Capítulo 12

Cuando se quedaron solas, no pudieron evitar quedarse en silencio por un largo periodo de tiempo. No sabían que decir, no sabían cómo tratarse y, sobre todo, no sabían la magnitud de las implicaciones de este encuentro. Si Meiling las había identificado tan fácil, ¿cómo se esconderían de los Li?

Mei quiso comenzara hablar, pero las palabras no salieron de su boca. ¿Qué le diría?: "¿gracias por venir?, ¿eres una tonta por ponerte en evidencia? ¿Por qué no me dejaste conocerla antes? " miles de reclamos cruzaron por su cabeza, más no pronunció ninguno. Inesperadamente, Mei abrazó a Sakura como lo hizo el primer día, después de que le ayudara a descubrir su vocación de vida.

Por su parte, Sakura estaba conmocionada por la reacción de la ojirubí. ¿Cómo fue que no se dio cuenta de que muy probablemente Meiling estaría implicada en su elección de la CAE? No pudo evitar responder al abrazo y rompió en llanto. Era como si el destino estuviese regresando todo y de golpe para darle un fuerte empujón y un azote contra el suelo. Encontró refugio en los brazos de Mei y por primera vez lloró el dolor de su rechazo con alguien de aquella familia. Dolía demasiado el que ella estuviera ahí, dolía demasiado sentir sus brazos alrededor de su cuerpo, dolía el aroma dulzón de su perfume y, sobre todo, dolían las lágrimas que Reed descargaba junto con ella.

-No creí verte nunca más en mi vida- Atinó a decir Meiling.- Ella es tan hermosa…

-Es maravillosa y no lo digo meramente porque es mi hija.- Respondió Sakura.- es la única que ha permitido que yo siga viviendo, la única que me impulsó a luchar por mi sueños…

-Sabes a qué se están exponiendo, ¿verdad?-Mencionó Mei, - es demasiado peligroso, él estará aquí y no podremos hacer nada al respecto…

Aunque tardó muchísimo tiempo en quitarse a Alizzé, por fin Yang había conseguido quedarse a solas con Ari en la piscina pues, según la rubia, hacía demasiado calor y era muy aburrido estar con una persona a la que no tenía interés de conocer. Ninguno de los dos había mencionado palabra alguna, ambos miraban las ondas que se formaban en el agua cuando alguno de sus dedos tocaba la superficie.

Ari no sabía cómo hablarle después de ese beso, después de haber sentido todas aquellas vibraciones en su cuerpo, reacciones que ni ella misma había considerado que pudiesen ser sentidas. ¿Por qué el destino se empeñaba en que se vieran? ¿qué no era suficiente el dolor que había sentido y sentía?

-Entonces… conocen a mi mamá ¿no es así?- Mencionó Yang sin esperar respuesta alguna.- Ella es la persona más maravillosa del mundo ¿sabes?, me adoptó como si fuera realmente hijo suyo cuando se casó con mi padre…

-Ella es perfecta.- Murmuró Ari mientras tomaba su mano en un acto reflejo de buscar apoyo, se sentía tan sola en ese mar de confusión. Se sentía perdida y confundida, traicionada y engañada, al mismo tiempo que protegida y cuidada. ¿Quién era realmente ella? ¿Cuál era el sentido de estar ahí si ni siquiera sabía quién era ella misma? La aparición de la Sra. Meiling había terminado de corroborar que aquella historia era real, que aquella era la vida que le había tocado vivir y que no valía la pena negarse a ello.

No obstante, una idea se clavó en su mente en ese momento. Aquel hombre podría atravesarse en su camino y jamás reconocerlo pero, si es que él llegaba a presentarse en aquel lugar, ¿la reconocería? Y si lo hiciera ¿qué haría? ¿dónde se escondería? O, mejor aún, ¿la querría? Sintió miedo cuando pensó en eso, no sabía por qué pero estaba segura de que si su padre era tan duro como para no escuchar a su madre hace 15 años ¿qué sería de ella?

Definitivamente no la quería, la aborrecería por ser la hija de Ying Fa, por ser la hija de Sakura Kinomoto, la odiaría únicamente por su mera existencia. Más, ¿De qué serviría tener su aprecio y cariño si implicaba el desprecio y rencor hacia su madre? Pero, había une pregunta aún mejor en su mente y su corazón, ¿Qué era lo que ella sentía por su madre? En ese momento de su vida, parecía que su corazón había entrado en una licuadora y había girado y girado, ocasionando que vomitara un sinfín de emociones encontradas. Dolió reconocer que sentía enojo y molesta, más ¿qué podía pedir? ¿Qué hubiese echo ella en su lugar? De este modo se dio cuenta de que, aún y cuando las decisiones de su madre no fueron precisamente las más adecuadas, no se arrepentía de ella, no se avergonzaba de ella y, sobre todo, no permitiría que nadie abusara por ella de nuevo, ni siquiera él aunque desconociera de su existencia.

-Ari…- inició Yang sin poder evitar sonrojarse. Arantza Amamiya estaba sosteniéndole la mano y no era un agarre cualquiera, era firme y fuerte, justo como era ella. Se dio cuenta que Ari soltó su mano sonrojada y que había salido de la hermética burbuja en la que se había escondido hacia unos minutos. Se sonrojó un poco más al percatarse de que las mejillas de la chica se tornaban coloradas y sonrió imaginando que probablemente ella sentía algo por él, tal y como él lo hacia por ella. -¿Estás bien?

-No es de tu incumbencia.- Fue lo único que atinó a responder ¿Qué había hecho? ¿tomarle la mano? Se paró molesta consigo misma por haber actuad de tal forma, además él tenía a alguien más y ella misma lo había visto con sus ojos. Una rubia, digna de su estirpe, y no a una chica que no estaba ni siquiera segura de su procedencia. Le dio la espalda y comenzó a andar a su habitación, había muchas cosas que aún no le quedaban claras y, su aroma al lado, le hacía sentirse aún más confundida.

Después de un café y una discusión compleja, Sakura y Meiling se dieron cuenta de que tratar de escapar era inútil y que un posible encuentro era inevitable, además de que Arantza tenía el derecho de conocer su vida, de conocerlo a él y de saber la verdad si es que ambos estaban dispuestos. No obstante, acordaron que no sería bueno tratar de inmiscuirse en las acciones del destino pues, a pesar de todo, habían aprendido que no importaba cuanto intentaran controlar los designios de la vida o esconderse de los mismos pues, de alguna u otra manera, éstos siempre terminaban por cumplirse.

Meiling le explicó la razón por la cual había tratado de encontrarle con tanta intensidad después de que se dio cuenta de que se había escrito un libro con su historia, y de cómo se había armado tremendo escándalo en la familia Li cuando se habían enterado. Le explicó también que Syaoran mantenía una relación desde hacía ya bastantes años, como seguramente ya sabía, y que él seguía manteniendo un resentimiento especial hacia ella, cómo aún se sentía engañado, rechazado y como su vida se había tornado en una rutina de soledad, trabajo, tabaco y alcohol.

Sakura no pudo evitar sentir que su corazón se acongojaba al oírlo. Aunque doliera reconocerlo, aquello era en parte su culpa, tanto de ella como de Ying Fa, porque tal y como se le había dicho, ella había estado siempre ahí, escondida, y siendo el secreto que acabó con ellos. Si hubiese sido sincera, ¿las cosas habrían sido distintas? La verdad es que no lo sabría jamás…

Syaoran se encontraba tirado en su habitación del hotel. Algo no estaba bien en su mente y corazón más no sabía exactamente que era aquello. Por alguna razón tenía un fuerte presentimiento de que las cosas en su vida cambiarían, un presentimiento que había estado en su pecho cuando conoció a Ying, uno como el que había sentido el día que conoció a Sakura y como el que había aparecido la fatídica mañana en la cual había descubierto la verdad y había perdido a la mujer que, aunque detestara reconocerlo, había dado sentido a su vida, mismo que había muerto ese día.

Y ahora, ahí estaba él, perdido en una rutina perpetua, con una pareja que no amaba y su ahijada que era sumamente cansada, con un corazón roto que no podía reparar ni siquiera con 15 años de intentos y que, a este paso, no serviría la vida entera para conseguirlo.

Sabía que debía de ir a ver a su madre y avisarle que ya estaba en el hotel, dispuesto a participar en el evento, más no tuvo animo de escucharla preguntarle nuevamente por una fecha para que se case. Abrió su maleta buscando algo más cómodo que pudiera vestir y encontró, en el fondo de la misma, un libro que rompía nuevamente su alma y corazón, un libro en el cual se encontraba relatada la historia en la cual aprendió que el amor no existía. Quiso botarlo en la basura, más algo dentro de él se lo impidió y dejó que éste descansara sobre la cómoda de la habitación.

-¿Tío?- Se escuchó que gritaron desde fueras de su habitación. Seguramente ya todo el hotel sabía que había llegado y, aunque no estaba de humor para ver a nadie, decidió que Yang era alguien a quien no podía ignorar. A pesar de la corta edad del muchacho, era un chico maduro y responsable con quien se podía hablar y, sobre todo, alguien que no le forzaría a hablar o hacer algo que no quisiera. Quitó el seguro de la puerta y le permitió entrar a la habitación y, posterior a esto, fue a tirarse a la cama.

Yang se tiró en la cama al lado de él y suspiró, todo era tan confuso y tan extraño en ese momento. Su corazón no había parado de latir sin control posterior a la compañía de Ari, más se encontraba confundido por la situación ¿por qué se conocían la madre de Arantza y su madre? ¿Por qué Ari había agradecido entre murmullos a su madre y por qué su madre la veía con tanto cariño y adoración?

-La encontré aquí- comenzó mientras ambos miraban al techo.- ¿Recuerdas a la chica de la que te conté mientras vivía en Japón?

-¿La que siempre intenta golpearte, pelea contigo y que te tiene como tonto enamorado?.- Cuestionó entre risas recordando cómo era que aquello se sentía, recordándose a sí mismo en la cama acariciando la espalda de aquella que fue el amor de su vida, recordando como se sentía estar dentro de ella y aroma que despedía, escuchando mentalmente sus risas y sus historias, sus juegos y aventuras. Esperaba que él no viviera la triste historia que le había tocado vivir en carne propia, más sonrió al saber que esa chica le hacía feliz- ¿Qué hace aquí?

-Pues no lo sé, no hablamos realmente… pero, fue tan genial verla.- Dijo entre suspiros hasta que se percató de la mirada burlona de Syaoran hacia él, y se contuvo.- Lo curioso es que tanto ella como su madre conocían a mi mamá.

-Dios te agarre confesado sobrino, ahora sí no podrían esconderte de las bromas y preguntas de tu madre

Arantza no podía irse a descansar, era demasiada información para ella. Avisó a su madre que necesitaba pensar antes de poder hablar con ella y Sakura aceptó con tranquilidad su decisión. Aunque no se hubiera criado con los Li, ella era tal como ellos, de modo que era imposible frenarle su decisión. Se paseó por cada uno de los pasillos del hotel y, en un arranque de estrés, comenzó a cantar en voz baja y, poco a poco, comenzó a caminar entre brincos y volteretas, comenzó a reir como no lo había hecho y sonrió de encontrar alegría en algo tan tonto.

Salió hacia la zona de la alberca pues la oscuridad le daba la privacidad necesaria para poder desahogar entre cantos y baile lo que llevaba dentro. Más en ese instante, y consecuente a su naturaleza descuidada, chocó con un desconocido y perdió el balance en la orilla de la alberca. Ya estaba aguatando la respiración esperando el contacto con el agua, mismo que nunca llegó. Abrió los ojos asustada y, en ese momento, sus ojos chocaron con los de un hombre, y se dio cuenta de que jamás había visto unos ojos ambarinos tan hermosos nunca en su vida…

PERDONEN LOS AÑOS DE TARDANZA, NO TENGO PERDÓN DE DIOS, PERO AQUÍ HAY UN CAPÍTULO NUEVO! GRACIAS POR LOS CONSTANTES MENSAJES QUE HE RECIBIDO EN TODOS ESTOS AÑOS!