Karkat enterró la cuchilla más en su brazo, desesperado por ver salir la familiar sangre de su piel, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Dios, aquello no estaba bien.
Todo estaba malditamente mal.
Apoyándose en el lavabo de su baño sintió como débiles sollozos comenzaban a salir de su garganta, tomó aire y enterró la cuchilla de nuevo en su blanca piel de los brazos. Las gotas de sangre comenzaron a caer en el suelo, de nuevo.
Frustrado, tiró la cuchilla al lado opuesto de donde se encontraba, la sensación de la cuchilla en su piel comenzaba a ser insuficiente, y eso le aterraba, sobre todo porque a sus cortes profundos se le sumaban la aparición de moretones en sus brazos y piernas.
Nunca había caído tan bajo.
Cayendo se rodillas al suelo se detestó, era una escoria humana, un augurio de desgracias, ni siquiera debería de estar ahí.
Sus padres se lo habían dicho desde pequeño.
Él no había sido planeado.
Otra oleada de sollozos sacudió su cuerpo, todo era su culpa, su maldita culpa.
Gamzee había desaparecido.
Gamzee no había asistido a clase durante una semana, y cuando se atrevió a abordar a Tavros él dijo algo que lo destrozó. Tavros había terminado con Gamzee, Karkat ya sabía que eso pasaría pero nunca pensó que Tavros abandonaría a Gamzee en un momento tan crítico.
Vriska había conseguido a Tavros para descubrir que solo lo quería como a un amigo y el otro le correspondía de la misma manera, solo amigos. Una oleada de rabia le recorrió a Karkat, la odiaba, sobre todo porque al terminar el trato los matones habían comenzado a golpearlo e insultarlo, otra vez.
Estaba solo, una vez más.
Y aterrado, porque cuando había vuelto al departamento había descubierto que Gamzee no estaba, cuando había llamado él no contestó, nunca contestó a pesar de que lo llamaba a cada momento que podía. Nadie sabía nada de Gamzee y ya habían pasado dos semanas, pronto empezaría a nevar por el comienzo del invierno y no tenía ni la menor idea de donde estaba Gamzee. Había buscado por todas partes, desde la casa de sus antiguos amigos hasta los centros de droga y prostitución, no lo encontraba.
Con las lágrimas bajándole por las mejillas le llegó la horrorosa idea de que Gamzee le había pasado algo, y con la llegada de esa idea la tentación del suicidio le llegó, cerró los ojos fuertemente y los volvió a abrir mirando su reflejo en el espejo frente a él.
Sus horribles ojos le devolvieron la mirada.
Desvió su atención a la cuchilla en el suelo y la levantó con los brazos temblorosos y vacilantes.
Puso la cuchilla sobre sus venas y pensó en lo fácil que sería dejar todo atrás, con renovado interés se preguntó qué pasaría si moría. Nadie le iría a llorar a su tumba.
Con un fuerte suspiro, se preparó, cerró los ojos y…
Ding Dong.
Se interrumpió y desarremangándose las mangas corrió hacia la puerta de su departamento abriéndola desesperadamente con una mirada salvaje en los ojos, con la esperanza de encontrar a su mejor amigo detrás de esta. Frunció el ceño de inmediato al ver a su hermano frente a él, le miraba preocupado.
-Karkat. ¿Estás bien? –Preguntó Kankri nerviosamente.
Karkat asintió sintiendo la decepción apoderarse de él.
Hizo un ademán de cerrar la puerta para regresar al baño cuando Kankri se lo impidió, entrando a su departamento sin permiso y mirando desaprobatoriamente su desorden.
-¿Qué mierda estás haciendo aquí? –Demandó saber Karkat mirando a su hermano agresivamente.
Kankri le miró con superioridad y abrió la boca, seguramente para darle un innecesario y largo discurso sobre su comportamiento y aspecto de su departamento, fuera lo que estuviese a punto de decir pareció cambiar de opinión. Le dirigió de inmediato una mirada alarmada que Karkat no entendió, Karkat le miró desconcertado, sin entender que sucedía.
Kankri pareció descomponerse un poco mirando a su hermano menor.
-E… eso… ¿Es sangre? –Preguntó con la voz temblorosa señalando la mano de Karkat.
Karkat siguió la mano de su hermano y descubrió que de su mano bajaba un hilo de sangre mojando la alfombra de la sustancia, Karkat había olvidado momentáneamente que no se había curado las heridas, sintiendo el miedo apoderarse de él negó la cabeza suavemente, cruzando los brazos para evitar que siguiera manchando la alfombra.
-Tengo un gato.-Aclaró fingiendo tranquilidad.
Su hermano lo miró desconfiado y preocupado.
-¿El qué está durmiendo en el sillón? –Preguntó señalando al gato acurrucado entre los cojines.
Karkat asintió sin mirar a su hermano a los ojos.
-Si.
Gamzee no sentía nada más que la familiar sensación de las drogas, no recordaba siquiera como se llamaba.
Era como un jodido milagro sentir la desconcertante sensación de no saber quién rayos era.
Fue por eso que no se enteró cuando se inyectó toda la droga que poseía, que no sintió cuando fue que se levantó y avanzó hacía en medio de la calle, no se dio cuenta cuando impacto contra un auto en movimiento, tampoco oyó las sirenas de la ambulancia acercándose junto a él.
Y cuando despertó, realmente no supo quién rayos era.
Karkat no pudo prevenir cuando Kankri se acercó a él con rapidez y le subió las mangas en un tiempo record, sintió las lágrimas picarle los ojos y con un movimiento brusco se bajó las mangas y retrocedió alejándose de su hermano.
Tropezó con la mesita y cayó al suelo dolorosamente, avergonzado, se atrevió a mirar a su hermano desde el suelo.
Kankri se había llevado una mano a la boca y los ojos se le había llenado de lágrimas, cuando habló la voz le salió quebrada.
-Dios mío.
Antes de que Kankri dijera algo más el teléfono de Karkat sonó.
Con las manos temblorosas tragándose el llanto que amenazaba con salir de su garganta contestó sin pensárselo mucho.
-Karkat Vantas ¿Diga?-Preguntó con la voz ronca.
-Disculpe, hablamos del hospital San Judas, haces un par de horas un chico llegó a nuestro hospital, usted es el único en su lista de contactos, es alto y tiene el pelo entre negro y violeta, tres cicatrices le recorren el rostro, si le conoce ¿Podría venir por el papeleo? El doctor Cronus Ampora les atenderá.
Karkat dejó caer el teléfono sintiendo la ansiedad apoderarse de él.
Gamzee estaba en el hospital.
Por su culpa.
Los ojos de Karkat se llenaron de lagrimas, se rehusó a llorar.
Todo ese maldito infierno era solo su culpa, Karkat lo sabía, se culpaba porque lo sabía.
Disculpen, sé que no he actualizado en mucho tiempo pero muchas cosas me han impedido escribir y actualizar, más que nada la flojera. LOL
En fin, espero actualizar pronto.
Os agradezco mucho por sus comentarios, follows y favoritos.
Con mis mejores deseos.
Me. C:
