Capítulo 8 - El Principio del Final

Hong Kong era el lugar más distinto, maravilloso y tétrico, valga la polaridad, en el que había estado en su vida. El cálido viento golpeaba sobre su rostro haciendo que su cabello danzara a su voluntad mientras que, sus ojos, se maravillaban al admirar las luces que alegraban el ya oscuro cielo de las calles de aquel nuevo y distinto lugar para ella.

Pero no estaba tranquila, las cosas extrañamente no podían estar bien. Todo era demasiado perfecto para ser verdad. Syaoran había acomodado su cabeza al hombro de su ahora prometida y ahora seguramente vagaba en su mente vencido por el sueño que le había provocado el sueño: no importaba cuanto tiempo él hubiese viajado de Hong Kong a Japón, el jet-lang siempre terminaba siendo más fuerte que él. Debería de estar tranquila por tenerle a su lado, por sentir su aliento chocar contra su cuello, sus manos entrelazadas entre las suyas.

Todo estaba bien, todo iba a estar bien, todo tenía que estar bien.

-Pero no estaba bien.- Suspiró mientras se acomodaba las gafas de sol y se disponía a encender el auto no sin antes dudarlo por unos minutos. Todo su futuro, su relación con su hija, el padre idealizado que quizás aún escondía entre sus sueños, todo, sería derrumbado en un par de minutos más y, Arantza, era demasiado emocional como para saber cuál sería su respuesta. Era frenéticamente impulsiva, como él, temerosa de perderlo todo aunque pusiera su imagen de niña fuerte, como él, y tan necesitada de seguridad como seguramente también lo era él. Era su padre reencarnado en el cuerpo de una mujer, con sus cambios hormonales normales como en cualquier otra, con esa necesidad de protección como seguramente ella, su madre, también contaba.

Ari era única y especial, maravillosa y graciosa, idéntica a aquel ser humano al que no había conocido nunca, era evidente descendía de aquella estirpe pues, hasta su mirada, era de ellos. Sí, cuando irradiaba felicidad tenía los acuosos y brillantes ojos marrones que adornaban como gemas el rostro de su padre pero, ella, también tenía aquellos rasgos que eran los que en su momento habían asustado a Sakura: una mirada gélida producto de la decepción, unos ojos que asesinaban por el mero hecho de mirar, la mirada de la matriarca de los Li había encontrado una nueva dueña en la que era la desconocida heredera de aquella dinastía.

¿Sería que si Arantza se aventuraba a buscarles para decirles la verdad la aceptarían? ¿Sería vista como una hija legítima del único varón de la familia o sería rechazada por la sangre sucia y alma podrida de su madre?

-La información está en el correo electrónico de la señorita Meiling.- anunció la enigmática voz de Eriol mientras su enigmáticos ojos zafiros terminaban de inspeccionar que aquel correo hubiese sido enviado de forma correcta.- Tenía razón, como siempre, la niñita no era de fiarse.

Colgó y no pudo evitar sentirse mal. En su estancia en Japón había descubierto datos interesantes de aquella niña, mismos datos que solamente pocas personas conocían: él, la dueña de Luna Llena y sus trabajadoras aledañas e, incluso, la misma Sakura Kinomoto, mejor dicho, la misma Ying Fa. No había rastros de amigos o familiares –todos los que había sido parte de su familia directa estaban ya muy refundidos bajo tierra-, de amantes extras a los del burdel o de algún hombre o mujer que frecuentara.

No era que hubiese nada malo en ella, no era que ella por sí fuera mala pero, ella, había mentido y, solo por eso, no era digna de aquella dinastía. Se había acostado con otros hombres y aquello denotaba su sangre impura y su cuerpo manchado, lo que es inaceptable en aquella dinastía.

Simplemente no se merecía ser una Li,

-Fue un ser humano muy cruel- Dijo Arantza mientras entras enterraba las uñas al libro dejando notables marcas en las hojas que habían estado contando la historia. No podía evitar sentir aquella rabia al solo imaginar como le estaban arrancando la felicidad a un ser que había sido tan infeliz por tantos años.

Lo entendía, era una prostituta, una mujer de vida nocturna que da lo único suyo en el sueño por sobrevivir pero, aún así, no la conocían, no sabían quien era esa tal Sakura Kinomoto, no entendía por lo que había pasado ni lo mucho que en realidad amaba a ese hombre.

-No entendías nada ¿por qué la heriste así?

-Porque así debía, debe y es la historia.- Contestó una cariñosa y temerosa voz a lo lejos. Ojos verdes y ambarinos se cruzaron haciendo que ambas sintieran una descarga eléctrica recorrer sus cuerpos.

-Mamá.- Murmuró ella mientras cerraba el libro de golpe mientras la miraba con atención. No debió de haberlo tomado el libro sin su permiso, aún y cuando su nombre estuviera rotulado en la página de dedicatoria ella no debió de haberlo leído cuando su madre no se lo había entregado. –Mamá, yo sé que no está…

-El libro es tuyo, tarde o temprano lo leerías con o sin permiso, no debes de sentirte mal por eso.- Dijo Sakura mientras tapaba a su querido sobrino quien dormía plácidamente sobre la cama sin rastro alguno de la fiebre que le había acongojado, beso su frente con cariño y se aseguro de que no se colara cerca de él alguna brisa fría y sonrió pensando que el cielo había sido bueno por dejarle tener a un niño como él cerca, por darle una familia que, seguramente, no era la que ella merecía.

Le sonrió a su hija y tomó el libro entre sus manos. Arantza entendió completamente el mensaje: serías su madre quien le relatara el final de la historia leyendo las mismas palabras que ella había redactado. Se levantó del lugar que había estado ocupando por horas mientras desmembraba la historia de aquella mujer y se dirigió a donde su madre le indicaba para, así, ambas llegar a la cocina del pequeño departamento que ambas compartían.

-¿Día de limpieza?-Cuestionó Sakura mientras tomaba entre sus manos dos pequeños platos hondos en los que ambas solían servir helado cuando tenían que discutir algo importante y no pudo evitar sentirse un poco conmocionada ante la cantidad de cosas que le recordaban a él como el hecho de que su hija, la luz de sus ojos, no tolerase otro helado que no fuese de chocolate, su preferido, como él.

-Es que eres un poco desordenada mamá.- Contestó ella entre risas mientras sacaba de la heladera helado de chocolate, para ella, y uno de dulce de leche que era el preferido de su madre. Sirvió con cuidado mientras admiraba como su madre se iba tensando conforme sus ojos repasaban en silencio las últimas páginas del libro. Quedaba tan poco de la historia y ella tenía tantas dudas sobre el por qué de su existencia.- ¿Qué hace mi nombre ahí? Soltó.-¿Qué se supone que tengo que ver yo en la historia?.-

-Tienes que ver más de lo que tú misma haz imaginado hija…

Aspiró profundamente y se quedó helada a las afueras de aquella imponente mansión-palabra que a su gusto se quedaba corta-. Syaoran emprendió el camino con seguridad y alegría, había vuelto a casa y la llevaba a ella con él, su prometida, la que sería la madre de sus hijos. Giró el rostro buscando encontrarla a su lado pero, ella, no estaba ahí. Se detuvo en seco y dio la media vuelta para encontrar a una frágil y temerosa castaña aún de pie en el umbral de su hogar, mirando todo como una niña perdida en un lugar nuevo,

-Amor ¿Vas a quedarte ahí todo el día?-Preguntó un tanto divertido mientras Sakura por fin retiraba los ojos del suelo y se encontraba con esos ojos ambarinos que le habían enamorado.-Te prometo que nadie te va a comer.

-¿Y si me odian?-Preguntó mientras aceleraba el paso para llegar a su lado y, así, entrelazar sus manos con las de él.- Hay cosas sobre mi que…

-Déjalo Sakura, ya hablamos de esto antes. Eres perfecta para mí y nadie me hará pensar lo contrario… nadie.

-Y si nadie ni nada haría que la dejara ¿Por qué la dejó? Porque la dejó ¿no es así?-Preguntó Arantza mientras se llevaba un poco de helado a la boca mientras miraba fijamente a su madre, expectante de sus palabras y respuestas porque sabía no quedaba mucho que contar y las cosas no pintaban para un final feliz.

-Preguntas al final Ari.- Dijo su madre mientras reía con un poco de melancolía que su hija alcanzó a percibir. ¿Qué podía estar ocultando su madre en realidad? ¿Por qué la historia le afectaba tanto?-Todas tus dudas van a esclarecerse hija, lo prometo; pero si seguimos a este ritmo llegarás tarde a tu empleo.

Había hablado con su prometido porque era necesario para su existencia encontrarla, su prima no podía desaparecer de faz de la tierra así como así, tenía que estar en algún lugar, alguien tenía que saber de ella. Se dirigió a la oficina que Eriol tenía en su querido hogar y, tal como él le había pedido, le mandaría por correo todos los datos que tenía de ella.

Se sentó frente al portátil y poco a poco comenzó a relatarle su vida, sus gustos, a dónde solían ir de paseo, sus aficiones, las posibles carreas que estudiaría, la trágica historia de su madre y su hermano pero, algo le hizo detenerse. Una singular carpeta color crema estaba acomodada justo al lado de ella y no pudo evitar leer en la hábil y elegante caligrafía del ojiazul que aquella era la investigación que había realizado para los Li.

No hacía daño si echaba un vistazo ¿o sí?

Tomó los papeles entre sus manos y no pudo evitar desconcertarse ante lo que ahí estaba escrito. Ella no le había pedido que investigara a esa persona, no hasta ahora… ¿qué hacía Eriol investigando a Sakura Kinomoto? ¿Quién era esa tal Ying Fa? ¿Qué era lo que estaba sucediendo?

Temblorosamente hojeó una a una las páginas que perfilaban en aquel archivo de respaldo y no pudo evitar derramar lagunas lágrimas mientras todo cobraba sentido en su cabeza.

Ella estaba sola, su prima y mejor amiga se había quedado sola desde hacía ya mucho tiempo: su madre y su hermano, como ella sabía, habían muerto muchos años atrás, pero ¿su padre? ¿en qué momento murió Fujitaka Kinomoto? ¿Por qué Sakura no le había llamado para que estuviera con ella en aquel momento tan horroroso de su vida? Pero ella sabía porque no había llamado, no lo había hecho porque su mayor sueño era irse a estudiar a Europa en alguna universidad de Publicidad, no lo había hecho porque ella estaba haciendo su vida y su prima no quería arruinársela por eso y no lo había dicho porque ella fue la que le terminó de vender la idea de que la prostitución no era nada malo.

Estaba sola y había trabajado por un largo mes en aquel lugar que ella había mencionado: Luna Llena pero, al parecer, era un oficio del pasado ahora que estaba ¿comprometida? Si, definitivamente lo estaba y no con cualquier persona, no, con nadie más y nadie menos que con Syaoran Li, el heredero en línea de la dinastía y, definitivamente, aquello no era nada bueno.

-Justo venía a buscar esos papeles.- Dijo una voz desde l maco de la puerta mientras veía a su amada prometida quien seguía absorta en lo que ahí estaba escrito.- Increíble ¿no crees? Pobre chica, no sabe la que le espera ahora que la familia de Syaoran sabe quien es en realidad… van a acabarla por completo.

-No puede ser.- Murmuró ella apenas prestándole atención a su pareja.- No ella, no puede ser ella, esto no puede ser…

-Tomy ¿estás bien?. Cuestionó mientras le quitaba los papeles de las manos y la tomaba por los hombros haciéndola verle a los ojos- Estaba empapada en lágrimas y podía escuchar lo compungido de sus sollozos. –Amor se que la historia no es linda pero no debes de llorar por una desconocida.- Terminó mientras limpiaba con sus pulgares las lágrimas que adornaban ya el rostro de su prometida.

-No es una desconocida.- Murmuró mientras buscaba una explicación en los ojos de él.- No es una desconocida… ella es Sakura, mi prima.

Pasear por los pasillos de aquella mansión no hacían nada más que hacerle sentir más miedo, todo era demasiado perfecto para ser verdad pero, suponía, el destino estaba siendo bondadoso y le estaba regresando todo aquello que ya le había quitado ¿no era así?

Meiling se había encargado de enseñarle todo el lugar antes de que conociera a la matriarca de los Li y le llevó a comprar algunas cosas adecuadas para la que, seguramente, sería la fiesta de presentación del compromiso. Todo era perfecto, era muchísimo más que perfecto.

-Ya es hora.-Llamó Meiling desde el marco de la puerta mientras ella admiraba su reflejo contra el espejo. Nunca había vestido algo tan caro, jamás había si quiera imaginado que alguna vez una tela tan suave y delicada cubriría su cuerpo el día que conociera a la que sería su suegra.

Un vestido azul hasta la rodilla marcaba la delicada y delgada figura de la ojiverde el cual llevaba mangas cortas y era amarrado a la cintura por una cintilla del mismo color. Era demasiado costoso para la poca cantidad de tela que era, o eso consideraba ella. Su cabello estaba recogido y solo dejaba caer algunos de sus ondulados cabellos alrededor de su rostro y, se dio cuenta, de que las únicas veces que usaba cosas tan caras y tan elegantes era cuando era Ying Fa.

Pero ¿Por qué Ying Fa no se dignaba a salir de su vida, de su piel, de su mente? ¿Por qué cada vez que salía a la calle o se topaba con alguien para quien había trabajado se sentía descubierta e intimidada? ¿Por qué simplemente no podía ser Sakura Kinomoto?

."Ying Fa será tu sombra eterna, siempre estará detrás de ti y te atormentará. Tú eres Ying Fa y no podrás ocultarlo no importa cuánto te esfuerces. Siempre serás ella y ella siempre serás tú". Las palabras de la señora Akira retumbaron en su cabeza y no pudo evitar sentir nauseas ante su recuerdo. Ella ya no era Ying Fa, ella había dejado el pasado atrás y ahora no le quedaba más que seguir adelante. Esa mujer se equivocaba, solo quería asustarle.

Ying Fa era el pasado y se quedaría en el pasado, nunca más saldría de ahí.

Meiling la tomó del brazo y no pudo evitar sonreírle como siempre lo hacía y, después, la encaminó por los elegantes pasillos de aquella maravillosa mansión.

-Y esa mujer la odio desde el primer momento en que la vio ¿no es así?-Cuestionó Ari mientras enroscaba sus piernas sobre la silla y posaba su expectante rostro entre sus manos.- Ella fue la que terminó por echarlo a perder todo ¿no?

-No Ari. La culpa fue de la misma Ying Fa por no haber sido sincera desde el principio.-Dijo su madre sin despegar los ojos de aquel libro mientras terminaba de ojear las pocas páginas que figuraban en él.- Si tan solo ella…

-Él dijo que la amaba sin importar su pasado pero no fue verdad mamá, no es solo culpa de ella… no fue culpa de ella que esa fuera la vida que le tocaba.

Sakura miró a su hija y en verdad quería que mantuviera esa postura cuando terminara de comprender que aquella historia era únicamente la suya y que, ella, era lo único bueno e importante que había quedado de aquel amor que, por lo menos, le había sacado del mundo de la prostitución.

La fiesta se organizó con rapidez, demasiada rapidez para su gusto. Aquel día no había visto a su prometido más que un par de veces pero, en aquel momento, no era eso lo que le preocupaba. Algo más estaba metido en su cabeza y no podía evitar sentir como daba vueltas sin parar.

La mirada de aquella mujer había sido tan gélida que la había dejado sin aliento, sin la posibilidad de ser tan idiota como para solo decir un "buenas tardes" ante su presencia. Sus ojos ambarinos como los de su prometido se clavaron en su piel como si con eso pudiese conocer toda su existencia y se sintió desnuda, expuesta, como si ella supiera exactamente aquello que escondía, aquello que ya decía olvidado.

No sería fácil ganársela puesto que le estaba arrebatando a su único hijo porque era por eso que la odiaba ¿no era así?

-Tienes que sacarla de ahí Meiling, te lo ruego.- Dijo unavoz de acento inglesa desde el otro lado del altavoz .- La investigación está mal, las cosas no fueron así… tienes que creerme

-¿Una prostituta?-Murmuró no esperando una confirmación por parte de Eriol sino tratando de encontrarle sentido. Miró de nuevo el archivo que recién había descargado en el ordenador- Tienes que estar jugando Hiragizawa ¡Yo conocí a esa niña! Es Sakura, tiene casi 18 años, estudia periodismo, tiene acentuaciones en arte contemporáneo, literatura inglesa, es la prometida de mi primo ¡no es una prostituta Eriol!

-Meiling eso es lo que eray lo que dejó de ser porque estaba enamorada. Demonios Mei, hay tantas cosas que decidí omitir en ese informe solo para terminar con ella y ahora estoy tan arrepentido.-Dijo mientras se quitaba las gafas y se tallaba los ojos, podía escuchar a su prometida hacer maletas para ir a buscar a su prima, podía aún sentir las lágrimas que había derramado sobre su camisa.- tú y yo sabemos lo que pasará si Ieran Li se entera de esto Mei, sácala.

-Ieran ya lo sabe, ella leyó el informe primero…

Se calzó los zapatos y escuchó el golpe en la puerta, se levantó con ímpetu y se encontró con aquella persona que la hacía tan feliz esperándole afuera. Ya era hora, solo unos minutos más y sería oficialmente la prometida de Syaoran, la que sería su esposa, la que lo amaría siempre.

Ya terminaría el capítulo que había vivido para comenzar uno nuevo, una historia nueva, un mejor final.

-Sakura espera.- Gritó Mei mientras llegaba hasta ellos y se apoyaba sobre sus rondillas ante el cansancio de la carrera que fue encontrarlos.- Espera un poco, debemos hablar de algo.

-Lo que sea puede esperar Mei.- Alegó Syaran mientras mostraba el querer seguir caminando.- La fiesta es de Sakura y no se vería bien que llegase tarde.

-No Sakura por favor, es necesario hablar...

-Sea lo que sea puede esperar Mei, hablamos más tarde.- Concluyó la ojiverde sin saber que había firmado su sentencia de muerte.

Mei la dejó ir sin poder si quiera decir una palabra ¿cómo decirlo frente a su primo? "Ella lo sabe" "ella lo sabe" era lo único que se repetía en su mente y si, aquel sería el último día de Sakura Kinomoto en Hong Kong y, si conocía a su tía como decía hacerlo, muy probablemente de todo el continente asiático.

La pareja entró al gran salón donde se estaba llevando a cabo la fiesta y ambos se mostraron felices ante el acontecimiento. Solo era cuestión de esperar recibir la bendición de su madre y todo estaría perfecto.

Más que perfecto.

Las dos mujeres que más amaba en el mundo se miraron por un par de segundos y Sakura se inclinó en señal de respeto a la que sería su suegra y, extrañamente, una sonrisa apareció en el rostro de su madre. Quizás ya la había aceptado ¿no?

-Querida niña, cuando supe de tí y te vi te juzgué sin siquiera conocerte, te deteste por el simple hecho de quererte casar con mi hijo y, tu sabes, todas las cosas que hacemos las madres.- Inició mientras le tomaba la mano y le sonreía.- Pero me he dado cuenta que eres aún peor de lo que imaginaba, mentirosa, ladrona… una cualquiera.

-Madre ¿pero qué…

-¿Ya se lo dijiste o planeabas contarle hasta la noche de bodas?.- Cuestionó con sorna sin siquiera prestar atención a la mirada perdida de Sakura y al desconcierto de su hijo.- Vamos querida, demuéstranos que eres digna de confianza, dinos quien eres.

-Sakura Kinomoto.- Contestó con ímpetu. Ella no podía saber quien era.

-Hay querida, seré mayor pero no soy idiota. Hijo ¿no te parece que tu prometida se vería divina con los ojos azules?

-Qué quieres…

-Te presento a tu prometida Syaoran, Ying Fa.

Odienme toda la vida pro tardar tantooo! pero la carrera me soncume y más porq soy una clavadaaa jajaj que esta de vacaciones y sigue estudiandooo jajajaj :)

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