#03
Amor entre sangres
Hermione se levantó temprano aquella mañana. A penas había podido dormir. No podía dejar de pensar en lo mucho que había cambiado su vida en una semana, y en que aquel cretino de Malfoy vivía bajo su mismo techo desde el día anterior.
Lo primero que hizo, en el mismo orden que hacía desde que empezó a hacerlo cada día de su vida, fue ir al baño a asearse. Un lavado de cara y dientes, peinarse y lo que considerara necesario. Luego de vuelta a su cuarto a vestirse. Tras haber realizado aquellas acciones tan simples y cotidianas, bajó a la sala principal. En ella había un chico de cara engreída y cabello platino leyendo "El Profeta".
Pasó cautelosamente al lado de él, pues sabía perfectamente que ella se encontraba en la misma estancia que él pero no se dignó a mirarla.
—Pero, ¿qué ven mis ojos? Si lees la prensa y todo… —dijo Hermione con cierta burla.
Malfoy le miró.
—Pero, ¿qué oyen mis oídos? Si la aburrida de Granger gasta bromas —imitó a la chica con incluso más mofa que la que había empleado ella—. Aunque sin gracia —añadió volviendo a dirigir la vista al periódico.
Hermione no pudo evitar reparar en la expresión de Malfoy, que decía claramente: "Esto no puede estar pasando". Ella sonrió para sus adentros.
—Te veo algo alterado —comentó sin quitar el ojo de él.
Malfoy suspiró con hastío y no se molestó en disimular la histeria que le recorría el cuerpo como un veneno.
—¿Cómo no iba a estarlo? —Preguntó mostrando el periódico—. ¡Mira! Salimos en portada —informó con un tono de voz que estaba entre el nervio y el lamento.
Draco estaba en lo cierto. En la portada de El Profeta aparecía una imagen del juicio que tuvieron, concretamente una del momento exacto en el cual Hermione afirmaba que mantuvieron una fuerte relación sentimental. El titular era "Amor entre sangres". Tuvo que cubrir su boca con la mano porque estaba a punto de soltar una carcajada.
—Bueno, es… —comenzó a hablar en un intento de decir algo coherente.
—¡Es una cursilada! —Cortó Draco—. ¿Amor entre sangres? —Leyó el titular con recochineo—. Y qué más.
Hermione dirigió la vista hacia varios puntos del lugar porque deseaba con todas sus fuerzas no seguirle la corriente a aquel estúpido hurón. Pero era muy difícil no replicarle. Ha estado casi nueve años de su vida haciéndolo, ¿cómo evitarlo ahora?
—Yo voy a ir a comprar algo para desayunar, ¿te apetece algo? —comentó tratando de ser cordial. Al fin y al cabo, no les quedaba más remedio que soportarse.
—No te molestes, ya fui a desayunar hace rato —Malfoy esbozó su particular media sonrisa—. Qué amable —dijo con sarcasmo.
Ella puso los ojos en blanco y salió de la casa sin despedirte de aquel enorme incordio. Pero lo cierto era que le había sorprendido que Malfoy estuviera completamente arreglado e inmaculado tan temprano, y que para colmo ya hubiera salido a desayunar.
Aquella era una de las cosas que desconocía de su siempre insoportable pesadilla. Tenía varias costumbres que con el tiempo dejaron de ser costumbres para convertirse en manías particulares. Draco siempre madrugaba, se levantaba como tardísimo a las ocho de la mañana, se duchaba todos los días muy temprano y se acicalaba de un modo propio de un Malfoy. Luego se tomaba un completo y lujoso desayuno digno de su persona y todo aquello para estar listo a las diez o antes.
La zona de la casa en la que se habían instalado estaba situada en una zona de viviendas proliferadas por magos, aunque había algún que otro muggle por los alrededores. Por lo tanto, podían encontrar cerca tiendas con productos procedentes del mundo mágico, pero si por el contrario lo que quería era algo de lo que había tenido a lo largo de su juventud en su vida sin magia, tenía que andar bastante más.
Llegó a una pequeña tienda de alimentación que estaba bastante cerca. Había dentro de la tienda tres personas más, una bruja con su hijo, y dos hombres mirando diversos estantes. Pensó en comprar lo básico para la mañana y ya acercarse al centro de Londres para comprar alguna de las cosas que le gustan a ella, por tanto cogió un paquete de leche y un dulce típico en los magos –el cual ella prefería llamar "croissant con forma rara". La mujer que estaba tras el mostrador tenía el pelo gris y una nariz puntiaguda, unas gafas preocupantemente cuadradas y una voz excesivamente aguda para los oídos de Hermione. En seguida le sonrió cuando la tuvo enfrente.
—Buenos días —saludó.
—Buenos días —sonrió Hermione forzosamente aunque desconocía el motivo.
—¿Qué tal tu primer día con tu marido? —Preguntó la mujer en un claro intento de cotillear, pues su voz había adquirido un tono chismoso y había llamado la atención del resto de clientes.
—Pues… bien —respondió incómoda.
—¿No te acompaña? —Interrogó con una excesiva curiosidad.
Estaba claro que no tenía ningún tipo de reparo en meter su afilada nariz en asuntos ajenos, pero lo peor de todo era que Hermione sentía que las personas de detrás comenzaban a murmurar entre sí a pesar de ser, aparentemente, simples desconocidos.
—Hoy no —contestó—. Está muy ocupado.
—Oh, qué pena —dijo la mujer y a juzgar por la expresión de su cara, parecía que se apenaba de verdad por ello.
Hermione huyó del lugar lo más rápido que pudo y fue hacia su casa. Entró nerviosa y se sirvió una taza de leche caliente acompañándola con aquel "croissant". Lo bueno de aquel bollo es que era más esponjoso y tenía más mantequilla que los croissants muggles, y, para colmo, tenía mucha azúcar espolvoreada por arriba. A ella le encantaban, eran de sus favoritos.
—Sigue comiendo y engordarás —comentó Malfoy, que había aparecido tras ella como un espectro.
—Déjame en paz.
—De acuerdo —se limitó a responder, encorvando los hombros hacia arriba y regresando al sillón.
Hermione le dedicó una mirada de soslayo y se dio toda la prisa que pudo para comer aquel pequeño manjar. En cuanto hubo acabado, marchó hacia la ducha. Se aseguró de cerrar bien la puerta, le era muy incómodo ducharse en un lugar donde sabe que Draco Malfoy está viviendo.
Por suerte, no tuvo problemas en ducharse, y en cuanto hubo acabado, se vistió y maquilló ligeramente su cara. Estaba a punto de salir por la puerta de la casa, pero Malfoy la detuvo.
—¿A dónde vas tan arreglada? —Quiso saber él, pues jamás había visto a Hermione Granger con maquillaje.
—A una entrevista de trabajo —respondió ella.
Draco se puso en pie y se aproximó hacia ella.
—¿De qué?
—A ti que más te da —dijo ella.
—Pues mucho, soy tu querido marido —sonrió a la par que enarcaba las cejas.
Hermione le dio un empujón.
—Me voy, que llego tarde.
Draco se quedó como una estatua en el recibidor de su casa. Se había quedado sólo en aquel nuevo hogar y no tenía ni idea de qué hacer. A aquel sitio le faltaba personalidad por todos los lados.
No tardó en caer en cuenta de que lo más probable es que Granger no le iba a acompañar para comer. ¡Qué bendición! Estaba seguro que comer con ella debía ser una muerte segura por indigestión o envenenamiento. Sin embargo, era plenamente consciente de que tendría que ir haciéndose a la idea, pues podría estar 730 días comiendo con ella.
Aun así, no quería pensar en ello y sólo le apetecía comer fuera de aquel lugar.
Las risas inundaban un caro restaurante llamado La pluma dorada. Era el favorito de Draco; buena comida y buen servicio. Todo el personal del lugar le conocía, no sólo por su apellido, sino porque era uno de los clientes más asiduos, había ido con su familia, con sus amigos e incluso sólo. Aunque el aquel momento se encontraba con la compañía de dos amigos.
—Entonces, Draco, ¿cómo es la vida de recién casado? —Preguntó Nott evitando reír.
—De ensueño —respondió con sarcasmo y claramente cabreado.
—Venga, Draco, no te enfades con nosotros —intervino Zabinni—. No tenemos la culpa de que estés viviendo un amor entre sangres —dijo una vez llevada las manos al pecho y teatralizando cada gesto y cada decibelio de su voz.
—En serio, chicos, sois el colmo del humor —cerró la carta que tenía en sus manos.
No tardó un camarero en llegar.
—¿Qué desea Sr. Malfoy? ¿Lo de siempre? —Preguntó el empleado.
—Sí —afirmó él.
Blaise Zabinni y Theodore Nott era lo único parecido a amigos que había tenido Draco en su vida. Estaban Crabbe y Goyle, pero no… Crabbe y Goyle eran más dos guardaespaldas que hacían todo lo que él les decía por miedo que otra cosa. Estaba claro, cuando las cosas se complicaron, tanto Zabinni como Nott se libraron de prisión al no haber llegado a los límites que había llegado él. Además, habían contado con alguna que otra pequeña ayuda durante el juicio. Mientras que Crabbe y Goyle… en fin, seguían como siempre puesto que a la hora de la verdad, abandonaron a Draco a su suerte.
Y ahí estaban ahora, Theodore y Blaise, bromeando sobre la dramática situación que vivía Draco desde hacía alrededor de 24 horas.
—Cuando se entere Pansy esto va a parecer un circo —dijo Blaise.
Draco se quedó tenso al oír aquello. Se había olvidado de Pansy, la incansable acosadora Pansy Parkinson. Había dejado de responder a las cartas que le enviaba la joven desde hacía dos meses. Pansy era una buena amiga también, no iba a negar aquello, pero era de estúpidos fingir no darse cuenta de que ella siempre había querido algo más.
—Ya se habrá enterado —comentó Theodore—. ¿Os recuero la portada de El Profeta? —Tenía unas ganas insaciables de reír.
Se echó las manos a la cabeza. Deseaba con todas sus fuerzas que Pansy reaccionará como una bruja decente en sus cabales y no fuera a montarle una escena de celos.
—Por cierto, antes nos has comentado algo de heredar la empresa de tu abuelo —dijo Blaise.
—Ah, sí… Magic Source. Supongo que ya la conocíais.
—¡Pues claro! —Exclamó Zabinni—. Es la empresa más prestigiosa de todo el mundo mágico.
Para Malfoy, aquellas palabras eran como música para sus oídos. Una vez más, contaba en la palma de su mano con algo de gran valor.
—Ya… Es normal —dijo dándose aires.
—¿Y Granger? ¿Tiene trabajo? —Quiso saber Theodore. El siempre curioso y risueño Theodore Nott.
Draco no pudo evitar dedicarle una mirada borde a su amigo. Odiaba que le recordaran a aquella chica. Lo odiaba desde ayer, porque anteriormente, el nombre de Hermione Granger era la excusa perfecta para dinamitar contra San Potter, la Comadreja o ella misma, la sangresucia.
—No. Hoy se iba a una entrevista de trabajo —respondió con desgana.
Theodore enarcó las cejas.
—Así que Granger aún no tiene trabajo… —comentó él—. Bueno, supongo que es normal, aún estamos en crisis desde la Segunda Guerra Mágica.
El rubio dio un sorbo a su copa de vino.
—Mi madre dice que cuando retome la empresa del abuelo y le vuelva a dar el orden que necesita, se generarán muchos puestos de trabajo.
Theodore esbozó una sonrisa tan amplia que no le dio buenas vibraciones a Draco.
—¿Por qué no contratas a Granger? —Preguntó sugerente.
—¡Estás loco! —Se escandalizó Draco—. Tengo más que suficiente con tener que verla en mi nueva casa, como para tener a una sangresucia en el trabajo.
—Pero, tú serías su jefe —añadió Blaise.
Los ojos de Draco se iluminaron enormemente al oír aquello. Era cierto, él sería el jefe y Granger una empleada cualquiera. Podía incordiarla cuanto quisiera y desahogarse tanto como quisiera.
Hermione llegó a las ocho de la tarde aproximadamente a casa. Se sentó en uno de los sofás del salón y dejó escapar un suspiro de cansancio. Otro día más sin suerte. Necesitaba encontrar trabajo más ahora que se había mudado, no iba a pedirle dinero a sus padres para poder seguir viviendo en aquel lugar. Malfoy no le había comentado el cose de la casa, pero no hacía falta que lo hiciera porque, al tratarse de él, estaba claro que no sería barato precisamente.
En aquel momento, oyó como se abría la puerta de la entrada. Malfoy acababa de regresar.
—Eh —Draco dejó escapar ese sonido y Hermione lo interpretó como el modo más cordial que tenía él de saludar.
—Hola —dijo ella, con la cara apoyada en su mano derecha, mientras el codo estaba sobre su rodilla.
—Has encontrado trabajo, supongo —comentó Draco paseándose alrededor de ella.
Hermione se limitó a mirarle con rencor y no respondió.
—Oh, vaya. Supongo que eso es un no —continuó hablando Draco.
—Cállate, Malfoy —espetó ella.
—Huy, qué modales —silbó él—. Yo que te iba a proponer algo para agradecerte lo que estás haciendo por mí…
Ella le miró con un poco más de interés del que tenía antes.
—¿El qué? —Indagó.
—¿Conoces la empresa Magic Source?
—Más o menos. He oído hablar de ella.
—Genial, pues te puedo conseguir un puesto de trabajo ahí, ¿qué dices?
Hermione permaneció en silencio durante un breve instante. Trabajar en una empresa del mundo mágico no era lo que tenía en mente cuando pensaba en planes de futuro. Sin embargo, sabía que no se encontraba en pos de rechazarla, necesitaba trabajar cuanto antes.
—De acuerdo —cedió—. ¿Cuándo me entrevistan?
Malfoy ladeó la cabeza.
—Olvídate de tus amadas entrevistas Granger —dijo apoyando las manos sobre los hombros de ella—. Limítate a estar el lunes a las ocho de la mañana en Magic Source, yo me encargo del resto.
Ella frunció el ceño.
—Gracias pero me extraña que tengas tanto interés —observó con desconfianza, sin apartar la mirada de él.
Draco miró hacia otro lado.
—No creerás de verdad que yo iba a ser el único que iba a pagar esto.
—¿Tú o tus padres? —Hermione se cruzó de hombros.
—Granger, por favor. Yo trabajo —dijo.
Hermione no pudo disimular su sorpresa.
—¿En serio?
—Me molesta que pienses así de mí.
—Sí, ¿eh? ¿Cómo puedo ser tan mala? —Teatralizó poniéndose en pie—. Me voy ya a dormir. No tengo hambre.
Malfoy enarcó una ceja y no dijo nada más.
¡Ring, ring! Riiiing. Aquel sonido tan irritante que le recordaba a un crucio provenía del salón. Era domingo, al fin. Habían pasado dos días como el viento, casi sin darse cuenta y Granger apenas se había dejado ver aquellos dos días.
Draco pudo comprobar con cierto horror que el sonido venía de un extraño objeto rojo que había sobre una mesita al lado del sofá. Desenvainó su varita y se acercó a él apuntándolo con ella.
¿Cómo era posible aquello? ¿Qué hacía aquel endiablado objeto en su casa, sonando como si fueran las trompetas del Juicio Final?
Antes de poder agitar su varita y abrir la boca para pronunciar algún hechizo, Hermione le detuvo.
—Quieto, Malfoy —frenó.
—¿Eres tú la causante de semejante ruido?
—Esto, querido mío —hizo especial hincapié en pronunciar las dos últimas palabras—, se llama teléfono. Es un objeto muggle.
—¿Y qué hace un objeto muggle en mi casa? —Quiso saber él.
—Pues porque también la mía, idiota —respondió ella mientras descolgaba el teléfono y se lo llevaba a la oreja—. ¿Diga? Hola, mamá. Sí, muy bien. Mañana empiezo a trabajar en una empresa. Sí, ya te contaré como me va. ¿Mi marido? —miró a Malfoy—. Un poquito tonto. Jajaja, sí. Bueno, ya nos vemos. Hasta mañana.
—Espero que no te estuvieras refiriendo a mí con lo de tonto —dijo Draco.
—Claaaaaro que no, Malfoy —dijo con sorna.
—Granger, no me vaciles mucho, porque te aseguro que te arrepentirás —advirtió delineando una mueca que pretendía ser una sonrisa.
Y no podía estar más en lo cierto, porque Hermione no era consciente de lo mucho que se arrepentiría de ir a trabajar a Magic Source.
Hola :)
¿Qué os ha parecido este nuevo capítulo? Ya sabéis que podéis dejare un review con vuestra opinión, me emociono cada vez que me llega un correo avisándome xD
En fin, gracias por leerme, es especial a quienes me dejaron reviews en los anteriores capítulos.
Nos vemos en el siguiente
Besos,
Vel-
