Pasó aquella semana llena de altibajos, sensaciones de impotencias, enojos y miedos, sobre todo miedos. Él se había ido por siempre a casa, era definitivo que no lo vería de nuevo. Y gracias a su propio orgullo nunca pudo decirle que, a pesar de lo mal que lo trató durante los últimos años, su corazón únicamente pertenecía a él.
Aventó una de las blusas que llevaría a aquel viaje a Hong Kong, se sentó en la cama y se llevó las manos al rostro tratando de ocultar su sonrojo. Maldito chino, maldito día y maldito el beso que le había robado.
Porque sí, ese día él le había robado su primer beso y, ahora, nunca más lo volvería a ver.
-¿Ya estás lista?- Llamó su madre sin darle oportunidad de limpiar las lágrimas que ya corrían por sus mejillas. Ambas se miraron en silencio, ella sentada en la cama con su maleta a casi terminar y su madre recargada en el umbral de la puerta mientras se acomodaba la mascada al cuello para salir de la casa ya.- ¿Quieres hablar de eso?- A lo que niña negó. Su madre jamás la había obligado a hablar cuando no quería hacerlo, aceptaba a la perfección el hecho de que se guardara cosas pasa sí. Quién sabe, quizás era normal y hereditario, quizás su padre había sido así.
-¿Estás segura de que ir es buena idea, mamá?- Cuestionó Arantza mientras terminaba de poner las cosas en la maleta y la cerraba con cuidado.- Si acaso uno de los…
-No menciones su apellido allá, nunca lo hagas si quieres pasar desapercibida. Definitivamente a alguien podríamos toparnos, ya sea de ellos o de sus conocidos y bueno hija, no soy tan distinta a la Sakura que conocieron hace 15 años.- Dijo su madre mientras le acomodaba los últimos mechones de cabello y la tomaba de la mano en señal de que era hora de irse.- Si quiere buscarlo, entiéndelo no voy a oponerme. La decisión es únicamente tuya. Tuya y de nadie más.
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-Mamá…- Dijo él mientras revolvía los interminables cajones de la pequeña mansión.- Me voy dos años y tu cambias absolutamente todo.
-Estaba demasiado triste.- Se defendió ella mientras abría uno de los cajones y le pasaba la tan ansiada cuchara que seguramente estaba buscando.- Es tú culpa Yang por irte dos años.- Terminó a modo de juego y lo abrazó con cariño mientras le llenaba el rostro de besos.-No puedo creer lo mucho que te pareces a tu papá.
-Mamá…
-Y que hay de la chica ¿eh? ¡Vamos amor! Seré tu madre pero no soy tonta ¿Cómo es?
-¡Mamá!
-Ves, sí hay una chica.- Dijo ella mientras ambos rompían a reír. Así era Meiling Reed, toda una niña cuando se trataba de molestar y jugar con su hijo.- ¿Cómo es?
-Muy linda.- Dijo él no sin antes sonrojarse al recordar su primer y único beso, y también el golpe que recibió de parte de ella. Pero había valido la pena.-Es muy….
-¡Dios mío! ¡La besaste!
-¡MAMÁ!
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Miedo era una palabra que no alcanzaba a describir cómo se sentía en ese momento. Siempre había soñado con conocerle toda la vida, había alucinado con su presencia, con sus abrazos, incluso con sus elogios. Pero, aquello, no era nada más que un simple sueño porque nunca lo conocería.
No si eso implicaba renunciar a su madre.
Quiso recordar el apellido de quien se suponía era su padre pero, aún y cuando trataba de remembrar aquella conversación con su madre el nombre jamás apareció en su mente. Quién sabe, quizás era mejor que las cosas se quedaran así.
Miró a su madre quien caminaba perdida en sus pensamientos por el pasillo que comunicaba a la sala de abordaje con el avión, ¿cómo era que ella habría soportado estar lejos de él si aún lo amaba? Porque, aunque su madre nunca se lo dijera, ella sabía que aún sentía ese lazo hacia él.
El amor, definitivamente, era demasiado complicado en muchas situaciones.
Y la situación propia no era la excepción.
-Todo va a estar bien Ari, tu solo disfruta este viaje.- Dijo su madre mientras la miraba, ¿cuánto tiempo llevaba viéndola así? O, mejor dicho, ¿en qué momento el avión había despegado?
-Mamá…
-Yo creo que él también te quiere. Te miraba de una forma especial…
-No lo digas.- Dijo la chica mientras cruzaba los brazos y miraba por la ventanilla.- Él sería la última persona en el mundo en la que me fijaría. Es un mocoso.- Y, sin mirar a su madre dibujó una sonrisa al solo recordarlo, a pesar de que hacerlo le hiciera daño.
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Al mismo tiempo, en la ciudad de Hong Kong tres personas se encontraban involucradas en una acalorada discusión. Meiling Reed era una persona de temperamento fuerte, pero nunca se comparaba con el temperamento de la matriarca de los Li, Ieran. A pesar de que ya se notaba el pasar de los años por su cuerpo, no podía evitarse notar lo hermosa que era y, sus ojos, reflejaban una fuerza que podía callar a quien fuese que estuviese frente a ella.
Y, esas dos mujeres en contra de Syaoran Li no le dejaban en camino fácil.
-Tienes que ir Syaoran.- Reiteró Mei mientras golpeaba con fuerza el escritorio.- Como familia somos anfitriones, siempre lo hemos sido. ¿Podrías dejar de ser una niña asustada? ¡Han pasado años desde el incidente con Kinomoto!, ese libro no es nada más que una historia.
-No planeo ir Meiling, Simplemente no quiero ir…
-Nadie te está preguntando si es que quieres ir o no XIao Lang.- Espetó la matriarca de lso Lo haciéndole que quitara su atención de la ojirubí. Syaoran no tuvo argumento alguno con el cual pudiese debatir aquello.
Ieran Li despertaba en su hijo una serie de sentimientos encontrados que ni siquiera él mismo podía explicar. Sentía respeto y admiración por la mujer que lo había llevado en su seno por nueve meses, y que se había encargado de mantener a la familia y la empresa de la misma cuando falleció su marido tanto tiempo atrás. No había manera de expresar como era que se sentía así, es decir, claro que la amaba a pesar de sus métodos pero, también, tenía un resentimiento inexplicable hacia ella. ¿Por qué era que ella se había entrometido? ¿Realmente era necesario que ella supiera todo aquello antes que él?
Pero, mejor aún, ¿realmente Sakura le habría mentido si es que nadie se hubiese entrometido? ¿Habrían sido felices para siempre si ellos sí se hubiesen quedado juntos?
Pero no valía la pena si quiera preguntárselo ya que sí, seguramente ella le hubiese engañado de cualquier forma. Si en verdad confiaba en él, si en verdad planeaba empezar una vida a su lado, entonces ella le habría dicho primero lo que sucedía y jamás se hubiese enterado de eso de labios de su madre… y ella no se habría perdido en el universo como una cobarde.
Pero ¿Realmente ella había huido o él la había ahuyentado antes de que le explicara las cosas? No lo recordaba y la verdad, para este momento, ya ni siquiera tenía importancia.
Más ella no le dijo nada, y eso era como la forma más convincente de demostrar que realmente lo estaba usando. O, al menos, así lo percibía él. Quién sabe, quizás su madre sí le había quitado un "problema" de encima.
Aunque llamarle problema le siguiera doliendo tanto.
No valía la pena engañarse, la seguía queriendo como el primer día.
Suspiró y sintió un tanto de pena por aquel que había sido su pasado. Por un momento, pensó en leer aquella historia, pero desechó la idea tan pronto como apareció en su mente. Ella había sido lo suficientemente superficial como para lucrar con aquel horroroso pasado y, ahora, ahí estaba: la historia de su desdichado pasado redactado en un montón de hojas que ahora circulaban a lo largo del mundo.
Más, aún rondaba en su mente aquella pregunta que llevaba 15 años ahí: ¿Qué había pasado con ella? ¿Dónde se habría metido? Después de aquel despreciable suceso en la fiesta de compromiso, había sido como si el universo la hubiese desaparecido. Ni siquiera su sobrino pudo encontrar a Sakura Kinomoto en los años que vivió en Tokio.
A demás, aunque quisiera encontrarla para encontrarla y saber qué había pasado con ella con el mero fin de superarla, no serviría de nada. Ella ni siquiera se había dignado a escribir la historia, sino que la había dejado en manos de otra persona para que lo hiciera: S. Amamiya.
¿Qué podía esperarse de ella? No había siquiera dignado un momento de su tiempo ni de su atención en escribir cada uno de los renglones de aquel pasado, ni siquiera había sentido el más mínimo deseo de ser ella quien contara la historia. Más bien, era uan cobarde por habérsela dado a alguien más. Algo que había sido únicamente de dos no necesitaba de un tercero en el asunto.
Pero, aunque él no lo supiera, un tercero en realidad había estado presente en aquella relación desde hacía muchísimo tiempo y, ese tercero, había pasado 15 años añorando conocerle, saber quién era, cómo era y si, en algún momento, él le querría tanto como ella soñaba que un padre amaba a un hijo.
Pero, al parecer, jamás lo sabrían.
-Está bien.-Murmuró rendido, no valía la pena pelear con ellas. A demás, era casi imposible que en algún momento ellos llegasen a verse.
O, al menos, eso parecía decir el destino.
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-Mamá ¡Esto es maravilloso!-expresó Arantza tan pronto entró en el hotel. Maravillada, dejó que sus ojos recorrieran escrupulosamente aquel lugar. Nunca se habían hospedado en algún lugar tan majestuoso como aquel. A decir verdad, creyó que se quedarían en el apartamiento que la tía Tomoyo y el tío Eriol tenían en Hong Kong, puesto que ellos también pasarían algunos días en aquel lugar. Pero no, ahora estaban alojadas en el mejor hotel del lugar.- Pero mamá…
-Va por la cuenta del CAE-Contestó con una sonrisa, para después dirigirse al dependiente que estaba encargado del área de registro.- Amamiya, Sakura.- Dictó antes de que se lo preguntaran tratando de agilizar el proceso-Somos dos personas…
-Sra. Amamiya, un placer tenerla con nosotros.- Sonrió el dependiente mientras le entregaba la llave electrónica en las manos y se percataba de que únicamente era acompañada por una adolescente.- Disculpe que me entrometa, pero ¿No viene su esposo a acompañarla en esta premiación? Déjeme decirle que leí su libro, me pareció impresionante la manera en la que relató la historia de Ying Fa, es excelente que por fin alguien cuente la versión de esa mujer…-y después continuó en voz baja para que únicamente la ojiverde y él escucharan.-Ya sabe, la familia Li se encargó de difamarla.
Arantza y Sakura se miraron por un segundo. Aún y cuando ella no había escuchado la última parte de la conversación, la pregunta que había realizado antes el dependiente era una que les hacían a ambas con frecuencia: "¿Dónde está el esposo?", "¿Y tu papá pequeña?", "¿Cómo es que dos mujeres tan hermosas están solas?", etc.
-La verdad sí te estás entrometiendo en cosas que no te corresponden.- Contestó con su característica sonrisa que rompía cualquier momento extraño. Esa sonrisa tierna y pura que, en algún momento, habían enamorado al mayor de los Li.-No hay esposo, somos únicamente nosotras dos.
-Perdone una última intromisión.- interrumpió nuevamente el dependiente mientras Sakura firmaba los papeles que le había entregado el muchacho.-¿Cómo fue que consiguió que ella le contara la historia?
Sakura sonrió. ¿Cuántas veces le habían realizado la misma pregunta? Y, lo más divertido de todo ¿Cuántas veces había eludido la misma pregunta de esas personas? Volteó a ver a su hija y ella también sonrió. Después, regresó su atención al muchacho y simplemente contestó:
-La conocí por ahí, y descubrimos que nos parecíamos más de lo que nosotras mismas suponíamos.
La tarde pasó sin altibajo alguno. Ambas mujeres se dedicaron a desempacar puesto que aquellos serían unos días ajetreados. Por un lado, Sakura estaría ocupada revisando asuntos previos al evento de la CAE, seguramente estaría en alguna rueda de prensa y había prometido salir un día con Tomoyo de compras… como lo habían hecho en algún momento de su adolescencia. Por su lado, Arantza ni tenía el mayor trabajo más que el de disfrutar de ese maravilloso hotel, de las actividades que ofrecía como lo eran el uso del salón de danza y de música con el que contaba el hotel, así como pasar todo el tiempo que pudiera con la persona más importante su vida: su madre.
Pero eso no estaba haciendo que pudiese olvidar a Yang más fácilmente.
-No quiero dejarla sola en el primer día Tomoyo.- Comentó Sakura al teléfono mientras estaba sacando algunas de las cosas de la maleta. Hablaba en voz baja, no quería que su hija prestara mucha atención a aquella conversación.- Yo se que quieres mantenerme relajada por cualquier cosa que pudiese pasar y que viniste a Hong Kong sólo por si necesitábamos un lugar a donde ir si algo pasaba pero…
-Sakura, vamos es solo una tarde.- Dijo la amatista por el auricular.- Compremos un atuendo lindo para cuando te reúnas con la representante del CAE. ¿No será más bien que estés afuera y te relajes un momento? No sé si están consciente, pero los Li son parte de las dinastías formadoras del CAE y seguramente alguien va a estar ahí.
-Y no necesito que alguien me lo recuerde cada minuto Tomoyo, ya sé a qué demonios me estoy arriesgando y Arantza también lo sabe.- Dijo ella levantando la voz, captando así la atención de la ambarina que estaba en la cama contigua a la de ella.-Dios me voy a volver loca con todo esto…
-Ve con tía Tomoyo, tienes un aspecto espantoso.- Dijo honestamente Arantza mientras se acomodaba la parte superior del traje de baño.- Yo puedo pasar hoy el día en la piscina, no moriré por quedarme sola un momento.
-Pero Ari…-Dijo su madre mientras tapaba el auricular.- Yo creo que…
-Yo creo que es necesario que te relajes y regreses tranquila para disfrutar de unas maravillosas vacaciones con tu persona favorita, o sea yo.- Dijo sonriente, tomó sus lentes de sol t se los acomodó con cuidado, besó la mejilla de su madre y le quitó el teléfono de las manos.- Dice mamá que te verá en tu apartamento en media hora tía, saludos.-Y colgó mientras le sonreía a su madre.
Aunque Sakura batallara para comprenderlo, era Arantza quien tomaba decisiones más sensatas de entre las dos, la que la hacía permanecer en sus cabales y entender qué era lo que debía hacer cuando las cosas parecían no tener sentido en algún momento.
Tomó el rostro de su hija entre sus manos y se quedó maravillada de esas hermosas gemas ambarinas que adornaban su rostro y no pudo evitar sentir nostalgia al ver su enorme parecido con el que había sido el dueño de su alma y que, tristemente, seguía siéndolo.
La besó con dulzura en la frente y aspiró el tan peculiar aroma que despedían los cabellos de su hija. Se había enamorado de ella desde el momento en el que supo que estaba enamorada, aún y cuando se encontraba en un momento de shock inicial y no comprendía qué era lo que estaba pasando, desde entonces ya la amaba y, aunque la gente no lo comprendiera, no se arrepentía en ningún momento de haber decidido quedársela, de haber trabajado como un animal de carga con tal de sacarla adelante.
Era su más preciado tesoro y, también, lo único que seguía uniéndole incondicionalmente a él.
-¿Segura que estarás bien aquí sin mí?-Pregunto nuevamente Sakura mientras seguía estudiando detalladamente a su pequeña quien, para cuentas propias, había dejado de ser una niña hacía muchísimo tiempo.
-Mamá.- Comenzó Arantza mientras ahora ella atrapaba el rostro de su madre entre sus manos. Era tan hermosa, tan perfecta, inteligente. Su madre era única y si aquellas personas no habían podido verlo en ella, entonces eran unos completos imbéciles, y gracias a Dios su madre no estaba escuchando esa palabra de sus labios sino estaría condenada a un castigo de todo el verano. –Siempre has hecho todo por mí, siempre has estado ahí por mí y para mí… deja que esta vez yo me preocupe por ti ¿está bien? Así que, señorita arréglese y póngase muy guapa para salir que esta chica se va a tomar el sol y a broncearse porque parece un vaso de leche.
-Eres hermosa Arantza.
-Lo dices porque eres mi madre.
-Te amo.
-Y yo más mamá, yo más-
Pasó un rato desde que su madre se había retirado del hotel, y en lugar de dirigirse directamente a la piscina, decidió vagar un poco por los salones de aquel lugar. Todo era grande y elegante, maravilloso. Pasó por varios de lso salones que ofrecía el lugar y no pudo evitar detenerse en el salón de danza.
Era más que perfecto.
Había música a pesar de que nadie estaba en aquel lugar seguía completamente vacío. Se quitó las sandalias que vestía y dejó sus cosas en el suelo para, después tomar la barra de ballet que estaba en aquel salón. Se dejó guiar poco a poco por la música que sonaba hasta que, de pronto, se dio cuenta de que era demasiado aburrida para lo que a ella le gustaba bailar.
Algo que no era muy clásico como el ballet que usualmente enseñaba en la academia de su tía, más bien ella adoraba el estilo libre, una manera propia de expresarse en la que no importaba cuantos tipos de danza combinara, una en la cual simplemente pudiese expresarse completamente. Se dirigió a su bolsa y sacó un reproductor de música, el cual había sido regalo de su tío Eriol en su último cumpleaños.
Se dirigió al aparato de música y conectó aquel dispositivo con un solo propósito en mente: ser ella misma.
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Hacía muchísimo tiempo que no tenía siquiera el tiempo de pasearse por entre lso pasillos de aquel hotel. Desde el momento en el que se convirtió en una Reed y se impuso ante su familia para poder cumplir sus verdaderos retos, su estancia en las instalaciones familiares se habían reducido prácticamente a nada.
Pero hoy, ahí estaba.
Bien pudo haberse quedado en casa, pero su trabajo demandaba demasiado tiempo, y no estaba dispuesta a dejar abandonado a su hijo en casa cuando él a penas había regresado al nido. Con una agenda electrónica entre las manos, Meiling se dejó llevar por si simple caminar, sin siquiera saber a dónde se supone que llegaría.
Pero escuchó música, y aquel sonido acaparó por completo su atención, llevándola así a encontrar a una niña, si es que a una chica con aquel cuerpo podía llamarse aún así, bailando fugazmente, con el alma en el escenario.
No pudo evitar hacer ruido cuando abrió la puerta, de modo que la chica dejó de bailar para toparse con ella cara a cara.
Y fue cuando se dio cuenta que ella conocía esa mirada.
