La tormenta de recuerdos venía inmediatamente a su mente mientras aquella chica de ropaje elegante estaba siendo jalada por la mano hacia el distrito "Acuarela". Aquel lugar estaba colorido y ruidoso, infectado de gente en todas partes; mientras danzaban al ritmo muchos instrumentos, y comían por invitación de la casa, dejando por sorpresa a los residentes quienes no desaprovecharon la oportunidad. Se había sentado en una mesa cercana a un restaurante la vista era libre, sintiendo el pasar y el ruido que era provocada por la gente. Kalm desvío la mirada al puesto de comida con que se sirvió ésta mañana, estaba lleno con un par de chicos de iguales pintas sirviendo a ritmo rápido a todo aquel, más no se encontraba aquella dama que le sirvió de tan buena fe en la mañana. Soltó un suspiro de decepción.
Un mesero se había detenido en donde estaba sentado, mientras estaba distraído aquel nostálgico muchacho, la chica era quién lo atendía. Era tan difícil para él lo que era hablar con las personas aún sí fueran aquellas con las que vivió tanto tiempo, ganar un campeonato y sentirte presionado por la multitud llamando "genio", sin dejarte respirar, al menos. Se había aislado en su hogar, saliendo tan escasamente siendo para su madre una completa extrañez que estuviera lejos de su casa. Incluso hoy tuvo deseo de salir, conocer un poco de lo que era su nueva región, quitándose el gran peso del hombro en su región anterior. Aquellos fugases recuerdos iban y venían a su mente por el ruido, incapaz de dejarlo concentrar en sus propios asuntos. Se resignó.
Contempló a su acompañante, estaba observando su celular en una distraída conversación a través de twitter, sin prestarle atención a la mirada de observación, que bajaba de arriba a abajo analizado el cuerpo de la mujer. El tiempo había pasado rápido, apenas y era reconocible de no ser por su pelo sin teñir dejándolo tan como estaba desde que nació. A veces le era admirable para Kalm observar una chica de esos gustos, eran tan sumamente raro, más que un Pokémon Shiny de los legendarios.
La chica levantó la vista a observarlo, el joven quién la miraba fijamente analizando su cuerpo. Un rubor intensificado se había relucido en sus mejillas, mientras abría la boca para dar una respuesta coherente, pero sólo salieron palabras cortadas y sin sentido alguno, dejando a ese chico de gorra roja confundido y sin idea de lo que escuchaba. Se apretaba la falda, mirando a sus pies, finas lágrimas estaban por recorrerse a través de sus mejillas. No parecía en nada a como trataba a los chicos, decidida, elegante y poco "cruel" - excediéndose en éste último-. Cuando levantó la vista Kalm posó su mano en la frente de Serena, quién lo miró, frente a frente con sus vistas cruzadas y sin desviarse, hasta rato después.
- Serena, ¿estás bien? - separó su mano-. Estás roja...
- N-no... - miró a otro lado, donde no hubiera personas. Labor difícil por ese lugar amotinado-.
Un silencio sepulcral dominó aquella mesa, quién parecía estar en un universo ajeno a la diversión que allí se encontraba. Kalm estaba observando a su bella amiga, quién estaba actuando rato hasta hace unos momentos, el mesero había llegado, atendiéndolo esta vez él, dejando en la mesa, una sopa y Ratatouille. Kalm soltó una risa pequeña, aquel platillo su mente no le dejaba pensar en otra cosa que en ésa película de mismo nombre.
Se habían dispuesto a comer, siendo un entusiasmo muy desequilibrado, siendo Serena la que comía con pocas ganas, limitándose a dar vueltas con la cuchara a la sopa mientras observaba como se hacían pequeños remolinos. Kalm notó su falta de ganas, pensando que de seguro el encontrarlo allí y pasar tiempo la hubieron dejado pensando a la hermosa dama, abrió la boca para hablar pero fue interrumpido agresivamente, sintió algo moverse veloz a su lado, cuando se había dado cuenta la silla salió volando a la plaza, y Serena estaba tirada en el suelo, con una chica menor abrazándola. Kalm se levantó de golpe para contemplar aún mejor lo que acontecía, su amiga jalando los pelos de una niña, no mucho menor con cabello de color castaño recogido en un par de coleta a los lados. Con contextura delgada, vistiendo una camiseta de color rosa con tres lazos de color negro en el pecho, un pantalón corto y un bolso blanco y rosa colgado a un lado. Se había dispuesto a detener a ambas en medio de jalones y gritos, que trajeron inmediatamente la atención de muchos que circulaban la zona y se habían detenido a observar la curiosa escena.
- ¡Xana! - gritó Serena, finalmente escapando de las manos de la menor-. ¿Por qué te has lanzado encima mío?
- Jo, Serena, ¡Eres muy mala! - Sollozo la pequeña. Kalm y Serena se miraron al rostro, el chico porque estaba con una cara de plagado de preguntas, y la chica porque tenía cara de tener ni una respuesta-. ¡Me prometiste que iríamos con el profesor a buscar nuestros Pokémon inicial y me has dejado... PLANTADA!
Quedaron en silencio, Serena se había llevado la mano a la frente, mientras se inclinaba un poco para disculparse de la menor por su repentina falta de atención en asistir a una cita tan importante, la había besado en la frente, mientras la pequeña abrazaba el cuerpo de la mayor en medio de llantos. El grupo de personas que se habían reunido se habían retirado al poco tiempo después volviendo a sus propios asuntos, dejando el recinto solo, a excepción del trío.
Transcurrió un rato mientras ambas chicas se concentraron en sus cuestiones, Kalm miraba a otro lado, en aquella plaza estaban unos cuantos Chespin jugando lo que parecía ser las escondidas, uno que era un poco más grande que el resto se había quedado parado enfrente de un poste de luz, cubriendo sus ojos con sus patas, mientras el resto de ellos se esparce buscando donde ocultarse. Una sonrisa cálida en el rostro del mucho, cosa que notaron ambas muchachas que voltearon a ver a donde miraba aquel chico y ver la escena en la que se sentía cautivado. Xana sacó de un mochila un estuche de color negro, lo había puesto en la mesa con mucho cuidado abriéndola. Adentro estaban tres PokéBalls, en la parte superior, de color rojo, se podía ver en su interior un Chespin, un Fennekin y un Froakie. Los estaba acurrucados y durmiendo, ajenos al ruido que estaba aconteciendo afueras de sus "hogares". Kalm suspiró, hasta mirar a la mesa, allí estaba para su sorpresa, un estuche con unas PokéBalls. Aquellas curiosas criaturas aprisionadas en aquellas pequeñas capsulas esféricas le habían llamado la atención, levantó la vista hacía el par, pero no le miraban parecían discutir de temas ajenos a esto.
Extendió su mano hacía aquel Chespin dormilón. Le había observado detenidamente, aquel Pokémon había sobado su ojo, despertando dándose un leve estirón antes de mirar a aquel gigante para él a sus ojos. Se habían analizado el uno al otro, hasta que el más diminuto, le sonrió.
- Por cierto, Xana-. La chica de cabellos castaños miró a Serana-. ¿Dónde dejaste a Trevor?
Una cara de susto dejó mostrar aquella chica de tez morena quién de inmediato empezó a sudar. Ciertamente la contextura física de Trevor no era ni la mejor, y Xana lo había traído obligado a Acuarela viéndolo cerca del pueblo, a pesar de las insistencias del chico en que tenía asuntos que completar, apenas llegaron, ella lo soltó en medio de la multitud para salir corriendo a donde estaba Serena. Volteó a ver a la gente llenando a la plaza, aquel joven debería estar en alguna parte, debería. Se despidió nerviosa antes de correr. Serena sólo expreso aquello con una carcajada.
Kalm salió de su mundo a observar a su amiga, ahora sola, quien estaba abrazada a sí misma mientras reía sin parar. Inclinó la cabeza a un lado confundido por la acción de la muchacha. La de cabello rubio se levantó llamando al mesero, pidiéndole que se llevaran los platos, a lo que accedió sin quejas. Tras agarrar y cerrar, tomó a Kalm y se lo llevó de allí.
El camino había sido más corto, ambos jóvenes conversaban - mayormente, Serena-. Dejando al chico más grande responder con tonos monosílabas a cada palabra. Las palabras tocaron a su fin hasta llegar al pueblo, donde ambos chicos se separaron a sus respectivas casas, la joven chica le dedico un tierno beso en la mejilla antes de dividir sus caminos. Volviendo a sus hogares.
Había extendido su mano al oscuro techo de su cuarto, mirando con fina atención a cada uno de sus dedos tratando de aclarar su mente quién ahora estaba abordada por miles de temas distintos siendo el que el que más se pronunciaba; el maestro Pokémon. Aquello era un sueño muy grande para él, y tenía las de perder de que su madre le dejara salir a explorar toda la región él solo. A duras penas ella había logrado conseguirse una casa decente tras haber vivido en un casa humilde tras mucho años en otra región y es que ambiente nuevo le sentaba bien a Kalm quién le relajaba luego de lo agitado que fue su hogar anterior. Había logrado entrar escondiendo la PokéBall de su progenitora dirigiéndose al dormitorio respondiendo con excusas improvisadas a la preguntas de preocupación que mostraba la madre.
Se había posicionado de lado observando su escritorio, allí posado se encontraba el Chespin, quién al observarlo con dificultad se encontraba dormido. Sentía un leve sentimiento de enviada, al menos aquella criatura descansaba tan placido ajeno a la dificultad que estaba pasando el cabellos oscuros en ese momento. Se limitaba a meditar, tratando de alejar su mente a otras cosas de menor importancia a ver sí el sueño llegaba a él y terminaba por derrumbarlo hasta el día siguiente.
" Un solitario bosque veía a través de una densa neblina que cubría todo a su alrededor, no se escuchaba nada, ni siquiera el sonido de las hojas y el ruido de un Pokémon todo estaba tan callado, siendo lo único que se escuchaba eran los pasos del mayor quién avanzaba hacia adelante buscando una salida... Un claro cielo despejado cambió a nublado, mientras finas gotas de lluvias empezaba a caer, pocas, hasta aumentar su fuerza. Se llevó las manos a la cabeza corriendo hacia cualquier lugar en el que se pudiera refugiar, pero no había nada. El lugar estaba vacío, sin ruido, y sin personas o Pokémon a excepción de él. Sentía las piernas temblar del frío hasta caerse por el desequilibrio, empapando las ropas con lodo y fango.
Alzó la vista, observando nubes oscuras, que parecían inmóviles, que no tenían señales de querer detenerse hasta no haber inundado todo a su paso. Sentía el frío recorrer todo su cuerpo, quería salir huyendo, alejarse, pero las piernas no le respondían, estaban paralizadas sin dejarle hacer lo que deseaba. Se había resignado a bajar la cabeza a llorar, sin más cosa que dar.
Pero...
Una luz cálida le había envuelto de repente, sintiendo como aquellas nubes se habían desaparecido, dejando un claro cielo azulado. Se volteó hacia otro lado. Allí estaba, una criatura tan extravagante y tan imponente, con un par de cornamentas de gran tamaño de color plata, pero irradiaban una luz de diversos colores que aparecían después. De piel azul pacto. ¿Qué era eso? Su cabeza le repetía sin pausa, hasta que por inercia se acercó.
Sentía los parpados pesar, mientras la vista se le hacía nublosa, solo hasta un rato cuando se los frotó, veía que estaba en su cuarto. Se había levantado con pereza y casi sin fuerzas, aquél sueño le era de lo más extraño. Había levantado la mano para contemplarla, y darse un pequeño pellizco para comprobar si no seguía soñando. Para su sorpresa - y suerte- no fue así. Se había dirigido a la ducha para limpiarse y cambiarse, y así meditar sobre todo lo acontecido.
Salió al rato, poniéndose la ropa, era igual al que se puso en el día anterior, no quedando mucha diferencia. Se puso la gorra, los lentes y tras mirar su trofeo de oro de la copa infantil, salió escalones abajo.
Había bajado consiguiendo a su madre a los pies de la escalera, como esperándolo. Lo hizo que le diera cierto nervio seguir descendiendo. La señora levantó la vista para verle a los ojos, allí lo vio con tono diferente a la cálida madre que usualmente mostraba. Algo malo pasaba.
- Guten Morgen, Kalm- llevó el cucharon que tenía en su mano al hombro, mirando a su hijo hasta tenerlo frente a ella-. Hace rato vino Serena a decirme sí estabas listo para ir a buscar al profesor para iniciar la travesía de ser maestro Pokémon.
- Es-espera, ¿por qué vino tan temprano? - se intentó desviar del tema-.
- ¡Kalm, ¿En qué mundo estás?! - ella señaló al reloj de pared que estaba en el salón, ahí claramente marcan las 11:30.
El entrenador novato había mostrado un gesto de sorpresa mientras en su mente se intentaba procesar como había dormido tanto, o en otro caso, se había dado mucho tiempo pensado en la ducha. Pero el problema en ese momento era otro. Aquel rostro de molestia de su procreadora había cambiado de molesta a una de preocupación, hasta incluso abrazarlo. Sentía con calidez aquel calor ajeno de la mujer que estuvo con él desde prácticamente nacer. Le había devuelto el abrazo conteniendo aún las lágrimas que no había soltado en la cama, hasta separarse de ella al rato. La observó.
- Quiero ser entrenador, madre - estaba decidido-.
- Sabes que éste mundo es peligroso - ella dijo casi al instante-. Hay tantos misterios y adversidades en esta región aún no conoce, deberías esperar a ser mayor para hacer algo, mi hijo.
- Mama- bajó la mirada-. Sí espero demasiado no lograre hacerlo a tiempo, ahorita ya tengo la oportunidad, ya tengo el momento, puedo finalmente cumplir mi deseo que tanto decía en jardín de niños, explorar el mundo Pokémon. Ser tan fuerte como lo es Rojo.
La madre quedó en silencio, su preocupación no cesa, pero Kalm sentía que analizaba sus palabras, hasta dar una respuesta concentra. Respuesta que era mucho tiempo de espera, pero la madre respondió al minuto siguiente.
- Es-está bien... - agarró un celular de su bolsillo dándoselo en la mano a su cría-. Promete que me llamarás a menudo y me dirás como estás.
- Yo,... lo prometo... - su respuesta fue suficiente para que la madre le dedicara una sonrisa, antes de besarle la frente. Tras darse otro abrazo, Kalm salió del lugar, mirando nuevamente a su madre-. Nos vemos, madre.
Cerró la puerta, pudiendo escuchar antes de terminar de cerrarla; "cuídate hijo mío".
Estaba ya afuera, ya no se podía limitar a volver o echaría todo su drama al basurero. Había cruzado el jardín notando la ausencia de su querido amigo, entristecido de que no lo vería a partir a su gran recorrido que daría ahora. Quién sabría cuando sería el día en que nuevamente se volviera a cruzar con él. Se fue de su vecindario, listo para lo que se avecinara en su nueva aventura.
