No tengo más que daros las gracias a todos, no pensaba terminar esta historia de verdad, pero después de leer vuestros comentarios he pensado que podía ponerme a daros algo decente. Quizás no es lo que esperéis o quizás queréis más pero esto es lo que hay.
Muchas gracias por despertarme de mi letargo narrativo, llevaba mucho sin escribir.
Hasta la próxima.
Supuso que dormía cuando ella se levantó a avivar el fuego, habian dormido increiblemente cómodos y calientes y el hombre estaba disfrutando de la paz con los ojos cerrados.
Ashe se envolvió en su capa y salió de la tienda sin decir nada. Andó por el bosque con tranquilidad, quería cazar el desayuno y disfrutar de su soledad un poco, disparó solo una flecha y un conejo gordo se desplomó en la nieve.
La mujer sonrió cuando lo levantó por las orejas, la flecha le habia atravesado la cabeza.
-Gracias amigo -susurró.
Dió media vuelta y comenzó su trayecto hacia la tienda, cuando notó un fuerte pinchazo en el cuello.
Se llevó la mano hacia la zona pensando que habia sido algún insecto para descubrir un hilillo de sangre. Se cubrió tras una roca y al tocar de nuevo notó el agujero de su capucha.
Mantuvo la calma, y concentrandose mandó a su pajaro de visión mágica a investigar. Nada.
Lo que quiera que la hubiera atacado ya no estaba.
Se levantó de nuevo sudando, agarró el conejo y echó a correr hacia el campamento, llegando a su caballo las piernas le fallaron y cayó de rodillas. Tenía la vista nublada y le costaba hablar.
Vió una cabeza oscura surgir de la tienda, pero todo empezó a verse borroso.
Tryndamere habia disfrutado de la paz del bosque, pero algo en su mente lo habia alertado, no sabia bien que era, pero gruñó enfadado cuando salió del refugio y la vio de rodillas en la nieve.
La levantó como si de una pluma se tratara, tenia escalofríos y la frente perlada en sudor, vocalizaba sin llegar a mencionar palabra algúna.
La muchacha levantó la mano y se la llevó a un punto del cuello cuando su capucha cayó hacia detrás.
La mano desveló una herida pequeña, pero a su alrededor las venas se tornaban azules y rojas. El hombre súpo exactamente lo que era.
Ashe tosió varias veces, le costaba respirar y gimió de dolor, aterrada sin saber lo que estaba pasando.
Su marido la depositó encima de las pieles con cuidado.
-Ashe -le levantó la cabeza para que lo mirara- tengo que succionarlo, es veneno.
Ella no parecía entenderle, le costaba enfocar la vista. Sin pensarlo mucho le soltó la capa de un tiró y unió los labios a la herida, succionó y escupió tanto como pudo hasta que no notó el sabor amargo.
Le tapó el cuello con un paño y la tapó con una manta de pelo. Parecía dormida, pero extremadamente pálida.
Tryndamere se enjuagó la boca con agua fresca y agarró su espada para tenerla bien cerca, aunque supuso que aquello sería solo un aviso ya que estaban muy bien escondidos tras una gran roca.
Se sentó a observarla apoyado en su espadón y lentamente las horas fueron pasando.
No notó que estaba oscureciendo hasta que abrió los ojos de su meditación y se encontró con los de ella.
-¿Como te encuentras? -preguntó tendiendole un cuenco con agua.
Bebió con avidez y se sentó frotandose la frente con una mano. Se sentía fatal, avergonzada.
-Mejor... -susurró. Podía haber muerto facilmente- ... pinchas.
El hombre no supo a que se refería hasta que se frotó la barba y soltó una carcajada.
-Tu al borde de la muerte y preocupandote porque mi barba pincha -soltó divertido.
Sacó un par de trozos de queso de su casaca y un poco de pan duro y comieron en silencio. Aunque días antes aquellos les hubiera parecido del todo inusual, allí sentados en la semioscuridad se sentían muy cómodos, como si no les costara.
-Escucha, no deberiamos mantener el fuego encendido esta noche -dijo el mientras ataba a los caballos de nuevo y cerraba bien las telas de cuero que les cubrian- no quiero atraer a ningún asesino.
Ambos sabían que aquello era su agresor. Ella asintió.
-Pero deberemos dormir juntos o nos congelaremos -replicó ella a sabiendas de lo que aquello significaba.
El hombre ladeó un momento la cabeza pensativo.
-De acuerdo, pero no ronques.
Acomodaron las mantas y los sacos uno al lado del otro, Ashe supuso que era por el veneno aún latente en su cuerpo, pero cuando le vió dasatarse su larguisima melena negra pensó que era muy atractivo, que incluso el cabello tan largo le daba un toque salvaje.
El viento se habia calmado, se oian todo tipo de ruido de animales.
El hombre bebió un poco de agua antes de sentarse solo con un pantalon de cuero, estiró sus músculos y crujió los huesos de sus manazas.
Ashe estaba embelesada, no podía dejar de observarlo, y a esa altura ya le daba lo mismo. Quisieran o no se habia creado un vinculo, más allá de la politica.
Tryndamere se giró hacia ella y se acostó sobre el codo a mirarla. No se dijeron nada, solo mantuvieron aquel duelo de miradas donde nadie salía vencedor.
El hombre probó suerte, acercó sus labios a los de ella, lentamente, déjando que se apartara si queria, pero no lo hizo.
Se besaron con lentitud durante largo rato, no queriendo romper aquel momento que la fortuna les brindaba.
Más cuando las respiraciones se volvieron agitadas el hombre se apartó de un salto.
Ashe levantó una ceja sonrojada, ansiaba más.
-Cuando te recuperes vendrás sola a por mi -dijo el- no me arriesgaré a que mañana me digas que me aproveche de ti.
La mujer fué a replicar, pero él ya yacía con los ojos cerrados. Se acostó a su lado incrédula.
El mismo maldecía mentalmente su estupidez, sabía que no le brindaría aquella oportunidad dos veces, sabía que tendría que guardarse lo que sentía y seguir acostandose con putas o bárbaras que apenas lo miraban. Pensó que jamás desearía a otra mujer como la deseaba a ella.
Amaneció nublado y con la sensación de que aquel día haría mucho frio. Ashe se vistió después aporrearse mentalmente por lo de la noche aterior. Salió de la tienda sin mirarle, sin cesar de pensar lo estupida que era. Aunque sus besos le habían provocado algo que jamás habia sentido. Le habría suplicado que la tomara allí mismo.
De verdad que aunque se habia levantado más calmada algo ardía en su interior, un fuego que le iba a costar horrores apagar.
Lo vió salir de la casucha y desperezarse mientras ella se calaba la capucha y echaba a andar. Habia recordado algo.
Tardó más de una hora en llegar, pero mereció la pena, en una gran grieta en la roca había un manantial con un pequeño lago. Habia ido varias veces allí para disfrutar de un baño ya que el agua estaba caliente.
Por el rabillo del ojo lo vió, la seguía. Aquello hinchó su orgullo, y allí en medio de la nieve y con una sonrisa enigmática en el rostro empezó a desnudarse.
Tryndamere pensó que era una visión, la mujer se desprendió de toda la ropa, dejando ver un magnifico cuerpo pálido digno de envidiar, el cabello azulado se fundía con sus nalgas.
Con una mirada incitante se sumergió en las aguas. Obviamente no pensó mucho y la siguió, se zambulló a su lado disfrutando de la calidez del agua.
Ella nadaba con tranquilidad sonriente, calmada, cuando sus manos se rozaron sin querer. Sus ojos se atrayeron como dos imanes y poco a poco el agua los fué acercando.
La besó atrayendola hacia el, sin miramientos, esta vez ambos sabían lo que deseaban, ella misma se encaramo a el, sujetandose en sus hombros y ahondó el beso.
Largo tiempo después ambos cuerpos desnudos yacían sobre la roca caliente de la cueva, él jugaba con una mano con sus senos, y repasaba sus facciones. Ella por su parte lo analizaba como si quiera memorizarlo. Ninguno dijo nada, tenían demasiado orgullo. Pero Ashe envalentonada levantó una mano y rozó con ternura la herida cosida de azul. A su vez el rozó con un dedo la herida de su cuello y sonrieron.
Aquello iba más allá que la unión politica o conyugal, ambos se habian aceptado el uno al otro como nunca antes, y supieron que no iban a querer a nadie más en su cama.
Al día siguiente los guardias de las almenaras observaron volver a los reyes. Nadie se enteró de lo ocurrido. Lo guardaron como un tesoro en sus memorias, pero muchas cosas cambiaron desde entonces.
Su actitud parecía la misma desde fuera y nadie lo supo jamás, pero entre ellos habian pequeños detalles observables al ojo experto, Tryndamere jamás volvió a un burdel. Si cabalgaba sin ella le recogía todo aquello que encontraba, desde flores llamativas hasta una rama tallada, mientras que ella parecía desechar todo aquello, lo guardaba celosamente en un baul enorme que poco a poco se fué llenando.
Olvidaron las habitaciones separadas y se unían cada noche en su gran camastro, amandose sin cansancio. De vez en cuando decían marcharse a explorar nuevos territorios, pero nunca pasaban más allá de aquella casucha y su manantial, donde no tenían pudor de cogerse de la mano o abrazarse.
Aquel fué su refugio durante muchisimos años, aún después de las guerras y las penurias, siempre volvian allí. A olvidar durante unos días que eran rey y reina. Donde solo eran Tryndamere y Ashe.
Fin.
