Capítulo 4
Diferencias
Ya has sufrido suficiente, y has luchado contra ti mismo
Ya es hora de que ganes
Toma este barco que se hunde y ponlo rumbo a casa
Aún tenemos tiempo
-Falling slowly, G
.
Ron se encontraba extremadamente feliz. Aun cuando no lo reflejara, estaba muy emocionado por estar ahí con sus amigos y, en especial, con Draco. Había sido toda una suerte encontrarse con Harry y Draco en el pasillo, mientras todos salían con rumbo a Hogsmade. No había parecido muy entusiasta al respecto, por supuesto, ya que las palabras de Harry aún estaban muy presentes en su mente:
-Procura aparentar como si te molestara estar cerca de Dr-Malfoy, ¿de acuerdo, amigo?
-Pero no me molesta estar cerca de él, Harry- explicó, sin entender lo que su amigo quería decir.
-Lo sé, Ron, pero hasta que Slughorn regrese, tendrás que actuar menos feliz cuando esté cerca.
-Pero, ¿por qué?
-Ahm… bueno…- comenzó Harry, rascándose la nuca. -Ustedes no… los chocolates… ¡ahj, esto es complicado!- exclamó, como si tuviera problemas en explicarle la situación, pero Ron sabía que podía comprender.
-¿Qué cosa, Harry?
-Es que… ¡lo tengo! ¿Recuerdas que lo que te dije sobre Malfoy, que era algo tímido?
-Sí, lo recuerdo- asintió.
-Bueno… la cosa es… Me pediste que le hablara de ti, ¿no?
-¡Sí!- asintió rápidamente, -¿Qué te dijo?
-Pues dijo… dijo que… que le gustabas más cuando eras serio, ¡sí, eso es! Sabes lo conservadores que pueden ser los sangre pura y todo eso, muy… tradicionales.
-Oh Merlin…- murmuró, dejándose caer en el sofá. -¡LE GUSTA VERME SERIO!- repitió con una enorme sonrisa de emoción en el rostro, pero de inmediato se forzó a esconderla y repitió con más calma: -Le gusta cuando soy serio, naturalmente… ¿Así, Harry? ¿Lo hice bien?- preguntó sonriendo de nuevo. Su amigo dejó escapar un suspiro pero asintió.
Ahora estaban los cinco sentados en una misma mesa mientras bebían cerveza de mantequilla: él, Hermione, Harry, Draco y Zabini. ¡Nada podía ser mejor!
Harry se encontraba extremadamente incómodo. Aun cuando no lo reflejara, estaba muy frustrado por estar ahí con sus amigos y, en especial, por no poder estar a solas con Draco. Había sido un golpe de mala suerte que Ron y Hermione los encontraran en el pasillo, mientras todos se dirigían a Hogsmade. No era como si le molestara estar ahí con sus amigos, por supuesto que no, incluso le tranquilizaba que Hermione y Draco parecieran llevar una conversación relativamente cordial. Ron y Zabini eran el problema. Quería a Ron, era su mejor amigo, pero la forma en la que miraba a Draco comenzaba a desesperarle. Ni siquiera era muy obvio cuando lo hacía, (aparentemente se estaba conteniendo al máximo, lo cual era un alivio porque así no lo haría sospechar sobre el verdadero paradero de la Amortentia), pero lo miraba de todos modos, cuando Draco no se daba cuenta. Harry se daba cuenta, sin embargo. Él veía la total adoración que sentía su amigo por el rubio, y eso lo desesperaba porque sabía que era una mirada falsa. Después de pasar casi diez días compartiendo las tardes y algunas clases con él, sabía que Draco no era una mala persona en lo absoluto, que todavía le daban miedo los bosques y que su color favorito era el azul, y sabía que, si alguna vez alguien debía de mirarlo de esa manera, por lo menos debería de ser de una forma honesta, no por culpa de una estúpida poción. Maldito fuera Slughorn por salir y dejarlos sin un antídoto. Maldito Draco por enviar la poción. Y maldito su plan de pretender que se había comido los chocolates, también, porque luego de pasar tiempo con Draco, había descubierto que le agradaba su compañía. Quizá le agradaba demasiado.
Todo había sido por culpa de Draco y sus pésimos hábitos de sueño. Había sido su culpa por hacer una costumbre eso de quedarse dormido sobre sus piernas entre una plática y otra. Había sido su culpa por lucir tan cansado todo el tiempo y recordarle lo que eso se sentía; pero por sobre todas las cosas, había sido su culpa por haber murmurado su nombre entre sueños.
Había sido sólo una vez, mientras estaban recostados en el campo de quidditch y, de no ser porque reinaba un silencio total, no lo habría escuchado en lo absoluto, se habría perdido ese susurro hurtado de entre sus sueños, ese suspiro hecho palabra: "Harry". Sólo eso había bastado para que de pronto el corazón comenzara a latirle a toda velocidad y se preguntó: ¿qué estaría soñando Draco en ese momento? ¿Sería algo de su pasado o algo que se estaba inventando? ¿Qué secretos guardaba la sola mención de su nombre?
El problema era que, desde ese momento, no dejaba de pensar en lo que eso significaba o podía significar. Ahora cada vez que pensaba en Draco le daba un vuelco en el estómago y se sentía nervioso. Merlín, ¿qué le sucedía?
Luego estaba Blaise, que los había encontrado por "casualidad" y se les había unido, tomando asiento a un lado de Draco. Él, más que Ron, era lo que lo tenía especialmente irritado. La forma en la que Blaise podía hacerlo reír, la forma en que podía tocarlo con toda la confianza del mundo… toda esa honestidad le hacía sentir peor que el hecho de que las miradas de Ron no lo fueran, porque Blaise estaba siendo todo lo que Harry no: estaba siendo sincero, estaba siendo un amigo. Harry sólo estaba con Draco porque se suponía que hiciera eso, porque estaba "bajo los efectos" de la Amortentia, y no sabía qué intenciones tenía Draco luego de que el supuesto efecto terminara. Le molestaba la certeza de que, sin importar lo que sucediera al término de esas tres semanas, Blaise iba a poder seguir siendo su amigo y él… quién sabe.
Draco estaba nervioso. Justo cuando él y Harry iban a marcharse, la Comadreja y Granger habían aparecido.
-¡Ey, Harry! ¿Te importa si los acompañamos?
Fue eso lo que dijo Weasley, mirándolo de reojo. En ese momento supo que los amigos de Harry comenzaban a sospechar, o no se habrían ofrecido a acompañarlos, ¿qué otro motivo tendrían además de asegurarse de que Potter estaba a salvo?
Fue por eso que llamó a Blaise para que lo acompañara. Un Slytherin nunca se deja estar en desventaja. Lo curioso era que se la estaba pasando medianamente bien. Por lo menos todavía no había recibido ningún reclamo por lo sucedido durante la guerra, y Granger podía ser una conversadora muy amena si se le daba la oportunidad. La cuestión era que le hubiese gustado más estar solo con Harry: cada día que pasaba era un número menos en su cuenta regresiva, y estaba consciente de que debía aprovecharlos al máximo. Quizá, en otras circunstancias, habría disfrutado ser tratado con esa normalidad, pero en ese momento sólo podía sentirse nervioso. Por fortuna los amigos de Potter no parecían sospechar de nada. Weasley actuaba un poco extraño, pero aún existía el hecho de que Weasley siempre había sido extraño, así que no le prestó mucha atención.
La pregunta le cayó como un balde de agua helada. Los colores se le habían ido del rostro, estaba seguro, y las manos comenzaron a temblarle un poco, pero se las arregló para meterlas en los bolsillos y pretender que las palabras de Granger no le habían afectado.
Draco siempre había disfrutado de la literatura. Desde su estatus como sangre pura, era de esperarse que tuviera cierto nivel de cultura, y estaba obligado a conocer sobre las artes y la política también. Era cierto que todo lo que sabía era debido a que se le había impuesto como una responsabilidad, pero Draco de verdad disfrutaba de la literatura, aun cuando su padre no la aprobaba del todo. Admiraba el poder que tenían las palabras: sólo un montón de ellas, en el orden adecuado, podían hacer romper a una persona en llanto o a una multitud en aplausos. Simples palabras podían hacer caer naciones enteras; incluso tener magia no servía de nada si no se conocían las palabras adecuadas.
En ese preciso momento, mientras Draco trataba de pensar qué responder, tuvo un motivo más para tomarse el valor de las palabras más en serio ya que, con sólo un par de ellas, (seis, en realidad) comenzaba a sentirse total y completamente perdido. Dejando a un lado su cerveza de mantequilla, Granger le había preguntado:
-¿Te gusta Harry, no es así?
Eso había sido todo, y ahora sentía cómo el suelo se removía bajo sus pies, cómo las paredes se agitaban, amenazando con caerle encima. Desviando la mirada, Draco hizo lo mejor que pudo para formar una oración coherente.
-No digas tonterías, Grang…
-No me mientas, Malfoy, sé lo de la Amortentia.
Vaya, esta vez habían sido nueve, y definitivamente el techo parecía comenzar a agrietarse. Tragando en seco, Draco la miró, buscando un gesto cargado de desprecio, un ceño fruncido, unos ojos entre cerrados… pero ella sólo lo miraba, y Draco no tenía a dónde huir. Dejando escapar el suspiro más largo de su vida, apretó los puños dentro de sus bolsillos y asintió lentamente.
-Sí, así es.- Admitió y suspiró de nuevo, -¿Vas a delatarme?
-Aún no estoy segura, primero me gustaría saber: ¿por qué?
Draco se encogió de hombros, ligeramente relajando ante el retardo de la amenaza.
-¿Por qué hace alguien cualquier cosa?
-No estoy jugando, Malfoy.
-Ni yo tampoco.
-Entonces, ¿por qué, Malfoy? ¿Por qué enviarle la Amortentia en lugar de acercarte a él?
-¿Serviría de algo si te digo que yo no la envié?- preguntó echando la cabeza hacia atrás, conociendo la respuesta sin tener que mirarla. –Potter nunca se acercaría a mí ni me dejaría acercarme sin sospechas de por medio. De todos modos, ¿qué debería de decirle? ¿"Hola, Potter, sé que hemos sido enemigos por un largo tiempo y que casi consigo que te maten en más de una ocasión, pero ¡ey! También da la casualidad de que me gustas desde hace un tiempo y ya no estoy tan de acuerdo con mi padre como lo hacía antes, ¿quieres ser mi amigo?"- dijo de una vez. Si Granger iba a delatarlo, por lo menos prefería que lo hiciera por las razones correctas.
-Pudiste haberlo intentado…- sugirió, sonando igual de vacilante como lo eran sus palabras.
-Sí claro,- dijo rodando los ojos. –No soy ningún Gryffindor, Granger, yo no me ando por ahí mostrando un rostro valiente y tomando el camino difícil, yo considero mis posibilidades y actúo conforme a ellas. Simple auto-preservación.
-Así que usaste la Amortentia como un último recurso… ¿para poder estar con él?- preguntó, como si le costara trabajo entenderlo. Draco no la culpaba, en realidad, a veces ni él mismo lo comprendía. Encogiéndose de hombros, se llevó su taza de té a los labios.
-Ya te he dicho que no fue mí idea, pero sin duda no iba a desaprovechar la oportunidad, no soy tan tonto y, te lo repito: no soy ningún Gryffindor.
-¿Y luego qué, Malfoy? ¿Qué pasa cuando se termine el efecto, en qué, un mes?
-Tres semanas, Granger, y contando.- Asintió, comenzando a pensar que tal vez, y sólo tal vez, Granger no iba a delatarlo. Negó con la cabeza, desechando esa idea, pero sin dejar de hablar de todos modos. –Supongo que Potter despierta de su letargo y me odia para toda su vida… o para toda la mía, no lo sé; no termino de decidirme por eso o que me hechice hasta el cansancio. Cualquiera que sea su reacción, supongo que la tendré bien merecida, ¿no?
-Sí, en parte,- asintió, pero en su voz no había reproche. –No te entiendo, Malfoy, pierdes mucho más de lo que estás ganando.
-Eso no lo sabes, Granger,- le dijo volteando a ver a Harry, y sonrió a medias. Era cierto, él mejor que nadie sabía que con todo esto iba a perder cualquier remota oportunidad que pudo haber tenido con Potter; pero luego de hablar con él, de compartir las tardes a su lado, de hacerlo reír de vez en cuando… -Quizá gano más de lo que debería,- dijo suavemente, olvidándose de la presencia de Hermione, pero ella lo escuchó perfectamente, y supo que tenía que hablar con Harry.
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Bueno, eso ha sido todo... iba a ser un cap más largo, peeeeeeero shit happens xD
Espero que les haya gustado. ¿Ya vieron la nueva foto de portada? Mi bella Chuliot la hizo :3 ¡Me hace tan feliz!
La canción de este cap es "falling slowly" de Glen Hansard (amo a ese hombre). Cuéntenme, ¿alguien tiene alguna sugerencia? ¿Algo que les gustaría ver antes de que esto se termine?
Espero que se encuentren muy bien, chane~
