#04

Magic Source

El sol brillaba de un modo cegador. Hermione se había asegurado de llegar pronto a Magic Source, se había perdido un par de veces pero al fin dio con ella. La empresa estaba muy cerca de Gringotts y era casi tan vistosa como el edificio mencionado, de fachada blanca y grandes pilastras clásicas, de orden jónico y corintio. Entró en el edificio, la recepción tenía un suelo de mármol perfectamente liso y resplandeciente, con el enorme sello en pintura dorada del lugar, una tarántula rodeando una espada, dibujada en el suelo. Había elfos trabajando en la limpieza, con uniformes decentes y no con viejos sacos de patatas. Aquel detalle le hizo sonreír para sus adentros, había igualdad aparentemente en aquel lugar, a pesar de que el logo le recordó a la Casa Slytherin e inevitablemente a su reciente marido. Se acercó al mostrador de recepción, había una mujer trabajando en él que vestía el uniforme de la empresa: una chaqueta turquesa y una falda negra y un gorro pequeño y rematado en una punta que estaba ladeada hacía el lado derecho de su cabeza que recordaba a los que llevaban las estudiantes de la Academia Beauxbatons.

—Disculpe… —dijo Hermione tras carraspear—. Soy una nueva empleada… Me ha recomendado Draco Malfoy, me gustaría ver al jefe.

La recepcionista enarcó una ceja.

—Claro, el jefe… —comentó como si fuera obvio el comentario de Hermione—. Es la última planta, pasillo de la izquierda, puerta del final —informó y acto seguido señaló hacia un punto del lugar—. Sube por ahí.

Hermione agradeció con la cabeza y se dirigió a donde le habían indicado, una especie de ascensor que no funcionaba como los que ella conocía, sino con energía mágica. Entró en él y subió hacía la última planta: la séptima.


Estaba sentado en una cómoda y mullida silla negra, con ruedas abajo para poder moverse con facilidad por todo el despacho. Su despacho. Qué dulce lugar aquel. Sin embargo, aún se sentía un poco incómodo por pequeños detalles, como la foto de su abuelo Abraxas, en la cual salía moviendo los brazos enérgicamente o un pequeño recipiente de cristal lleno de los caramelos favoritos de su padre. Pensar en ambos hacía que le dieran escalofríos. Realmente, su despacho estaba rodeado de la esencia de su abuelo, no en vano lo había cuidado él tantísimo tiempo.

Echó la cabeza hacia atrás, teniendo el torso apoyado en el respaldo y exhaló. ¿Cuándo iba a llegar la marisabidilla? Estaba impaciente por ver su cara de asombro a encontrarse a él como jefe. Era genial, su odiado marido era su jefe en el trabajo. No podía ser más divertido. Se frotó las manos y se relamió los labios al pensarlo.


La puerta del fondo, ahí estaba, bañada en pintura negra, no como las demás puertas que había podido apreciar ella, que eran todas blancas. Una vez frente a ella, leyó el letrero de al lado que ponía "Despacho del ". Cuando vio aquello sintió como si un trueno resonara en su cabeza.

Abrió la puerta con miedo y se asomó con suma lentitud. Apreció un sillón de oficina que le daba la espalda, el sillón se giró en su dirección y ahí pudo contemplarle, lo que más temía desde hace unos segundos, la persona más insoportable de toda la galaxia y su principal dolor de cabeza, sentado en su sillón con una pose de superioridad y mirándola con su característica sonrisa torcida.

—¡Sorpresa! —Exclamó dando una palmada.

—¿Qué significa esto, Malfoy? —Cuestionó la chica, sorprendida y alimentando una furia en su interior.

—Pues significa que soy el jefe de esta empresa y tú vas a trabajar para mí —declaró poniéndose en pie y andando con parsimonia de una punta a otra de la mesa. Frenó de nuevo frente a la mesa, abrió el primer cajón y sacó un documento y una pluma. Hermione fue a abrir la boca para replicar, pero Malfoy la calló levantando la mano en señal de que no dijera nada—. Toma, tu contrato. Firma.

Hermione se acercó, cogió el documento y comenzó a leer cuidadosamente su contenido.

—¿Por qué lo lees? —Preguntó Draco, algo indignado, como si fuese un insulto.

—Obviamente no pienso firmar nada sin leerlo —respondió Hermione moviendo la cabeza de un modo que reflejaba su incredulidad ante el comentario del siempre estúpido Draco Malfoy. Conforme leía más se sorprendía del contenido. No parecía tan disparatado como pensaba, en especial tratándose de él. Se trataba de un horario de seis horas de trabajo, dos días libres y demasiado bien pagado. Un año de contrato. Bueno, no estaba mal, de hecho, estaba mejor de lo esperado—Está bien. Voy a firmar.

—Pues claro que vas a firmar —enunció él, quitándole el impreso de las manos en cuanto hubo acabado de firmar.

—Tu puesto de trabajo estará en la planta de abajo —explicó acercándose a Hermione.

—¿De qué vas vestido? —Frunció el ceño al ver su traje de chaqueta y corbata, tan inmaculado como siempre y tan negro y oscuro como el interior del chico.

Estado tan cerca el uno del otro, pudo apreciar la estatura de él, era sin duda más alto que Harry y estaba convencida que también de Ron. Pero nunca antes se había fijado en ese detalle, lo único que le había preocupado era pensar en lo mal que se llevaban y en sus más que justificados motivos para ello. Pero ahora estaba frente a ella, vistiendo un elegante traje, acompañado de su comportamiento aristocrático y de su pelo peinado hacia atrás, con unos mechones que le caían por la frente. Por su aspecto, daba totalmente la certera impresión de que era el jefe.

—Granger… No te emociones, por muy seductor que esté con este aspecto, no te voy a rozar a menos que sea con un palo —afirmó Draco—. Bueno, ve a tu puesto, me pasaré a vigilar que hagas tu trabajo correctamente. Cualquier error conllevará a fuertes represalias.

—Estupendo —respondió ella—. Pero te recuerdo que estamos casados y todo el mundo cree que somos una parejita caramelizada— agudizó su tomo de voz para sonar cuanto más repelente mejor—. Y si el Ministerio descubre que le estamos tomando el pelo… Azkabaaan —pronunció aquella última palabra tatareando.

Un escalofrío recorrió la espalda de Draco. Se había olvidado de aquel importante detalle. Aparentar ahora era para él más importante que nunca, sin embargo lo que le molestaba era que no se trataba de aparentar como hacía antaño, poniendo su mueca de superioridad y mirando por encima del hombro a cualquiera, fingiendo que sabía más de magia que cualquier otro mago; ahora se trataba de simular que estaba enamorado de una sangresucia, pero no de una sangresucia cualquiera, no, de la irritante Hermione Granger.

—Bueno, puedo hacer un esfuerzo —fue lo único que dijo.


El ascensor, el cual tenía otro nombre y Hermione no recordaba, emitía un sonido futurista propio de películas de ciencia ficción. Cuando se abrió la puerta en la cuarta planta, dio de bruces contra el torso de un chico que estaba parado en la entrada del aparato para subir a él. Se llevó la mano a la nariz, pues el impacto le había hecho daño.

—Lo siento —dijo sin dejar de frotarse la nariz.

—No es nada —respondió él.

Dirigió la vista a aquel joven y pudo darse cuenta de que era Theodore Nott. Vaya, qué casualidad, un amigo de Malfoy. Sin embargo, jamás había intercambiado palabra con Nott, le parecía un chico demasiado tranquilo y desinteresado sobre cualquier asunto del mundo mágico. Por aquel motivo, no estaba segura de que decir sin resultar muy extraña, y más teniendo en cuenta que está casada con un amigo suyo.

—¿Has empezado a trabajar aquí? —Nott consiguió liberarla de aquella tensión cuando comenzó a hablar.

—Sí —dijo a la vez que asentía con la cabeza—. ¿Tú también trabajas aquí?

—No, yo sólo he venido a ver a Draco, pero estoy en la cuarta planta… —pensó como terminar la frase, porque en el fondo sólo quería ir a ver como estaba el horno para Malfoy y así poder divertirse a su costa—, mirando el funcionamiento de la empresa. Quizá Draco necesite mi ayuda alguna vez.

En el rostro de Hermione se dibujó una sonrisa.

—Parece que eres un buen amigo para Draco —comentó mencionando por el nombre de pila a su enemigo, pues creía que Nott desconocía que aquel matrimonio era mero teatro.

—Sí, no tiene muchos amigos de verdad —afirmó Nott entrando ya al ascensor—. Nos vemos —dijo antes de que las puertas se cerraran del todo.

Ella prosiguió su camino, en aquella planta habían varias oficinas, a ella le tocaba la tercera puerta a la derecha. Habían varias personas trabajando en el lugar. Lo primero que vio fue una desastrosa montaña de cartas y dos personas atendiéndolas, unas varias personas hechizando sus plumas para poder redactar rápidamente y un gran panel que parecía electrónico pero que no lo era, con un plano de todo Londres, donde tres personas se encargaban de calibrar la energía mágica correctamente.

Se quedó como una piedra, parada dos pasos después de haber pasado por la puerta, sin saber qué hacer o qué decir. Malfoy no le había explicado correctamente en qué consistía su trabajo y ahora estaba de decoración allí, mientras veía a personas trabajar.

—¡Hermione! —Exclamó una voz. Ella se giró para ver a la persona en cuestión y con sorpresa pudo ver que se trataba de Lavender Brown—. ¿Eres nueva?

—Sí… —que incómoda se sentía en aquellos momentos—. He empezado hoy.

—Yo hace un par de semanas —informó la rubia—. ¿Te ha enchufado el jefe? —Le guiñó el ojo—. Lo sé, me he enterado. Lo sabe todo el mundo.

Aquella manera de fisgonear en asuntos ajenos no resultaba muy agradable para Hermione, además, notaba cierto retintín en la pregunta de la chica que no sabía que responder. Ahora que lo pensaba, se podía considerar "enchufe". Aunque ella supiera que estaba totalmente cualificada para ejercer cualquier tipo de trabajo.


—He visto a tu mujer —comentó Theodore Nott.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó Draco ignorando el comentario de Theodore, mientras leía El Profeta y descansaba sus pies sobre la mesa.

—Digamos que me aburría y he venido a incordiar —dijo sentándose en la esquina de la mesa y cruzando los pies.

Draco cerró el periódico de golpe.

—Enhorabuena, eres todo un profesional.

Theo echó a reír.

—He pasado por todas las plantas antes de venir y en todas ellas, el noventa por ciento de las empleadas beben los vientos por ti —informó Theo, cogiendo uno de los caramelos que tenía Draco en el cuenco de cristal y llevándoselo a la boca.

El rubio sonrió para sus adentros al oír aquello. ¿Cómo no iba a hacerlo? Siempre ha sido así, siempre ha vuelto locas a las chicas. Era todo un casanova desde que estudiaba en Hogwarts, había llevado a la cama a un índice amplio de estudiantes. La mayoría de Slytherins, bastantes Ravenclaws y Hufflepaffs e incluso varias Gryffindors. No era de extrañar que ahora sus empleadas sintieran un ardiente deseo por él.

—Comprensible —fue toda su respuesta, mientras se ponía en pie.

—Y… ¿Cuál es el trabajo de Granger exactamente? —Preguntó con una clara intención interior, la de presenciar un teatro entre esos dos, fingiendo que se quieren. Al ver la cara de Draco, que estaba blanca pues se había quedado sin respuesta, prosiguió: — Creo que deberías bajar a indicarle…

Pasó al lado de Theodore enfurecido y fue en dirección de la oficina de Granger.


Hermione no sabía cómo escapar de la viperina voz de Lavender. ¿Siempre fue tan habladora y cotilla? Sí, estaba claro que sí. La guerra trastocaba hasta a los más cuerdos, y siendo Lavender no tuvo que esforzarme mucho en penetrar en su locura.

Se sintió aliviada al ver entrar a Malfoy a la oficina, con su cara arrogante y ajustándose la corbata. No obstante, a su vez se le pusieron los pelos de punta cuando sus miradas se cruzaron.

—Gran… —Iba a dirigirse a la chica por su apellido, como siempre había hecho, pero los murmullos de los presentes, muy emocionados por verles juntos por fin, le recordaron que debía llamarle de otro modo—. Hermione…

El corazón de la chica dio un vuelco cuando escuchó a Malfoy llamándola por su nombre. Nunca antes lo había hecho, sólo lo hacían sus amigos y familia por lo que oírlo de él, resultaba tan extraño, tan atípico, que la sensación era compleja e indescriptible. Tuvo la sensación de que se enrojeció levemente, el problema de ello era la razón, la cual desconocía.

—Dime —dijo ella.

—Te voy a explicar tu trabajo —miró al personal y les dirigió una mirada fulminante que todos interpretaron como un "volved al trabajo, inútiles". Volvió a dirigirse a mí—. ¿Ves esa montaña de cartas? —Preguntó señalando aquel montón que tanto había llamado la atención de la joven en el momento en el que entró al lugar—. Tu trabajo será encargarte de toda la correspondencia, anotar cualquier queja, sugerencia o problema correspondiente de cada uno de nuestros ciudadanos. Vosotros, parad —las dos personas que estaban l cargo de la correspondencia frenaron en seco—. Hermione se encargará de vuestro trabajo.

—¡¿Qué?! —Vociferó Hermione, que estaba atónita.

—¿Pasa algo, querida? —Aquel "querida" le resultó a Hermione entre forzado y con el objetivo de importunarla.

—No, nada —ella se vio obligada a forzar una sonrisa y a seguirle la corriente.

Theo estaba disfrutando de la situación y saboreándola más que aquel caramelo que cogió del despacho de su amigo. Estaba deseando rememorarlo contándoselo a Blaise y compartiendo unas buenas carcajadas, sabía con certeza que le haría tanta gracia como a él.


Las horas pasaron como unas saetas de fuego en una competición sobre quién era más rápido. Hermione no había terminado el espantoso trabajo que Malfoy le había encomendado y no hacía más que maldecirlo en su mente.

"¿Quién se ha creído que soy ese maldito hurón?" Pensó. "Con razón tenía tantas ganas de conseguirme empleo, a él que invierta dinero en nuestra nueva casa le importa un comino pues tiene dinero de sobra. Lo único que quería era tenerme bajo su poder en cierto modo, poder controlarme y atosigarme".

Definitivamente, sus seis horas de trabajo volaron, y la montaña de cartas había bajado bien poco, sin embargo, las hojas de su bloc se llenaban a una velocidad pasmosa. La gente había comenzado a regresar a sus hogares para comer y sólo comían unos pocos en la empresa. Malfoy volvió a pasar por la oficina y la vio completamente entregada a su nuevo trabajo.

—¿Aún sigues así? —Preguntó él—. Que lenta eres, creí que eras más rápida.

—Lo siento, alguien me ha puesto a hacer el trabajo de cinco personas —replicó ella.

Draco silbó y sonrió.

—Huy, me parece que aquí hay una persona que está en esos días.

La joven no pudo evitar poner los ojos en blanco.

—Muy gracioso, Malfoy —dijo—. Si no piensas ayudarme márchate.

—Sí, claro que me voy. Eso faltaba, que te hiciera yo el trabajo —aseveró Malfoy—. No pienso esperarte, Granger. Me voy a comer. Suerte —alzó la mano en señal de despedida a lo cual Hermione respondió únicamente sacándole la lengua.

Una vez sola, continuó con el trabajo. Le sorprendía ver que la empresa de Malfoy era tan demandada, y también le sorprendía ver que los Malfoy se ganaban la vida de alguna manera. No sabía por qué, pero siempre creyó que el dinero de aquella familia creía en sus jardines.

Su estómago comenzó a rugir, se imaginó a Malfoy comiendo en algún delicioso y lujoso restaurante, de aquellos que ella sabía de sobra que frecuentaba y de los cuales no se privaba nunca. Obviamente, ¿cómo iba Malfoy a prepararse la comida? Y más aún, ¿habría sido Malfoy capaz de haber ido a hacer la compra alguna vez en su vida? Hermione lo pensó detenidamente y llegó a la conclusión de que Malfoy era un alienígena de un planeta muy lejano, puesto que eran tan diferentes. No por su sangre, sino por su actitud, sus gustos, su comportamiento… todo.


Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac. Aquel reloj de pared con forma de lechuza le desquiciaba, cada vez que la aguja de los segundos pasaba, el dichoso pajarraco de madera y cristal movía sus ojos de un lado a otro. Draco llevaba toda la tarde sentado en el sillón, mirando a aquel objeto, deseando fervientemente lanzarle un bombarda para que dejara de volverle loco. Se aburría más que un perro sin que su dueño le sacara a pasear. Ni Theodore ni Blaise estaban disponibles ni para comer ni para pasar la tarde, y él sentía que aún no tenía el suficiente coraje como para andar tranquilo por la calle soportando las especulaciones de los ciudadanos. Y por supuesto tampoco iba a llamar a Pansy, ni loco.

Cuando se quiso dar cuenta, había anochecido y había pasado la hora de cenar. Se había quedado dormido. Se levantó para servirse un poco de agua pues sentía su boca seca. Echó un vistazo al piso de abajo de la casa, todo estaba oscuro y con un silencio sepulcral. Subió las escaleras con lentitud, el piso de arriba también estaba decorado con un silencio absoluto. Repiqueteó en la puerta de Hermione, pero no obtuvo respuesta.

—¿Granger? —Interpeló sin demasiada convicción.

Abrió la puerta de la habitación de la castaña con suma cautela, y asomó su cabeza para observar en su interior. Ni rastro de ella. Entró y se quedó mirando la habitación, en especial fijó su atención en el escritorio blanco y en lo que había sobre él. Habían tres marcos con fotografías, una era una foto muy extraña, pues aparecía ella con dos señores mucho más adultos completamente quietos, sin moverse ni un ápice, como estatuas. En otra salía riendo feliz, con San Potter y Weasel a cada lado, mientras pasaba sus finos bracitos sobre los hombros de aquellos dos. Draco no pudo evitar sentir una rabia en su interior al ver esa fotografía en concreto, no sabía si se trataba por ver al trío dorado junto y alegre, o por ver una sonrisa en la cara de Granger que nunca antes había visto. Pero no era porque no había visto esa sonrisa, sino porque nunca la había esbozado para él, claro que eso Draco lo ignoraba, él era más feliz pensando en lo superior que era a ella.

La tercera foto fue la que más le sorprendió, era lo último que esperaba ver, era otra foto completamente congelada y estaba en blanco y negro, era una foto retrato en la que Hermione aparecía en un plano medio corto, en blanco y negro, no llevaba ropa aparentemente, no se dejaba ver nada puesto que salía tapándose los pechos con los brazos. Miraba a la cámara con intensidad y tenía los labios entreabiertos de una forma bastante atractiva, y su pelo de leona, recogido con una coleta despeinada que hacía que diversos mechones cayeran por su rostro y que rozara sus hombros, le terminaban de atribuir a la foto un toque muy sensual.

Draco tragó saliva ante aquella sorpresa, porque sí, aquello era toda una sorpresa. ¿Qué había pasado con la marisabidilla de Hermione Granger? Aquella imagen no representaba exactamente el concepto que él tenía de la sangresucia.

Salió de la habitación fingiendo no haber visto aquellas fotografías, o más bien, fingiendo que no había pensado que Granger estaba muy seductora en aquella fotografía.


Hermione dormía apoyada sobre la mesa del trabajo, los rayos de luna se filtraban por la ventana y acariciaban su cara por la noche. Estaba tan cansada que cuando terminó con el trabajo y se apoyó a descansar un rato, antes de darse cuenta había caído profundamente en los brazos de Morfeo.

Draco entró a la oficina y se la encontró durmiendo. Se acercó a ella para mirarla con atención.

—Eh, Granger… —dijo, pero ella no despertó.

Las pestañas de la chica eran más largas que las de la fotografía y Malfoy se fijó en que sus labios, carnosos y rosáceos permanecían entreabiertos como en la fotografía. Parecía estar feliz mientras dormía, pues la comisura de sus labios semejaba que dibujaba una sonrisa.

Draco no era consciente de la situación y de que estaba completamente absorto en el rostro de la joven. Pero cuando se dio cuenta de lo que hacía y de sus pensamientos, le dio un buen pellizco a Hermione en su mejilla hasta despertarla.

—¡Ay! —Se quejó ella, despertándose—. ¿Se puede saber qué haces?

—Despierta, que ya son horas —dijo Draco.

—Mierda, me he quedado dormida —comentó Hermione poniéndose en pie y guardando sus cosas en su cartera de trabajo lo más rápido posible.

—Vámonos a casa —Draco le había dado la espalda.

Cuando dijo esto, Hermione se percató en un diminuto detalle en el que no había caído antes, ¿Malfoy había vuelto a por ella? No encontraba otra explicación, estaba tan sorprendida de pensar en que Malfoy había tenido ese pequeño detalle con ella que en el fondo se alegró.

"Quizá, en el fondo, Malfoy no es tan cruel y despreciable" Pensó.

Hermione siguió a Malfoy y permaneció andando unos pasos tras él, en silencio.

Lo que desconocían ambos, era que Dumbledore, con su plan, quería darles una lección a ambos. Una lección llamada amor. Claro que ellos aún tardarían en descubrirlo.


Hola pájaros sin cola!

Espero que os haya gustado muuucho este capítulo. La verdad es que me gusta mucho escribir este fic, no se parece nada a Subyugada, este es más alegre y feliz! XD Pero bueno, le tengo cariño a ambos. La verdad es que ha habido una persona que ha intentado deprimirme en lo que respecta a escribir fanfics, ya contaré más detalladamente en este huequito del próximo capítulo de Subyugada. En fin, contadme, contadme, ¿qué tal? ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? Venga, venga, dejadme reviews con vuestra opinión, que ya sabéis que yo siempre acepto críticas! (constructivas por favor, no destructivas, destructivas nunca, a nadie). Jo, estoy demasiado habladora, ¿verdad? Me pregunto quién será capaz de leer esto ¡jajaja!

Bueno corazones, gracias por leerme, especialmente a quienes dejaron un review en el capítulo anterior: Serena Princesita Hale, aRiElLa 95, anguiiMalfoydark, rebeca, mary-animeangel, The Ladycat69, Mari, Sakura Gremory, Klaes 13, SexyDarkWitch, Natalys

Un beso a todos toditos!

Nos vemos en el próximo capítulo!

Vel-