***Todos los personajes de Resident Evil son propiedad de Capcom, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***

CAP.3

Helena estaba de pie frente al viejo edificio intentando asimilar los acontecimientos del día anterior, el reencuentro con Leon, el nuevo caso el cual intentarían resolver juntos, de un día para otro, su vida dio un giro de ciento ochenta grados y todavía estaba el tema de Sam, Jane le aconsejó que lo mejor era decirle cuanto antes la verdad, pasó toda la noche pensando en la mejor forma de decírselo pero aún no encontraba la adecuada, se obligó a volver a la realidad y subió por las escaleras hasta llegar al apartamento 509, tocó el timbre tres veces pero nadie atendió, parecía que tanto Leon como Sandra habían comenzado a trabajar sin ella, suspiró molesta, se dio la vuelta y justo antes de tomar el camino de vuelta a la estación de policía, escuchó que alguien abría la puerta.

- ¿Llevas mucho tiempo esperando?.- dijo Leon frotándose los ojos- ¿Qué hora es?.

- Son las ocho treinta.

- Creo que me quedé dormido.- Leon bostezó- ¿Te llamó Sandra?.

- No.- respondió Helena intentando disimular lo mucho que le afectaba ver a Leon esa mañana, vestido únicamente con un pantalón de pijama negro, con el torso descubierto y una barba incipiente de tres días estaba realmente sexy pensó ella irritada.

- Entonces ¿Cómo supiste donde…?.

- Recuerda que trabajé para el gobierno, yo también me quedé durante un trabajo en este edificio y por lo que veo no ha cambiado nada.- dijo Helena mirando a su alrededor- ¿Puedo pasar?.

- Claro, perdona.- dijo Leon abriéndole la puerta.

Entraron al viejo apartamento y Helena sonrió al ver que aún conservaba los mismos muebles, las paredes estaban pintadas en color verde claro y el piso de madera lucía más descuidado de lo que recordaba, un sentimiento de nostalgia la invadió, algunas veces extrañaba la emoción de su antiguo empleo, su jefe en la CIA, la había llamado al menos un par de veces preguntando si estaba interesada en volver a la agencia, sin embargo, ahora con Samantha en su vida, no podía darse el lujo de aceptar un trabajo tan peligroso.

Leon avergonzado, intentó poner algo de orden sin conseguirlo, ella lo miró divertida desde la sala de estar, entonces, sin que él se diera cuenta, dejó las bolsas de papel que llevaba sobre la mesa y comenzó a recoger las carpetas de documentos esparcidas en el sofá.

- No hagas eso.- dijo Leon apenado- Se supone que eres mi invitada.

- ¿Invitada?, creí que trabajaríamos juntos.- dijo Helena mientras acomodaba los cojines sobre el sofá- Después del método tan poco ortodoxo que utilizaste para convencerme, creí que tú, Sandra y yo éramos un equipo.

- Lo somos.- Leon tiró los restos de la cena al cesto de basura- No era mi intención decir eso.

- Está bien.- Helena le dedicó una sonrisa tímida.

Sus miradas se encontraron y fue como una descarga adrenalina, el corazón de Leon latía con un ritmo desbocado, ahí estaba frente a él, la mujer con la cual estuvo soñando cada noche durante los últimos dos años, apretó los puños intentando controlar el fuerte deseo de tomarla entre sus brazos, llevarla a su habitación y decirle sin palabras lo mucho que la había echado de menos, tal vez estaba saliendo con alguien más, al menos no estaba casada se dijo a sí mismo, lo supo al ver que no llevaba ningún anillo en la mano, hizo a un lado sus pensamientos, su relación con Helena debía ser solo profesional, trabajarían en un caso importante y no dejaría que sus sentimientos por ella echaran por la borda toda la investigación.

- Voy a tomar una ducha y enseguida vuelvo- dijo Leon sin dejar de mirarla.

Helena era incapaz de decir palabra alguna, perdida bajo la mirada de Leon, estaba frente a él como una adolescente en su primera cita, se recordó a si misma que estaban en medio de un trabajo y que tal vez cuando se supiera de la existencia de su hija, quizá no volvería a verla con los mismos ojos.

- Voy a preparar café, de camino compré algo para desayunar, traje suficiente para todos.- dijo Helena tratando de disimular lo afectada que se sentía.

- Gracias, no debiste molestarte.- Leon sonrió.

De pronto el ruido de unos pasos rompió la tensión entre ellos, Helena se volvió hacia el pasillo y se encontró con la mirada fulminante de Sandra sobre ella.

- ¿Qué haces aquí?, creí haberte dicho que te llamaría.- dijo Sandra en tono gélido- No entiendo para que viniste a esta hora.

- Para ser agente eres demasiado holgazana.- dijo Helena ligeramente molesta, por su actitud arrogante supo que trabajar con Sandra no iba a ser sencillo- Son más de las ocho treinta, tenemos mucho trabajo por delante, además...

- ¿Quién dijo que tú eras la jefa?.- interrumpió Sandra furiosa- Recuerda que solo estás colaborando con nosotros.

Helena respiró hondo e hizo un esfuerzo para no perder los estribos, a pesar de que Sandra y ella parecían de la misma edad, no permitiría que una novata le dijera como hacer su trabajo.

- Si estoy aquí es porque tú y tu compañero me obligaron a trabajar con ustedes.- dijo Helena en tono firme mientras se dirigía hacia donde estaba Sandra- Así que te guste o no, somos un equipo.

- ¡Tú no vas a venir aquí a darme órdenes, soy agente federal y tú eres solo una policía!.- dijo Sandra en tono arrogante.

- Una policía que hizo quedar en ridículo a una de las agencias de seguridad más importantes del mundo.- dijo Leon reprendiendo a Sandra- Te recuerdo que soy tu jefe en esta investigación, y como dijo Helena, somos un equipo, si no vas a cooperar con nosotros, te recomiendo que tomes el primer vuelo a Washington y le digas a tu padre que no pienso seguir trabajando contigo.

Sandra lo miró con ojos fríos y llenos de furia, no podía creer que su compañero se pusiera de lado de esa mujer, se dio la vuelta y caminó hacia su habitación cerrando la puerta de golpe.

- ¿Siempre es así?.- preguntó Helena.

- ¿Sandra?, todo el tiempo.- suspiró Leon resignado- Disculpa por el mal momento.

- Recuerda que mi jefe es el capitán Rogers, estoy acostumbrada.- dijo Helena con una sonrisa forzada- Por cierto, gracias por defenderme frente a Sandra, no debiste hacerlo.

- No hay problema.- dijo Leon con una sonrisa- Será mejor que nos demos prisa, ya es un poco tarde y tenemos mucho trabajo por delante.

- Tienes razón, hablando de trabajo, estaba pensando en que tal vez Sandra y tú podrían hacerse pasar por policías mientras investigan en la ciudad.

-No entiendo.

- Trabajando en la estación, podrían enterarse de cualquier movimiento sospechoso en Chicago, además si la gente se entera que el gobierno envío a dos agentes tras la pista del El Culto, causarían un alboroto y su investigación se vendría abajo.

Leon se quedó pensativo por un momento, la idea de Helena sonaba descabellada, sin embargo tenía mucho sentido, tendrían información de primera mano sobre lo que ocurría en la ciudad, además su presencia no levantaría sospechas entre la gente.

- Tienes razón, voy a hablar con Sandra acerca de tu idea, buen trabajo agente Harper.

- Ya no soy agente, ahora soy policía, iré a la estación a hablar con Rogers.- Helena caminó hacia la puerta y salió del apartamento.

.

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Leon aparcó el coche frente al edificio de ladrillos rojos donde trabajaba Helena, no pudo evitar recordar su primer y único día como policía en Raccon City, a pesar de que ya no era aquel novato ingenuo que soñaba con cambiar el mundo haciendo cumplir la ley, aún sentía las mismas emociones de aquella primera vez, nervioso comenzó a jugar con sus llaves mientras Sandra bajaba del coche con expresión seria.

- ¿Estás seguro de esto?.- preguntó Sandra- Aún sigo pensando que es una mala idea.

- ¿Tienes algo mejor?.

Sandra caminó molesta hacia la entrada dejándolo atrás, Leon esbozó media sonrisa y la siguió.

Llegaron a la oficina del Capitán, el hombre estaba sentando en su silla, de espaldas frente a la ventana y atendiendo el teléfono, pasaron los minutos sin que este se diera cuenta de la presencia de los agentes, Leon tosió un par de veces haciéndose notar, Rogers se volvió hacia ellos y de mala gana colgó el auricular.

- Ya me contó Harper acerca de su brillante idea.

- ¿Necesita alguna orden para permitirnos trabajar aquí?.- preguntó Sandra.

- Lo único que quiero son dos cosas, la primera es que no se metan en mi camino y la segunda es que me mantengan informado acerca de lo que estén investigando.

- Nosotros no podemos…

- Está bien.- dijo Leon interrumpiendo a Sandra.

- Leon, sabes que está prohibido revelar información acerca de una investigación- murmuró Sandra entre dientes.

- Vayan con Harper, ella les mostrará el lugar.

Salieron de la oficina, Leon buscó a Helena con la mirada, la encontró sentada tras su escritorio, con un vaso de café en la mano conversando con un compañero de trabajo, a simple vista el hombre parecía ser muy alto pero a medida que fue acercándose a ellos, se dio cuenta que este lucía más como un modelo de revista que como un simple policía.

- ¿Interrumpo algo?.- dijo Leon.

- Para nada.- respondió Helena levantándose de su silla- ¿Hablaron con Rogers?.

- Tan simpático como siempre.- dijo Leon con sarcasmo.

- Los llevaré a su lugar de trabajo.

- ¿No vas a presentarnos a tu compañero?.

-Perdona.- dijo Helena disculpándose- Drake ellos son Sandra Perkins y Leon Kennedy, hoy es su primer día en la unidad.

- Drake Harding.- dijo extendiendo la mano.

- Mucho gusto.- dijo Sandra- ¿Podemos comenzar ya?.

- Claro.- Helena sacó un par de carpetas de su escritorio- Síganme.

Helena los llevó hasta el que sería su nuevo lugar de trabajo, en realidad se trataba de una pequeña oficina junto a una de las salas de interrogatorios, parecía que habían pasado años desde la última vez que alguien trabajó ahí, rápidamente Sandra ocupó el lugar junto a la ventana, Leon por su parte dejó sus cosas sobre el escritorio frente a su compañera.

- Esto es lo mejor que pude encontrar, espero no les importe- dijo Helena apenada.

- Está bien, este lugar me recuerda mucho mis días como policía en Texas.- dijo Sandra.

- Te agradezco que hagas esto.- Leon se acercó a Helena- Disculpa que te haya obligado a estar aquí, sé que lo último que quieres es trabajar conmigo pero en verdad necesitamos de tu ayuda.

Helena se encogió de hombros y se inclinó hacia la ventana, lamentaba mucho haberse comportado tan mal el día en que Leon se presentó en la oficina de Rogers, en realidad le agradaba la idea de trabajar de nuevo con él, siempre tuvieron buena química como compañeros, extrañaba su sentido del humor, sus bromas y sobre todo su entrega en cada misión que le era asignada, de pronto recordó que tenía que tenían que hablar acerca de Sam, no podía seguir dejando pasar más tiempo, esa misma noche le contraría la verdad, ella comenzó a sentirse nerviosa y dijo.

- ¿Podrías ir a la sala de archivos?, le pedí a la encargada los expedientes de los últimos dos meses, creí que sería bueno comenzar a revisar si hubo algún movimiento sospechoso después del ataque a Boston.

- Me parece bien.

Leon se dirigió a la sala de archivos donde una mujer mayor lo recibió con una sonrisa amable.

- Así que tú eres el nuevo compañero de Helena.

- Trabajamos juntos en un caso.

- Menos mal, ya comenzaba a sentir pena por Drake.- dijo la anciana mientras se levantaba de su asiento.

- ¿Por qué?.- preguntó Leon intrigado.

- Drake ha sido su compañero desde que Helena llegó a trabajar aquí, además todo el mundo aquí sabe que él ha intentado muchas veces salir con ella.

- Mezclar el trabajo con la vida personal no siempre es buena idea.- dijo Leon irritado.

- Es lo mismo que dice ella.- la anciana levantó la pesada caja del suelo y la puso sobre su escritorio- Además con un trabajo tan peligroso y una hija pequeña que cuidar dudo que Helena tenga tiempo para salir con alguien.

¿Hija?, ¿Helena tenía una hija?, Leon sintió como si un balde de agua fría le cayera del cielo, así que después de todo, continuó con su vida y ahora era madre de una niña, la noche que pasaron juntos en Atlanta solo fue una aventura para ella.

- ¿Acaso creíste que te esperaría hasta la próxima vez que se volvieran a ver?.- pensó.

Molesto, tomó la caja de documentos y salió de la sala de archivos sin despedirse de la anciana.

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Helena pasó el resto del día revisando los informes de los últimos dos meses buscando algún movimiento sospechoso que indicara si El Culto estaba en la ciudad, aunque estuvo sumergida en una montaña de documentos durante horas, no pudo evitar notar que Leon se comportó de un modo extraño, a ratos se quedaba pensativo mirando la pantalla de su ordenador otras veces miraba los documentos sin prestarles mucha atención, parecía inquieto como si algo le molestara, pensó en invitarlo a tomar un trago para preguntarle que le sucedía y de paso también para hablarle de su hija, así que tomó su bolso y decidió esperarlo en el aparcamiento del edificio.

El reloj marcaba las nueve treinta de la noche, la mayoría del personal que trabajaba en la estación ya se había marchado, Leon apagó su ordenador y salió del edificio, no estaba de humor para volver a su apartamento y escuchar la estridente voz de Sandra, buscó sus llaves y caminó hacia el estacionamiento, sabía que no debía beber mientras estaba en servicio pero necesitaba una copa de Whisky con urgencia, mientras intentaba revisar los informes durante todo el día, se preguntaba quien habría calentado la cama de Helena como para dejarla embarazada de una niña. Pensar es ese hombre misterioso lo ponía de mal genio.

Llegó al estacionamiento de la estación y a lo lejos vio a Helena apoyada contra su auto mirando al cielo, a pesar de que se sentía molesto con ella, tenía que admitir que se lucía hermosa vestida con un pantalón de casimir negro y una blusa blanca abierta hasta el escote, si tan solo la hubiera buscado después de volver de aquella misión en Alemania, quizá la historia sería diferente, pensó con tristeza.

- ¿Me esperabas?.- preguntó Leon.

- Si.- Helena apretó su bolso con fuerza- ¿Te gustaría ir a tomar una cerveza conmigo?, hay un bar cerca de aquí y…

- Estamos en servicio.- interrumpió Leon, si pensaba repetir esa noche lo que sucedió en aquel viejo hotel en Atlanta estaba equivocada, pensó.

- En realidad necesito hablar contigo de algo importante.- dijo Helena en tono serio.

- Podemos hablar aquí.

- Está bien, si no quieres salir conmigo lo entiendo.- dijo ella decepcionada, no quería hablarle de Sam en el estacionamiento de la estación pero ante su negativa no le dejó otra opción.

- Sabes, hoy tuvimos un día difícil, creo que nos vendría bien un trago.- dijo Leon de mala gana.

- De acuerdo.

Leon siguió el auto de Helena hasta llegar a un modesto bar del centro de la ciudad, se sentaron en una de las mesas disponibles y ordenaron un par de cervezas, el lugar parecía desierto, había un par de obreros y un grupo de estudiantes celebrando el cumpleaños de alguno de ellos, una rockola antigua amenizaba el ambiente con canciones clásicas de rock, la decoración era sencilla, todo el mobiliario era de madera y el diseño de la barra le daba un toque antiguo y acogedor.

Mientras jugaba nerviosa con una servilleta de papel, Helena buscaba las palabras adecuadas para decirle a Leon la verdad acerca de su hija, temía mucho por la reacción de este, lo único que deseaba era que entendiera las razones que la llevaron a ocultarle la existencia de Samantha, aunque ni ella misma entendiera sus motivos, notó el peso de la mirada de él y se sintió intimidada, sabía que mentirle no era una opción, debía ser honesta aunque eso significara que quizá la terminaría odiando el resto de su vida.

- ¿Vienes seguido a este lugar?.- inquirió Leon intentando romper el silencio que había entre ellos.

- Los chicos de la estación vienen aquí cada vez logramos resolver un caso.- dijo Helena con una sonrisa forzada- En realidad solo he venido un par de veces en los dos años que llevo viviendo en Chicago.

- ¿Tienes problemas con tus compañeros?, por lo que vi esta mañana parece que no convives mucho con ellos.

- Soy la única mujer en la unidad, he cerrado casos que ellos jamás resolverían, además ni siquiera le agrado a mi jefe.- dijo Helena con tristeza- Drake es el único que me hizo sentir bienvenida desde que llegué a la estación.

- Drake y tú ¿son cercanos?.

- No.- En ese momento se acercó la camarera con su orden- Es mi compañero y mi mejor amigo, antes trabajaba para la policía de Los Ángeles, me gusta mucho trabajar con él.

Leon dio bebió de golpe su trago y ordenó otro, al menos el tal Harding no era el padre de la hija de Helena, se dijo a sí mismo, notó como ella lo miraba con curiosidad y entonces dijo.

- Me enteré que te ha invitado a salir.

- ¿Qué no tienen otra cosa mejor que hacer?.- dijo Helena molesta de que su vida privada estuviera en boca de todos, esa era una de las razones por la cual no se llevaba del todo bien con sus compañeros- Seguramente alguna empleada cotilla te lo dijo, prefiero no hablar de eso.

- De acuerdo.

Helena bebió molesta de su cerveza, estaba cansada de que todos en la estación se burlaran de las veces que había tenido que rechazar las invitaciones de Drake, se preguntó que más le habrían contado a Leon acerca de ella, de pronto sintió que su pulso se aceleraba y un escalofrío le recorrió la espalda, quizá alguien ya le había dicho que era madre de una niña, había llegado el momento de decirle todo acerca de Samantha, respiró hondo, se acomodó en su silla y dijo.

- Te dijeron que tengo una hija, ¿Cierto?.

- Creí que no querías hablar de lo que dicen de ti en los pasillos.

- En realidad fue por eso que te pedí que vinieras aquí.- Helena respiró hondo- Hay algo que debes saber.

La camarera llegó y le sirvió a Leon el trago que ordenó pero al final él le pidió que dejara la botella completa.

- Leon yo..

- Sabes, creo que no fue buena idea venir aquí.- Leon se levantó de su silla, dejó el dinero de la cuenta sobre la mesa y caminó hacia la salida dejando a Helena perpleja.

Al llegar a su coche, Leon buscó sus llaves e intentó abrir la puerta, de pronto sintió que alguien lo sostenía del brazo, intentó soltarse pero por el aroma de su perfume, se dio cuenta que se trataba de Helena.

- Espera, no te vayas.- suplicó ella- ¿Por qué no quieres hablar conmigo?.

- No tienes por qué darme explicaciones.- dijo Leon sin darle la cara- Seguiste con tu vida y ahora eres madre, fin de la historia.

- No es lo que piensas, volvamos adentro por favor.

En un movimiento, Helena sintió como Leon la apoyó contra el coche y la atrapó con su cuerpo, todos sus sentidos se pusieron en alerta, podía ver la furia brillar en sus ojos azules, trató de liberarse sin embargo, él la tomó por las muñecas y con voz suave le dijo al oído.

- Hay un hotel a unas calles de aquí, pensé que tal vez te gustaría pasar un buen rato conmigo, justo como sucedió en Atlanta.

Helena no daba crédito a lo que escuchaba, aunque su cuerpo le pedía a gritos que aceptara su oferta, su sentido común le decía que algo no andaba bien, trató de soltarse sin conseguirlo.

- ¿Qué pasa?, ¿Acaso no soy tan bueno como el imbécil que te abandonó?, ¿O fue otra de tus tantas aventuras de una noche?.

- ¿Qué estás diciendo?.- espetó Helena furiosa- ¡Suéltame, me estás lastimando!.

Leon la soltó y se alejó de ella, Helena recogió su bolso del suelo intentando contener las lágrimas que le inundaban sus ojos, antes de marcharse del estacionamiento, lo miró a los ojos y le dio una bofetada dejándolo sin palabras.

- No creí que pensaras lo peor de mí, pero en lo único que tienes razón es en que el padre de mi hija es un imbécil- dijo ella con voz quebrada.

Leon se llevó la mano al rostro y vio a Helena correr deprisa hacia su auto, de repente todo el enfado que sentía se desvaneció y un sentimiento de culpa comenzó a invadirlo, debía ir tras ella y disculparse por comportarse como un idiota, irritado, dio un golpe contra el capó de su coche y caminó de regreso al bar.