Capítulo 6
Confesión de medianoche
Este es el primer día de mi vida
Me alegra no haber muerto antes de conocerte
(…) podría ir a cualquier parte contigo
y probablemente sería feliz.
-First day of my life, B.
.
Los días le siguieron a las noches con una velocidad alarmante. Era como si, de pronto, las horas duraran sólo la mitad y la semana tuviera prisa en terminar. Draco odiaba eso.
Pero justo ahora no pensaba en el tiempo, no del todo; no cuando tenía una ramita entre los labios y la cabeza sobre el pecho de Harry; no cuando Potter había insistido en tirar de su brazo y sentarlo entre sus piernas, a la sombra de un árbol.
-Probablemente el mundo va a explotar por esto, Potter, pero de verdad me agrada pasar tiempo contigo,- admitió en voz baja, agradecido por no estar viéndolo a la cara.
-Por mí puede explotar dos veces, porque a mí también me agrada estar contigo,- rió Harry.
-Sí, pero yo lo digo en serio,- dijo en un tono casi burlón. Esta clase de chistes privados se habían hecho una costumbre. –Pansy ya no está,- agregó-. Greg me detesta, Blaise… es un buen amigo, pero no comenzamos a tratarnos así hasta este año y Nott… bueno, es Nott.
-No creo que Goyle te deteste…- dijo Harry suavemente, contra su cabello.
-Claro que lo hace. Prefiere pasar las horas con esa chica de Hufflepuff que conmigo. Aunque debo de admitir que tiene un buen punto.
-¿Ah sí?
-Me culpa por la muerte de Vincent…- dijo agachando la cabeza. Lo cierto era que, a veces, él mismo también se culpaba; pero entonces una pequeña vocecita dentro de él le decía:
-Tú no le dijiste que iniciara el fuego.
Draco volteó para ver a Harry. Era justo eso lo que le había intentado explicar a Greg, al principio, pero no lo había logrado.
-Aun así me culpa,- dijo encogiéndose de hombros, mirando hacia el frente. -Creo que es la mejor forma que encontró para lidiar con la pérdida, ¿sabes? Convirtiendo el dolor en ira. Es una salida muy conveniente, en realidad. Cualquiera en su sano juicio lo haría.
-Supongo que puedo entender eso,- asintió distante. Por un segundo, Draco sintió la necesidad de consolarlo, pero no estaba seguro de qué decir. Sabía que Harry había perdido a muchas personas durante la guerra, pero era un juego de azar intentar adivinar a quién se dirigía ese suspiro en específico. Aun bajo los efectos de la Amortentia, Potter se las arreglaba para decir esta clase de cosas todo el tiempo, para deshacer la sonrisa tonta que llevaba de vez en cuando y poder sostener una conversación coherente, y eso siempre le sorprendía.
-Eres muy extraño, Potter,- dijo con una media sonrisa, aliviado por no verlo de frente.
-Bueno, gracias,- dijo Harry. –Tú eres muy quisquilloso.
-Lo digo en serio,- dijo Draco rodando los ojos.
-Yo también lo digo en serio,- rió. –Mira que no recostarte en el pasto…
-Ey, que a ti no te preocupe el nido de pájaros que tienes en la cabeza, no quiere decir que a mí no me importe mi cabello.
-Además, no lo decía en un mal sentido,- aclaró Draco, dejando de reír.
-¿Lo de mi nido de pájaros?
-No, eso sí,- sonrió. -Me refiero a que eres extraño.
-¿Soy extraño en el buen sentido?
-Hm hum- asintió. –Se puede confiar en ti, aun si no quieres: es extraño.
-Entonces tú también eres extraño,- murmuró Harry, pero su voz sonó distante, como si lo hubiera dicho más bien para sí.
Discretamente, Draco se llevó la mano pantalón, sintiendo la pequeña botella que llevaba en el bolsillo.
-¿Y bien, se lo dijiste?
A penas regresó a su sala común, antes de que pudiera sentarse, fue lo primero que Hermione le preguntó. Harry sólo dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.
-No, aun no.
-Harry, sólo les quedan tres días…
-Ya lo sé, ya lo sé. Pero esto no es tan sencillo, ¿de acuerdo? Siempre que estamos juntos terminamos hablando de otras cosas y no encuentro el momento adecuado. ¿Qué se supone que le diga, de todos modos? "Oh, sí, a mí tampoco me gustan las almendras. Por cierto, ¿recuerdas las trufas que enviaste? Bueno, sé que tenían Amortentia y todo eso, pero ¡no te preocupes! En realidad comenzaste a gustarme luego de pasar tiempo contigo, así que no importa". Por favor, Hermione- bufó, dejándose caer en el sofá, a un lado de Ron.
-Sabes, él dijo algo similar el otro día. No puedo creer que en realidad los dos sean tan estúpidos como para seguir con esta farsa.
-Bueno, siendo justos, él no tiene idea de nada,- dijo Harry, dejando escapar un suspiro, frustrado.
-¿Y bien, se la diste?
A penas regresó a su habitación, fue lo primero que Blaise le dijo. Draco, dejando escapar un gruñido, se sentó en un sofá negando con la cabeza.
-No, todavía no.
-Para tres días que faltan, ya ni siquiera deberías molestarte en cargarla.
-Lo sé. Pero es más sencillo así; siempre que hablamos tengo la opción de terminar con todo esto, si quiero. Es una cuestión de control, Blaise.
-Hasta en esto tienes que tener la última palabra, ¿eh?- dijo alzando una ceja-. Sabes, al final, Potter y tú se parecen demasiado.
-No seas tonto, él y yo no nos parecemos en nada,- espetó.
-Claro que lo hacen. En el fondo, los dos no son más que un par de sentimentales (lo eres, no me mires así). Estoy seguro de que, si le dijeras cómo te sientes, lo tomaría mejor de lo que piensas. Si supiera tus motivos, dudo mucho que te odiara.
-Supongo que no, pero seamos honestos: él no tiene idea de nada.
Draco cerró la mano sobre el trozo de pergamino que guardaba en su bolsillo, el mismo donde guardaba el antídoto. Mañana terminaba su cuenta regresiva. Comenzó a zapatear sin darse cuenta. Durante el almuerzo una lechuza le había entregado el mensaje; Potter no había comido con ellos esta vez, pero había enviado un mensaje en su lugar. Mañana terminaría el efecto de los chocolates. No decía la gran cosa, en realidad, sólo una invitación sin importancia para encontrarse esa misma noche en el campo de quidditch. Mañana volvería a ser Malfoy. Su mano se apretó contra el pergamino, haciéndolo crujir dentro de su bolsillo. Era algo extraño que Harry quisiera verlo de noche. Al menos era algo que no había hecho en todo este tiempo, y eso le intrigaba… le molestaba, en realidad, que la poción hubiese ido demasiado lejos y Potter quisiera llevar las cosas más lejos de lo que Draco podía permitirse. Más lejos de lo que Potter toleraría cuando todo regresara a la normalidad. Tomó el frasco el antídoto con los dedos, sintiéndolo tibio contra la palma de su mano. Su pie se detuvo. Tendría que dárselo antes de mañana antes de que sucediera algo que ninguno se perdonaría.
Frente a él, la clase de Historia de la Magia seguía su curso, pero no podía concentrarse. Su cabeza estaba dentro de su bolsillo, ceñida contra su mano fría.
Mañana todo esto habría terminado.
-¿Estás seguro de esto, Harry?
Era la tercera vez en el día que Ron le preguntaba lo mismo y, por tercera vez en el día, Harry le contestó, rodando los ojos:
-Sí, Ron, estoy seguro.
-¡Pero ya falta muy poco para que el plazo termine! Sólo un día más, ¿no es así? Todavía puedes librarte de todo esto…
-No quiero librarme de nada, Ron,- dijo apretándose el puente de la nariz. A veces extrañaba el efecto que los chocolates tenían en su amigo. –Y precisamente porque falta tan poco debo apresurarme a decirle la verdad.
-¡Pero ni siquiera él te ha dicho la verdad!
-Bueno…- vaciló, -quizá sólo se siente nervioso.
-O quizá no planeé hacerlo. Harry, ¿y si quiere darte más amortentia?
-Sabes que nunca la probé, en primer lugar.
-¡Pero él no lo sabe! ¿Y si intenta hacer que el efecto dure más? ¿Qué harás entonces?
-Yo…
Harry se sentó. Esa mañana le había enviado una nota a Draco para citarlo en el campo de quidditch por la noche. Quizá hacerlo en la tarde habría sido una mejor idea, pero no quería interrupciones de ningún tipo y, francamente, no sabía cómo iba a salir todo, así que prefería sentir el resguardo de la oscuridad. Tenía pensado llevar algunas mantas y, cuando se presentara el momento, explicarle cómo habían sido las cosas en realidad: que él nunca había probado la amortentia y que, si en un principio sólo había pretendido que le agradaba para averiguar lo que pasaba, ahora lo hacía de verdad. Pero no había pensado en eso: ¿y si Draco intentaba darle amortentia de verdad? Entonces…
-…no le diré nada. Si lo intenta, no le diré cómo me siento…
-E iremos a decirle a McGonagall,- terminó Ron.
Dejando escapar un suspiro, Harry asintió:
-E iremos con McGonagall.
Pero eso no será necesario, agregó para sí mientras encogía las mantas para esa noche y las guardaba en su bolsillo.
Si Draco creyera en esas cosas, diría que esto era un mal augurio; una señal que le enviaba el universo, diciéndole: ¡LARGO DE AQUÍ! ¡TODAVÍA ESTÁS A TIEMPO DE ESCAPAR! ¡CORRE MIENTRAS PUEDAS!
Era una pena que no creyera en todas esas cosas y que la clase de adivinación se le antojara demasiado ridícula como para pensar que todo esto era un gran y catastrófico error. Aun así, no podía evitar mirar el pasillo de reojo, de vez en cuando, para comprobar si estaba libre para, hipotéticamente, salir corriendo. No que quisiera salir corriendo o algo por el estilo, para nada, sólo era simple precaución.
Hacía unos quince minutos que estaban parados ahí, a mitad del pasillo, sin cruzar palabra. Él y Harry habían tropezado cuando se dirigían al campo de quidditch, así que decidieron caminar juntos hacia allá. No contaban con que de pronto comenzara a llover como si fuera el día del juicio final. Fue en ese momento en el que Draco pensó que todo esto era una mala señal.
Harry le había propuesto esperar a que terminara de llover y él, sin tener nada mejor que hacer en toda la noche más que ver la lluvia caer en un pasillo oscuro de la escuela, aceptó, encogiéndose de hombros, con la mirada fija en la tormenta que reinaba afuera. Desde entonces, los dos habían permanecido en silencio, sin mirarse, cada uno recargado sobre un extremo de la ventana que daba al exterior.
Draco se frotó los brazos con las manos, tratando de calmarse; la poción estaba dentro de su bolsillo, pero no quería dársela justo ahora, no tan pronto. Miró una vez más hacia el pasillo antes de sentir que le tocaba la espalda. Alzó la mirada: Harry le estaba cubriendo con… ¿qué demonios?
-La traje para ponerla en el pasto, para que no se te ensuciara el cabello,- dijo Harry, acomodándole la manta sobre los hombros. –Pero supongo que es mejor usarla por ahora…
Lo decía todo tan casualmente, como si sus palabras no acabaran de acelerarle el corazón. Draco abrió la boca, pero no pudo decir nada, sólo asintió y se llevó la mano al bolsillo.
-Escucha, Draco, hay algo que quiero decirte.
-Potter…- comenzó él, a modo de advertencia, pero Harry hizo caso omiso.
-Escucha,- repitió. –Estos últimos días han sido muy buenos para mí. Hablar contigo, pasar tiempo contigo… hacía mucho que no me sentía tan bien, y todo es gracias a ti- dijo mirándolo a la cara. Afuera, un relámpago estalló a lo lejos, pero apenas y le prestó atención. –Nunca creí que sería tan agradable pasar tiempo contigo, pero así es, y me alegra darme cuenta de que estaba equivocado.
-Potter…-dijo de nuevo, pero esta vez fue más un ruego que una advertencia. Era la necesidad de hacerlo callar antes de que dijera algo de lo que pudiera arrepentirse, pero Harry siguió.
-Fue confuso al principio, pero me di cuenta de que no sólo me sentía bien contigo, sino que sentía (siento) algo más, algo más grande. Y sé que suena extraño y algo apresurado, pero hace un tiempo aprendí que la vida es demasiado corta y que las cosas que no se dicen, después se convierten en arrepentimiento. Draco, yo…
-¡Potter!- repitió por tercera vez, consiguiendo, por fin, el tan anhelado silencio. Draco se sentiría completamente feliz por las palabras de Harry, si no estuviera tan ocupado sintiéndose miserable. Había querido escuchar todo eso durante tanto tiempo… y, ahora que por fin lo hacía, todo era producto de una poción, de un engaño. Todo era mentira. Quería escucharlo, pero no creía soportarlo. Había llegado el momento. –Antes… antes de que sigas,- le dijo en voz baja, agachando la mirada, -quiero que me digas algo.
Harry lo miró con curiosidad, pero asintió de todos modos. Draco tragó en seco, sacando la poción de su bolsillo.
-Dime, ¿confías en mí?- le preguntó. Harry volteó a ver la mano que sostenía el pequeño frasco, pero asintió de todas formas, receloso. –Bien,- dijo Draco, ofreciéndole el frasco con una mano fría y rígida. –Necesito que te tomes esto, después puedes terminar de hablar.
-Draco…- dijo Harry, como una súplica, como pidiéndole que no le hiciera beber la poción mientras negaba lentamente con la cabeza.
-Sólo… sólo hazlo, ¿sí? Como un último favor,- le dijo desviando la mirada.
Harry no podía creer lo que estaba pasando. Ron no podía tener la razón. No podía ser posible que Draco tratara de hacerlo beber una poción justo en ese momento. Harry había querido pensar que Draco había cambiado, pero no era así. Justo ahora quería hacerle beber otra poción, como Ron le había advertido, y lo peor era que, en realidad, no le importaba. Le dolía sí, pero si era eso lo que Draco quería, si se conformaba con un amor enfrascado en lugar de todo lo que quería darle… bueno, que así fuera, no sentía las fuerzas para decirle que no, de todos modos. Ron y Hermione se encargarían de arreglarlo más tarde. Así que, con un suspiro, tomó el frasco que Draco le ofrecía y se lo llevó a los labios.
La poción se resbaló rápidamente por su garganta, dejando apenas un rastro de su sabor agridulce, pero no se sintió diferente. Frente a él, Draco lo miraba con el ceño fruncido, los hombros tensos, esperando.
-¿Draco?
-Escucha, Potter, sé que es tarde para esto, pero… lo lamento.
-¿Qué?
-Hace unas semanas, Blaise te envió unos chocolates, seguro los recuerdas,- suspiró-. Demonios, esto es más difícil de lo que creí…- gruñó para sí. –Lamento no haberte dado el antídoto hasta ahora, ¿de acuerdo? Yo…
-Espera, ¿antídoto?- repitió Harry, frunciendo el ceño.
-¡Por la amortentia, imbécil!- exclamó Draco, por fin. -Todo este tiempo que has pasado conmigo fue por culpa de una estúpida poción, en realidad no querías decir nada de lo que dijiste hace un rato,- explicó desviando la mirada.
Harry abrió los ojos tanto como podía. ¿Le había dado un antídoto antes de que se declarara? Merlín, tendría que presumirle a Ron sobre esto durante toda la semana, pensó distraídamente, tratando de no sonreír tanto como quería.
-¿Puedo continuar ahora?
-¿Qué?- preguntó Draco, confundido.
-Draco, lo que trataba de decirte hace un rato... Nunca probé los chocolates. Ni siquiera una sola vez.
-¿Qu- Entonces…?
-Al principio tenía curiosidad por tus motivos,- dijo Harry, dejando escapar un suspiro. –Pero me di cuenta de que en realidad me gustaba pasar tiempo contigo y, para entonces, no sabía cómo decirte que nunca probé la poción. Lo siento.
-Pero… yo- No entiendo, ¿cómo es que no estás furioso conmigo?
Harry se encogió de hombros, dando un paso hacia él. –Quizá porque de verdad me gustas.
-Entonces, ¿no me detestas?- preguntó, incrédulo.
-Todo lo contrario, en realidad- dijo Harry acortando la distancia entre ellos. Draco dio un paso atrás, recargándose contra la pared. Harry lo tenía aprisionado, pero no era como si Draco quisiera escapar todavía. Harry le tomó el rostro suavemente, haciéndolo temblar por el roce de sus manos frías. Los dos estaban tan cerca uno del otro que era difícil ver más allá de ellos. Afuera, la lluvia continuaba cayendo, pero ninguno de los dos podía escucharla ahora.
-Lo que quería decir es que te quiero, Draco- susurró contra su rostro. Draco cerró los ojos, sintiendo cómo la manta se resbalaba de sus hombros.
-Yo también te quiero, Harry…- dijo antes de sentir el roce de los labios del moreno contra los suyos.
En el pasillo no había ni un alma; sólo ellos dos, sosteniéndose el uno al otro. Draco alzó los brazos y apretó fuertemente a Harry por la cintura. No supieron cuánto permanecieron así, tocándose las manos y los rostros, y murmurándose sin sentidos, compartiendo besos torpes y castos, robando otros largos y hambrientos. Draco apenas podía creer lo que estaba sucediendo, pero justo ahora no le importaba si todo era un sueño, siempre y cuando no despertara nunca. Todo estaba bien.
.
Un experto fabricante de pociones puede
generar un poderoso enamoramiento, pero
nadie ha conseguido todavía crear el único
sentimiento verdaderamente indestructible,
eterno e incondicional que merece ser llamado amor.
..
.
Ahhhh y eso es todo uwu Todavía falta el epílogo, pero quizá tarde un poquito en subirlo-escribirlo (aunque la trama ya la tengo).
Muchísimas gracias por permanecer conmigo durante todo este tiempo y leer lo que escribo, y disculpen por tardar tanto, pero ya entré a la uni -de nuevo- y no había podido terminar este capítulo... Espero que haya quedado bien (por fin se besaron yeei xD). El one-shot lleno de angst está casi listo también xD por si gustan leerlo ahora que esté terminado uwu
La canción de este cap fue "First day of my life" de Bright eyes,
Muchas gracias a todxs, chanee~
