#07

Un día sin luz

Harry salía de Gringotts, el banco de los magos, muy apresurado, tenía una importante reunión con los aurores en el Ministerio. Se convirtió oficialmente en auror hacía apenas unos meses. Estaba feliz, él quería ser profesor y, bueno, estaba convencido de que no se le daría mal del todo y era algo que le gustaba, pero ¿auror? Estaba plenamente seguro que había nacido para ser auror.

El Callejón Diagon estaba abarrotado de gente, como era habitual, tenía que abrirse paso a duras penas entre "perdones" y "por favores". Chocó con una joven que estaba de espaldas a él, le dio accidentalmente con demasiada fuerza, tanto que casi cae al suelo, pero Harry lo impidió agarrándola del brazo.

—Hey, lo siento —se disculpó él con la chica—. ¿Estás bien?

Ella se giró y cuando ambos se vieron los rostros se sorprendieron, pues se trataba de Pansy Parkinson.

—Anda… Cara rajada… —dijo ella sonriendo maliciosamente—. Qué sorpresa verte por aquí.

—Lo mismo digo —respondió Harry, deseando irse bien lejos de aquella chica—. Bueno, tengo prisa, hasta ahora.

Comenzó a andar y a continuar su camino, a paso aligerado. Pansy anduvo detrás de él un rato hasta que Harry se dio media vuelta.

—¿Qué haces? —Cuestionó.

—¿Cómo que qué hago?

—¿Por qué me estás siguiendo, Pansy?

—Que acusación más fea… —se miró las uñas y mostró los dientes en una sonrisa maliciosa—. Pero sí, es que tengo curiosidad por conocer tu opinión acerca de aquellos dos: Draco y la sangresucia.

—Se llama Hermione Granger —corrigió Harry.

—Y tú Harry Potter y yo te sigo llamando cuatro-ojos, cara rajada o Potty —observó ella.

—Adiós Pansy.

Ella se apresuró y se interpuso en su camino.

—No, no, no. No te vayas.

—Tengo prisa de verdad.

—Está bien —Pansy se rascó la barbilla—. Nos vemos a las 09:00 pm en la puerta de la Trufa Dorada. Cenamos juntos y hablamos —le dio una palmada en el hombro—. Más te vale que aparezcas, cara-rajada, no querrás verme enfadada —amenazó, y antes de que Harry pudiera responder, se perdió entre la multitud del Callejón.


La convivencia solo daba problemas. Vivir con Malfoy era la mayor tortura que Hermione podía tener. Tenía queja para todo. Cogía sus objetos muggles sin su permiso y los toqueteaba hasta que ella le daba un manotazo en las manos. ¿Cuándo empezaría a acostumbrarse? Había pasado un mes desde aquella desastrosa cena. Estaban en Noviembre. Él amenazó con vengarse de ella por humillar a su madre, cosa que la castaña continuaba negando insistentemente, fue todo un accidente. Por suerte, Malfoy no hizo nada y todo continuaba igual. El tiempo transcurría lento, los días en la oficina eran duros. De vez en cuando veía a Theodore Nott por la empresa, algo que la sorprendió en cierto modo puesto que desconocía que fueran tan apegados él y su marido postizo.

El miércoles de la segunda semana del mes llegó un paquete a nombre de Hermione J. Granger. Se trataba del regalo de bodas del Sr. Weasley: una televisión con reproductor de DVD incluido. Le sorprendió que le hiciera un regalo, porque a excepción de sus padres, nadie lo había hecho. Quizá era porque no se habían casado de verdad ni habían celebrado la boda, pero agradeció el detalle del hombre.

La familia Weasley se entristeció mucho cuando la ruptura de Ronald y ella llegó a sus oídos. La adoraban, en especial Molly. Por suerte no acabó mal con el pelirrojo y lo cierto es que le sorprendió para bien la actitud que adoptó él, esperaba una reacción inmadura por su parte, propia de Ron, pero no. Lo único algún comentario insoportable.

Sin mayor dilación, sacó el televisor de la caja como pudo, resultaba demasiado pesado para que ella pudiera transportarlo de un lugar a otro con éxito. Abrió la boca para llamar a Malfoy, pero la cerró al instante al recordar que continuaba en el trabajo, haciendo horas extras. Al parecer la directiva estaba abrumada de trabajo aquellos últimos días. Bueno, no importa, total, estaba segura que si le llamaba no iba a ayudarla de todos modos. Volvió a poner las manos sobre el aparato, dispuesta a cargarlo en peso de nuevo y colocarlo en la mesita baja que había en una esquina. Lo soltó casi al instante.

—Tsk.

Chasqueó un dedo. Ya tenía la solución a su problema. Sacó la varita de su bolsillo. Qué maravilla era aquello de ser mayor de edad, siempre lo pensaba cada vez que tenía que usar la magia para algo, cuando estaba en Hogwarts lo tenía terminantemente prohibido. Sin contar que era nacida de muggles.

—Wingardium leviossa —pronunció y la tele comenzó a levitar. Fue guiando al objeto a su destino con mucha paciencia—. ¡Perfecto! —Una vez que hubo aterrizado la tele sobre la mesita.

A continuación, sacó de la caja el mando a distancia, aunque primero se acercó a configurar la televisión manualmente. Al encenderla sonó un ruido estridente, giró la ruedecita varias veces pero continuaba apareciendo la pantalla en gris, con un montón de manchitas chispeantes. ¿Tendrían antena?

Salió al jardín a comprobarlo, miró hacia arriba y le costó discernirla pero pronto la detectó, ¡como para no! Ahí estaba, una enorme antena. Era lógico, se trataba de un barrio donde convivían los magos y los muggles, aunque éstos ignoraran la presencia de los primeros.

Encontró el libreto con las instrucciones para configurar la televisión y lo logró en un instante. Entonces encontró dos DVDs que el probablemente comprara por recomendación del trabajador de una tienda de electrónica y video muggle. Estaba segura de que no conocía de qué trataba lo que había comprado: Halloween de John Carpenter y Pesadilla en Elm Street de Wes Craven. Dos películas de moda de los 80s.

—El si viera esto se moriría de miedo… Pero seguramente lo ignora —comentó para sí misma—. Que obsesión insana con estas cosas.

Se sentó en el sofá y encendió la televisión. Estuvo cambiando de canal hasta que encontró algo que me interesara lo suficiente: un canal de documentales, donde estaban echando un programa sobre Jack el Destripador. ¡Genial! Algo donde entretenerse las horas muertas.

Se trataba de una emisión muy interesante, pero lamentablemente el cansancio le pesaba, había salido del trabajo más pronto porque había terminado las tareas antes de lo habitual, y en aquel momento se encontraba con una terrible sensación en sus piernas, como si le pesaran. Bostezó un par de veces y sus ojos se fueron entrecerrando poco a poco hasta que cayó dormida.


Harry no pensaba ir a cenar con Pansy, no tenía ninguna gana y, además, estaba seguro de que no la encontraría allí esperándola quince minutos tarde. La orgullosa Pansy Parkinson, el alterego femenino de su archienemigo Draco Malfoy. Pasó por la acera de enfrente, lentamente, para confirmar su duda de si la chica estaría allí. Se sorprendió al verla en la puerta, mirando la hora, con un vestido negro de encaje que le transparentada la ropa interior negra. Dudó en si acercarse o marcharse, pero finalmente decidió que estaba a un nivel por encima y que no haría lo que no le gustaría que le hicieran a él. Quizá podría llegar a dialogar con Pansy y podría enterrar los recuerdos relacionados con la Segunda Guerra Mágica y la posición que tuvo Pansy en ella.

—Pansy —la joven se giro en dirección hacia él—. Hola.

—Idiota, llegas tarde.

—Lo sé, pero el idiota sobraba.

La morena enarcó una ceja.

—Sobras tú —susurró ella—. Venga, vamos dentro.


—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! —Gritó una voz familiar, despertándola.

Al abrir los ojos se encontró a Malfoy, que estaba más pálido de lo normal, con una mueca de sorpresa, luciendo la boca abierta y las cejas exageradamente enarcadas, mientras señalaba con el dedo la televisión.

—¡GRANGER! —Voceó—. ¡Mira eso! ¡Se trata de un horrible encantamiento!

Hermione, aun algo adormilada, puso los ojos en blanco y acto seguido se levantó del sofá.

—Tranquilo, Malfoy —dijo—. No es más que una televisión.

—¿Tele-qué?

—Televisión. Es un aparato muggle —explicó acercándose al objeto y apoyó su mano sobre este.

—Pues debo decirte que estáis locos —se acercó hacia la pantalla de la tele y se puso de rodillas frente a ella—. Luego somos nosotros los psicópatas por usar la magia y defender el ideal de la pureza de sangre —Hermione frunció el ceño al escuchar la última frase—. Y luego vosotros reducís no sé cómo a otras personas para meterlos en cajas y ver como se arremolinan unos a otros —dio una palmada de excitación—. ¡Ya sé! ¿Es esto lo que llaman cobayas?

—¿Pero tú de qué puñetas hablas? —Preguntó la chica atónita—. No seas estúpido, por Merlín, no hay nadie dentro de la televisión. Se trata de un duro proceso de trabajo en la grabación y emisión de los programas.

—Me estás hablando en chino.

Hermione puso los brazos en jarras y sonrió.

—Bien, te lo explicaré de otro modo. Esta noche después de cenar —miró su reloj de muñeca—, que es decir, dentro de un rato, vemos una de las películas que me ha regalado el .

—¿Películos?

—Películas —corrigió ella aguantándose la risa.

—Pero Granger, yo no quiero ver nada contigo —aclaró—. Y mucho menos uno de esos peli-culos.

La joven soltó una carcajada.

—Bueno, como tu esposa debes hacer alguna actividad conmigo —él agitó la cabeza rápidamente, negándose—. Si no, voy a tener que ir al Ministerio de Magia muy dolida a contar que mi marido no me quiere y que me está utilizando —pronunció aquella última frase en un tono algo teatralizado, con los ojos cerrados y con las manos en el pecho.

Draco dio una patada a la mesa.

—¡Joder! —Exclamó indignado—. De acuerdo Granger, veremos un culo de esos, pero ya sabes que nada en este mundo es gratis —puntualizó señalándola con el dedo.

—He dicho que se llaman películas, cazurro.

La joven introdujo el DVD de Halloween en el reproductor y se sentó en el sofá, al lado de Malfoy, que permanecía ceñudo, con los brazos cruzados y las piernas a juego.

—Quita esos morros —dijo ella molesta.

—Los muggles sois muy raros —comentó él sin apartar la vista de la pantalla.

—Pues si por esto te parecemos raros… —agitó la cabeza y sonrió—. Es el primer DVD que pruebo, desde que salió no he tenido la oportunidad de comprar ninguno porque estaban bastante caros.

—Mojigata y pobre —giró la cara para mirarla directamente y levantó una ceja—. Cuidado, Granger, no vayas a superar el status de los Weasley.

—Cierra la boca.

Inevitablemente, Hermione no pudo evitar pensar cuánto se habría gastado el Sr. Weasley en aquel regalo. Era cierto que se había retrasado casi dos meses en el regalo, quizá era porque estaba tratando de ahorrar dinero para poder permitírselo. Aunque según ponía en la tarjeta de felicitación, era un regalo de varios miembros de la familia.

Estiró el brazo para coger una manta de lana que había sobre una silla y se tapó con ella.

—Qué manta más fea —observó Draco con repulsión.

—Puede, pero ya te gustaría a ti tener una manta hecha por tu abuela —pulsó el play a través del mando a distancia.

La película dio comienzo y a Malfoy se le erizó la piel.

—¿Qué es esto, Granger? —Preguntó con la voz ligeramente tambaleante.

—Una película de terror.

—¿Terror?

—No me digas que eres un miedoso… —quiso saber la chica, jocosa.

—¿Cómo puedes pensar eso de Draco L. Malfoy? Yo, que estuve en la batalla mágica, al lado del Sr. Tenebroso —dijo él en un tono que parecía mal ensayado y que daba la impresión de que lo usaba cada vez que la gente dudaba de su osadía.

—Sí, y mira a donde te ha llevado: a casarte con una nacida de muggles.

—Sangresucia —corrigió él.

—Gilipollas —replicó ella.

Malfoy comenzó a pegarse a ella poco a poco y mal disimulado, era inevitable, la magia del cine le asustaba de por sí, ver a gente reducida en movimiento dentro de una caja resultaba insólito, pero si encima era de miedo… ¡Por Merlín! Que mente más retorcida tenían aquellos muggles, que creaban situaciones tan sádicas por puro entretenimiento. Y luego el malo era él.

Los hombros de ambos jóvenes acabaron rozándose y ninguno hizo ademán de apartarse. En cuanto ambos brazos tuvieron contacto, Hermione se percató e involuntariamente sintió una leve presión en el pecho. Miró a Malfoy de reojo pero estaba absorto en el largometraje, en cada paso que daba Michael Meyers para asesinar a sus víctimas. Se fue tapando poco a poco con la manta de ella, fingiendo que no se daba cuenta de lo que hacía. Estaban muy cerca el uno del otro y Hermione comenzó a apreciar el perfume de Malfoy, se trataba de un aroma particular, como una mezcla de rosas y algo muy salvaje, pero sin perder la elegancia. El corazón de ella comenzó a acelerarse a causa de la proximidad que estaban teniendo.

Dos meses bajo el mismo techo y nada había cambiado, seguía siendo insoportable aguantar las exigencias del rubio, del mismo modo que para él eran inaguantables cada uno de los comentarios pedantes y de marisabidilla que soltaba ella.

Cuando el film estaba en su momento más tenso, en una de las escenas finales, se fue la luz. Toda la luz de la casa. Ambos dieron un brinco en el sofá del susto y se quedaron en silencio por unos segundos.

—¿Te has asustado? —preguntó ella, aguantando la risa.

—Claro que no —respondió él agitando la cabeza, aunque no se veía nada en la oscuridad—. Pero voy a mandar una carta a la inmobiliaria y voy a despedir a mi abogado, vaya mierda de consejo.

—¿Qué consejo?

—Que comprara una casa en un barrio con población muggle, y por ende, con sistema muggle, como por ejemplo, la electricidad, o como se diga, que es un auténtica porquería, no hay luz —explicó.

—Pero eso es un defecto que se produce cada mucho tiempo, se puede hacer una vida completamente normal… —justificó ella poniéndose en pie—. Además, somos magos, tenemos varitas, un lumus o unas velas solucionan este pequeño problema —metió su mano en el bolsillo de su pantalón, a continuación en el del otro lado y luego en los bolsillos traseros—. Mierda… —masculló.

—¿Qué pasa, Granger?

—No llevo encima mi varita. Haz tú el hechizo.

Draco se quedó en silencio.

—¿Malfoy?

—Yo tampoco la llevo encima —dijo al fin—. Me la habré dejado en el piso de arriba.

—¿Qué?

—Joder, mojigata —se quejó él—. Apártate la mata de pelos de las orejas, que hacen función de tapón de los oídos por lo que veo.

Estaban discutiendo entre la penumbra, ninguno se veía las caras pero se palpaba todo en el tono de voz.

—Menuda sorpresa que un sangrelimpia no lleve encima la varita las veinticuatro horas —comentó la joven con retintín, mientras se movía lentamente por el salón de la casa.

Él se puso en pie y trató se seguirla, orientándose por el sonido de sus pasos y de los golpes que se daba contra los muebles.

—¿A dónde vas? —Preguntó él, acercándose cada vez más a ella.

—A bajar los plomos, habrán saltado, lo que no sé es por qué —aclaró mientras abría la caja de la pared, donde están los plomos de todas las habitaciones de la casa—. Si vuelve a ocurrir tendré que llamar al electricista.

—Granger, si vuelve a ocurrir ponemos unas velas, como en Hogwarts.

—O como en la siniestra Malfoy Manor.

—La perfecta Malfoy Manor —corrigió.

De repente, una efímera luz que provenía de fuera deslumbró la casa por unos escasos segundos, acompañada de un estruendo y Hermione chilló llevándose las manos a la cabeza, tapándose las orejas y poniéndose de cuclillas. Estaba temblando, acurrucada en sí misma, apretando los dientes y cerrando los ojos con fuerza.

—¿Granger? ¿Qué pasa? —Quiso saber Draco, que comenzaba a distinguir las formas entre la oscuridad y puso localizar a la joven acurrucada en el suelo—. No me digas que tienes miedo a los rayos.

—¡Cállate! —Ordenó ella indignada. Se puso en pie y volvió dirección al salón.

Él corrió tras ella.

—Estás muy nerviosa, sabelotodo —comentó él, analizándola con la mirada mientras ella se movía con cierto histerismo por cada rincón del salón.

Otro rayo volvió a iluminar y decorar la estancia con su imperioso sonido y nuevamente la Gryffindor profirió un grito asustadizo. Al verla en aquel estado, cogiendo la manta para taparse y sentirse segura, Draco soltó una poderosa carcajada y comenzó a señalarla con el dedo. La joven pudo distinguir el gesto entre la oscuridad que abundaba en el salón.

—¡No lo puedo creer! —Continuó riendo como un loco—. ¡La maldita Hermione Granger, la marisabidilla, la rata de biblioteca, la que luchó contra el y sufrió un crucio de Bellatrix, se deja intimidar por un puto rayo! —Y otra vez, una exagerada carcajada. Aquello hacia verdadera gracia al chico, que se le caían las lágrimas de la risa y se aprisionaba el estómago con la mano porque comenzaba a dolerle de tanto reír.

Ella no respondió y Draco se calló. Eso sí era raro, no obtener una réplica de aquella muchacha. En aquel momento, él se percató de como temblaba la joven de miedo, de cómo no levantaba las piernas, y como estaba sentada en el sofá sin moverse ni un ápice, como si de una de las gárgolas de la mansión Malfoy se tratara. Se sentó al lado de ella, aun aguantando la risa por dentro de verla así, aunque a su vez comenzaba a sentir cierta lástima por ella.

—Eh, Granger… —mencionó él en el tono de voz más apaciguado que puede pronunciar Malfoy.

Pero no pudo terminar de hablar, ni siquiera pudo comenzar a decir lo que quería porque otro rayo volvió a dejar patente su presencia, solo que esta vez, Hermione, en un impulso desesperado por calmar su irracional temor, se abalanzó sobre él y le envolvió con sus brazos. Malfoy sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, de pies a cabeza, erizándole todo el vello corporal. Sintió la respiración de la joven en su pecho, y su calor corporal calentando su cuerpo y su corazón le dio un huelco inesperado.

—Granger —llamó nervioso—. Granger, quítate de encima —la agarraba de los brazos y trataba de apartarla de sí en vano, ella estaba abrazándole con fuerza.

Hermione estaba realmente cómoda abrazada a Malfoy, aunque quizá en su yo racional no lo habría hecho nunca, pero las personas pierden los cabales con el miedo, dejan de razonar y comienzan a funcionar por instinto.

Finalmente, Draco dejó de resistirse y aceptó el abrazo de la chica. No sabía si por pena, si porque había desistido a quitarse a la sangresucia de encima o por si realmente estaba cómodo con ella abrazada a él. Por supuesto, la última opción la descartaba de su mente instantáneamente. Comenzó a acariciarle la cabeza a la chica, que tenía la cara hundida en su pecho, acariciaba su pelo rizado y se sorprendió de lo suave que podía llegar a ser.

El gesto de consuelo de Draco sorprendió a Hermione hasta puntos insospechados. Y entonces se dio cuenta de cómo estaba abrazada a él, pero no quería apartarse porque estaba realmente cómodo. Se sentía segura en los brazos de Malfoy. Otra vez sintió el perfume del chico, ese perfume que le define como un narcisista, pero le quedaba como anillo al dedo. Sin querer sintió una vibración en el vientre, una vibración traicionera que le indicaba que estaba comenzando a sentir un deseo alejado de la inocencia de un simple abrazo. Pero no hizo nada, trató de concentrarse en alejar aquella sensación de ella, pero es que aquel aroma, aquellos largos y elegantes dedos jugando con su cabello, le hacían sentir rara y vulnerable.


Las risas de dos jóvenes inundaban el restaurante.

—No puedo creer lo que me cuentas...

—Es así —respondió Harry dando un sorbo al vino.

Apenas les quedaba comida en el plato. Pansy había pedido merluza con salsa verde, y Harry calabaza al vino dulce. Pansy bebió de su copa y le miró mientras enarcaba una ceja.

—Dime una cosa, Harry, ¿puedes permitirte pagar esta cena?

—Claro, puedo darme un capricho de vez en cuando —respondió él, tratando de no sentirse ofendido por el comentario hecho con malas intenciones de ella—. Además, he empezado a trabajar recientemente.

—¿De qué?—Preguntó Pansy con verdadera curiosidad.

—Auror.

—Oh, como no... San Potter, el niño que vivió, el que mató al Sr. Oscuro, convertido en auror... —cada una de sus palabras destilaban cierta burla contenida, pero a Harry no le parecieron del todo ofensivos—. En fin, no he quedado contigo para hablar de mí o de ti. Sinceramente, Potter, no me interesa para nada tu vida.

—Eres muy directa —le sonrió Harry.

Ella se ruborizó.

—Iré al grano. No me creo lo que acaba de pasar entre Draco y la sangresu... quiero decir, Granger. No me lo creo. ¿Cómo va a ser eso cierto? De la noche a la mañana, sin ningún tipo de actitud delatadora de Draco antes... —explicó.

El chico se asombró al darse cuenta de que Pansy no tenía ni la más mínima idea de que se trataba de una boda falsa.

—No sé, Pansy, se quieren —su voz no resultó muy creíble.

La joven dio un golpe en la mesa.

—Me niego a creer eso, Potter.

—No sé, Pansy, quizás deberías afrontarlo de una vez y olvidarte de Draco.

—Nunca —se puso en pie—. Y no me llames por mi nombre de pila, me da grima —espetó ella.

Cogió su bolso y se lo colgó del hombro.

—¿Es que te vas? —Preguntó Harry.

—Claro, no quiero hablar ni un segundo más contigo.

—¿Y no piensas pagar la comida?

Pansy le fulminó con la mirada.

—Eres el hombre, invita a la dama a cenar —conforme dijo aquello,se marchó.


Cuando volvió la luz, sólo en aquel momento, ambos jóvenes, que se encontraban acurrucados en el sofá mientras se abrazaban, fueron conscientes de la situación en la que se encontraban. Draco sintió un fuerte golpe de nervios que le recorrió de pies a cabeza, como si estuviera haciendo algo horrible, una fuerte traición a su familia estando tan cerca de Hermione.

—Quita ya de encima —dijo secamente.

Hermione se apartó lo más rápido posible, se sentía acalorada y tenía la sensación de que estaba ligeramente sonrojada.

—Perdona —dijo ella con sinceridad—. No sé que ha pasado. Cuando escucho algún rayo me pongo nerviosa. No reacciono bien a ellos.

El rubio se levantó del asiento y con el dedo índice apuntando y la mano en posición de oratoria comenzó a hablar:

—Yo sí se que ha pasado —declaró bien recto—. Has intentado violarme.

—¿Pero qué disparate es ese? —Cuestionó ella atónita, completamente incrédula por aquel comentario. Malfoy se lucía siempre cada vez más que la anterior.

—Has aprovechado que se había ido la luz para abalanzarte sobre mí —continuó él—. La verdad, no te culpo, sé que soy irresistible y que para ti vivir con semejante cuerpo del deseo es una lucha interna.

Hermione puso los ojos en blanco mientras se levantaba del sofá.

—Lo que tú digas, sex symbol —respondió ella, desinteresada—. Me voy a dormir.

—¿No vamos a ver qué pasa con Laurie en La noche de Halloween?

—No —espetó ella mientras subía por las escaleras.

Era impresionante la cantidad de tonterías que era capaz de decir una persona, pero aun era más fascinante la cantidad de tonterías sin sentido que era capaz de escupir Draco Malfoy. Aunque claramente no se abalanzó sobre él con ningún instinto sexual, sí que era cierto que sintió un fuerte deseo por él cuando estaba abrazándole y con la ausencia de la luz. Pero le daba rabia admitirlo. Rabia y miedo.


Hola guapuras!

Por fin he actualizado! La bombillita se ha vuelto a encender y Velveth vuelve a trabajar.

En fin, ¿qué os ha parecido este capítulo? ¿Os ha gustado? ¿Tengo buen sentido del humor o resulta ridículo a veces? Jajaja. En fin, espero, deseo, os suplico de rodillas que me dejéis reviews con vuestra opinión, ya sabéis que siempre quiero conocerla :)

Muchas gracias por leerme pero en especial quiero agradecer a todas las personas que dejaron reviews desde el anterior capítulo:

anguiiMalfoydark, Guest, Lady Maring, Karla Thomas, Lorena, Natalys, Sam Wallflower, .HR, Serena Princesita Hale, Yuuki Kuchiki, Ladylefay07, Chiaki Suzuki

Nos vemos pronto

xoxoxo

Vel-