Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Tomo prestado parte de eso en el presente fanfic sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.
Advertencia: el presente fanfic insinúa detalles que no siguen el canon debido a que está ligado a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.
Dedicatoria: Me he aprovechado de este desafío para desearle feliz cumpleaños a JessyRiddleFriki, mi hermana pequeña adoptada. Espero que la pasaras bien en tu día y que cumplas muchos, muchos años más. Eres la pequeña de las hermanas Carrow, por si lo dudabas.
Esta historia participa en "¡Desafía a tus musas!" del foro "Amor de Tercera Generación"
Dulce.
En la mesa de Slytherin no eran muy apreciados los dulces.
Que no se malentienda. Siendo la mayoría de sus ocupantes hijos de las familias más distinguidas del mundo mágico, sabían apreciar los más exquisitos sabores. El problema era que, precisamente por ser educados en la más alta refinación, muchos pretendían no tomar en cuenta las rosquillas, la mermelada o el chocolate, al menos no a la hora del desayuno, cuando se les enseñó que la comida debía ser ligera, lo que parecía ser sinónimo de insípida.
Pero lo último no era la opinión de Flora Carrow, que acostumbraba servirse en el desayuno al menos tres tostadas con mermelada junto con el jugo de naranja; en invierno, la bebida era chocolate caliente, casi sin excepción, cosa que su gemela, Hestia, no terminaba de explicarse.
—No entiendo cómo puedes comer todo eso —musitó una mañana de octubre.
—Necesito energía —aseguró Flora, encogiéndose de hombros luego de terminarse su última tostada —Flitwick nos está machacando mucho con los encantamientos convocadores.
—¿Necesitas energía todos los días, Carrow? —se burló uno de los compañeros de curso de Flora, de lustrosos cabellos negros, con un brillo bromista en sus ojos azul cobalto.
—Deja de fijarte en lo que comen los demás, Vaisey, y vámonos a clase —renegó otro muchacho, también de ojos azules pero con el pelo castaño.
—Ya voy, Harper —Vaisey, se encogió de hombros y se puso de pie, acomodándose la mochila al hombro antes de seguir al castaño.
Hestia, mirándolos con desaprobación, también se levantó.
—Andando —le indicó a su gemela.
Flora asintió, tomó sus cosas y salió disparada tras su hermana y sus compañeros.
Subir hasta Encantamientos era entretenido, sobre todo considerando lo que practicaban desde hacía días. El encantamiento convocador, que los de quinto decían haber odiado, era en realidad bastante sencillo. A Flora los hechizos se le daban bastante bien, pero Hestia era otro cantar. Los profesores habían descubierto que esa era una forma de distinguirlas.
—Cinco puntos menos para Slytherin, señorita Hestia Carrow.
—¡No fue a propósito!
Flora suspiró al ver cómo su hermana intentaba que Flitwick entendiera que el haberlo golpeado con un tintero en la cabeza fue por equivocarse al apuntar antes de realizar el encantamiento convocador. Mientras seguía practicando con las pelotas que les habían entregado, se preguntó cuál sería la mejor manera de ayudar a Hestia.
Al final, ella no tuvo que mover ni un dedo.
A la hora del almuerzo, en el vestíbulo, se cruzaron con unos alumnos de Hufflepuff que venían de Transformaciones junto a los de Gryffindor. Flora los esquivó de forma sutil, acercándose más a Harper y Vaisey (que por desgracia, no paraban de hablar de quidditch), pero Hestia no tuvo la misma idea y por venir refunfuñando, casi chocó con un muchacho de cabellos negros que consultaba el contenido de un pergamino con expresión enfurruñada.
—Ten cuidado, Carrow —avisó el chico, dando un paso lateral.
—¿Con qué, Victory? —quiso saber Hestia, malhumorada.
—Casi me haces tropezar, nada más —aclaró él, dejando de leer el pergamino y mostrándose muy serio —Nos veremos en Pociones más tarde, ¿te sientas conmigo también este año, no?
—¿También?
—Sí, eres Hestia, ¿no?
Antes que la nombrada pudiera decir algo, el muchacho se alejó rumbo a la mesa de Hufflepuff, por lo que la joven Carrow alcanzó a su gemela, quien ya estaba sirviéndose generosas porciones de salchichas calientes.
—En serio, Flora, ¿cómo puedes comer tanto?
—Tengo hambre, Hestia. ¿Y qué te dijo Victory?
—Nada, casi choco con él por venir pensando en el chasco de Encantamientos. Me preguntó si también nos sentaremos juntos este año en Pociones. Seguro no quiere que estallen más calderos.
Los Slytherin de su curso compartían Pociones con Hufflepuff, lo cual era un alivio, pues decían que los de quinto debían ir a clase con los de Gyffindor y no todas las veces terminaban bien.
—¿También? —se extrañó Flora de pronto, dejando de prestar atención a su almuerzo.
—Sí, ya sabes que Victory me ayuda para…
—No, eso no. ¿Cómo sabía Victory que tú…? Bueno, que eres Hestia.
La otra parpadeó con aire confundido, antes de caer en cuenta del detalle. En ese momento ambas hermanas iban vestidas idénticas, sin la más leve variación en el atuendo, solo una persona realmente observadora habría notado que una de ellas hacía caer su fleco ligeramente hacia la izquierda y la otra, hacia la derecha. Pero nada más.
—Ni idea —indicó Hestia con indiferencia, comenzando a servirse.
El almuerzo fue breve para ambas hermanas, que se apresuraron a bajar a las mazmorras para la clase de Pociones de esa tarde, todo para no soportar a Vaisey y a Harper discutir sobre si Urquhart podría ganar o no el primer partido de la temporada.
—¿Gustan, dúo Carrow? —invitó Victory cuando las vio llegar, tendiéndoles una caja pequeña y cuadrada, de cartón, cuyo exterior estaba adornado con un brillante papel amarillo.
—¿Qué son? —quiso saber Flora, estirando el cuello para ver el contenido.
—Galletas, las envió mi madre. Dice que quería que llegaran a tiempo.
—¿A tiempo de qué? —inquirió Hestia, mientras Flora probaba una galleta.
—Será mi cumpleaños el sábado, son parte del regalo.
Hestia asintió, acercándose también a mirar el contenido de la caja.
Mientras Flora terminaba la galleta y alegaba que era excelente, logró darse cuenta que su hermana primero olisqueó el contenido de la caja con lentitud, casi como si pudiera saborear el aire, antes de oírla decir.
—¿Galletas de vainilla, eh? Se ven bien, Victory. Y no sé por qué, pero creo que te quedan.
El chico hizo una mueca fingida de fastidio, pero Flora contuvo una sonrisa.
Ese fue el primer indicio.
–&–
¡Bienvenidos al segundo capítulo!
Lamento la demora, pero no han sido los mejores tiempos para mí. Inesperadamente renuncié al trabajo y mientras me acoplo a la libertad, pues la inspiración parece que también renunció, porque no he logrado terminar casi nada de escritos, entre ellos este. Lo siento. Jessy-chan.
En este segundo capítulo retrocedemos en el tiempo al cuarto curso de las gemelas Carrow, que siendo compañeras de Vaisey y Harper, a su vez han revelado que en mi canon mental las considero de la edad de Ginny Weasley y Luna Lovegood. Así, de una manera algo rara, he logrado colar el primer olor de Amortentia que me asignaron, "vainilla", que en lo personal, es uno de mis favoritos. Quedó incluido de forma un tanto absurda, pero es mi fic y haré lo que me dé la gana.
Cuídense mucho y nos leemos pronto.
