Me tomo por sorpresa.
No podía creer la mirada de odio que me entregaba con sus ojos negros y opacos que tantas veces habían brillado mientras nos decíamos cuanto nos queríamos entre besos. Aunque la distancia entre nosotros no era demasiada, podía sentir una grieta hacia el vacío entre ambos. Y no lo resistí, no más, lo abrase.
Mis lágrimas eran como ácido para él, cada gota que caía sobre su hombro o escurría por mis mejillas parecía arderle, corroerle la piel y la carne, su mueca de molestia y dolor me hacía sentirme peor, como si todo esto fuera mi culpa. Sus ojos demostraban decepción, mis lágrimas no dejaban de caer.
Y aunque el creyera que era mi culpa, seguía rodeándome con sus brazos. Aunque estaba ahí, a mi lado, no lo podía sentir, el sentimiento está ausente. Lo aprese más a mí, no lo quería soltar, quería aferrarme a él. ¿O tal vez a lo que siento a su lado? Pero más alejado parecía.
Me separo de su lado y busque su mirada, pero estaba ausente. Cuando me miro, hizo un gesto de lastima y como si quisiera llorar se restregó los ojos con su antebrazo y murmuro un saludo con dificultad.
Vi cómo se dio la vuelta y se encamino hacia la salida intentando no mirar atrás, y yo intente no detenerlo. Estaba confundido y enojado, ¿Cómo no lo pude ver? El creo escenas ficticias sobre mi invitado, aun cuando yo las desmentí, simplemente quiso hacer lo correcto. Pero solo nos dañó más, y a ella la perdono.
Él se fue, porque confundió mi silencio con odio, cuando solamente yo no sabía cómo expresar cuanto lo amaba. Simplemente guardaba silencio esperando que le bastara, que no ser yo la que tenga que decirlo; pero él lo confundió en su mente.
Tal vez fue culpa de él, por no creerme. Tal vez fue culpa mía por no decirle la verdad como se merecía; Tal vez fue culpa de mi invitado, por no atreverse a hablar.
El sonido de la puerta cerrarse despacio me tomo por sorpresa, más cuando la mire desde el suelo arrodillada. Me sentí sola, desamparada sin saber cómo continuar. Me tomo por sorpresa cuando mi invitado me extendió la mano para ayudarme a levantar del suelo.
Y me sorprendí más, cuando lo estaba abrazando.
