#06
Cena familiar
Hermione se había metido en la ducha, aun notaba el rubor de la situación que había sucedido apenas instantes atrás. Qué vergüenza, que situación tan violenta. No podía haber sucedido el accidente con otra persona, no, tenía que suceder con el hurón de Malfoy. Tenía la sensación de que la cena no sería precisamente un éxito, siendo sus padres tan animados, su "marido" tan indeseable y su madre, que no la conocía mucho, pero no esperaba nada bueno de ella.
El individuo en cuestión, que abundaba en sus pensamientos, no tardó en aporrear la puerta del aseo.
—Granger, sal de una vez —dijo, y en su tono de voz se palpaba su desesperación.
—Saldré cuando me dé la gana —fue la respuesta de la Gryffindor.
Al oír aquella réplica, fue a abrir la boca para responderle, pero se calló y se limitó a torcer la boca hacia el lado y a enarcar las cejas. Mejor se ahorraba la discusión por lo que bajó las escaleras para volver al salón y sentarse en el sofá tranquilamente. No se reconocía. Se tumbó en el cómodo asiento, vestido en un elegante traje negro, con una corbata plateada. Se había peinado el pelo hacia atrás, pero se había dejado varios mechones cayendo sobre su frente, lo cual hacía que se encontrara a sí mismo más seductor que de costumbre.
El timbre sonó, decorando el hastío que se apoderaba de las entrañas de Draco mientras esperaba a su siempre irritante mujer.
—¡Granger! —Levantó la voz para que la aludida le escuchara, pero no obtuvo respuesta alguna y sólo podía oír caer el agua de la ducha.
El timbre volvió a sonar, insistente e impaciente y el rubio se levantó entre bufidos para abrir la puerta. Lo que vio al hacerlo fue a una pareja excesivamente sonriente, mirándole fijamente. El hombre, que lucía unas gafas de pasta, tenía sobre su labio superior un espeso mostacho, y la mujer, de pelo castaño, portaba en sus manos una botella de vino.
—Creo que se han confundido de lugar —dijo él, ya moviendo la puerta para cerrarla en las narices de aquellas personas.
—No —se apresuró a decir la mujer, mientras el hombre sujetaba la puerta con la palma de la mano—. No nos hemos equivocado, cielo —un escalofrío recorrió la pálida espalda trajeada de Draco al oír que se dirigían a él de aquel modo—. Somos los padres de Hermione.
Ahora lo entendía todo, eran los padres de Granger. Estaba completamente justificado que hubiera sentido aquel repelús al verles, estaba en sus genes. Sus genes de maggles ignorantes. Sin embargó recordó su situación, y se obligó concienzudamente a esbozar una sonrisa que no le hacía creer a nadie que estaba conforme con conocer a sus suegros.
—Hola, Sta. Granger —utilizó aquel diminutivo formal, que le hacía parecer un zalamero, con la intención de que no viera lo irritado que estaba por dentro—. Sr. Granger —mencionó también, haciéndose a un lado para que pudieran pasar a su hogar—, adelante. Es un placer conocer a los padres de Gr… Hermione, al fin.
La pareja se auto-invitó a adentrarse en el salón de la morada. La Sra. Granger dejó la botella sobre la mesita de caoba que había al lado del sofá favorito de Draco.
—Puedes llamarme mamá —informó colocándose frente a él, tocando sus hombros con afecto. Recorrió todo la imagen del joven con la mirada preparada para juzgarle—. Eres mucho más guapo que lo que Herms nos había dicho. ¿No lo crees tú, Richard?
—Sí, parece un buen muchacho —afirmó su padre.
Al oír aquel elogio, Draco se creció para sus adentros. Era normal, no le sorprendía en lo absoluto que unos simples e inferiores muggles, como eran los Granger, le alagaran. Sin embargo, era divertido pensar en ello si se trataban de los padres de su esposa postiza.
—¿No ha venido aun tu madre? —Quiso saber—. Quizá hemos llegado demasiado pronto.
—Una media hora —puntualizó Draco, sonriente.
Los padres de Granger parecían muy habladores. Bastante vivaces y extrovertidos, y sobretodo, le hablaban con bastante mimo. Todo lo contrario a lo que hacía la leona. Aunque si se paraba a pensarlo, era algo comprensible.
Pocos segundos después se oyó la puerta del servicio del piso de arriba.
—¿Con quién hablas? —Cuestionó levantando la voz para que le oyera el individuo de la planta baja y los invitados.
—Con tus padres, bonita —respondió con un palpable sarcasmo en la última palabra.
Se oyó un fuerte golpe, ruido de pisadas histéricas y la puerta del armario abrir y cerrarse a la par que varios cajones lo hacían. Era más que evidente que la joven se había alterado ante el abuso de puntualidad de sus padres, que técnicamente no se le podía denominar así a causa de lo temprano que habían llegado. Ella confiaba en arreglarse tranquilamente, revisar como estaba la cena mientras le exigía a Malfoy, después de haberse dejado la voz lo suficiente, que pusiera la mesa. En ello confiaba plenamente. Pero no, ahora tenía que hacer aquello sabiendo que estaban sus padres y el hurón a solas bajo el mismo techo. Temblaba de pensarlo.
—Papá, mamá —mencionó una vez hubo bajado a recibir a sus progenitores, con el pelo aun mojado de la ducha—, hola. ¿No habéis llegado muy pronto?
—Hija, eres muy lenta. ¿Qué te tengo dicho acerca de la puntualidad? Queda media hora y aun tienes el pelo mojado —observó su madre con los brazos en jarras.
Hermione agarró a sus padres de los brazos y los llevó al salón.
—Sentaos en el sofá mientras yo termino de arreglarme —indicó con determinación. Miró a Malfoy—. Y tú pon la mesa, cielo —pronunció aquella última palabra con retintín.
El rubio pensaba negarse, como siempre, pero cuando se quedó solo de nuevo con la familia de Granger, analizando cada uno de sus movimientos con la mirada, leyendo sus pasos, mientras no se les difuminaba del rostro aquella sonrisa complacida que decía claramente: "Sí, somos tus suegros".
Hermione pensó detenidamente que ponerse. Iba a ver a la madre de Malfoy, que era una dama negra a su parecer, y era consciente de que le iba a juzgar nada más verla, tanto a ella como a sus padres. Debía dar una buena imagen, sólo así creía que la cena podía transcurrir pacíficamente. Abrió la puerta del armario y analizó la ropa con la que podía vestirse. Había pensado en sus vaqueros y en un jersey, pero no le convencía. Fue entonces cuando vio un vestido blanco que le regalaron sus padres cuando se graduó de Hogwarts y que aún no había encontrado la ocasión para lucirlo. Pero, ¿sería acaso aquella la ocasión?
Finalmente decidió cenar con aquella prenda. Cuando su madre la vio entrar al salón, profirió un grito ahogado, acompañado después de una sonrisa.
—Estás preciosísima, Herms. Ya le dije a tu padre que te quedaría bien —fijó la vista en su cabello—. Y el recogido que te has hecho te favorece también.
La joven, que apenas se había arreglado el pelo o maquillado, sonrió a su madre.
—Gracias, mamá.
Acto seguido miró a Malfoy, y éste se sobresaltó y apartó la vista velozmente. Cuando la había visto recordó inmediatamente aquella fotografía enmarcada que tenía ella en su cuarto. Así que era cierto que Granger podía ser guapa si quería.
Draco se sorprendió a sí mismo de pensar en aquello y agitó la cabeza con violencia, como tratando de llevar bien lejos aquellos pensamientos. Por favor, se trataba de Hermione Granger, la repelente sangresucia.
No tardó en aproximarse la hora. Todos se encontraban en el salón, esperando la llegada de Narcissa Black, ahora Malfoy. Hermione miraba el reloj de pared en forma de búho nerviosa, no sabía en qué momento el silencio inundó la estancia, que ni sus padres ni Draco dijeron nada. Únicamente tenía claro que era una situación incómoda a más no poder. Cuando la manecilla de los minutos apuntó a las doce y sonó el ulular que indicaba que ya eran las nueve en punto, pudieron escuchar el sonido del timbre. Miró a Malfoy indecisa, esperando hallar en su mirada la respuesta acerca de "quién abre la puerta".
El rubio entendió a la perfección la mirada de socorro de la castaña, y se limitó a sonreír con malicia. Hermione bufó y se levantó de su asiento para recibir a la madre de Draco. En cuando abrió la puerta, se arrepintió al hacerlo, porque la mirada de Narcissa se clavó sobre ella como dos hierros candentes.
Ella se forzó a dibujar una sonrisa arcana.
—Hola, Sra. Malfoy —saludó la joven con una leve reverencia.
—Hola —respondió extendiéndole su chaqueta de cuero como si se tratara de la recepcionista de un restaurante de lujos o de un botones en un hotel de cinco estrellas—. No es necesario que aparentes ninguna cordialidad conmigo, yo no la tengo contigo. Trata bien mi chaqueta.
A Hermione le recorrió un calambre por todo el cuerpo. Un calambre propiciado por la tirria. En aquel momento apareció Draco.
—Buenas noches, madre —dijo—. Ven al salón, está ya todo listo.
Se la llevó consigo mientras Hermione continuaba patidifusa con la chaqueta de aquella mujer entre las manos. La colgó en el perchero del recibidor y fue directa al salón.
Cuando los padres de la Gryffindor vieron entrar a la madre de Malfoy, se pusieron en pie al instante, claramente emocionados. Hermione cerró los ojos a la par que cruzó los dedos, murmurando por lo bajo y deseando que aquel encuentro fuera lo más efímero posible.
El Sr. Granger extendió la mano en señal de saludo formal a Narcissa Malfoy, ésta dudó por unos instantes si hacer lo mismo, pero finalmente cedió. Saludó del mismo modo a Jeane Granger. Abrió su bolso de piel de serpiente y sacó un pañuelo con el que se limpió las manos cuidadosamente. Los padres de Hermione estaban atónitos ante el gesto de la mujer, y Richard miró a su hija, la cual le hizo un gesto para que se calmara.
Había preparado unos buenos entrantes para la cena, muy apetecibles. La madre de Draco apenas se servía de cada cosa para probarlo y lo poco que cogía lo hacía con una muy mal disimulada repulsión. La situación era tensa. Hermione no sabía dónde meterse. El comportamiento de Draco no variaba mucho del de su madre y sus padres, siempre muy habladores, apenas se habían atrevido a cruzar palabra con aquella mujer que intimidaba con la mirada.
—Voy a por el pastel de papas —dijo Hermione poniéndose en pie y dirigiéndose a la cocina. Su padre se levantó detrás de ella y la siguió.
—Hija —llamó—. Esa mujer… tu suegra…
Hermione se esforzó por encontrar una excusa para el comportamiento insoportable de Narcissa.
—No te preocupes, papá. Tiene un trastorno obsesivo-compulsivo. De esos que le hace creer que puede coger una enfermedad horrible con sólo tocar a un desconocido —inventó.
Ella sabía que aquella no era la razón por la cual Narcissa se comportaba de aquel modo. Era simplemente porque eran unos muggles tocando a una bruja. Y no una bruja cualquiera, una sangrelimpia.
Hermione llevó el pastel de papas en un recipiente de cristal, mientras se ayudaba con unas manoplas a soportar el calor. Cuando lo depositó en el centro de la mesa, pudo ver como en el rostro de Narcissa se dibujaba una mueca de asco.
La disposición de los asientos era muy simple. Se trataba de una mesa de roble rectangular. Draco y Hermione estaban sentandos presidiendo la mesa en cada extremo. Y los padres de la joven a un lado y la madre del rubio al otro, cerca de su hijo. Hermione se quejó de aquella organización, pero Draco insistió porque "así es como se comía en su casa".
—¿Qué porquería es esta, hijo? —susurró la mujer sin que nadie la escuchara y sin siquiera probar aquel plato de comida.
—Una porquería, madre. Lo que tú has dicho.
—¿De qué trabaja usted, Sra. Malfoy? —Preguntó Jeane Granger.
Narcissa dio un leve sorbo a su copa de vino.
—No trabajo.
Hubo un breve silencio.
—¿Y su marido? ¿Por qué no ha venido?
Hermione recordó con cierto espanto que sus padres desconocían totalmente las causas del por qué no había venido su suegro.
—Está fuera por trabajo —intervino ella para escurrir el bulto—. Últimamente en el Ministerio están a rebosar de trabajo, aún siguen resolviendo asuntos de la II Guerra Mágica. Y el padre de Mal… Draco, trabaja para el Ministerio.
Los padres de la joven asintieron a lo que su hija les explicaba con mucho interés.
—Qué lástima —dijo Richard Granger—. Me hubiera gustado conocerle.
—Ya le conoceremos —comentó Jeane.
"O no". Pensó Hermione.
La situación era tensa. No dejaba de serlo. Pero a pesar de lo tensa que resultaba, se aliviaba al pensar en que la madre de Malfoy se estaba comportando decentemente y no estaba resultando tan mal como pensaba que acabaría sucediendo.
Hubo un momento en que se pusieron en pie tanto Malfoy como ella.
—Estáis muy secos —observó Jeane—. No os he visto ni un solo gesto cariñoso. Venga, daos un besito.
Ambos se miraron por un instante y Malfoy le dedicó un claro "ni lo sueñes". Pero Hermione se acercó a él con decisión.
—No seas tímido —dijo sonriendo con malicia, disfrutando de la cara de pavor que dibujaba él en su rostro.
Tras unos instantes de indecisión, los labios de la Gryffindos se rozaron con los del Slytherin, mientras él se quedaba como una roca inmóvil, sabiendo que lo mejor era no apartarse de ella, porque a los ojos del mundo eran un matrimonio. Fueron tres segundos exactos y sólo fue un "pico", un mero roce de los carnosos labios de Hermione y la fina línea que eran los de Malfoy. Pero inevitablemente el corazón de Draco se disparó y el de Hermione hizo lo propio. Era una sensación extraña.
Hasta que Crookshanks entró en escena. El gato, que hasta hacía instantes atrás había permanecido toda la noche en el cuarto de Hermione o en el tejado de la casa, como hacía todos los días desde que Hermione de mudó allí, había salido a deleitar con su presencia a todos los invitados de aquella noche.
Y así, la arisca mujer comenzó a estornudar una y otra vez, con demasiada potencia y sin poder hacer nada para evitarlo. Crookshanks no dejaba de frotarse con las piernas de aquella invitada mientras maullaba.
—¿Quieres llevarte a este estúpido gato? Mi madre es alérgica —informó Draco.
Narcissa se levantó histérica en un impulso. Los Granger estaban atónitos, jamás habían visto a alguien estornudar tanto. Pero cada vez que aquella mujer estornudaba o tosía, algo pasaba en la casa. Las luces parpadeaban, a veces la mesa temblaba, se abrían y cerraban las ventanas, su copa explotó… Un sinfín de cosas claramente ocasionadas por una alergia con síntomas mágicos.
El gato se enroscó en las piernas de la mujer y ésta cada vez perdía más el equilibrio, hasta que finalmente cayó sobre el pastel de papas que quedaba en la mesa, manchándose la cara y parte de la ropa, y clavándose algunos cubiertos en el costado. Malfoy profirió un grito ahogado.
Los padres de Granger se pusieron en pie para ayudar a Narcissa a levantarse de encima de la mesa mientras Hermione cogía a su gato en brazos.
—Crookshanks, eres malo —reprendió sin mucha credibilidad.
—¿Eso es lo único que se te ocurre? —Dijo Draco irritado—. Déjame a ese gato para que le haga un crucio.
—NO.
Se lo llevó rápidamente al piso de arriba y lo encerró en su habitación. Pero antes de dejarse solo le acarició con cariño la cabeza y le alentó con un "buen gatito".
Cuando regresó, y sólo cuando regresó, fue consciente del panorama que allí se cocía, sus padres tratando de calmar a una mujer histérica, con la cara y el pelo manchados de pastel de papas, mientras rugía de rabia. Malfoy cogió un pañuelo y se ofreció a limpiarla como un buen hijo.
—Si hubieran malditos Elfos Domésticos no tendría que hacer yo esto —se quejó Malfoy.
—Y no lo harán, acostumbra a hacer cosas con tus manos, como limpiar a tu madre —protestó la chica.
—No le hables así a mi hijo, sangresucia —intervino Narcissa con la voz nerviosa.
—Y usted no le hable en ese tono a mi hija —ahora fue Richard el que defendió a su pequeña.
—¡Ya basta! —Exclamó Hermione—. Esto es un desastre, idos. Lo lamento mucho, papá, mamá. Y también lamento el incidente, Sra. Black —pronunció el nombre de Black con intensidad—. Si quiere puede ducharse aquí antes de irse.
La mujer se puso en pie mirándole con odio.
—No, lo haré en Malfoy Manor.
Una vez se quedaron solos, Hermione observó cómo Malfoy estaba rojo de rabia.
—Has humillado a mi madre.
—No, ha sido un accidente.
—Sabía que no era buena idea esta estúpida cena. Verás en el trabajo.
—¿Es una amenaza?
—¡Sí! —Exclamó él estallando.
Hoooola!
Lamento mucho la tardanza. He estado con la cabeza en las nubes y la musa en hawaii, bangock, París… disfrutando del mundo, no como yo.
Espero que os haya gustado el capítulo y que haya merecido la pena la espera. No he querido que la cena sea muy catastrófica porque aun hay que contar muchas cosas!
Aprovecho para contaros que ahora estoy en youtube, si a alguien le va eso de los video bloggers y tal… en mi perfil encontrará mi canal.
Ya sabéis, dejadme vuestra opinión por reviews o me enfado!
Muchas gracias por leerme y en especial a los que dejaron reviews en el capítulo anterior:
MarieJ97, rebeca, Natalys, Klaes13, anguiiMalfoydark, .HR, mila0628, Sam Wallflower, MonikGarciaP, Mashka08,Alesz, aRiElLa 95, Serena Princesita Hale, Janne Malfoy, BereLestrange, Sakumake, moondram, Guest, Eye'sMoon
Con cariño,
Vel-
