Disclaimer: The Lost Canvas (TLC) NO me pertenece a mí sino a Shiori Teshirogi. Saint Seiya a ese ser superior que es Kurumada.
Advertencias: …
Pareja/Personajes: Regulus de Leo x Yato de Unicornio
Acotaciones:
Las especificaciones están en la primera página :D
Errores
03 AÑOS ANTES DE LA GUERRA
Regulus es un prodigio incluso para la pubertad y el muy tonto crece un día como un estúpido. Es en un parpadeo, de pronto y de porrazo que se convierte en esta especie de simio y lo deja a unos cincuenta centímetros de distancia en el suelo.
Al principio Yato piensa que es él mismo el que se está encogiendo, porque como si no le bastara tener que mirar al griego siempre hacia adelante, resulta que se da cuenta un día que de golpe también tiene que mirarlo hacia arriba y eso sí le parece una injusticia, por lo que protesta y le reclama como si fuese culpa suya y como si este fuese a cranearle una solución a su problema.
Tampoco es divertido estar cerca de él, porque los miles de millones de los miles de millones de centímetros que el griego con creces le sobrepasa, se le vienen a cuestas y con ganas con el simple y sencillo hecho de estar de pie cerca de su persona. También porque es más difícil librarse del susodicho si ni siquiera puede sacárselo de encima durante los ejercicios y en los entrenamientos y porque ese montón de centímetros le pesan en los huesos y en su orgullo humillado por culpa del destino, de los dioses y vaya a saber a quién o quiénes más tiene que culpar de esta injustica de tamaño literalmente monumental.
Termina obligándose a si mismo a acostumbrarse, porque está seguro que va a alcanzarle, a su tiempo, tarde o temprano.
Resulta curioso, pero Regulus parece igualmente incómodo, pasan unas cuantas semanas y sigue chocando con los marcos de las puertas, tratando de entrar, por la fuerza y a forcejeos, en sitios demasiado pequeños para su persona y terminan excluyéndolo de la mayoría de los juegos que el resto de aprendices y postulantes a las armaduras juegan para entretenerse entre los entrenamientos. Es demasiado fácil encontrarlo en las escondidillas, muy pesado para la lucha libre, muy grande para los planes de Curtis y muy problemático de liársele a golpes, por lo que es el futuro prospecto de Unicornio el que se pelea con el resto en su nombre.
E igualmente sigue siendo el único que se junta con él y con ello se gana ser también excluido de los juegos, pero no es como que importe, por lo que con un ojo morado y de brazos cruzados, bufa contrariado, patea el polvo del suelo y le dice al griego que se vayan y que el resto puede irse al demonio porque son unos idiotas y unos imbéciles y un montón de tontos que seguramente están celosos de que ellos van a seguir siendo enanos vaya a saber por cuanto tiempo más.
Regulus finalmente sonríe. Es con esas sonrisas calientitas y contagiosas que le parecen son las culpables de que los pajaritos canten por las mañanas. El prodigio se restriega los ojos con las manos y la cara de paso se le embarra de lodo y de lágrimas, se pone de pie tambaleando y se sacude la tierra de los pantalones para seguirle de cerca a pesar de que siguen viéndose chistosos y continúan sacando risotadas y carcajadas varias de sus compañeros en el coliseo.
-Montón de estúpidos-balbucea el aspirante a bronce mientras se soba las muñecas adoloridas, porque su acto heroico no salió para nada de nada como lo esperaba y en vez de defender el honor del griego terminó tragándose más polvo y recibiendo más patadas y más puños que dándolos-No te preocupes… Ya van a ver. Ellos son los que se están riendo, pero cuando consigas tu armadura vamos a ver quiénes son los que se van a reír de verdad. Ya van a ver.
Es como una promesa, o al menos es así como a Regulus le suena, por lo que asiente contento y convencido, hecho nuevamente de sonrisas y camina despacio tratando de equiparar los pasos cojos que a duras penas avanza su compañero.
El siguiente error de Yato es confiarse y creer que con ese juramento implícito e impuesto, ninguno de los dos hablaba o se estaba refiriendo a una armadura dorada.
