perdooon! esta corto y tarde años pero la universidad me come!!!! he tenido miles de examenes y muchas cosas que leer, proyectos, trabajos y cosas asi y se que no es excusa pero pues aquí esta el capítulo... disfruten el momentro porque ellos se separan en el siguiente capítulo o al menos ya sabremos como fue que se perararon......


Capítulo 7 – En tu piel

Tomó varios de los papeles entre sus manos y los trató de acomodar en los archiveros correspondientes sin tener éxito alguno en su tarea. Tenía demasiadas cosas en que pensar como para concentrarse en aquello: su pequeño con una gripe que le tenía tendido en la cama, una sobrina que, extrañamente, ahora cuestionaba sobre la historia que ella, 15 años después de que hubiese sucedido, no terminaba por comprender; un marido que se sentía culpable de la fatídica historia de su mejor amiga y, por ende, su mejor amiga que vivía bajo la sombras de alguien que no era y con el corazón destrozado por aquel amor que perdió.

Definitivamente aquel no era un buen día para aquella mujer de mirada amatista, eran demasiadas cosas en que pensar. En momentos así detestaba el haberse mudado a tan temprana edad al Reino Unido, odiaba el haber perdido el contacto con su prima por tanto tiempo y se daba asco a sí misma por haber sido la de la maravillosa idea de que no era malo ser una prostituta.

Tan idiota, ¿Cómo fue que no sospechó en ningún momento que su prima se refería a ella misma cuando le estaba planteando la pregunta? ¿Por qué lo que ahora era tan evidente en aquel momento le pareció lo más normal? Cuando eres joven crees que sabes todo del mundo y que, los prejuicios sociales, no son más que eso: prejuicios, ideas herradas en las mentes cerradas de una bola de personas que se tragan todo lo que ven y escuchan pero, cuando creces, te das cuenta de que todo, absolutamente todo, tenía una razón de ser.

Cuando una madre engendra un hijo sueña con el día en conocerle el rostro, su primer día de escuela, espera nunca tener que consolar sus lágrimas porque quisieras que jamás sintiera el dolor necesario para que ellas no fueran derramadas. Pero, estaba segura, la madre se Sakura jamás hubiese soñado que su hija viviese todo lo que vivió y, ahora que era madre, entendía todos y cada uno de los consejos que Sonomi, su madre, le había dado siempre.

Si tan solo no hubiese sido tan tonta y hubiese preguntado más, especulado un poco. Si tan solo en aquel momento hubiese sido tan curiosa como siempre. Si tan solo ella hubiera… pero era inútil el cuestionarse sobre un hubiera puesto que, el hubiera, no existe, nunca ha existido y por más rogara nunca llegaría a existir.

Llamó a su secretaria y pidió que todas las llamadas fueran atendidas por ella y que, salvo que fueran las personas "de la lista", en la cual vinculaban las personas que traían hecha su cabeza un lío, nadie le molestara. Tomó una humeante taza de chocolate, endorfinas: nada mejor que ellas si quería recuperar un poco el ánimo para continuar el día, y se tiró en la silla que tenía tras su escritorio para poder pensar un poco.

Tanto ella como Sakura estaban consientes de que, en algún momento, Arantza comenzaría de nuevo a preguntar cosas, tal y como cuando tenía 3 años y vivía en el mundo de los "porqués"; pero jamás hubiese imaginado que aquella chica alegre y testaruda pudiese ser tan directa en sus cuestionamientos. Ying Fa, si ella estaba preguntando sobre ella era porque algo ya había descubierto antes y, sí terminaba de comprender el pasado de aquella mujer atando cabos sola y terminaba deduciendo el presente de ella, entonces sí todo estaría arruinado.

Tomó el móvil entre sus manos y jugueteó con el por unos instantes. Llamarle o no llamarle, ese era el gran dilema que el acongojaba. Aspiró la mayor cantidad de aire que pudo y la soltó lentamente entre sus dientes: debía hablar con su amiga y contarle lo que estaba por venir, ya no se podía ocultar aquella verdad que había sido callada por años. Ya no más.

Más de quince años atrás las cosas eran distintas. Muy distintas.

Vivir en Inglaterra había sido uno de los más grandes sueños que jamás habían cruzado por su mente: Grandes escuelas de arte y diseño, museos abiertos para cada vez que tuviese ganas, calles grises y frías que le harían crecer con sus ideas del romanticismo gótico. Vivir ahí había sido el sueño de toda su vida u, ahora, que había obtenido su beca para la facultad de arte y diseño en aquel lugar no la rechazaría por nada. Nadie ni nada la ataban a Japón: su madre ya era un adulto y podía estar sin ella por los alrededores y, su prima, ella tenía lo que necesitaba a pesar de la muerte temprana de su madre y de su hermano. Sakura y Fujitaka Kinomoto siempre habían sido dos, padre e hija, amigos inseparables. Sakura estaría bien sin ella danzando por los alrededores por un tiempo. Ambas necesitaban extrañarse un poco.

Maldito el día en que se fue sin siquiera preguntar su opinión sincera.

-¿Qué piensas sobre la prostitución Tomm?-Cuestionó aquella tarde la ojiverde en aquella fugaz e inesperada llamada y, ella, no reparó en cuestionar las verdaderas intenciones de su prima. Sakura nunca le había mentido y no tenía que empezar ahora o, al menos, eso consideraba ella.

-Pues esa chica tendría suerte si es virgen Sak ¿Sábes cuánto llega a pagar un rabo verde empedernido con tal de ser el primero en la vida de una mujer? Por ejemplo en Tokio existe un burdel que es considerado como el más elegante, es aquel al que solo va el que puede pagar una suma sustanciosa con el único fin de satisfacer sus pulsiones sexuales: Luna Llena.

La conversación quedó en nada más que una simple plática por el siguiente año, y aquella, fue la última vez que escuchó su voz por mucho, mucho tiempo. Durante su estancia en Inglaterra conoció a su ahora esposo y a su extraño e intrigante empleo y no pudo evitar enamorarse de él. Sus enigmáticos ojos zafiros le habían cautivado desde la primera vez que se cruzaron y, en ese momento, supo que su vida había sido diseñada para complementarse con él, para coexistir con él. Eran dos almas que habían viajado a través de tiempos y espacios distintos anhelando con aquel inesperado momento en que se conocieran y así lo hicieron.

Sakura no pasó por su mente en aquel año más que para algunas cosas que le contaba a su novio, e implícitamente prometido, que respondía al nombre de Eriol Hiragizawa y no se llenó de ganas de encontrarle hasta que él tuvo que ir a Japón por cosas de su trabajo.

Decidió buscarla sin tener éxito alguno ¿Dónde se había metido? Llamó a la que alguna vez fue la casa de la castaña pero nunca encontró señal de que este fuese a ser contestado, a decir verdad, solo descubría que este número ya no existía o se encontraba fuera del área de servicio. Extraño, demasiado extraño si se tenía en cuenta de que ellos siempre habían tenido aquel teléfono. Llamó a sus antiguos amigos pero no les pudo localizar si tomamos en cuenta que muchos de ellos estaban estudiando fuera del país o, en el caso de Ricka Sasaki, ya se encontraban casados y tristemente había perdido contacto con ellos. Le buscó en por las oficinas de la escuela de danza y le informaron que había abandonado sus clases un año atrás pero que, por políticas, no podían dar más información sobre ella.

Y se preocupó, se preocupó como nunca lo había hecho y como nunca lo había hecho, ahora la duda era ¿dónde demonios se había metido Sakura Kinomoto?

-Tengo hambre-Murmuró un pequeño aún medio dormido mientras sacaba a su prima de la concentración que aquel libro había producido en ella. Sonrió ante la interrupción y se sintió un poco mal con ella misma, había estado tan concentrada tratando de decidir porqué aquel libro estaba dedicado para ella a mano de su madre, tratando de descubrir algo que le dijera una razón importante y necesaria como para que su delicada caligrafía plasmara letra a letra aquel mensaje para que ella conociera la verdad pero ¿cuál era aquella verdad? ¿por qué nadie contestaba a sus preguntas? ¿Quién era en realidad Sakura "Ying Fa" Kinomoto? ¿Quién era en realidad su madre o que demonios quería darle a entender? Pero la mejor pregunta nación sin que ella esperase si quiera que existiera… ¿quién se suponía que era en realidad Arantza Amamiya?

-Tengo miedo-murmuró ella mientras se metía entre las sábanas de la cama que compartía con su prometido desde hacía varios meses. En dos días más estarían en Hong Kong, en dos días ella sería oficialmente su prometida… en dos días ella tendría oficialmente su propio prototipo de familia: lo que había perdido ahora volvía a ella, la soledad se iría y, ahora, estaría con alguien por toda la vida.

O eso suponía ella.

-Van a amarte.- Dijo mintiendo parcialmente. Sí, sus hermanas la adorarían de la misma forma que Meiling lo había hecho pero, Ieran, su madre, no lo haría tan fácil, solo quedaba la esperanza de que en algún momento lo hiciera.-Y si no lo hacen no me importa, tú eres todo para mí. No sé mucho de tu pasado y no quiero saber lo que no quieras contarme, pero tu futuro ese sí quiero conocerlo y formarlo a mi lado.

-No soy virgen.- murmuró abriéndose por primera vez a hablar del tema. Habían vivido juntos, habían dormido juntos pero nunca habían pasado la barrera que implicaba la intimidad sexual. –Ya he tenido relaciones sexuales con otros que no fueron tú.

Hubo un silencio tortuoso para la castaña, sabía que estaba mintiendo porque no solo eran "otros", eran muchos otros desconocidos y no tan desconocidos a los que se vendía por el afán de sobrevivir, noches que compartía con uno, dos o hasta tres hombres para cumplir con el rol que ella misma había adquirido al entrar a Luna Llena. Ella era la misma con la que él había compartido la cama varias veces y, ahora, tenía miedo de que en algún momento él la reconociera como ella.

Sí, definitivamente Ying Fa seguía viviendo dentro de ella, acechando cada uno de sus movimientos, siendo al sombra eterna que perseguía su camino y que, aún y cuando había momentos en que no se percibía, ella simplemente siempre estaba ahí. Cerró los ojos y no pudo evitar imaginar algún suspiro de decepción, alguna palabra que denotara falsedad de que aquello no importaba o el mismo silencio que en realidad escuchaba. Tarde temprano él se enteraría de que no era virgen y, aquel, era el momento oportuno para que lo hiciera o, sino, lo descubriría por sí mismo.

Mas nada pasaba y nadie decía nada y, aquello, comenzó a desesperarle ¿Tanta era su decepción? ¿Tan vagas habían sido las palabras que le había dicho? Entreabrió los labios buscando explicarle pero el sonido no salía, ninguna planeaba quería fluir de sus labios para decirle que el sexo y el amor están conjugaciones distintas, con sentimientos y emociones distintos. Sí, definitivamente no era virgen sexualmente pero, en cuanto a hacer el amor ella era una completa inexperta.

Una vez más trató de hablar pero esta vez se vio acallada por unos labios que se habían posado sobre los suyos mientras, ambos, se iban entrelazando dulcemente al vaivén del contrario. Como solo ellos dos sabían hacerlo, como ambos habían aprendido juntos. Llevó sus manos hasta su cuello y lo envolvió con ternura y aferro, como si jamás quisiera separarse de él, como si temiera que algo los separaría.

-No me importa quien fue antes de mí.- murmuró él mientras ella lo miraba con aquellas puras y transparentes orbes verde esmeralda.- No me importa mientras me jures que…

-Nunca habrá nadie después de ti.- adivinó mientras acariciaba el rostro de su prometido al tiempo que ambos dibujaban las sonrisas que conocían tan bien uno del otro.— Nunca mi amor, nunca porque te amo y quiero pasar mi vida junto a ti. Porque te amo.

Pero el te amo no fue igual para él y para ella o, al menos, eso creía él ahora que habían pasado 15 años. No podía evitar, a pesar de que aquello fuera lo que más anhelaba, recordar aquella primera noche que pasaron juntos, aquella primera y única noche en la que, por lo menos él, le había hecho el amor como nunca lo había hecho pero ¿Para ella aquella noche había sido solamente sexo o en verdad había sentido algo? ¿Era verdad cuando había dicho te amo o era una treta más para seguir con su falsedad de niña buena cuando era una prostituta?

Syaoran, de nuevo, no sabía qué hacer ni que pensar, había dejado que el viento guiase su vida sin que él pusiera oposición alguna, cual veleta en una noche de tormenta, así era ahora su vida. Tenía la pareja que su familia decidió que debía tener aún y cuando no había contraído matrimonio con ella, tenía el puesto que siempre habían designado para el aún y cuando su sueño no fuera tenerlo y, ahora, por alguna extraña razón no podía quitársela de la cabeza, por alguna razón la extrañaba como no lo había considerado desde hacía años atrás.

Su rostro, sus ojos, sus labios, el tintineo de su cálida voz, la suavidad de sus manos recorriendo su cuerpo o el retumbar de sus risas cuando cocinaba algún pastel solamente para él. Ahora no entendía porque había recuperado el borroso recuerdo que se había obligado a desterrar a los confines de su inconsciente, en las sombras de lo que la mente elimina al no serle de utilidad pero, sobre todo, de su alma y corazón que alguna vez habían latido por ella.

Pero no la había olvidado como se había propuesto y, ahora, hasta buscaba de su existencia solo para saber si ella había seguido adelante sin él, en los brazos de alguien más, besando y alabando el cuerpo de otro cuando había jurado que solamente lo haría con el suyo o, peor, dándole aquel amor a alguien que en definitiva no era él.

El sol dio directamente sobre sus ojos y no pudo evitar talárselos con cuidado, giró el rostro hacia el reloj despertador y se dio cuenta de que aún era temprano. Suspiró. Ahora no podría volver a conciliar el sueño. Trató de sentarse en el colchón sin hacer mucho movimiento para que el dueño de aquellos ojos oscuros como el ámbar siguiera descansando. Se esforzaba demasiado estudiando y, ahora, tenía bien merecido el dormir hasta tarde pero, al tratar levantarse, se percató de la desnudez que adornaba su cuerpo y se dio cuenta de que, él, estaba en las mismas condiciones que ella.

Y sonrió al recordar la noche anterior, al descubrir que no había sido un sueño y se sonrojó al percibir sus formas femeninas delimitadas por las sábanas que estaban aún sobre ella. Se giró para encontrarse con la espalda de él quien, como siempre, dormía boca abajo mientras escondía el rostro en una de sus almohadas como si fuera el refugio más oscuro que pudiese hallar. Con uno de sus dedo recorrió delicadamente el camino que aquella espalda le indicaba, como un mapa divino que le decía por donde dirigirse para hallar su felicidad, el principio de sus sueños y el final de su destino, aquello era lo que él representaba, la encarnación divina de lo que siempre había soñado, el deseo perfecto de que alguien viera por ella, el reflejo completo del amor.

Podía sonar cursi, pero eso era él.

-Ya comenzó a preguntar.- Dijo Tomoyo tan pronto su interlocutora contestó aquella llamada.- No supe que decirle pero creí que era necesario que lo supieras, tu hija esta preguntado y, hay algo más…

-Preguntó por Ying Fa ¿no es así?- Cuestionó la sabia madre mientras se tiró en su silla de la oficina y soltaba su maletín con el que disponía dirigirse a casa. Era como si el destino conspirara, como si de un modo u otro la vida quisiera que ella supiera.- Tenía el libro ¿no es así Tomoyo? Ella preguntó por Ying Fa porque leyó el libro ¿verdad?

-No lo sé.- Respondió ella.- No puse atención a que leyó, que leía o de donde sacó eso; fue demasiado el que ella preguntara directamente por la existencia de Ying Fa ¿qué vas a hacer?

Suspiró profundamente mientras se revolvía los cabellos y dirigía la mirada a aquella fotografía que le llenaba de tanta alegría. Ambas estaban ahí, abrazadas, enfrentando la vida que les había tocado, juntas como siempre debían estarlo. Con torpeza bajó aquella fotografía y se dispuso a abrir el portarretratos buscando aquella imagen que estaba escondida tras ella.

Aún y cuando sabía que estaba mal ahí la tenía, una imagen de él, de sus ojos oscuros y sus cabellos rebeldes. De él que la había conquistado con una sola mirada y que había sido tan importante como para regalarle a su único motor de vida, él que era el deseo constante de todas sus noches y la amargura eterna que viajaba con ella.

-Hablaré con ella hoy Tomoyo, ya estaba decidido.- Dijo ella mientras ahogaba las lágrimas que buscaban salida por sus ojos claros mientras los recuerdos le inundaban. –Ella sabrá toda la verdad hoy y ella será quien decida que vamos a hacer.

-¿aunque eso implique perderla?

-Aunque implique que la pierda para siempre…


wow que madre! la verdad, no se si yó sería así o si sería tan egoista como para morir con la verdad pero quedarme con mi hija. Pues por fin apareció Tomoyo como se debe, no es CCS sin ella jajajaja!!! y como ven parece que todos sufren pero ¿qué los separó? eso lo vemos en el siguiente capítulo ¿que escogería Ari?

Dejen sus reviews y nos vemos en el otro capítulo.. ¿que opinan? ¿creen que podamos alcanzar los 70? dejen todo lo que quieran: cosas buenas, malas, ideas, si les gutó o no.. ¡todo se vale! solo recuerden que es retroalimentacion :D gracias a todas por sus reviews

Ashaki*