Tenía unos hermosos ojos ambarinos, ojos grandes pero alargados haciéndole casi imposible descifrar si aquella niña era china o japonesa. Un hermoso cabello miel adornaba su cabeza con un aspecto un tanto alborotado. Por su mirada, podía darse cuenta de que había juzgado mal al creer que la niña podía ser más grande, pero esos ojos que la hacían ver como una chica de no más de 15 años.
Aún era una niña.
-Discúlpeme señora, yo no sabía que...
-Eres muy buena.-Comenzó Meiling mientras se acercaba a ella y, con sus manos, tomaba su mentón haciéndola que la mirara fijamente pues esta tenía la mirada gacha. Quería ver sus ojos. Por alguna extraña razón, Tenía una fuerte necesidad de volver a apreciar sus ojos, como si en ellos se encontrara algo o alguien a quien había conocido antes. Alguien quien, sospechaba ella, simplemente era un producto de su imaginación. Un deseo plasmado en un ser humano simplemente para desahogar su angustia. Nada más..-No sabía que alojábamos a tan buenos bailarines en el hotel. ¿Estás de vacaciones?
-No.- Comenzó Ari- Bueno sí, pero no vinimos por eso. Mi mamá fue nominada por el Consejo Asiático de Escritores y pues, aquí estamos. Dijo ella mientras una sonrisa se dibujaba entre sus labios y, después, dejó escapar con orgullo.-Ella es muy buena y no lo digo porque yo sea su hija.
-Pues parece que ser talentoso viene de familia ¿No es así?-Contestó Reed sin poder evitar perderse en los ojos ambarinos de la chica.-Un placer conocerte, Reed Meiling.
-Mucho gusto señora Reed, Amamiya Arantza.
~*"¨¨¨¨¨"*~
Odiaba a su tío de una manera impresionante. El muy maldito había invitado a alojarse el hotel a la mujer que se hacía llamar "su novia" y eso, por consecuencia, hacía que la ahijada de la misma se adhiriera como un pedazo de velcro.
Y, ahora, ahí estaba; tumbado en un camastro y tratando de poner atención a uno de los tantos libros que su madre le había dado. Al menos, era la mejor manera de eludir a la chica: no tenía que escucharla si su atención estaba dedicada íntimamente a ese conjunto de hojas que tenía entre sus manos.
-¿Me estás escuchando? ¿Yang?- Llamó la chica mientras salía de la alberca y se secaba el cabello con la toalla mientras se acomodaba a su lado-¡Por qué no me pones atención Yang! Apenas regresas y lo único que haces es leer y leer...
-Alizzé, podrías guardar silencio por favor. Estoy llegando a la mejor parte...
-Por favor Yang, ¿Vas a decirme acaso que es más entretenido leer la historia ficticia de esa prostituta barata a escucharme a mí? ¿Qué fue lo que nos pasó mi amor? Antes de que te fueras...
Yang levantó la mirada del libro y suspiró. ¿Cómo era que en el inicio de su adolescencia se había fijado en ella? No lo sabía, pero al lado de Ari esa chica no era absolutamente nada.
Suspiró. La extrañaba. Quería ver sus vivaces ojos marrones, sus comentarios esquivos... y sus labios. Solamente los había probado una sola vez, únicamente la había tenido entre sus brazos aquel día y ya era adicto a su aroma.
A sus sonrisas casi inexistentes.
A sus ojos marrones.
A toda ella.
Se percató de que Alizzé seguía hablando, ¿Qué demonios estaba diciendo? ¿De qué estaba hablando? No era por ser cruel o que la rechazara solo por hacerlo, pero lo único que escuchaba que provenía de sus labios era bla bla bla.
-Yang ¿Con quién está caminando tu mamá?
~*"¨¨¨¨¨"*~
Arantza se dirigió a la piscina acompañada por aquella hermosa mujer de cabellos oscuros. Por alguna razón sentía que algo la ligaba íntimamente a ella, como si en algún otro momento la hubiese visto. Por otro lado, aquella mujer tenía un particular parecido con Yang. No era que físicamente se parecieran, pero sus comentarios y su ligereza hacían que la japonesa lo recordara paso a paso que daba a su lado.
-Y dime Arantza ¿Cuál libro escribió tu madre?-Preguntó Mei tratando de romper el silencio que se había creado entre ellas. Sabía que era una completa locura el mero hecho de intentar relacionarla con aquella niña perdida que seguramente se parecería a ella.
Pero sus ojos, sus ojos eran la perfecta replica de otros ojos marrones había percibido en algún momento de su vida. Eran los ojos de un Li. Más, su mirada. La mirada era cualquier cosa menos la mirada fría, déspota y de superioridad de un Li. Sus ojos, al menos con ella, eran vivaces e inquisitivos, cuestionantes y expectantes.
Eran como las miradas dulces y tiernas de ella.
-Pues mamá...
Pero no pudo continuar porque, como en un sueño, uno de los tantos sueños que había tenido en esos últimos días: él estaba ahí. ¿Cómo demonios hacía el destino para hacer que se topara con esas personas con las que no quería? No lo sabía, pero siempre terminaba sucediendo. Ambos se miraron sin poder entender lo que pasaba, que estaban haciendo en el mismo lugar, en ese momento.
Meiling miró intrigada a su hijo quien, sorprendentemente había adquirido un disimulado sonrojo en su rostro y, percibió, una mirada en aquella niña que hizo que absolutamente todo tuviera sentido. Aquella forma de ver al chico, fría pero a la vez inquisitiva, de superioridad pero al mismo tiempo con dulzura, le hizo ver a una persona reflejada en ella.
Y entonces se dio cuenta de todo.
¿Había dicho que su nombre era Arantza Amamiya? ¿Su madre, la escritora, sería entonces S. Amamiya? Y, fue entonces, cuando no pudo evitar sentir que la sangre se le helaba.
Ella estaba ahí.
Amamiya.
Sakura Amamiya tenía que ser la madre de aquella chica y, ella… ella tenía que ser aquella Li a la que había dibujado un sinfín de veces en su imaginación.
No había forma de que no fuera ella.
Sintió que las fuerzas le abandonaban el cuerpo, y percibió como la niña apretaba su agarre cuando sintió que el peso de ella se le resbalaba por entre sus manos. ¿Iba a desmayarse? No lo sabía, pero definitivamente era demasiada información para tan poco tiempo. Se dio cuenta de que su hijo la estaba tomando por la cintura y que apoyaba su peso en él mismo para ayudarle a moverse pero, la ambarina no la soltó en ningún momento.
Como seguramente Sakura lo habría hecho antes. Como lo hizo con ella tiempo atrás cuando le comenzó a enseñar sobre sus posibilidades literarias. Cuando le dio esa fuerza para enfrentarse a todos y todo simplemente para ser feliz.
Era, simplemente, como ella.
Pero sintió miedo. Estaba totalmente aterrada. Las palabras de la matriarca de los Li retumbaban en su cabeza, una a una la iban haciendo sentir débil e inútil. Imposibilitada de siquiera cuidarla.
Si ella se enteraba, entonces sí todo por lo que en algún momento se había luchado, estaba totalmente perdido.
Ambas estaba sentadas, una frente a la otra mientras una humeante taza de té adornaba el ambiente con sus singulares vapores. Las cosas estaban tensas, Meiling lo sabía y, definitivamente, estaban a punto de tensarse más.
Se llevo el té a los labios y casi inmediatamente lo dejó sobre la mesa. Estaba demasiado amargo. Suspiró y pensó en comenzar a hablar, pero las palabras simplemente no salían de sus labios. Los ojos ambarinos e inquisitivos de Ieran Li se posaron sobre ella y se dio cuenta de que estaba en espera de que hablara. Y sintió miedo.
-Tía.- Comenzó tratando de poner en orden las palabras.-Como ya sabe este año hay premiaciones por parte del CAE, y es necesario que la familia Li asista puesto que es uno de los benefactores.
-¿Algo importante que debas de decirme Meiling? ¿Algo de lo que deba estar enterada?
-¿Qué puedo decirte que no sepas ya tía?
Ambas se quedaron en silencio nuevamente. La situación era demasiado extraña como para simplemente soltarle la información de golpe. Información que ella ya sabía. Comenzó la conversación hablando de aquellos que fueron nominados, de las obras que con tanto empeño habían realizado para que, como fruto de dicho esfuerzo, consiguieran uno de los premios más reconocidos del continente asiático.
-Meiling no me importan todos a los que citaron al lugar.- Cortó Ieran como siempre lo hacía cuando le comentaban sobre algo que no le apetecía escuchar.- Háblame de esa mujer ¿De dónde salió y por qué permitiste que fuera norminada?
-Porque es buena tía.- Cortó Mei mientras se levantaba y tomaba su bolso entre sus labios.- Es lo mejor que he visto en mis últimos años de trabajo. Y se lo merece.
-Solo escúchame bien Meiling.- Dijo la mujer mientras se levantaba y se plantaba frente a la mujer y la miraba duramente a los ojos.- Si yo me entero de que Kinomoto está aquí o que esa tal Amamiya se está metiendo en más cosas de las que debería, van a pagarlo caro. Muy caro.
~*"¨¨¨¨¨"*~
Por alguna extraña razón decidió que volvería más tarde a ver a Tomoyo. No estaba a gusto en ese momento. "Volveré para cenar", mencionó, y Tomoyo pareció entenderle. Entro a la habitación del hotel y se sintió asustada al percatarse de que su hija no había regresado. Trató de tranquilizarse, solamente tenía 15 años, ¿qué más podía pedir de ella?
Se dirigió hacia la piscina puesto que aquel fue el último sitio donde escuchó que estaría. Se puso las gafas oscuras ante la gran cantidad de luz que albergaba el lugar, y comenzó a buscarla cuidadosamente.
Hasta que la encontró.
Estaba sentada en un camastro mientras miraba detenidamente a una mujer que estaba recostada en aquel que estaba a su lado. Por alguna razón la chica parecía un tanto asustada y, sintió, como su corazón se estrujaba en aquel momento. ¿Qué se suponía que había pasado?
Se acercó con cuidado para no asustar a ninguna de las personas que se encontraban alrededor de la mujer. Su hija no la había ni siquiera sentido mientras se iba acercando, como si estuviese en un trance hipnótico mientras admiraba a la mujer de cabellos negros que estaba ahí recostada.
Pero él se levantó.
El mismo chico que había ido por Arantza aquel día. El mismo que, de una u otra forma, habían roto su corazón en uno y mil pedazos cuando se fue del país. Vio como este se sonrojaba un poco y hacia una reverencia frente a ella en señal de saludo y respeto, misma que ella respondió por cortesía, sin dejar de estar extrañada.
-Mamá.- Dijo Arantza mientras se levantaba del camastro y se abrazaba a su madre. Por alguna razón su hija temblaba y, aquello, la aterró más de lo que extrañamente estaba. La abrazó con fuerza y la dejó esconder su rostro en su pecho, mientras acariciaba sus cabellos para hacerle sentir seguridad.
-Todo está bien
-Arantza estoy bien.- Dijo aquella mujer mientras se levantaba de su sitio con cuidado y se apoyaba del chico para poder levantarse.- Solamente fue un mareo, lo más seguro por el calor.- Dijo la chica de ojos rubíes mientras se posaban delicadamente frente a aquellas esmeraldas.
Y entonces fue la esmeralda quien se tensó en ese momento, Había conocido a muchas personas en los últimos años, pero nunca en sus años de existencia se había topado con unos ojos rubíes como los de ella.
Arantza se alejó de su madre un poco y se percató de que había extrañeza reflejada en sus ojos, incluso pudo ver sus propios ojos reflejados en los de ella. Y se preocupó, no era normal que la expresión de su madre se mostrara tan cuestionante frente a una persona que recién conocía.
-Usted debe ser la Lic. Amamiya.- Comenzó Mei mientras admiraba a la esmeralda que estaba frente a ella. Expectante.. Temerosa.-Soy Meiling Reed, la organizadora el evento. Es un placer tenerla aquí con nosotros.-Fue lo único que atinó a decir. ¿Podía acaso tratar de tocar un tema con el que ambas conocían en la presencia de sus propios hijos?
Ni siquiera estaba segura de que la niña supiera que era su misma madre la protagonista de la historia, y no sería ella quien la dejara en evidencia en ese momento.
-Mei.- Fue lo único que salió de los labios de la castaña quien sentía cómo el mundo se venía sobre ella. Extendió su mano tratando de parecer lo más segura de sí misma, pero sabía que la inseguridad desbordaba por cada uno de sus poros. Meiling tomó su mano y la tomó con fuerza, y ambas sintieron el miedo que corría por sus venas.
Definitivamente ninguna de ellas esperaba verse ahí.
Y mucho menos así.
~*"¨¨¨¨¨"*~
Miró el reloj de pared y escuchó como un "tik-tok" apresuraban su paso. Era tarde, lo sabía, pero entre el trabajo y su falta de ganas para acudir al lugar de la cita le habían hecho demorar más de lo que había previsto.
Recordó como había acordado con su novia el verle al siguiente dúa en el hotel debido a que ella estaba de viaje en uno de sus tantos compromisos, y acordaron que su sobrina se quedara debido a que había extrañado mucho a Yang y esperaba que se pusieran al corriente. No tenía nada en su contra, pero esperaba profundamente que nunca se enamorara de ella, se merecía a alguien diferente, a una persona que le hiciera sacar de sus adentros aquello que nunca decía, que lo desesperara, que lo sacara de sus casillas, alguien que fuera voluntariosa pero no chiflada, fuerte e independiente, no inestable y temerosa.
Alguien que simplemente Alizeé no era.
Miró su pasado en retrospectiva mientras tomaba sus cosas y se disponía cerrar su oficina. Él ya no era el mismo que había sido alguna vez, y aunque le pesara decirlo no le gustaba quien era ahora. Seco, arisco, frío, solitario; eran solamente algunos de los apelativos que lo autonombraban.
Desde ella, las cosas habían sido distintas, como si ella hubiese marcado un antes y un después en su forma de ser, un sus sonrisas, en sus sueños. Porque, después de la las cosas nunca volvieron a la normalidad. Ella siempre había sido ella, la luz que le alumbraba el camino, al que le hacía ver aspectos de su vida que jamás consideró.
Si tan solo ella no le hubiera traicionado.
Si no lo hubiera hecho de seguro estarían juntos en aquel momento. Amándose, siendo uno y, seguramente, con la familia que siempre soñó; con esa niña que siempre soñó tener entre sus brazos.
No supo en qué momento llegó al coche y, sinceramente, no le importaba en lo más mínimo. Bufó ante su falta de motivación para llegar al hotel, pero la niña que había soñado alguna vez. Sabía que ella quizás jamás existiría, pero el soñarla a todo momento era lo único que podía mantenerle en pie todavía. Porque no importaba cuanto tiempo lo hubiera intentado, simplemente no podía terminar por rechazar ese sueño.
~*"¨¨¨¨¨"*~
Arantza las miró a ambas descubriendo la conexión que existía. No estaba loca, sí tenía que haber una conexión con aquella mujer. Pero ¿dónde? ¿Cuándo? ¿En qué momento había aparecido en su vida en el pasado para no poder recordarla ahora?
Tanto ella como Yang se daban cuenta de la tensión del momento entre las dos mujeres adultas, como si ninguna de ellas supiese que decir o si quiera como decirlo. Quiso tomar a Ari del brazo para darle espacio a ellas para que conversaran, pero Arantza se mostraba estática,, perdida entre los ojos verdes de su madre y los ojos rubíes de la señorita Reed.
Y entonces lo comprendió todo.
-¿Ella es Mei?- Preguntó atrayendo la atención de ambas, quienes la miraban con sorpresa.- La Mei que me dijiste ¿es ella, mamá?
Sakura aspiró tanto aire como pudo, sentía que faltaba oxígeno en sus pulmones. No podría mentirle por mucho tiempo y tampoco era que quisiera hacerlo. Era su hija y sabía lo vulnerable que podía ser; pero también era hija de Syaoran y sabía lo perceptiva que era… como él.
No necesito decir palabra alguna para cuando su hija volteó a mirar a la orjirubí quien la miraba con confusión en ese momento. Ari se inclinó a modo de reverencia y tomó sus manos entre las suyas y un "gracias" escapó de sus labios para después mirarla a los ojos. No sabía que más podría decirle, pero aquello era lo que le parecía que era lo correcto. Meiling besó la cabeza de la checa y le sonrió con todo el amor que había escondido para ella en su corazón. Después le pidió a su hijo que se fuera con la chica y con Alizzé.
Ella y Sakura tenían muchas cosas que dejar en claro.
