Capítulo 2
La cita
Amor, espero que podamos ser
Espero que podamos encontrar una manera
de dejarte ver
que soy tan fácil de complacer
Tan fácil…
-Easy to please, C.
.
La primera clase era Transformaciones. Luego de su discusión en los pasillos, Blaise y Draco habían llegado un poco tarde, pero aún no había ningún profesor en el aula. Recuperando el aliento, los dos comenzaron a buscar una mesa vacía.
Desde el fondo del salón, Ron agitaba los brazos con todas sus fuerzas, tratando de llamar la atención de Draco.
-¡Hermione, agárralo!- murmuró, Harry, sujetándole un brazo a Ron.
-¡Eso intento!- dijo ella de vuelta, -Ron, si no dejas de comportarte así, Malfoy se va a molestar mucho contigo.
-¿Qué?- preguntó Ron, abriendo los ojos y quedándose quieto de inmediato. –Draco no se molestaría por algo así, él es muy amable…- murmuró de vuelta, dejando escapar un suspiro, pero quedándose quieto de todos modos.
-¿Y bien?- preguntó Hermione soltando a Ron lentamente. -¿Descubriste algo?
Frunciendo el ceño, Harry negó con la cabeza.
-No, sólo parecía sorprendido de verme ahí.
-Podría haber estado fingiendo,- ofreció ella, encogiéndose de hombros.
-No lo sé… todo esto es muy extraño, Hermione.
-¿Qué piensas hacer entonces?
-Por lo pronto, creo que tengo una cita con él esta tarde…-
Hermione no pudo más que abrir los ojos mientras Ron exclamaba:
-¡¿UNA CIT-?!- con una sonrisa aún más grande que la que tenía en el comedor… si eso era posible. Harry y Hermione le cubrieron la boca antes de que todo el salón volteara a mirarlos. Harry giró la cabeza, encontrándose con la mirada inexpresiva de Malfoy. Merlín, esa clase de mirada podía poner los bellos de punta… y no en el buen sentido de la palabra. Con una sonrisa nerviosa, alzó una mano, saludándolo.
Draco rodó los ojos antes de regresar su atención a ninguna parte. Ah, ese Potter sonriente iba a matarlo. Lo peor de todo era que ya comenzaba a disfrutar de todo el asunto; por lo menos podría bajar un poco la guardia, hablar con Harry sin las inhibiciones de costumbre. Le había costado mucho trabajo admitir que el odio que sentía hacia Potter no era más que despecho. No fue sino hasta el momento en el que los carroñeros lo trajeron a la Mansión cuando se dio cuenta de lo perdido que estaba por San Potter, por el dichoso Niño Dorado, por el estúpido y descuidado Potter. A penas había visto su rostro hinchado, supo que en realidad no quería que muriera, sino todo lo contrario.
En los meses previos a eso, el Señor Tenebroso se había instalado en la Mansión Malfoy, llenando los pasillos de un frío interminable y un hedor a muerte que era imposible de cubrir. Cuando Harry llegó junto con sus amigos, se sintió más perdido que nunca. Apenas escaparon, Draco corrió a su habitación a encerrarse. Había sido en ese momento, luego de verlos escapar milagrosamente, en el que se dio cuenta del alivio que en verdad sentía, de las ganas de dar las gracias que le llenaron en pecho. En ese momento supo que lo que sentía por Potter no tenia remedio, y ni siquiera podía determinar con exactitud cuánto tiempo llevaba así.
-¡¿Saldrás con Draco?!- exclamó Ron, en voz baja. Harry asintió con la cabeza.
-Lo invité a ir al campo de quidittch por la tarde,- les dijo.
-¡Hombre, qué buena suerte! Ojalá se me hubiera ocurrido antes…- se lamentó Ron.
-Te estás adaptando muy fácil a esto de pretender que estás hechizado por Malfoy,- comentó Hermione. -¿Seguro que no lo haces por gusto?
-¿Qué? Por supuesto que no, Hermione. Tengo curiosidad por sus motivos, nada más.
-Oye Harry, ¿podrías saludar a Draco de mi parte?
Esta vez Harry rio, palmeándole la espalda a su amigo.
-Hermione, ¿cuánto durará el efecto?
-Un par de horas máximo, no comió demasiado como para que dure mucho.
A pesar de lo que le había dicho a Hermione, Harry se sorprendió a sí mismo estando un poco ansioso porque terminaran las clases. No era más que la intriga, la oferta de una nueva aventura, lo que le tenía golpeando su pluma contra la tapa del tintero. Incluso cuando apreciaba la calma, Harry se había acostumbrado a cierto ritmo de vida con el paso de los años y, ahora que se le presentaba un poco de acción, no podía esperar a ver a dónde lo llevaba… Una parte de él se preguntaba si tanto entusiasmo no estaba fuera de lugar; cada año escolar, desde su primer año, había tenido que arriesgar su vida en más de una ocasión, y siempre se había sentido más bien empujado que temerario. Había terminado en todas esas situaciones porque no tenía más opción y porque era lo correcto. En esta ocasión, Harry no estaba tan seguro. Quizá era por eso que se encontraba tan ansioso, porque no tenía idea de qué esperar. Esta vez no se trataba de Voldemort o de alguno de sus secuaces intentando asesinarlo, sino que se trataba de Draco enviándole chocolates con Amortentia. Era un plan bastante simple. Simple y absurdo. No entendía por qué Malfoy caería en una artimaña tan burda, en algo digno de Romilda Vane, y no podía decidirse si se trataba de un último recurso o una mala pasada. La intriga lo estaba matando, sólo era eso, era la curiosidad lo que le hacía desear que la clase terminara de una maldita vez. Por suerte, la última hora de pociones la compartían con Slytherin, así que no tendría que salir en busca de Malfoy por todo el castillo.
A su lado, un demasiado-sonriente-Ron tarareaba mientras terminaba de mezclar la poción en la que estaban trabajando. Por lo menos él parecía feliz…
Cuarenta y cinco terribles minutos más tarde, la clase por fin llegaba a su término. Draco tragó en seco mientras el resto de la clase comenzaba a guardar sus cosas. ¿Qué iba a suceder ahora? Potter lo había invitado a… ¿a qué, exactamente? ¿A caminar? ¿A charlar? ¿A tener un duelo? Era mucho más sencillo lidiar con un Potter al que no le agradaba a una falsificada versión enamorada de él. No era una queja, exactamente, diablos había esperado por tener una oportunidad como esta durante mucho tiempo, pero todo le parecía tan ajeno que no sabía qué tenía que hacer ahora. Quizá esto había sido una mala idea, quizá debía de aprovechar la renovada docilidad del Gryffindor para llevarlo con McGonagall para que le diera un antídoto. Eso lo haría ver como el héroe, ¿no? Podría decir que alguien les había tomado el pelo a los dos y eso sería todo, porque ¿Harry y Draco? ¿De verdad? Cualquiera se reiría de esa idea… y ese pensamiento se sintió como una punzada. Alzó la mirada, el salón estaba casi vacío, pero Harry y sus amigos seguían acomodando sus cosas. Seguro ellos notarían que algo no andaba bien, con Potter sonriéndole como un cachorro y todo eso… Weasley no parecía incómodo con la idea, sin embargo, o al menos esa fue la impresión que le dio esa mañana, tan animado con la idea de que Potter se le acercara. ¿Sería que no se habían dado cuenta aún? ¿Acaso Potter los había convencido de que las cosas iban en serio con él? Blaise le dijo que la poción no era tan fuerte, así que existía la pequeña posibilidad de que sus amigos creyeran que el interés de Harry era sincero. Weasley alzó la cabeza y lo saludó como en la mañana, alzando tanto el brazo que parecía que iba a dislocárselo. Casi era divertido verlo tan entusiasta. Casi. Incluso estaba tentado a corresponder el saludo con un asentimiento de no ser porque Harry volteó en su dirección, sonriéndole luego de mirarlo un momento.
Draco desvió la mirada, terminando de guardar sus cosas. Tenía que tranquilizarse o todo sería demasiado obvio. La comadreja ya se había dado cuenta de que los había estado mirando. Normal. Tenía que actuar normal, con la misma displicencia de siempre, como si esa insípida tregua que se había alzado entre ellos siguiera en pie, pero nada más… por lo menos mientras sus amigos estaban cerca.
Con un suspiro, tomó su mochila y caminó fuera del salón, recargándose en la pared mientras Potter salía. No tenía nada de malo esperarlo, ¿o sí? Sólo debía guardar la compostura y todo estaría bien.
Potter y sus amigos salieron casi de inmediato, con Granger tirando de Weasley mientras Harry se acercaba a él.
-Hola, Draco- y de nuevo con el nombre de pila. -¿Estás listo?
Draco alzó una ceja y se inclinó para ver como los amigos de Harry se alejaban por el pasillo. No regresó su vista al moreno hasta que se aseguró de que todos estuvieran fuera de vista. Soltando un suspiro de alivio, se paró frente a Potter y lo miró sujetándole los hombros.
-Escúchame bien, Potter, es muy importante que lo hagas porque no voy a repetir esto, ¿de acuerdo?- comenzó rápidamente sin esperar una respuesta. –Necesito que me digas cómo te sientes.
Por un instante parecía que Harry iba a fruncir el ceño, pero en cambio le sonrió suavemente.
-Me siento bien, Draco. ¿No debería?
De no ser por la poción, Draco juraría que el moreno estaba siendo sarcástico.
-De acuerdo…- asintió, soltándolo.
-¿Y bien, nos vamos?
Si en verdad Harry tenía que contestar, diría que estaba francamente sorprendido de sí mismo. Desde que salieron de la clase de pociones había estado con Draco y, hasta ahora, no tenía ningún motivo para quejarse. Por el contrario, Draco era una compañía bastante agradable si uno se olvidaba de los siete años de insultos y discusiones entre los pasillos.
Durante el camino al campo los dos habían estado callados. Malfoy parecía demasiado concentrado en sus pensamientos y Harry no tenía idea de qué decir, así que optó por el silencio.
Lo curioso fue que, una vez en el campo de quidditch, la tensión pareció desaparecer de los hombros de Malfoy, dándole un aspecto más relajado. Aparentemente, sea lo que fuere en lo que estaba pensando, lo había dejado de molestar en cuanto se sentaron en las gradas. Harry le sonrió suavemente, sin saber qué más podía hacer en ese momento.
-Siempre me ha gustado este lugar,- comentó Draco, mirando hacia el campo. –No sólo por el juego, sino por el lugar per se. Se puede ver el castillo, el lago… pero nadie te puede ver de vuelta.
Harry alzó las cejas. Nunca había visto a Malfoy tan relajado, pero asumió a que se debía a la confianza que tenía en la Amortentia. A pesar de ello, no dejaba de sorprenderle el cambio en el rubio. Se le veía cansado pero definitivamente mucho más tranquilo.
-Hay un lugar en la torre donde sucede algo similar,- dijo Harry, asintiendo con la cabeza. –Se puede ver todo el lago, pero nada más. No se ve dónde comienza ni dónde termina, sólo hay agua. Es como si el castillo estuviera en medio del océano… Uno se siente náufrago.
Draco lo volteó a ver fijamente unos instantes antes de sonreírle suavemente. Había muchas cosas que Harry nunca le había visto hacer a Draco, y una de esas cosas era verlo sonreírle de esa forma. Algo dentro de Harry se removió, pero no estaba seguro de qué; probablemente se trataba de extrañeza por todo lo que estaba sucediendo, pero tenía que asegurarse de permanecer tranquilo.
-Me gustas más así, sin esa sonrisa tonta en los labios,- dijo Malfoy, de pronto, entrecerrando los ojos. –Pero supongo que es un efecto colateral, ¿eh?- agregó, más como para sí que otra cosa.
-¿Pasas mucho tiempo aquí?- preguntó Harry, desviando el tema de la conversación y, antes de que se dieran cuenta, el ocaso se dejó caer frente a ellos.
Cuando regresó a la torre de Gryffindor, Harry se encontraba en un estado de estupor. Ese día había sido muy extraño, sin duda, pero lo más raro de todo había sido lo fácil que le resultaba hablar con Malfoy. No sólo de lo que hacían en sus tiempos libres, sino de la guerra, también. Era difícil hablar de esa misma manera con Ron o Hermione, en especial cuando se trataban de dos personas que fueron obligadas a luchar en bandos distintos.
Draco no había dicho mucho al respecto, pero había escuchado a Harry y lo había calmado, y le había dado una desconcertante sensación de consuelo.
-Todos tuvieron sus precios que pagar, pero sabían lo que hacían,- le había dicho Draco, recargando los brazos sobre las rodillas. –Todos estábamos conscientes de que podríamos morir en cualquier momento, pero nada de eso era culpa tuya. Habrían luchado con o sin ti, Potter. No debes culparte por no poder salvar a todo el mundo todo el tiempo, nadie puede hacer eso, ni siquiera tú, San Potter.
Harry sonrió a medias, sin humor, al entrar a las habitaciones. Era curioso escuchar esa clase de apodos sin el toque de sorna que siempre los acompañaba. Quizá todo esto no se trataba de una broma, quizá Malfoy sólo quería pasar un tiempo con él y esa era la única manera que había encontrado para hacerlo; no era la más razonable del mundo, pero casi podía comprender por qué lo hacía. La cuestión era, ¿qué debía hacer ahora? ¿Seguir con toda esa farsa o ser honesto con Malfoy y decirle que sabía lo de la poción?
Ron saltó fuera de la cama de inmediato, trotando hacia él, sacándolo de sus pensamientos.
-¡Harry, por fin regresas!- saludó, -Hermione estaba preocupada, pero le dije que estarías más que bien… ¿pudiste conversar con Draco? ¿Le hablaste de mí?
-Sí, Ron, le hablé de ti- mintió Harry, rodando los ojos. Por suerte Ron no estaría así para mañana, según lo que le había dicho Hermione.
-¿De verdad?- preguntó Ron, emocionado. -¡Oh, debes contarme qué te dijo! ¿Le agrado? ¿Crees que quiera hablar conmigo?
-No lo sé, Ron, no creo que sea una buena idea que te acerques a él por ahora…- al ver la expresión de su amigo caerse, dejó de hablar de inmediato.
-Me odia,- murmuró Ron, dejándose caer sobre la cama. -¡Me odia…!
Harry se preguntó qué tanto de la actitud era debido a la Amortentia y qué tanto era el dramatismo de Ron catalizado por la poción. Ciertamente, su amigo parecía disfrutar de imaginar cosas innecesarias con o sin poción. Dejando escapar un suspiro, Harry se sentó a un lado de su amigo y le puso una mano en el hombro.
-Claro que no te odia, Ron- dijo, tratando de sonar convincente. –Sólo sucede que Malfoy es un poco… ehm… ¿tímido? Sí, eso es: Malfoy es algo tímido y no creo que sea bueno que te le acerques así, de pronto,- explicó como si su amigo fuera un niño. Por suerte, Ron no parecía detectar la mentira en las palabras de Harry y de inmediato volvió a animarse.
-¡Tienes razón, Harry!- exclamó, levantándose de inmediato. –Iré a decirle eso a Hermione… y a avisarle que ya estás aquí.
Y con eso último Ron salió de la habitación, dejándolo solo. Neville y los muchachos estaban abajo, terminando los deberes, pero en ese momento Harry no tenía muchas ganas de terminar su tarea.
Luego de cambiarse la ropa, se sentó en la ventana de la torre, mirando el reflejo de la luna perdido en ese lago aparentemente interminable. No se dio cuenta de que estaba sonriendo mientras lo hacía, sin embargo, y se fue a dormir sin saberlo.
..
Ahhhh, ¿qué les ha parecido?
Quiero agradecerles a todos por sus comentarios, espero que el resto del fic les siga pareciendo interesante. La canción es Easy to please, de Coldplay (Salazar, cómo amo esa canción!) ¿Qué les parece? Creo que es perfecta desde el POV de Draco *se muere poquito*
Espero que esto no esté quedando demasiado OOC... pero ¡ey! La guerra hace cosas con las personas, ¿no? xD Tengo en mente un long-shot lleno de angst... si lo escribo, ¿les gustaría leerlo? Quiero ponerme a trabajar en él a penas y termine Amortentia... Sería maravilloso verles por ahí uwu
En fin, basta de comerciales por hoy... En realidad tengo un pequeño anuncio (más bien una pequeña tragedia personal): Verán, mi USB tuvo un accidente y, bueno, todo lo que había en ella se murió, incluyendo el cap 3 ya terminado de este fic, así que me tardaré un poco más en actualizarlo de aquí a que lo reescribo *se tira por un puente*
En otras noticias, en vista de que varias personitas me han preguntado sobre el futuro de Hit me like a man, he decidido volver a trabajar en ese fic. Lo estuve releyendo y me di cuenta de varios (muchos) errores en la puntuación (horribles errores de puntuación) peeeeero como no tengo el archivo no lo podré corregir por el momento, así que espero poder hacerlo mejor de ahora en adelante. Lamento las molestias que esa clase de errores pudo haber causado, espero que estén de maravilla... chane~
