mientras se contraía debajo de él, gimoteando, movía los músculos de la espalda con cada penetración, empujaba su trasero hacia la polla de Harry, al mismo tiempo que intentaba auto penetrarse.

Desesperado, ansioso, húmedo, todo alrededor desaparecía mientras ambos se fundían en lava caliente, derritiéndose.

Harry golpeó un punto dentro de Draco, provocando que se retorciera y sollozara de placer, Harry lo sabía, estaba por correrse, al igual que él. Era descoordinado, torpe y profundo. Nunca habían sido especialmente expertos en el sexo, aunque no lo pudieran saber con exactitud, por lo menos Harry sabía que era un completo desastre, la mitad del tiempo pensaba en lo dura que estaba su polla y se guiaba por instintos, se dejaba guiar por lo que siempre había querido hacer con Malfoy, controlándolo, follándolo.

Y Harry lo quería todo.

—Más, oh, mierda, Harry, más—gimió ahogadamente mientras ambos se movían con frenesí. Las embestidas se hacían cada vez más erráticas y los jadeos y gemidos en aumento, Harry casi podía sentirlo—. E-estoy…a punto, Harry.

Maldición. Esa voz, la manera en cómo lo decía, se convertía en un veneno para Harry, su olor, su risa, sus ojos, sus muecas.

Enterró sus dedos en el cabello rubio platinado y tiró de ellos, como una correa, hasta que sus rostros quedaron a centímetros de distancia, mientras sus labios se rozaban, con las bocas abiertas, jadeando, mientras que Harry no dejaba de moverse dentro de él, y si Draco no hubiera tenido las manos atadas a la espalda, su espalda y su pecho hubieran estado pegados con el sudor.

No supo quién empezó el beso, si era casi por inercia o es que realmente estaba a punto de perder la razón y el conocimiento por completo, pero sus labios se devoraron mutuamente, casi al ritmo de las embestidas, entrelazando sus lenguas, luchando una contra la otra, provocando sonidos de succión, tan jodidamente estimulantes que Harry sentía que iba a explotar.

Y lo hizo. Cuando penetró el punto dentro de Draco y él gimió tan fuerte, cortando el beso, haciendo que Harry rompiera en pedazos y se le rodaran los ojos, respirando sobre los labios rosados de Draco.

Colapsó encima de Malfoy, quien parecía una muñeca de trapo, con las manos atadas y los antebrazos irritados y rojizos, con los ojos cerrados, sudoroso, sonrosado y despeinado, era casi una imagen angelical, y Malfoy de angelical no tenía ni la sonrisa. Resultaba abrumador lo hermoso que podía ser sin darse cuenta.

—Estas…estas aplastándome.

—Oh, lo siento.

Harry salió dentro de él, mientras veía el semen escurrirse entre sus piernas. Tragó saliva. ¿Era posible estar emocionalmente excitado? Porque su polla estaba flácida, pero se calentaba de solo verlo.

Con cuidado quitó las cuerdas tirantes que lo ataban a la espalda, sus brazos cayeron laxos a su costado, y se acomodó en la cama, estirándose, ocupando toda la cama, como buen malcriado que era.

Se lo veía satisfecho, y Harry se permitió no pensar por esta vez.

—Eres un pervertido, Potter—Harry podía escuchar su sonrisa llena de suficiencia a kilómetros de distancia, imperceptiblemente, sonrió—. ¿Por qué me ataste? Sé que no te gusta que te toque, pero…

Parecía más curioso que enfadado, y las últimas palabras sonaban entristecidas y apagadas para sus oídos.

—No fue por eso—interrumpió antes de que llegara a una conclusión—. Es porque me gusta tenerte húmedo y abierto para mí.

No pudo evitar sonrojarse, pero era lo más sincero que le había dicho hasta ahora. No había podido evitarlo, sus labios se habían movido antes de pensar. En el sexo no era tan difícil decirle palabras soeces y pervertidas, que sabía que calentaban a Draco de una manera inexplicable. Le gustaba que fuera duro con él, incluso aunque había veces en las que Harry tenía que morderse la lengua para no decir las cursilerías que pensaba, y recordar que lo único que Draco quería de él era su cuerpo.

Aunque reprimirse doliera, era de la única forma en la que lo tendría. En la que Draco sería suyo.

De costado Draco sonreía burlonamente, mirándolo fijo, mientras Harry le lanzaba una mirada abochornada.

—Eres increíble—se carcajeó Draco, acercándose a su rostro, con sus ojos grises chispeando divertidos—. Acabas de joderme, con todas las palabras, atándome los brazos, diciéndome que te gusta tenerme desesperado, mojado y ansioso, y provocándome con tu polla, y se sonrojas por un comentario que tú mismo dijiste. ¿No es un poco tarde para la caballerosidad Gryffindor?

—Oh, cállate.

Harry le tiró una almohada, que calló justo en su cara de ángel, dejándole una expresión desdeñosa e indignada, mientras que él reía más fuerte.

—Estúpido, Potter.

Repentinamente agarró su varita y le lanzó todos los almohadones de un tirón y lanzaba una carcajada exagerada. Harry lo fulminó con la mirada, a pesar de que las comisuras de sus labios estaban levantadas y sentía su estómago cosquillear.

—No puedes perder nunca, ¿verdad?

Draco sonrió ampliamente, mientras se acomodaba en la cama y empezaba a sacar plumas de las almohadas.

— ¿Por qué tienes que hacer eso siempre? Si no fuera la Sala de los Menesteres, esto estaría lleno de plumas y cojines desdichados.

—Es que pinchan, y es divertido quitarlas—Harry frunció el ceño, no encontraba divertido quitar las plumas de las almohadas—. Cuando era niño hacía lo mismo y mi mamá me regañaba por ello, porque llenaba el cuarto de plumas.

Harry realmente no le encontraba sentido en absoluto, pero imaginar un Draco de niño quitando las plumas de las almohadas, resultaba inexplicablemente adorable.

Draco nunca hablaba de su familia, por obvias razones, ellos nunca hablaban de su enemistad o de por qué habían dejado de insultarse en los pasillos y ahora sólo se miraban en silencio, pensándose a gritos, tampoco hablaban de que Draco técnicamente había admitido ser un Mortífago (cosa que Harry no había olvidado, para nada, lo tenía gravado más que nunca en su memoria), ni que Harry mismo había enviado a su padre a Azkaban, de hecho, no hablaban mucho, lo único que hacían era coger, jadear, gemir y besar. Ambos eran buenos en ellos, perdiéndose el uno al otro, derritiéndose mutuamente.

Aunque a veces charlaran después del sexo, como si fueran personas completamente diferentes, no un Malfoy ni un Potter, no había enemigos en esa cama, ambos hablaban de cosas tan simples y poco elementales que resultaba alarmante la simpleza con la que ambos podían charlar. Harry quería agarrar todo lo posible de Draco, siempre iba a querer más, nunca sería suficiente, no para Harry.

Los ojos de Draco brillaban, como relámpagos, lo miraba fijamente, intentando contener una sonrisa, y el pecho de Harry temblaba, mientras sus miradas se sostenían, hasta que ninguno de los dos había podido evitar las carcajadas que resonaron en la habitación.

La risa de Draco lo hacía estremecer, era tan especial, tal vez porque nunca lo había visto reír de verdad, no así, absurdamente contento, no se parecía en nada al Malfoy que Harry conocía, y él quería saber más, más de esa máscara que se estaba cayendo poco a poco, que se resquebrajaba y lo dejaba ver a contraluz, algunos pequeños aspectos que jamás hubiera pensado que alguien como Draco tendría.

Malfoy se subió a horcajadas, le sostuvo la cara entre sus manos, y Harry dejó de respirar, sus dedos hacían cosquillear su piel, y lo besó suavemente, tan delicado que ni siquiera parecía un beso, sólo una caricia, un roce de labios, moviéndose apenas y cortando la respiración. Con sus frentes pegadas, Draco sonrió.

«Oh, esa sonrisa me tiene completamente loco».

Loco por ti.


Nevaba.

La nieve siempre le había parecido absurdamente hermosa, porque lo era, y superficial, porque, en realidad te morías de frío y tus huesos quedaban tiesos.

Cuando tenía seis años, una navidad, todos habían salido de compras y él había sostenido la mayoría de las bolsas (que en ese entonces pesaban y eran más grandes que él), sus tíos estaban muy ocupados y concentrados para que todo saliera a la perfección como para darse cuenta de la existencia de Harry (ni siquiera para gritarle), así que habían agarrado con rapidez las bolsas de sus diminutos brazos y le cerraron la puerta en la cara. Pasó horas congelándose, y si no fuera por el policía que pasaba, seguramente habría pasado la noche.

No tenía muy buenos recuerdos de la nieve, ni el frío, pero la imagen de un Draco Malfoy jugando con ella en el suelo, la convertía en una de sus cosas favoritas.

Hacía un frío de muerte, Harry podría sentir sus propios dientes castañeando, mientras su cuerpo titiritaba y sus pies se congelaban con cada paso. Se puso detrás de un árbol y lo observó.

Sus hebras rubias se veían más platinadas y blancas que de costumbre, no sólo por la nieve que caía despacio sobre su cabeza cubriéndole como una pequeña manta, sino porque la luz y su palidez que combinaban con el ambiente lo hacía ver más etéreo que de costumbre. Podía verle las pestañas rubias aleteando, en pestañeos, de la manera en que le daba el sol de la madrugada, hacía ver a sus ojos grises, eléctricos. Calmados y tranquilos. Estaba completamente desarmado, su expresión era tan tormentosa que Harry se estremeció de lo fuerte que su pecho retumbó.

Tenía el ceño ligeramente fruncido, respiraba por la boca provocando vaho en el aire en cada exhalación, y a pesar de que estaba en un muy liviano pijama de seda blanca—aunque solo la parte de arriba—y tenía los famosos jeans azules que había conseguido en la Sala de los Menesteres el primer día que se acostaron (Draco seguía gastándolo por eso, y se había convertido al final en una broma personal), no parecía tener frío en absoluto, como si no estuviera sentado en el mismísimo hielo en pleno invierno a la madrugada.

No era como si Harry estuviera muy abrigado que digamos, su pijama casi siempre conformaba calzoncillos, pero cuando hacía dos grados bajo cero como en ese momento, vestía ropas sueltas de algodón y para salir se había puesto una sudadera, pero no había servido de mucho, sentía que pronto se convertiría en un cubito de hielo.

Los dedos pálidos de Draco hacían dibujos de remolinos en el suelo, en la nieve que se amontonaba, su boca se movió antes de que Harry pudiera moverse.

— ¿Qué haces aquí, Potter?

Todos los músculos de Harry se tensaron, aunque Draco no se había movido ni un ápice y seguía dibujando sin mirarlo.

—Yo debería preguntarte lo mismo—la verdad era que Harry no había podido (literalmente) dormir en toda la noche, y dando vueltas en su cama, comiendo chocolates, y pensando, pensando demasiado en realidad, hasta que había agarrado el mapa merodeador y seguir a Draco como había estado haciendo desde que había empezado el año. Había hecho que Dobby y Kreacher lo siguieran a todas partes, había descubierto que las chicas de las cual Draco estaba acompañado eran en realidad Crabbe y Goyle (Harry se negaba a pensar por qué se sentían terriblemente aliviado) con multijugos, y que escondía algo en la Sala de los Menesteres, donde ellos habían pasado la mayor parte del tiempo. No quería pensar por qué eso le dolía tanto. No quería pensar en absoluto, pero sospechar que estaba realizando la misión que le comandó Voldemort en esa sala, en donde Harry lo había follado una y otra vez, en donde lo había besado, el lugar en donde Draco era suyo sin ninguna restricción, producía estragos y dolores en su interior.

Por una parte todo estaba más que bien con Draco, no solo tenían sexo, a veces hablaban, de cosas ridículas y sin sentido, pero lo hacían, y ese tal vez era el problema, porque con esa pequeña charla no sólo dejaba a Harry con ganas de más, si no que podía disfrutar de su risa, de tenerlo cerca, de acariciar su rostro después del orgasmo por solo el hecho de querer hacerlo.

Pero por otro lado, estaba la parte en donde Draco bien podría ser un mortífago, a pesar de que su antebrazo cada vez que lo desnudaba siempre estaba limpio, bien podría realizar un hechizo y ocultarlo. Estaba la parte en donde Draco siempre sería el enemigo de Harry. En donde había una guerra por delante, en donde Harry había encerrado al papá de Draco, en donde ellos—sabían—no deberían estar juntos.

—Yo pregunté primero—torció los labios.

—No podía dormir.

Draco bajó la vista, y siguió jugando con la nieve que se escurría entre sus dedos derritiéndose. Harry lo tomó como una aceptación, así que se sentó a su lado, sin dejar de titiritar, sintiendo cómo su trasero se humedecía contra el hielo.

—Yo tampoco—susurró. La cercanía de su cuerpo se hacía notar y resaltaba a través del frío, Draco emanaba calidez. Harry sentía los labios azules y secos, casi pegados, estaba muriéndose de frío, joder. Draco alzó la vista y lo miró extrañado—. ¿Cómo es que, por Santo Merlín, vienes así en pleno invierno? Estás helado—sus estilizados dedos se sintieron brasas hirviendo contra su mejilla cuando lo tocaron.

Malfoy levantó la varita, conjuró un hechizo y Harry sintió una ola de calor recorrerle el cuerpo como un cosquilleo.

—Somos magos, por Dios, Potter, ten un poco de sentido común—sonrió levemente. Harry se sintió terriblemente abochornado y avergonzado, pero antes de que Draco lo reconociera, se había visto increíblemente triste, y si 'humillarlo' le sacaba aunque sea una pequeña sonrisa, valía la pena—. Y, ¿qué es lo que tiene al Niño-Que-Vivió en vela?

Harry rodó los ojos.

—Tengo pesadillas—murmuró, tal vez no confiaba en Draco, y tal vez nunca lo haría, pero no había nada de delator en contarle una pequeña verdad. Malfoy lo miró expectante—. Son…confusas. ¿Y qué me dices tú, Malfoy?

—Me gusta ver el amanecer—sus mejillas se tornaron de un color carmesí y Harry quiso besarlo—. Es…agradable, me permite pensar.

—Si hay algo que quiero en este momento es dejar de pensar, preferiblemente por siempre.

Draco lo miró sorprendido.

— ¿Eso crees?

Harry suspiró.

—Sí. Lo único que hago después de estar contigo es pensar—se tapó la boca instantáneamente con las manos, como un niño de seis años que ha dicho su primera mentira, pero esto era lo opuesto: había revelado demasiada verdad. Draco lo miraba con los ojos brillantes y bien abiertos.

— ¿En qué piensas? ¿Es sobre…sobre mí?

Harry nunca lo había visto tan perplejo y brillante, el tono de sus mejillas se aumentó, y las de Harry lo acompañaron.

Suspiró profundamente y apartó la vista de su penetrante e increíble mirada.

—Bueno, pienso en todo tal vez, e-en el futuro o en el que no tendré.

Draco esbozó una sonrisa, que le supo a melancolía y tristeza.

Resignación.

Al parecer ambos ya habían caído en la cuenta de que no habría un después.

—Yo también lo hago. Pero es diferente, Harry, ¿no te das cuenta? Eres Harry Potter, El Niño-Que-Vivió, El Elegido, eres como las cucarachas, las muy hijas de puta nunca mueren—a Harry se le escapó una carcajada, ese cinismo tan propio de él ya no estaba dirigido para lastimar, sonaba incluso reconfortante. Era mejor reír, porque si no, las cosas se pondrían demasiado densas de sobrellevar—. Tienes una oportunidad—el corazón de Harry dio un vuelco, y sin dejar de mirarlo, Draco siguió hablando con voz suave y estremecedora—. Sé que vas a ganar, Potter. Siempre lo haces.

— ¿A qué te refieres? —sonó un poco más brusco de lo que había querido sonar.

—No vas a estar solo. Siempre estará alguien ahí para ti. Siempre tendrás otra elección.

El ceño fruncido de Harry no desapareció, no entendía las palabras, pero sospechaba que quedaría como un tonto si volvería a preguntar, así que se quedó callado.

Draco saltó encima de él y se puso a horcajadas, a una velocidad impredecible. Fue todo tan rápido que Harry no había tenido tiempo de reaccionar, así que se quedó tieso en el suelo helado, sintiendo la nieve caer y el hechizo calentador desequilibrarse. Malfoy acercó su rostro hasta que quedaron a centímetros de distancia, mientras sus labios se rosaban, como una sutil provocación junto con sus largas pestañas rubias caídas y los ojos entreabiertos, las respiraciones se volvían agitadas en cuestión de segundos y Harry ni quiera lo había besado aún, producían vaho en cada suspiro y empañaban sus lentes, Draco se los quitó.

Las manos pálidas recorrían su rostro de forma lenta y pausada, como una dulce tortura, y Harry no sabía por qué las manos estaban frías pero después, donde quiera que tocara, su piel se sentía caliente.

Acunando su rostro entre sus manos temblorosas, Draco lo besó.

Y Harry estaba seguro de que ese beso había sido la razón de su existencia.

Los labios de Draco eran tan suaves como los pétalos de una rosa, y le extrañaba de sobremanera que no estuvieran secos y partidos como los suyos a causa del frío, pero no podía importarle menos cuando eran tan celestiales y tenían el sabor a gloria pura.

Harry no sabía por qué había sido el beso más inexplicablemente hermoso y apetecible de todos, tal vez porque era tan lento que sentía que en cualquier momento podría deshacerse, tal vez porque era profundo y suave (y no frenético y desesperado), o porque simplemente era porque Draco estaba dándoselo, pero si eso era el cielo o el infierno, no quería bajarse nunca.

El beso había sido casi orgásmico.

Cuando se separaron para respirar, la mirada de Draco estaba oscurecida e hipnotizada, con las mejillas sonrosadas y las pestañas largas apenas le dejaban ver los ojos dilatados.

—Me gustas, Harry—. Harry dejó de respirar. Los dedos de Draco hacían círculos en su cuello y le provocaban escalofríos—. Me gustas mucho.

Su pecho se exprimió y se calentó de igual forma, su corazón quería salir disparado y detenerse al mismo tiempo, y las abejas parecían mezclarse con las mariposas de un azul blancuzco.

Harry sentía ácido en la garganta, y se tuvo que morder la lengua, atragantándose con un «Te quiero» a punto de salir de sus labios.


Palabras ácidas, hirientes, quemaban como el hielo en estado puro. Y Harry casi podía sentir su boca arder con el sabor a metal.

Tengo tanto miedo de perdertea pesar de que sentía su corazón hecho trisas, la rabia se había convertido en un dolor agonizante e insoportable, en angustia.

Sus varitas habían desaparecido y ambos habían peleado a puños, Draco tenía el labio partido goteando de sangre y su cuello lleno de moretones, al escuchar esas palabras, se lo veía derrotado, sus hombros cayeron y algo en su mirada pareció derrumbarse.

No se parecía en nada al Draco de recién que lo había insultado con las palabras más fuertes y dolorosas, Harry se había acostumbrado tanto a la tregua silenciosa que ambos mantenían que se había sentido impactado y choqueado, pero se negaba a aceptar que se sentía profundamente herido.

No puedes perderme. No puedes perder algo que nunca has tenidosonaba como si intentara convencerse más a sí mismo que a Harry.

Pero si siempre te he tenido, justo donde yo quiero.

Ojalá Harry dejara de morderse el labio y pudiera creerse esas palabras.

No era agradable.

Las pesadillas se habían tornado insoportables a tal punto que Harry no quería dormir, ni volver a dormir jamás.

No sucedía siempre, pero sí mayoritariamente por semana, tenía sueños extraños, increíblemente reales, las sensaciones se sentían tan vívidas que sentía un agujero en su pecho, los sentimientos que le provocaba cada sueño lo estaban matando. Lo peor era cuando Draco estaba involucrado, porque era cuando más dolía.

Siempre era lo mismo, en la Sala de los Menesteres o en el baño, ambos peleaban o discutían terriblemente, de alguna manera Harry siempre terminaba confesándole sus miedos y Draco siempre le decía un par de verdades crudas, que era lo mismo que comer una roca con los dientes y masticar lentamente, amargo, las pesadillas le dejaban con ese sabor en la boca.

Y no era normal, joder, esos sueños no eran normales.

Deja de hacerlo, deja de esconderte.

Yo no me escondorespondió Draco con voz monótona. ¿Por qué crees que lo haría? ¿Qué tendría que esconder?

Porque tienes miedoHarry podría jurar que Draco se puso más pálido de lo normal y eso era alarmante, estaba lívido. Huyes de mí. Y no quiero que lo hagas.

Siempre estoy dispuesto para ti. Follamos con frecuencia.

A Harry le dolieron más esas palabras de lo que le gustaría admitir.

Hizo una mueca.

Pero no me dices la verdad. Tienes mucho que ocultar. Y sé que voy a perderte. Te iras. Y me dejarás, como todos lo hacen.

No sabía por qué estaba llorando, pero ahora ya no podría dejar de hacerlo.

Las lágrimas saladas caían por sus mejillas mientras las sentía deslizarse por su abdomen desnudo. Draco las limpió con sus pulgares, mientras se acercaba provocando el ruido de las sábanas enredadas entre sus piernas. Su expresión rota le hizo parecer que estaba llorando por dentro, parecía como si le doliera más a él que Harry.

¿Te gustaría que me quede?

Por siempre.


Los sueños—más bien las pesadillas—sonaban como si su subconsciente intentara hacerlo razonar, de que Draco era malo, que debía dejar verlo, que era el enemigo, y siempre lo había sido. Pero después el Draco de su sueño se rendía, y ambos mantenían la charla angustiosa que no podían mantener cuando estaban despiertos.

Pero aparte de sus ojeras y que tomaba más de tres tazas de café por día, con Draco (el real) todo estaba yendo más que bien, cada vez pensaba menos, a pesar de los recurrentes sueños, pasaba bastante tiempo con Malfoy, y no solo teniendo sexo, sino, discutiendo, charlando, matándose a besos, discutiendo, hablando, besos, más discusión, y Harry se sentía en el paraíso, incluso aunque pelearan la mayoría del tiempo—lo bueno era que las reconciliaciones eran malditamente satisfactorias.

Pero resultaba que hacía dos días Hermione lo miraba extraño, Harry no era bueno disimulando—en absoluto— y ella era la persona más intuitiva e inteligente que él conocía, y se la pasaba acosándolo y preguntándole por qué tenía el rostro ojeroso y bobo como un Hufflepuff en vísperas de San Valentín.

Harry había tenido que pasar dos días— ¡dos putos días! —sin su dosis de Draco porque a su mejor amiga se le antojaba saber la verdad.

Era sumamente detestable.

—Harry—dijo con la voz de Yo Lo Sé Todo, y él se abstuvo de rodar los ojos—. Sólo quiero que me digas la verdad, estoy preocupada…

— ¿Cuándo no? —la observó mientras tomaba un sorbo de café y Ron engullía su desayuno.

—Sabes a lo que me refiero—dijo con los dientes apretados—. Cuando te gusta alguien normalmente pierdes la cabeza, y no quiero que cometas un error, o estés haciendo algo imprudente.

—Hermione—habló Seamus con la boca llena—, es Harry, siempre está haciendo algo imprudente—se carcajeó, al mismo tiempo que Harry decía:

— ¿Por qué tiene que haber una chica? Tal vez sólo…esté distraído…

—Siempre hay una chica.

— ¡Cállate, Seamus! —frunció los labios, en tono: no estás ayudando mucho.

—Es que—Hermione parecía confundida y muy contrariada—, nunca te había visto así, es que por momentos parece como si fueras la persona más feliz del mundo y después como si el mundo se viniera abajo.

—Es que el mundo se está viniendo abajo, no es raro que Harry actúe de esa forma—habló Ginny mientras lo miraba innecesariamente fijo, pestañeando más de la cuenta.

Harry la miró extrañado, y un poco incómodo mientras volvía su atención a su apetecible café.

Él entendía a Hermione, con Draco pasaban mucho tiempo peleando por estupideces, y los dos tenían demasiado orgullo como para rendirse, así que podían pasarse horas ignorándose hasta que lo resolvían con sexo y era como si nada hubiera pasado, y esos instantes eran como el mismísimo infierno para Harry, también estaban los momentos en donde se ponía a pensar y podía comprender que su expresión se pondría tormentosa.

—No me pasa nada. Estoy bien—mintió, y luchó contra la mirada de Hermione, mirándola fijamente a los ojos, sin poder evitar morderse los labios con fuerza.

Hermione alzó una ceja, con la expresión clara de que no le creía en absoluto. Y Harry sabía lo que esa mirada significaba: podría tomar medidas drásticas, o incluso ponerle Veritaserum en la bebida. Ella era una amiga magnífica, pero tenía el alma de mamá gallina, y su preocupación podía con ella en los momentos cruciales, como la guerra que estaba por venir.

Harry suspiró, sabiendo que podría ser mil veces peor, espetó con cansancio:

— ¿Podemos hablar a solas?

Ambos salieron a paso rápido, junto con Ron que lo miraba perspicaz, y la atenta mirada de todos en el Comedor. Harry se estremeció pensando que Draco tal vez también lo hacía.

Al final del pasillo se acomodó contra la pared, así tal vez sus piernas no temblarían tanto.

— ¿Y bien?

—N-no, no estoy con nadie, o sea, no salgo oficialmente con nadie—sus mejillas se sentían calientes y él rogaba a Merlín que no estuviera sonrojándose—. Sólo nos acostamos.

Ron se atragantó con su propia saliva y Hermione lo miró con los ojos abiertos, la boca en forma de una perfecta "O", y la mandíbula desencajada.

— ¿¡Que qué!?

— ¿Cuándo…cómo…digo, con quién? —tartamudeó Ron.

—Sólo sucedió—estuve fantaseando con eso durante meses—. No fue nada especial—fue perfecto y doloroso al mismo tiempo—. No somos nada—pero lo quiero.

—Usaste protección, ¿verdad, Harry? —él estuvo a punto de lanzar una carcajada, pero lo fingió muy bien simulando una tos falsa.

Honestamente, Hermione, no creo que un hombre pueda quedar embarazado.

— ¿Quién es, compañero? ¿La conocemos? —de repente la sonrisa de Ron se había vuelto perversa.

— ¡No voy a decirte eso! —. Porque si tú supieras…

— ¿Y cuál es el problema?

Él la miró y tragó saliva audiblemente.

—Yo…y-yo—suspiró hondamente—, el…ella es insoportable, odiosa—hizo especial énfasis en la palabra 'odio'—, engreída, manipuladora, engañosa y me vuelve loco, pero me encanta, no sé por qué, pero lo hace.

—Estás enamorado—susurró Hermione con una sonrisa radiante, como si no pudiera creérselo.

Oírlo decir de la boca de otra persona que no fuera la voz de su mente, era algo realmente impactante. Porque lo convertía en realidad, en una realidad en la que no podía vivir.

—No es para tanto—se mordisqueó el labio.

—No seas idiota, Harry, la quieres—lo quiero, repitió en su mente, y resonó como eco en una cueva.

Pero él no a mí.


Draco también se veía ojeroso y cansado igual que Harry.

Dentro de todo el caos y la guerra interior que tenía Harry, dentro de los problemas y las continuas peleas, había una parte de él que no podía evitar sentirse absurdamente feliz.

— ¿Vas a ir a ver el partido de Gryffindor contra Ravenclaw?

—Sí. Blaise va a ir conmigo—Harry entrecerró los ojos imperceptiblemente—. No hace falta que te pregunte si jugarás, ya que es obvio que no podrás.

— ¡Snape es que es terriblemente injusto conmigo…!—prácticamente saltó de la cama.

—Oh, por favor, ni que fueras la reencarnación de los Santos, Potter—se mofó, con una sonrisa de superioridad—. Y Snape es terriblemente injusto contigo todo el tiempo. Ya no debería sorprenderte.

Así que aquí estaba, ordenando los viejos ficheros (en donde su padre y sus amigos aparecían continuamente), y soñando despierto, pensando en el partido y si al menos su equipo había mantenido la dignidad, y en si después podría emboscar a Malfoy en algún pasillo y hacerle el amor.

—Creo que por hoy fue suficiente—enunció Snape con frialdad—. Marca el lugar donde has dejado. Seguirás el sábado que viene, a las diez en punto.

—Sí, señor.

Caminó rápidamente hacia el campo de Quidditch, haciendo un tempus y dándose cuenta de que no era demasiado tarde y que el partido aún no había terminado. Llegó justo cuando los gritos de júbilo lo ensordecieron, y Ginny, quien tenía la snitch en la mano, lo miraba sonriente cuando se percató de que estaba en las gradas, muy cerca del campo. Ron se acercó y lo empujó dentro mientras gritaba "¡Ganamos, ganamos!"

Harry intentaba encontrar la cabellera rubia platinada de Draco, al mismo tiempo que todo su equipo lo abrazaba y reía. Miró alrededor y vio correr a Ginny hacia él con expresión radiante y decidida, cuando llegó a su lado, le rodeó el cuello con los brazos y antes de que pudiera reaccionar, Ginny lo besó.

Fueron los segundos más eternos e insoportables de su vida, él seguía estupefacto e inmóvil, y su mente no paraba de gritar ¡ERROR!, con los ojos abiertos y aunque no quería hacer nada más que apartarla, Harry sabía que quedaría muy grosero de su parte, la haría llorar, sin embargo, tampoco respondió el beso.

Fue cuando sintió sus labios moverse con tenacidad sobre los suyos y sus finas manos acunarle el rostro, cuando lo vio.

Draco.

Sintió como su corazón se detenía. Como las personas a su alrededor desaparecían y su cuerpo se convertía en plomo. Ni siquiera era capaz de sentir los labios de Ginny sobre los suyos. Sólo podía verlo a él, y a su expresión.

Draco nunca había sido aparte del sexo una persona expresiva, pero en ese momento, Harry podía jurar que su máscara estaba tan quebrada como su expresión. Tenía los ojos bien abiertos y brillantes, casi cristalinos, parecía estupefacto, como si le hubiesen dado un puñetazo en el estómago, quitándole el aire, y, ¿herido? Joder, Harry jamás había visto a alguien tan devastado.

Fueron como segundos en cámara lenta en los que se miraron, y después Draco se dio la vuelta rápidamente y salió corriendo. Despertando de la ilusión, empujó a Ginny abruptamente, sin pensar en lo que hacía, corrió.

Sólo era capaz de pensar en Draco. En que tenía que escucharle, Harry lo le había engañado, que no era cómo parecía.

— ¡Draco! — empujaba a cualquier persona que se interponía, mientras seguía la cabellera rubia. Subió las escaleras con rapidez, y cuando estuvo despejado de personas lo agarró del brazo fuertemente, haciendo que trastabillara. Draco seguía sin mirarlo—. Tienes…que escucharme—jadeó, en busca de aire—. No la besé…yo…

Con la cabeza agacha, Draco sonrió con cinismo.

—Por supuesto—espetó con frialdad, y Harry se estremeció por el tono cortante en cada palabra—. Sólo sus labios accidentalmente chocaron.

—Pero no fue así—la desesperación se estaba apoderando de él, y sentía ganas de zarandear a Draco para que se diera cuenta, sentía el pánico correr por sus venas, mientras su respiración se aceleraba—. Ella vino y yo…

—De todas maneras—lo interrumpió, alzando la vista, y Harry lo supo. Sus ojos estaban fríos como el témpano, aunque un poco cristalinos, y su expresión impenetrable, pero fue la chispa que había en ellos, si Harry no hubiera pasado tanto tiempo con él, seguramente no habría hecho la diferencia, pero sí lo hacía. Había celos, rabia, furia, dolor. Lo había herido—. No es de mi incumbencia, por mí podrías besarte hasta con la sangre sucia y con quien se te cante, no me importa. Nosotros no somos nada—la angustia había arrasado contra él y ya no quedaba ninguna otra emoción, sus pulmones se habían exprimido.

—Draco…

—No. Déjalo. A tus amiguitas seguramente no les hará gracia saber que te acostabas con un Slytherin, ¡ni qué decir con Draco Malfoy! Terminemos con esto de una vez.

Su pecho se exprimió, y Harry sabía que tenía una expresión miserable, y no le importaba en absoluto. Todo se estaba cayendo. Las palabras de Draco eran como acuchilladas, y por más que sabía, que gracias a esa chispa de dolor y celos que había visto en sus ojos, que le importaba a Draco, no podía dejar que esas palabras no le afectaran. Dolían.

—No—susurró con voz ahogada—. No entiendes…

Malfoy sonrió burlón, detrás del dolor que escondían sus ojos.

—Lo hago perfectamente, Potter. Si no te importa, me temo que ya no podremos volver a vernos. Tranquilo, no quiero que te sientas culpable por lo de la comadreja, pero como veo que ya la tienes a ella no creo serte necesario, ya no me eres necesario. Otros perfectamente pueden reemplazarte.

Fue como un balde de agua fría y nada de lo que haya sentido antes se comparaba al dolor en su pecho, mientras sus entrañas se retorcían.

Agachó la mirada, sintiendo sus ojos picar con la sensación del cosquilleo en la nariz, se mordió el labio intentando tranquilizarse, y que su respiración volviera a la normalidad.

Abrió la boca, con el miedo a que saliera en sollozo en vez de palabras, pero queriéndose arriesgar de todos modos, pero unos pasos resonaron en el pasillo y divisó a Ron y Hermione mirándolo, preocupados.

Draco, con una mirada indescifrable, se dio media vuelta y se fue.

Y fue como si terminara de despedazar a Harry por dentro.


Draco ya no aparecía en los sueños de Harry.

Bueno, sí lo hacía pero eran otro tipo de sueños, no tan extraños y vívidos. Las pesadillas no se iban, seguían ahí, pero Draco ya no frecuentaba en ellas. Sólo despertaba una mañana y sabía que había soñado con Draco, no entendía cómo, ni por qué, simplemente lo sabía.

Esos sueños, en donde hablaba con él de cosas que jamás podría decirle a la cara—cosas de las cuales, tenía miedo de enfrentar—, se habían ido, como si el hecho de que Draco decidiera cortar los lazos con Harry significara expulsar todo lo referente a él.

Y estaba bien. Debería estarlo. De esa manera, sería más fácil olvidarlo. El problema, era que no quería hacerlo.

Harry no quería olvidarlo. Harry lo quería de vuelta.

Porque Draco estaba en todas partes, hacer el intento de siquiera fingir ya era demasiado trabajo, y como se sentía…derrotado, devastado e inútil, ya no disimulaba, ni se tomaba el tiempo de hacerlo, Harry aprovechaba esa falta de dignidad—como una ventaja para alguien tan orgulloso como él— para poder observarlo sin reparo alguno.

Era más que masoquista, muy estúpido, pero, ¿qué más iba a hacer? Harry sabía y quería creer que Draco se había sentido celoso y herido en el partido de Quidditch, que no sabía otra forma de manifestar sus sentimientos, que, en realidad había estado atrapado. Pero las palabras, dolían. Harry no tenía la seguridad suficiente como para enfrentarlo, sobre todo cuando sus heridas sangraban como flores rojas en charcos de sangre. Y, tampoco tenía idea de qué decirle.

¿Me gustas? ¿Tal vez estoy demasiado ocupado siendo tuyo como para enamorarme de alguien más*? ¿Úsame, pero no te vayas? ¿No me dejes? ¿Te quiero?

Todas eran verdad pero ninguna definía ni de cerca lo que Harry sentía, todo era un verdadero caos.

Así que, volvía a observarlo en silencio, volvía al principio, volvía a tenerlo tan cerca pero a la vez tan lejos, pero, ¿a quién quería engañar? Draco nunca había estado lo suficientemente cerca ni cuando habían sido amantes, ¿por qué haría ahora la diferencia?

Draco lo ignoraba, y aunque Draco en realidad ignoraba a todo el mundo, a Harry le hubiera gustado ser la excepción.

Sabía que no estaba bien, las cosas no estarían nunca bien (no para alguien como él), pero solía hacer el esfuerzo, el mero intento de mantenerse de pie, ahora sólo quería derrumbarse.

Estaba derrumbándose.

Y no era sólo por Draco, todo su mundo trastabillaba y no encontraba un ancla, nada lo traía de regreso, su cabeza era una neblina constante, su cuerpo desnutrido, y su corazón marchitado, ¿era normal sentirse tan perdido y solo?

La gente subestimaba la soledad.

Porque Harry siempre había sido bueno sobrellevando las cosas, podía ser independiente, y hacer las cosas por sí mismo, a veces estaba solo, pero había momentos en las que por más rodeado de gente que estuviera, se estaba más solo.

Se estaba cayendo.

Y todos lo notaban. Sus amigos estaban preocupados, más que otras veces, y Harry no podía culparlos, no estaba siendo una persona ejemplar que digamos. Tal vez sólo era una fase, tal vez sólo era un pozo profundo del cual no quería salir jamás, pero sólo quería descansar, quería cerrar los ojos y olvidar o vivir en el recuerdo, lo que viniera primero.

Cerró los ojos del cansancio, dejó a un lado de la cama el mapa merodeador, y pensaba en que Draco, en ningún momento había dejado de usar los jeans azules de aquel día.

¿Eso podía significar algo?

La esperanza siempre se volvía a marchitar luego de ver en el día la indiferencia de Draco, y la preocupación arrasaba su cuerpo al ver el de Draco, porque Malfoy estaba más desnutrido cada día se lo veía cada vez más triste. Y Harry se preguntó levemente en el bosque de su consciencia si la misión que le había encomendado Voldemort se estaba poniendo demasiado complicada.

A Harry le importaba una mierda ya. La guerra, que Draco pudiera ser un Mortífago, los años de odio que habían mantenido daban exactamente lo mismo si en ese instante, ahora, Harry lo quería como nunca había amado a alguien.

Pero Draco huía de él, lo evitaba, ni siquiera daba la cara y le gritaba, ni lo insultaba. Y Harry cada vez dudaba más, ¿había sido tan poco en la vida de Draco?, ¿todo lo que habían tenido siquiera había significado algo?, ¿estaba tan solo? ¿Harry no era…suficiente?

Harry se quedó dormido, pensando si alguna vez sería suficiente para Draco.

Vengo a despedirme.

Harry miró atentamente las mariposas azules, que revoloteaban alrededor de la nieve. ¿Cómo era posible que pudieran aletear con este frío? Sus alas tenían una leve capa de nieve blanca y las hacía ver surrealistas, etéreas. Como Draco.

El sonido de su voz era probablemente una de las cosas más sexosas que Harry había escuchado. Podía sentir el frío calándole los huesos, y era sorprendente que incluso con la piel de gallina, los pelitos de la nuca se alzaran.

Harry no levantó la mirada.

¿Por qué tendrías que hacerlo?. Sentía el corazón en la garganta, y no se atrevía a mirarlo fijamente a los ojos, podría imaginarse los cabellos rubios llenos de copos de nieve y esa mirada fría, junto con la camisa blanca y los jeans azules.

Nadie nunca le había afectado tanto como Draco lo hacía.

Porque, supongo que te debo una explicaciónHarry se quedó en silencio, mientras sentía la nieve crujir al sentir el calor corporal del que Malfoy emanaba y se sentaba a su lado. No sé por dónde empezarlanzó un suspiro agobiado.

¿Por qué no empiezas el día en que empezaste a coquetear conmigo?escupió Harry fríamente. Todavía estaba terriblemente enojado con Draco, al mismo tiempo que sentía su estómago encogerse y sus dedos picar de las ganas que tenía de tocarlo. De besarlo.

Entonces tendré que empezar desde el primer momento en que te viHarry alzó la vista y lo miró, Draco seguía estando devastadoramente hermoso. Sus ojos grises lo miraron cristalinos y algo desesperados. No voy a darte el discurso de cuánto te odié todos estos años, no voy a decirte que mi primera masturbación fue pensando en ti, ni cuán obsesionado estuve contigo. No voy a decirte cuánto te necesito y cuánto te quise este año, ni que me mataste cuando la besaste a ella, no voy a admitir lo mucho que me dolió que no la apartaras, ni justificado por haberte herido ese día, aunque eso significara mi culpa por haberte gritado. Tampoco voy decirte que lo único que hago es pensar en ti. Pero si algo sé, es que voy a echarte de menos.

El cuerpo de Harry era puro cortocircuito, electricidad que vagaba con volteos por todo su cuerpo, mientras su pecho se calentaba y su corazón latía desbocado.

¿Por qué tendrías que irte?sentía lágrimas acumularse en sus ojos de sólo pensarlo. Harry agarró su pálida mano, mientras un estremecimiento lo recorría entero. Las sensaciones, tan reales. ¿Estuviste metiéndote en mis sueños?

Draco le sonrió tristemente.

No es tan sencillo como el mundo creesus dedos temblaron. Quería hablar contigo sin la posibilidad de que descubrieras lo que estuve planeando. También quería mostrarte lo que podría pasar si seguíamos con este juego. Pero algo salió mal, temí que te hubiera condenado a algo irreversible, pero no. Al estar en tus sueños, dentro de tu mente se desataron…cosas.

¿Cosas?

Miedos. Secretos. Oscuridad. La mente no es un lugar tan simple como para que alguien pueda leer los pensamientos de la forma que quiera, y meterme dentro de tu cabeza siempre lleva un riesgo. Por eso, por más que yo haya dejado de frecuentar tu mente, las pesadillas no desaparecen.

¿Por qué tendrías que irte?apretó su brazo fuertemente, mientras entrelazaba sus dedos.

Acabo de decirte que me metí en tu cabeza todo este tiempo, ¿y eso es lo único que preguntas?

Habrías estado en mis sueños incluso aunque no te metieras en ellos.

Draco se quedó callado. Sus ojos grises eran tristeza líquida, a Harry no le gustaba, ¿y si no volvía a verlos brillar?, ¿u oscurecidos y dilatados, o furiosos?, ¿y si no volvía a verlos nunca?

Los villanos no pueden tener finales felices, Harry.

Pero...pero eres hermoso— habló, como si la sola belleza de Draco fuera justificación. No supo por qué lo dijo, el nerviosismo del momento lo acorraló. Bueno, no era una mentira, para nada, pero había mejores razones que esa.

Draco rio.

Pero está bien dejar ir las cosas bonitas.

No dijo algo como: 'lo sé, pero en realidad no te necesito en mi vida', o 'eso no me salvará de la guerra'.

Técnicamente dijo que tenía que dejarlo ir.

Y Harry no estaba dispuesto a dejar ir a Draco. No cuando lo tenía metido tan dentro de él, no cuando su aroma quedó impregnado en sus fosas nasales, ni cuando su risa en sus oídos, y su rostro en su retina, no cuando Harry lo quería tanto.

Draco lo besó al mismo tiempo que se desvanecía en el aire como la niebla de un pensadero y Harry lanzaba un grito desgarrador.


Pasó en cámara lenta.

Harry estaba impotente con la capa de invisibilidad al lado de Dumbledore, mientras Draco lo apuntaba con la varita. Y Harry nunca lo había visto tan asustado.

—Yo puedo ayudarte, Draco…

— ¡Usted no entiende! —sollozó—. Si no lo hago, los matarán, él me matará. No tengo elección.

— ¿Qué es lo que quieres? Todavía tienes una oportunidad. Yo puedo ayudarte.

¿Qué es lo que quieres?

Harry quería gritar, sentía la sangre caliente correr por sus venas y su corazón golpetear fuertemente contra su pecho, y por un idealizado instante, temió que todos lo escucharan.

Cuando todos los mortífagos estaban reunidos allí, Harry podía sentir la adrenalina acumulada querer estallar en mil pedazos, quería agarrar a Draco y llevárselo a un lugar seguro.

Snape alzó la varita, la apuntó directamente hacia Dumbledore y dijo:

¡Avada Kedavra!

En esos instantes, Harry sintió muchas cosas, como repentinamente todo ya no iba en cámara lenta, si no, de un modo acelerado. Podía ver cómo Dumbledore caía hacia atrás como un muñeco de trapo, y su propio corazón se hundía de sólo verlo. Su cuerpo quedó liberado al instante del hechizo, sin embargo se sentía pegado y estancado en el suelo. No podía respirar.

Y estaba seguro de que se habría quedado estático en el mismo lugar, si no fuera porque vio cómo Snape agarraba de la nuca a Draco y se lo llevaba.

Harry se quitó la capa de invisibilidad de un tirón, y la adrenalina reprimida, se liberó como si hubieran cortado una línea dentro de él, desgarrando sus entrañas y haciendo prender fuego por dentro.

Todo lo quiero…

eres tú.

Corrió tan fuerte como nunca antes había hecho, sus piernas se sentían partir por cada paso, mientras empujaba a las personas que se interponían en su camino, de cualquier bando, gritos de terror inundaban el castillo, sin embargo, Harry no podía oírlos, no podía ver que Lupin lo estaba siguiendo, ni que sus amigos luchaban a duras penas (gracias al Felix Felicis), ni que casi le daban a Ginny con una maldición. Lo único que sabía en ese momento no tenía que perder de vista la cabellera rubia platinada, porque si no, lo perdería definitivamente.

Harry y Draco habían estado demasiado ocupados salvándose de ellos mismos, temerosos de salir heridos por culpa del otro, que se habían olvidado de que tenían que sobrevivir en el mundo exterior también.

Cuando los alcanzó, pudo divisar a Snape agarrándolo del brazo fuertemente, mientras Draco tenía la cara contorsionada del dolor.

¡No lo toques!

Ellos no se habían percatado de que él estaba allí, casi al lado de ambos, en las afueras del jardín. Mientras Snape le gruía algo, y los ojos de Draco se cristalizaron de lágrimas acumuladas.

No lo tienes permitido. ¡Sólo yo puedo hacerle daño!

Eran pensamientos egoístas, que ni siquiera se había dado cuenta que tenía, lo único que era capaz de sentir era la desesperación y angustia apoderarse de él mezclado con la adrenalina. Sentía que podría largarse a llorar.

— ¡Draco!

Malfoy se dio vuelta al instante con ojos asustadizos, mientras Snape se interponía entre ellos.

—Harry—susurró lento y despacio, casi inaudible, pero él logró escucharlo, mientras apretaba los puños, y los nudillos se volvían blancos.

Sentía que alguien se había posicionado detrás de él pero no se dio la vuelta, realmente no le importaba. Snape le estaba diciendo algo, gruñendo, o sermoneando, pero Harry no lo escuchaba, lo único que hacía era estar parado en el lugar, sin dejar de observar a Draco. Ahora que lo tenía en frente, no sabía qué decirle.

Era como estar anestesiado, porque Harry sentía su cuerpo pesado y los oídos zumbando, sus manos temblaban tanto, que no le sorprendería que todos se hubieran dado cuenta.

—Draco, por el amor a Merlín, dile algo para que nos podamos ir de una vez por todas—tenía la leve sospecha de que el que había dicho eso, había sido Snape. Pero no podría estar seguro, sus oídos se sentían como si alguien los rastrillara por dentro.

—Tengo que irme, Harry—habló con la voz ahogada, y fue lo mismo que estrujar su pecho. La respiración se le cortó.

—No, por favor, quédate aquí—se escuchó decir, pero tampoco sabía cuándo había abierto la boca.

Draco se dio la vuelta, al mismo tiempo que Harry perdía casi el control por sí mismo.

— ¡No! No, no, no. No me dejes—gritó, mientras sentía lágrimas caer por su rostro. Snape prácticamente arrastró a Draco hacia las profundidades de bosque, mientras Harry hacía el ademán de perseguirlos, unos brazos lo rodearon fuertemente.

Forcejeó, mientras sollozaba y sacudía la cabeza.

No quería. No quería que se fuera, ¿por qué…?

Intentó deshacerse de esos brazos que lo retenían, cuando se dio cuenta de que era Lupin, Draco ya había desaparecido, Harry igual seguía forcejeando, y la vista se le nubló a causa de las lágrimas.

No escuchaba a nadie alrededor, todo se había silenciado y en sus oídos, sutilmente aparecía un pitido.

Harry siempre lo supo, sabía que era prácticamente un suicidio meterse con alguien como Malfoy. Si bien ninguno de los dos terminaron matándose. Algo dentro de Harry murió cuando Draco se fue.

Porque supo que jamás volvería a verlo.


—Voy a…ya saben, buscar el compartimiento.

Ron y Hermione lo miraron como Harry sabía, odiaba ser observado. Con ese deje de pena y preocupación.

Imagínense, Harry había estado tan devastado que Ron no tuvo tiempo de enojarse por haber estado con Malfoy todo este tiempo. Si lo hacía o no, en ese momento a él no le importaba realmente. Todo se sentía igual, indiferente, ¿así se sentía cuando te rompían el corazón? Dios, era como convertirse en otra persona. Harry ni quiera era capaz de sentir otro tipo de emociones que no fueran tristeza y melancolía, ni siquiera la soledad que siempre había habitado en él le afectaba, ya nada parecía hacerlo.

Harry nunca antes había estado tan aliviado de no ser Prefecto, sólo quería un rato a solas. Y cuando chocó con Ginny accidentalmente, no se volteó, después de todo, ella no había tenido derecho a besarlo, la relación de Draco y él estaba, destinada a fracasar, pero en definitiva, ese beso lo había arruinado todo. Y Harry todavía se arrepentía de no haberla empujado lejos unos minutos antes y haber agarrado a Draco por las caderas y comerlo ahí mismo, porque eso hubiera sido lo que quería y lo habría, tal vez, simplificado todo. Si hubiera pasado, sus amigos se enojarían mucho con él—aunque Harry no puede culparlos—, pero lo perdonarían (aunque Ginny, no), y Draco y él estarían juntos ahora. Tal vez Draco estaría sentado en su regazo mientras lo provocaba moviendo las caderas en círculos, y entonces Harry se vengaría besándolo profundamente, mientras apretaba sus pezones deliciosamente sensibles, y en ese caos en el que eran ambos, Harry hubiera estado feliz.

Pero no podría saberlo. No podría saber qué pasaría, porque se arrepentía de tantas cosas…

Vio un destello plateado, y su corazón estuvo a punto de detenerse.

No, no otra vez.

Cálmate, se dijo. Sin embargo, siguió a toda velocidad esa pequeña chispa dorada que había visto.

Abrió con fuerza el último compartimiento, sintiendo los labios secos y su respiración cortarse repentinamente, observando, maravillado y algo desesperado, la imagen más extraña y surrealista que había visto.

Dentro del compartimiento nevaba, realmente caían copos de nieve, sola y únicamente dentro de ese lugar. El frío congelaba las ventanas, y su respiración se volvía vaho en el aire, mientras entraba, cerraba la puerta, y se sentaba.

Una mariposa azul, cubierta con una leve capa de nieve, que claramente era artificial, o mínimamente transformada, porque era imposible que no se marchitara con el frío que hacía allí, sea como fuera, Harry no podía creer lo irónico que era todo eso.

Pero Draco había estado en su mente, sabía que la nieve le recordaba a esa vez que lo había visto haciendo dibujo sobre ella y ambos se habían besado y Draco le había dicho que Harry le gustaba. También debía saber que provocaba que sus abejas asesinas en su estómago se convirtieran en mariposas azules de terciopelo.

Al menos no había abejas allí.

La extraña mariposa azul se posó sobre su nariz, mientras aleteaba suavemente y esparcía nieve sobre su rostro. Harry tuvo ganas de estornudar. La mariposa pareció darse cuenta de ello, porque, repentinamente, se deshizo, transformándose en un pequeño trozo de pergamino quemado.

Harry leyó y releyó la nota, mientras su corazón golpeteaba acelerado y sentía sus ojos picar, sus manos temblaban, y la letra de Draco en el pergamino, citaba:

Estoy bien, chico de oro, no hace falta que te preocupes.

Nos veremos más pronto de que imaginas. Después de todo, todavía tengo que devolverte los jeans azules (y ver cómo te quedan puestos, para luego quitártelos).

Me gustaban más las abejas asesina, Potter. Mira que mariposas azules…demasiado empalagoso, ¿no crees? Pero te necesito vivo, para volver a hacerte la vida un infierno, después de todo, sé que hago que tus ojos ardan.

Draco.

Harry quería golpearlo, quería gritarle, y luego besarlo. Por hacerlo sentir miserable, pensando que nunca más lo volvería a ver. Quería más respuestas y más besos. Pero por ahora, tendría que conformarse con guardarse la nota en el bolsillo de la campera, mientras lanzaba una carcajada y sonreía ampliamente, sintiendo la nieve caer sobre él.

Se sentía feliz de poder decir, que no se arrepentía de nada.

Fin.


*Esa oración es la letra de una canción de Arctic Monkeys (do i wanna know, si mal no recuerdo, creo que es esa).

¡Hi, darlings! Sé que me tardé un poco, pero aquí está la continuación.

También sé que me quisieron matar en la parte de Ginny ._., pero desde que leí el libro me imaginé a Draco viendo el beso, sintiéndose destrozado (lo sé, tengo un alma masoquista).

Espero que les haya gustado, y déjenme un review para ver qué les pareció.

Buenas noches a todos 3,

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