Capítulo 1

El paquete

¿Debería rendirme

o simplemente continuar mi camino?

¿Aunque no me lleve a ninguna parte

o sería una pérdida de tiempo?

Incluso si supiera cuál es mi lugar,

¿debería dejarlo así?

-Chasing pavements, A.

.

Esa mañana, Harry despertó con un paquete flotando sobre sus piernas. Desde el fin de la guerra, Harry se había acostumbrado a recibir paquetes de personas que querían agradecerle, cartas con cientos de elogios y palabras de aliento. Él lo detestaba. No era como si fuese un malagradecido o no comprendiera el dolor de todas esas personas por perder a sus seres queridos, pero él también tenía sus muertos que cargar. No estaba orgulloso por haber tenido que matar a alguien, sino que había tenido que resignarse con el tiempo, y lo que las personas alababan como una gran hazaña, no era más que el cumplimiento del deber para él. Le había costado un poco de trabajo acostumbrarse a un mundo mágico sin guerra, a poder salir a la calle sin esperar un ataque en cualquier esquina. Los primeros meses habían sido una verdadera pesadilla, con toda la prensa sobre él y las ceremonias. Era un alivio poder estar de regreso en Hogwarts, asistir a clases, rondar por los pasillos… era una sensación agridulce, estar ahí sin Dumbledore, pero poco a poco las cosas recuperaban su normalidad habitual y eso era un gran alivio. Claro que aun recibía cartas de vez en cuando, pero cada vez eran menos y también comenzaba a acostumbrarse a recibir paquetes de vez en cuando. Este paquete era diferente a los otros, sin embargo. En primer lugar porque había aparecido de la noche a la mañana frente a él en lugar de caerle con una lechuza como el correo normal. En segundo, por la manera en la que estaba envuelto: era demasiado sencillo, sospechosamente sencillo. No era más que una caja de cartón unida con un moño plateado. Frunciendo el ceño, Harry tomó el paquete y despertó a Ron.

-Ron, ven a ver esto- dijo sacudiéndole el hombro antes de sentarse en su cama. Ron se levantó frotándose los ojos.

-¿Qué hora es?

-Temprano. Mira, apareció aquí esta mañana,- dijo, señalando la caja. Ron miró el paquete y alzó una ceja.

-¿Me despertaste por otro de tus regalos?- preguntó displicente.

-Este es distinto,- dijo Harry, frunciendo el ceño. –Apareció aquí, en la habitación.

-¿Y qué tiene?- preguntó más interesado, saliendo de la cama.

-Ni idea.

-Bueno, pues hay que abrirlo.

Los dos se miraron un instante antes de sacar las varitas. Si se trataba de algo encantado, se iban a asegurar de no tomarlo con las manos. El moño se deshizo suavemente, cayendo al suelo como una hoja muerta; Harry levitó la tapa y ambos se inclinaron sobre la caja.

-¿Son…?

-Oh dios mío…

-¿Chocolates?- preguntó Harry, confundido.

-¡No nos sólo chocolates, Harry!- exclamó Ron, ofendido -¡Son trufas! ¿Sabes lo difíciles que son de conseguir? Y son tan deliciosas… ¿planeas comértelas solo?- preguntó por fin, acercando una mano a los dulces. Harry se los apartó antes de que pudiera coger uno y olfateó la caja, entrecerrando los ojos.

-Esto es muy extraño… dime, ¿a qué huelen?- preguntó ofreciéndole la caja. Ron olfateó a regañadientes, abriendo los ojos con sorpresa.

-¡Huelen a traje nuevo!- dijo mirando el paquete, confundido.

-¿Sólo a eso?

-Bueno, a galletas de jengibre, también…

-Para mí huelen a tarta de melaza y madera de escoba,- dijo mirando a su amigo.

-¿Crees que sean…?

-¿Pero de quién?

-¿No tienen una tarjeta?

Harry revisó el paquete, pero sólo encontró una pequeña nota, sin destinatario. Ron la leyó sobre su hombro y frunció el ceño.

-Creo que es hora de ir a ver a Hermione.


-Supongo que habrá que probarlos para saber de quién son,- fue lo que dijo Hermione luego de llegar a la misma conclusión respecto a los chocolates: estaban infectados con amortentia. –Un bocado pequeño será suficiente. ¿Qué opinan, chicos?

-Bueno, en vista de que no sabemos de quiénes son, creo que tendré que probarlos…-dijo Ron.

-Ron, la última vez que comiste un chocolate con amortentia casi mueres,- dijo Harry, apretándose el puente de la nariz.

-La última vez que hicimos cualquier cosa casi morimos,- dijo Ron rodando los ojos. –Hemos pasado casi todos los años escolares haciendo cosas peligrosas, creo que puedo manejar una probadita de trufa.

Y con eso tomó un chocolate de la caja y lo mordió.

Harry y Hermione lo observaron con atención mientras masticaba.

-Merlín, sí que son buenas…- suspiró con la boca llena.

-¿Y bien?- preguntó Hermione, -¿te sientes diferente?

-Hum… no, todo en orden, creo…- dijo, removiéndose en su asiento.

-¿No te sientes… ya sabes… enamorado de alguien?- preguntó Harry. Ron dejó escapar un suspiro.

-No, no se siente como la otra vez,- dijo –es… agradable, ¿saben? Me siento tranquilo.

-¿Eso es todo?- preguntó Hermione, alzando una ceja.

-Sí… ¡Ey! ¿Saben cuál sería una buena idea?- preguntó de pronto, con una sonrisa.

-¿Qué cosa, Ron?

-Deberíamos de ir a hablar con Draco.

-¿Malfoy?- preguntó Harry, frunciendo el ceño, poniendo las piezas en orden.

-¡Sí! Podríamos hablar con él, comer algo juntos… ¿no creen que sería agradable?- preguntó con la misma sonrisa en el rostro. Harry y Hermione se miraron. Ahora que tenían un nombre, la situación era aún más confusa. ¿Por qué, en nombre de Merlín, Draco Malfoy le enviaría amortentia? Era cierto que ya no se llevaban tan mal como antes, pero ¿por qué hacer algo como esto? ¡Diablos, incluso comenzaba a caerle bien! No eran los mejores amigos, por supuesto, pero podían sentarse en una misma mesa en clase sin repartirse maldiciones o conversar por más de cinco minutos así que… ¿Por qué?


-¿Estás seguro de esto, Harry? Podría ser una trampa…- decía Hermione por quinta vez esa mañana.

Luego de tomar un baño y vestirse, los tres se habían reunido en la sala común para considerar lo que tenían que hacer ahora. Luego de una hora de discutirlo, Harry tuvo una idea:

-¿Y si finjo que la poción funcionó?- dijo de pronto, frunciendo el ceño.

-Eso sería muy arriesgado, Harry. Deberíamos decirle a McGonagall…- dijo Hermione.

-¡Pero acabas de decir que podrían expulsarlo por esto!- exclamó Ron, -No podemos permitir que eso pase.

-No tenemos otra manera para saber por qué hizo todo esto, Hermione,- dijo Harry, ignorando a Ron. –Además, si es una especie de trampa, podré defenderme.

-No lo sé, Harry… Quiero decir, la poción no parece ser muy fuerte,- dijo mirando al relajado Ronald, -pero no sabemos cuánto durará, ¿qué tal si trata de darte otra dosis mientras no miras?

-Entonces tendré que estar atento todo el tiempo, ¿no?

-Draco sería incapaz de hacerle daño a Harry,- se quejó Ron, entrecerrando los ojos.

Harry se golpeó la frente con la palma de la mano. No sabía qué Ron era peor, el que odiaba a Malfoy o el que estaba enamorado de él.

-Como sea, es la mejor forma de saber a qué viene todo esto. Además, pronto tendremos que ir a desayunar y se dará cuenta de que algo va mal.

-¿Te das cuenta de lo que vas a tener que hacer, Harry?

-Vamos, no puede ser tan difícil sonreírle y… eso. Además, tú misma dijiste que no tenían un efecto tan fuerte.

-Muy bien, si estás seguro de esto, entonces trata de investigar lo más que puedas. Si nos da motivos para ir con McGonagall, tendremos que hacerlo,- dijo Hermione antes de levantarse, alisándose la túnica.


Cuando Harry, Ron y Hermione entraron al Gran Comedor, la gran mayoría de los estudiantes ya estaban terminando de desayunar. Algunos charlaban entre ellos, otros leían o trataban de terminar la tarea de la noche anterior. La mesa de Slytherin estaba llena de murmullos, como todos los lunes, con uno u otro Hufflepuff haciéndoles compañía. Resultaba curioso lo mucho que la guerra había influenciado en el trato que había entre los estudiantes de otras casas. Los Huffflepuff, por ejemplo, habían sido los primeros en comenzar a sentarse en otras mesas, en compartir galletas que les enviaban de casa con los otros. Susan Bones, por ejemplo, estaba sentada junto a Gregory Goyle, mostrándole un libro en el que ambos parecían interesados. Aquí y allá, los colores de las casas se mesclaban, confundiendo las mesas. La guerra no había traído sólo cosas malas, después de todo. Ahora que la paz reinaba en el mundo mágico, Hogwarts por fin contemplaba la unidad entre las casas que Dumbledore se había dedicado a predicar cada año. No era raro ver que los alumnos convivieran entre ellos, pero la algarabía se redujo un poco mientras Harry se acercaba a la mesa de Slytherin.

Detrás suyo, Hermione tiraba de Ron para sentarlo en la mesa contraria mientras el pelirrojo les sonreía y saludaba con la mano.

Nott codeó a Draco, señalando a Potter con la barbilla. Luego de la batalla, Theodore y él se habían vuelto más cercanos; después de todo, tenían experiencias en común. Antes de que pudiera reaccionar, Harry se sentó frente a Draco, como si fuera la cosa más natural del mundo.

-¡Hola, Draco!- exclamó con una sonrisa casi tan grande como la de Weasley. Gryffindors dementes, pensó Draco.

-Potter,- saludó, asintiendo con la cabeza. ¿Qué demonios sucede? Nott y él intercambiaron una mirada, haciéndose la misma pregunta. -¿Te sientes bien?

-¡Mejor que nunca!- insistió Harry, felicitándose a sí mismo. Por un momento había dudado en hacer contacto a primera hora de la mañana, pero era mejor tomar a Malfoy desprevenido, y aparentemente estaba funcionando. –Escucha, me estaba preguntando si querrías ir conmigo al campo de quidditch, luego de clases.

-¿Por qué? ¿Para qué?- preguntó, frunciendo el ceño. Por debajo de la mesa, Draco se pellizcó la pierna, porque no había forma de que todo esto no fuera un sueño. Era una locura, en realidad, ¿qué demonios le sucedía a Potter esta mañana?

La sonrisa de Harry vaciló. Esto no estaba saliendo como tenía pesado, ni siquiera había pensado invitarlo a ninguna parte, eso sólo había… salido de su boca.

-Yo…

-¡Por supuesto que irá!- dijo Blaise, acercándose de pronto a ellos, palmeando a Draco en la espalda. -¿No es así Draco?

Draco lo miró, alzando una ceja, pero Blaise sólo se encogió de hombros.

-Supongo… ¿por qué no?-dijo por fin.

-¡Excelente!- exclamó Harry, con una sonrisa renovada, levantándose de su asiento. ¿A qué venía todo esto? Lo curioso es que la idea de salir a pasear con Malfoy no sonaba tan detestable. Después de todo, ya no era el mismo niño malcriado que antes. Aun así, todo esto era demasiado extraño pero, diablos, la curiosidad lo mataba.


-¡¿Qué diablos hiciste, Zabini?!- exclamó Draco, arrinconándolo contra la pared, al término del almuerzo. –En nuestras vidas nos hemos dado los buenos días ¿y hora me invita a salir así, de la nada? Espero que no creas que soy tan tonto.

-Ey, tranquilo, dragón. Sólo creí que te vendría bien un poco de ayuda con Potter. No puedes negar que deseabas esto desde hace mucho.

-¡No seas ridículo, Blaise!

-¿O no lo querías?

-¡Claro que sí, pero…!- su voz cayó varios tonos, al igual que su agarre contra la camisa de Blaise. Por supuesto que quería esto. Después de todo lo que había pasado, Harry era algo sólido a lo que aferrarse, y deseaba poder estar con él de cualquier forma posible, pero…

-¿Pero?

-No así, Blaise- murmuró, derrotado, dejándose caer contra el hombro de Zabini.

-Ey, tranquilo- repitió suavemente, sujetándole el hombro. –La dosis es muy ligera, sólo estará feliz y pensará en ti de vez en vez, nada de obsesiones enfermizas de qué preocuparse.

-Va a odiarme por esto.

-Entonces más vale que lo aproveches. El efecto durará tres semanas exactas,- le animó. -¿Dónde escondiste tu coraje?

-En el mismo lugar que tu sentido común y buen gusto.

A pesar de que no podía verlo, Draco sonreía levemente. Blaise tenía razón: sería bueno aprovechar la situación, era todo muy conveniente.

Un corazón iba a romperse, sin embargo, al término de esas tres semanas y ese único pensamiento fue suficiente para que Draco decidiera tomarse el asunto con calma y no apegarse demasiado. Simple supervivencia. Podría salir con Harry más a menudo, hundir las manos en su cabello; ¡necesitaba tan poco para satisfacerse, e iba a perder tanto en nombre de esa misma satisfacción…! Merlín, ojalá esas tres semanas pasaran lo más lento posible.


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Hola a todos! Espero que les haya gustado cómo se va desarrollando la historia.

Tengo el headcannon de que los hufflepuff y los slytherin son los mejores amigos que puede haber xD ya saben, porque un Huff se acercaría a un Sly sin prejuicios, con una mano amiga, y los Sly aprecian eso, y defenderían a su amiguito Huff contra viento y marea... ahhhhh ES TAN HERMOSO!

xD En fin, ¿ustedes qué opinan? La cita del principio es una canción de Adele *chasing pavements*; tengo muchas ganas de usar citas de canciones en este fic (por la Amortentia y todo eso... ¡canciones de amor as fuck!) *w* ¿qué les parece? ¿Les agrada el Ron enamorado? Espero que sí, porque yo lo adoro xDD

Que tengan un lindo fin de semana, chane~