Mica: Hola gente, he vuelto con un segundo capítulo y conmigo están nuestros protagonistas

Las tortugas: Hola a todos

Mica: Sinceramente…no se qué va a pasar con esta historia

Raph: ¿Significa que estás haciendo esto a lo chiripa? -_-U

Mica: Sip ^_^

Raph: ¿Por qué no me sorprende?

Leo: Tranquilo Raph, no creo que ella haga algo malo

Mikey: ¡Yo estoy emocionado con esta historia!

Mica: ¿Ninguno de ustedes se puso a leer el capitulo?

Donnie: Yo si…¡Que no agarre mi cabeza!

Mica: Jajaja, ya me esperaba esa reacción

Leo: Recuerden que no le pertenecemos a Mica, si no que somos propiedad de Nickelodeon

Mikey: ¡Disfruten!


Leonardo abrió lentamente los ojos, estaba algo obscuro pero estaba levemente iluminado el lugar en donde estaba. El miro a su alrededor, aun media adormilado, y vio que estaba en una especie de dojo. Cuando despertó totalmente, se dio cuenta de cómo estaba él: estaba sentado, con la espalda apoyada en lo que parecía ser un palo fijado entre el piso y la pared, sus muñecas estaban atadas entre ellas, detrás de su espalda y rodeando aquel palo.

-Veo que ya despertaste- Leonardo levanto rápidamente la cabeza y se encontró con una persona que estaba sentada de forma india (o posición de loto, como la conozcan). Aquella persona desconocida tenía puesta una especie de capa con capucha, la cual tenía puesta y no dejaba ver su cara. Lo único que Leonardo pudo notar, es que aquella persona tenía una voz femenina.

-¿Qué es lo que quieres?- Leonardo frunció el seño al escuchar como una suave risa salía de aquella persona.

-Te lo explicare cuando ellos hayan despertado- cuando escucho eso, Leonardo abrió enormemente los ojos y miro hacia su izquierda. Ahí estaba aquel chico de cabello y ojos castaños, con una brecha entre los dientes y que, en ese momento, tenía anteojos: Donatello. Miro a su derecha y vio que estaba su hermano Raphael. Y, un poco más allá, estaba aquel chico rubio, de ojos azules y pecas en la cara: Miguel Ángel.

-Hag…¿pero qué…?- Leonardo sonrió levemente y miro nuevamente a su izquierda, donde Donatello estaba despertando. –¿Leonardo?...¿Dónde estamos?- fue lo único que salió de la boca de aquel chico, cuando su vista se fijo hacia el frente.

-No lo sé, pero no estamos solos- y, como para confirmar aquello, el pelirrojo despertó. Raphael, en cuanto despertó totalmente, fijo su vista en aquella persona sentada en frente de ellos.

-¡¿Y tu quien carajos eres?!- grito Raphael. Leonardo, sino estuviera atado, se hubiera golpeado la frente con la palma de la mano.

-¿Por qué hacen tanto ruido?- se quejo el rubio, quien despertó gracias al "hermoso" grito que dio el pelirrojo.

-Ahora que están todos despiertos…- los cuatro miraron a la persona desconocida y esperaron a ver que decía. -…quiero que me escuchen-

-¡Que escuchemos ni que ocho cuartos! ¡Desátame para que pueda patearte el trasero!- exclamo fuera de sí Raphael.

-Siempre tan agresivo Raphael- aquella persona se rio levemente.

-¿Cómo demonios sabes mi nombre?- el seño de Raphael no podía estar más fruncido.

-No solo se el tuyo, es el de los cuatro…Leonardo- apunto al pelinegro. –Donatello…- apunto hacia el castaño. –Y Miguel Ángel- apunto al rubio, para luego sonreír. –Ahora, a lo que iba- se aclaro la garganta. –Ustedes no son humanos, sino que son tortugas mutadas que…- fue interrumpida.

-¡¿Crees que te vamos a creer?!- le interrumpió Raph. Aquella persona bufo, ya se había hartado.

-¡YA BASTA!- grito ella. -¡Es cierto, ustedes eran tortugas normales hasta que fueron mutadas y adoptadas! ¡Fueron entrenados toda su vida en ninjutsu!- ella se acerco un poco, apoyando sus manos en frente de ella. -¡Ustedes tienen un padre, enemigos y amigos que los quieren con toda el alma!- ella vago un poco la vista. –Tanto que hicieron lo posible para que ustedes fueran humanos temporalmente- susurro y ellos lograron escucharlas. –En una de sus misiones, hubo una explosión y, de alguna que otra manera, terminaron convertidos en humanos…y s-sin r-recordar n-nada d-de s-su v-vida c-como m-mutantes- ninguno de ellos dijo nada. Ella, al ver que ellos no le creían por completo, se volvió a sentar bien y respiro profundo, soltando un suave suspiro. –Ok, como no me creen…- se levanto lentamente, hasta quedar de pie y se puso recta. Detrás de ella, de entre las sombras, se podía ver que salía un…¡¿Cocodrilo gigante?! El se posiciono al lado de ella, como esperando ordenes. -…¡ataca!- ella levanto un mano y apunto hacia ellos la decirlo. El cocodrilo se lanzo hacia ellos, rugiendo y haciendo que los chicos abrieran los ojos como platos…

-¡HAAA!- los cuatro, al mismo tiempo, agacharon las cabezas y las garras del cocodrilo rompieron los palos, dejando libres a los chicos. Ellos se dividieron y fueron para distintos lados, lo malo era que no podían salir, ya que la puerta del lugar estaba totalmente cerrada. La persona desconocida, quien estaba sentada como si nada, se rio levemente.

-Ahora…- susurro ella. El cocodrilo, que al parecer le escucho, se lanzo sobre el rubio y, rápidamente, rodeo el cuerpo del rubio con su cola y salió por la puerta, traspasándola como si nada.

-¡Miguel Ángel!- los tres chicos restantes vieron como se llevaban al rubio, quien gritaba y pataleaba. Leonardo, por reflejo, miro hacia donde antes estaba atado y ahí vio, un par de katanas (que estaban dentro de la funda) y con una bandana azul sobre ambas. El pelinegro, por alguna extraña razón, se acerco a estas y se puso las fundas de las katanas, se puso la bandana y desenvaino ambas espadas.

-¿Qué demonios estás haciendo Leonardo?- Raphael vio, extrañado, como su hermano se iba por donde había ido el cocodrilo. Raphael, al igual que su hermano, miro hacia donde antes estaba atado y pudo ver que ahí había un par de sais, junto con un cinturón de cuero y con una bandana de color rojo. Suspirando, se acerco, se puso el cinturón de cuero, la bandana y, por último, agarro los sais y los hizo girar. Sonrió de manera torcida, para después salir por donde fue el cocodrilo.

-Me quede solo…- pensó con algo de tristeza. En eso, Donatello se fijo donde entes había estado atado y ahí había un bastón Bo, que estaba también en su funda y una bandana de color morado. Con un suspiro, se acerco y los miro un momento. –¿Qué puedo perder?- pensó el chico, para después ponerse la funda del bastón, la bandana y desenvainar aquel bastón. Sin perder tiempo, el chico corrió por donde habían ido los demás. Aquella desconocida, quien se había quedado en sentada en silencio y observando todo, sonrío levemente. Ella se paró de donde estaba, agarro algo que estaba en el suelo y camino tranquilamente, hasta llegar a donde estaban aquellos chicos y el cocodrilo. El cocodrilo, quien ya había soltado a Miguel Ángel, estaba esquivando los ataques que le enviaban los chicos. Ella se acerco al rubio y, como si nada, dejo caer aquella cosa que antes agarro y ahora estaba en el regazo del rubio.

-¿Qué es esto?- Miguel Ángel vio que en su regazo había un par de Nunchakus, junto a un cinturón de cuero (que tenía su funda incorporada) y una banda de color naranja. El rubio sonrío, se paro, se puso el cinto de cuero, al igual que la bandana y agarro los Nunchakus, para después empezarlos a girarlos.

-¡Alto!- exclamo ella, el cocodrilo se detuvo y se fue a quien sabe dónde. Ella se acerco y, antes de poder hablar, fue atacada por Raphael. Ella lo esquivo y así, los cuatro empezaron a atacarla, mientras que ella esquivaba. En eso, vio como Leonardo se le lanzaba encima con tan solo una de sus espadas. Pero algo extraño paso: ella tenía agarrada con una de sus manos la hoja afilada de la espalda, mientras que Leonardo se encontraba quieto, aun agarrando el mango de la espada con ambas manos y con los ojos totalmente abiertos. Lentamente, se podía ver como sangre empezaba a verse en la mano de ella. Aquel líquido de color carmesí empezó a caer al piso, goteando levemente. En un rápido movimiento, ella le saco la espada a Leonardo, la tiro hacia arriba, la agarro del mango con su mano sana y apunto la punta afilada hacia el pelinegro.

-¡Ni se te ocurra!- exclamo Raphael. Se escucho que ella rio un poco, para después apuntar la punta afilada hacia otro lado y extenderle la mano al chico, como diciéndole que la agarre. Leonardo, un poco desconfiado, agarro su espada y la miro, aun tenía sangre en ella.

-¿Por qué me siento mal por haberla herido?- pensó el chico. Miro a la chica, quien estaba buscando algo entre su roba con su mano sana, y se sintió peor al ver que la mano se ella aun goteaba sangre. Ella saco una larga tira de venda y, con un poco de dificultad, intento detener el sangrado. Donatello se acerco a ella, un poco tímido.

-¿Quieres que te ayude?- ella lo miro un momento, para después sacarse la capucha y dejar ver a…

-¡Mistery!- Miguel Ángel se acerco a ella rápidamente. -¡Me tienes mucho que explicar!- ella se rio un poco.

-Sí, lo sé Miguel- ella se dejo guiar por el castaño, quien le agarro de los hombros y la hizo sentarse en el piso. En eso, Donatello vio que cerca de ellos estaba su mochila. El se acerco rápidamente, la agarro y volvió con la chica, arrodillándose al lado de ella. –Gracias Donatello-san- por alguna extraña razón, el castaño sintió un deja-vu.

-No hay problema- el castaño abrió la mano de ella y dejo ver un corte bastante grande, rodeado de mucha sangre. Saco un par de cosas de su mochila. –Te va a doler un poco- con cuidado, empezó a desinfectar la herida. Miguel Ángel, siendo curioso, empezó a explorar todo el lugar.

-Ho, cierto- con su mano libre, ella saco un pequeño trapo de entre sus ropas y se lo extendió a Leonardo, quien todavía estaba parado con la espada ensangrentada en la mano. Ella le sonrió, mientras que el agarraba aquel trapo y se sentaba en el piso, cerca de ambos, y se puso a limpiar la hija filosa con mucho cuidado.

-Qué extraño lugar…- comento Raphael, mirando hacia todos lados.

-Pues este era su hogar- ella desvió su vista del castaño y miro al pelirrojo. Raphael se removió levemente incomodo, le costaba un poco creerle. –Perdón si los hizo pasar por todo eso, pero…- ella vago la mirada y un semblante de tristeza apareció en su cara. -…lo único que quería era recuperar a mi familia- Donatello termino de vendar su mano y se le quedo mirando.

-¿S-significa q-que l-lo que nos d-dijiste e-era cierto?- ella asintió.

-Pero si ustedes no quieren saber nada con todo esto…- ella apunto hacia lo que parecía ser la salida. -…ahí está la puerta. Pueden salir y hacer como que no ha pasado nada- ella se encogió de hombros, fingiendo restarle importancia. Leonardo, en cuanto termino de limpiar su espada, la dejo a un lado y le puso una mano en el hombro.

-¿Y qué hay de que querías recuperar a tu familia?- pregunto suavemente.

-QUIERO recuperarla…- ella lo miro un momento y le sonrió con algo de tristeza. -…pero si ellos están felices, yo también-

-Yo no sé ustedes chicos…- ellos se dieron vuelta y vieron a Miguel Ángel caminando hacia ellos con una gran sonrisa en la cara. -…pero si realmente no soy humano y soy una tortuga mutante…yo quiero volver a mi antigua vida- Mistery lo miro sorprendida, para después sonreír con alegría.

-¿Qué es lo que hace que quieras volver a ser un mutante?- pregunto de manera brusca Raphael. Los demás se levantaron y se acercaron al rubio, quien simplemente sonrió y les mostro un foto, la cual tenía escondida detrás de la espalda. En el cuadro estaban ellos, abrazándose entre sí y con grandes sonrisas en el rostro. -Sé que me arrepentiré de preguntar esto pero, ¿Dónde está nuestro supuesto padre?- Raphael se cruzo de brazos.

-Uno de sus enemigos más peligroso estaba detrás de él. El Maestro Splinter puede defenderse a sí mismo, pero para evitar ponerlos en problemas a ustedes, se fue a Tokio (O Japón) y se quedo con algunos amigos maestros. Dijo que en cuanto ustedes recuerden todo, el volvería- respondió ella.

-¿Y eso? ¿Por qué?- pregunto confundido y extrañado Miguel Ángel.

-¿Crees que sería divertido que un padre venga a ver a sus hijos, estos no lo recuerden y se asusten por su apariencia?- pregunto con un poco de ironía. Los cuatro se miraron entre sí, sin saber que decir. –Entonces…¿se van a quedar?- ella los miro con esperanza. Miguel Ángel se adelanto un paso y sonrió.

-¡Yo me quedo!- exclamo con diversión y se puso al lado de la chica. Mistery sonrío y asintió. Donatello, un poco indeciso, se adelanto un paso.

-Yo también- el castaño les sonrió y se puso al lado de la chica. Miguel Ángel sonrió enormemente, para después acercarse al pelirrojo y agarrarlo del brazo, empezando a tironearlo hacia el lado de ellos.

-¡O-Oye, e-espera!- Raphael no pudo decir nada, ya que ya se encantaba al lado del rubio, quien no le había soltado todavía y le sonreía. El pelirrojo suspiro y rodo levemente los ojos. –Parece que me quedare- dijo, haciéndose el desinteresado. Miguel Ángel sonrió y empezó a dar leves saltitos, sin soltar el brazo del chico. Mistery se rio un poco, para después mirar al pelinegro y le sonrío, extendiéndole la mano sana. Leonardo miro su mano, después a la dueña y a sus "hermanos".

-¡Vamos Leonardo!- le alentó el rubio. Leonardo los miro un momento, para después sonreír y agarrar la mano de la chica, acercándose a ellos.

-Les prometo que los ayudare a recuperar la memoria- dijo ella sonriéndoles.

-¡Sí!- de la nada, el rubio se lanzo a abrazar a Leonardo. El pelinegro se sorprendió, pero después sonrió con dulzura y le devolvió el abrazo. En eso, Miguel Ángel se separo del pelinegro y, de la anda, saco un globo de agua y se lo tiro a la cara de Raphael. Mistery se rio, mientras que Leonardo y Donatello quedaron rígidos, con los ojos abiertos.

-¡Eres hombre muerto!- grito Raphael, para después empezar a correr detrás del rubio, quien estaba corriendo como alma que lleva el diablo y riéndose mientras lo hacía. –¡No huyas niño!-

-¡No me podrás atrapar! ¡NUNCA!- el rubio siguió corriendo y riendo, con un pelirrojo furioso detrás de él.

-¿Esto…lo hacían antes?- pregunto Donatello, sin apartar la vista del pelirrojo y del rubio.

-Jaja, si- ella se encogió de hombros. –A Miguel Ángel le gusta hacer bromas, siendo tanto humano como mutante- ella empezó a caminar y les hizo una seña a los chicos para que le siguieran. –Vamos, les mostrare el lugar- Donatello y Leonardo se miraron entre sí, para después seguir a la chica.


Mica: Espero que les haya gustado

Mikey: ¡Dejad comentarios!

Leo: Y recuerden que Mica acepta ideas y personajes, al igual que críticas buenas y/o malas

Donnie: Espero que nos leen en otro momento

Raph: Y yo espero que Mica deje de torturarnos un día de estos -_-U

Mica: ¡Eso no pasara nunca! ¡Adiós gente bonita y cuídense!

Las tortugas: ¡Adiós y nos leemos otro día!