***Todos los personajes de Resident Evil son propiedad de Capcom, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***

Holaaaa!

Antes que nada una disculpa por tardar mucho en actualizar esta historia, estos últimos meses han sido muy intensos y de muchos cambios, por ello creo que la musa estaba un poco distraída aunado a la falta de tiempo que tuve, pero poco a poco las cosas están tomando de nuevo su rumbo y espero poder tener más espacio para escribir.

Como siempre, mi agradecimiento especial a AdrianaSnapeHouse, mi Beta Readerpor todos sus comentarios, correcciones y sobre todo por los ánimos que me da para seguir escribiendo… Mil gracias amiga! :D

En fin, los dejo con la siguiente entrega de esta historia, agradeciéndoles su preferencia y sobre todo el apoyo que le dan a este proyecto

XOXO

Addie Redfield :D


CAP.5

Helena abrió la puerta de la habitación de Jane con el desayuno servido en una bandeja. A pesar de que su amiga salió ilesa del ataque ocurrido en el parque Madison hace unos días, el médico recomendó que guardara reposo al menos por el resto de la semana.

Puso la bandeja sobre la mesita de noche y mientras esperaba a que su compañera de piso saliera del cuarto de baño, intentó poner un poco de orden en la habitación. Tomó un cesto y comenzó a recoger la ropa que estaba esparcida por el suelo. Reprimió un gritito de dolor al pincharse el pie con uno de los pendientes de su amiga, Jane podía ser una diseñadora muy talentosa, sin embargo el orden y la limpieza no eran lo suyo.

Se sentó sobre la cama, sacó su móvil y revisó por tercera vez su registro de llamadas. Ya habían pasado cinco días desde que Leon se enteró de la existencia de Samantha; Helena aún podía recordar la reacción de él cuando la niña lo llamó Papá. Durante dos años pensó que sería ella quién le contara a él sobre la existencia de su hija, sin embargo, fue la misma bebé quien se presentó ante su padre, como si lo conociera de toda la vida. Miró una vez más la pantalla del teléfono y decepcionada guardó el aparato en el bosillo de sus jeans desgastados, se puso de pie y caminó hacia la ventana.

El cielo estaba un poco más gris que de costumbre, el viento helado y húmedo anunciaba que pronto caería una nevada, se preguntó si Leon volvería a Chicago pronto, tal vez no tomó muy bien el hecho de que se había convertido en padre y decidió dejar a Sandra a cargo de la investigación, Helena sabía que él era un hombre comprometido con su causa, así que de inmediato desechó la idea, sin embargo, no podía dejar de pensar en la razón por la cual no se había puesto en contacto con ella durante estos días, quizá solo la estaba evitando o peor: tal vez no tenía ningún interés en acercarse más a su hija.

— ¿Hasta cuándo vas a dejar de ser mi enfermera y volverás a ser mi amiga? —dijo Jane dando un sorbo a su vaso de jugo—. Voy a echar de menos que prepares el desayuno, a decir verdad, siempre has cocinado mejor que yo.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Helena preocupada.

— Mejor. Ya me duele menos el brazo, anoche comencé a trabajar en unos diseños para un cliente. Menos mal que sólo fue una caída.

—Pudo haber sido peor.

— Es verdad. Recuerdo que cuando escuché el estallido, tomé a Sammy y salí corriendo del parque. Una mujer intentó quitarme a la niña diciendo que era su hija, así que le di un buen golpe pero ella me empujó y caí sobre el suelo —dijo Jane alegrándose de haberle ganado a esa mujer— Y tú ¿Has sabido algo del padre de Sam?

—No —respondió Helena con amargura—. No ha ido a la estación desde hace cinco días y tampoco me ha llamado. Creo que tomó muy bien la noticia de su paternidad.

— Tal vez sólo está tratando de asimilarlo —dijo Jane intentando reconfortar a su amiga—. ¿Recuerdas cómo te sentiste cuando te enteraste de que estabas embarazada?

Una oleada de recuerdos azotó la mente de Helena. Tenía apenas dos semanas de haberse mudado a Chicago y de trabajar en la estación de policía, cuando de pronto comenzó a sentirse enferma. Despertaba con náuseas todas las mañanas y dormía más tiempo de lo habitual. Un día, mientras revisaba unos informes en su escritorio, sintió un fuerte mareo, salió corriendo de la oficina y tuvo suerte de llegar al baño a tiempo. Se tomó el resto del día y después de realizarse tres pruebas caseras de embarazo, confirmó sus sospechas. Mientras miraba con incredulidad el puntito rosa que indicaba que en unos meses se convertiría en madre, se preguntó una y otra vez ¿Cómo encajaría un bebé en medio del caos que era su vida?, de pronto se sintió invadida por un profundo miedo y pasaron algunos días antes de que tomara la decisión de convertirse en madre soltera.

—Tienes razón —dijo Helena con tristeza—. Quizá sólo necesita tiempo.

—Así es. Lo importante es que sabe que tiene una hija y es decisión de él si quiere o no ser parte de su vida —Jane esbozó una sonrisa—. No puedo imaginar su cara cuando Sammy lo reconoció. No cabe duda que nuestra niña es muy lista.

—Cada vez que le hablo a Sam de su padre, le muestro una foto de él. Honestamente, jamás pensé que lo recordara.

— ¿Cómo te sientes Len?, ¿Has pensado que vas a hacer ahora que él sabe la verdad?

Helena no respondió. Estaba muy confundida y no pensaba con claridad.

—No te preocupes, todo saldrá bien.

—Gracias —Helena sonrió—. Antes de tomar cualquier decisión, primero debo hablar con él.

—Es verdad, quien sabe, quizá con un poco de suerte decide acercarse a su hija y a hacerse responsable de ella.

—Jane, déjalo ¿Quieres? —dijo Helena ligeramente irritada. Aunque en el fondo deseaba que Leon estuviera en la vida de su hija, prefería creer lo contrario para no resultar herida.

— Tú ganas —suspiró Jane decepcionada—. Al menos, por fin conoceré a ese hombre tan misterioso.

—Será mejor que me dé prisa, ya es tarde y tengo mucho trabajo en la estación.

Helena fue a su dormitorio con paso lento. Se detuvo en la puerta y pensó de nuevo en la pregunta que le hizo Jane; era cierto que no podía tomar ninguna decisión hasta que hablara con Leon, sin embargo tenía que estar preparada, no sabía lo que el padre de su hija tenía en mente para ella. Se obligó a volver a la realidad y entró a su habitación, le esperaba un día difícil en la estación, debía analizar los videos de las cámaras de seguridad instaladas en el parque Madison y como siempre Sandra no sería de mucha ayuda.

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— Tierra llamando al agente Kennedy —dijo Claire bebiendo de su copa de vino—. ¿Te encuentras bien?

Leon sacudió ligeramente la cabeza y bebió de su cerveza en un intento por recuperar la compostura. A pesar de que disfrutaba mucho de salir a cenar con Claire, en ese momento lo único que deseaba era estar solo con sus pensamientos. Se volvió hacia su acompañante que lo miraba con curiosidad; sabía que en cualquier momento su mejor amiga comenzaría a hacer preguntas, y a decir verdad, no estaba de humor para responderlas.

Ya habían pasado cinco días desde que se enteró de que se había convertido en padre. No podía creer que Helena fuera capaz de ocultarle a su propia hija; siempre pensó que ella era una mujer con un fuerte sentido moral, lo supo desde el momento en que la conoció en Tall Oaks hacía cuatro años, cuando buscaban juntos vengar la muerte de su hermana. Estuvo a punto de llamarla un par de veces para saber cómo estaba Samantha; aún podía escuchar la voz de la niña llamarlo papá, con sus ojos azules mirándolo con alegría y su pequeña sonrisa mostrando un par de dientes a punto de brotar. El sólo recordarla hacía que todo el mal humor que sentía en contra su ex compañera se disipara.

—No respondiste mi pregunta —dijo Claire en tono serio—. ¿Me vas a decir de una vez por todas por qué has estado tan raro durante toda la cena?, ¿O tengo que usar alguna técnica psicológica para obligarte a hablar conmigo?

—Te recuerdo que no soy uno de tus pacientes —dijo Leon divertido,

—Tal vez deberías pasarte por mi consultorio un día de estos.

—¿Contigo?, eres la peor terapeuta que conozco.

— Idiota —dijo Claire irritada—. Por cierto, no me has contado nada sobre tu viaje a Chicago, ¿Lograste conocer a ese misterioso detective?

Leon tragó saliva con dificultad y dio un trago largo a su cerveza. Claire sabía que Helena y él habían sido compañeros hace unos años, no obstante, jamás le contó de su encuentro en Atlanta y de cómo terminaron durmiendo juntos en un viejo hotel bajo la nieve.

—Si, en realidad se trataba de una antigua compañera.

— ¿La conozco? —inquirió Claire sorprendida.

—Se llama Helena Harper —dijo Leon haciendo un esfuerzo por disimular lo mucho que le afectaba escuchar ese nombre.

—Recuerdo que me hablaste de ella hace un tiempo. Fue la chica que perdió a su hermana en Tall Oaks, ¿no?

—Así es —Leon tomó un bocado de su plato—. Estamos trabajando juntos en el caso.

— ¡Vaya que el mundo es pequeño!, quien diría que te encontrarías de nuevo con ella.

—Sí, vaya que fue una sorpresa.

Se produjo un silencio incómodo entre ellos. Leon continuó disfrutando de su cena, sin embargo, podía sentir la mirada inquisidora de Claire posarse sobre él. Entonces pensó que tal vez sería bueno contarle a su amiga acerca de su hija, en realidad necesitaba hablar con alguien y ella era su única opción.

—Claire, hay algo que debo decirte —dijo Leon en tono serio.

—Me estás asustando, dime, ¿es muy grave? —preguntó Claire intrigada.

—No. Es sólo que ni yo aún puedo creerlo.

Claire tomó su mano y le dedicó una sonrisa. Por su expresión sombría, ella supo que se trataba de algo muy personal y que no sería fácil hablar de ello.

—Anda, dime —dijo ella animándolo a hablar—. Recuerda que somos amigos y puedes confiar en mí.

—Descubrí que tengo una hija —dijo él en tono serio.

— ¡¿Qué dices?! —dijo Claire sin dar crédito a lo que escuchó—. Pero, ¿Cómo te enteraste?, ¿Estás seguro que es tu hija?

—Lo es, esa niña es mi hija. Sólo bastó verla por un momento para saberlo. No tengo duda de ello.

— ¿Y quién es su madre?

—Helena, mi ex compañera.

—No puedo creerlo… —Claire bebió su copa de vino de golpe.

Leon bebió el resto de su cerveza y ordenó otra igual.

—La niña estuvo en el lugar del ataque, por suerte resultó ilesa. Entré verla a su habitación en el hospital y fue que supe que era mi hija.

—Pero no entiendo —dijo Claire confundida—. Nunca me dijiste que salieras con esa chica, Harper. Entonces cómo fue que tú…

—Nos encontramos hace un par de años en Atlanta —interrumpió él—. Nuestros vuelos se cancelaron y nos hospedamos en el mismo hotel. Los dos estábamos pasando por un mal momento, entonces bebimos de más y terminamos durmiendo juntos.

—Entiendo —dijo Claire en tono sereno—. ¿Te dijo Helena por qué no te habló antes de tu hija?, ¿O dejaste de nuevo que tu orgullo de macho herido nublara tu juicio e hiciste algo estúpido?

Leon se encogió de hombros y jugó con su botella de cerveza, nervioso. Claire suspiró decepcionada y dijo: —¿Qué piensas hacer ahora?

—Debí volver a Chicago desde hace tres días, pero aún me siento muy confundido como para hablar con Helena.

Claire le dedicó una cálida sonrisa. Sabía que Leon no estaba pasando por un buen momento. En todos los años que tenía de conocerlo, jamás lo había visto tan perdido.

—Creo que deberías hablar cuanto antes con ella. No puedes alejarte más tiempo de tu hija.

—Lo sé —dijo Leon en voz baja al tiempo que miraba fijamente la luz de la vela que adornaba su mesa— Es sólo que…

— ¿A qué le temes tanto? —preguntó Claire sin rodeos.

—A no ser el padre que Samantha necesita.

— Leon…

Leon se levantó de su silla y dejó el dinero de la cuenta sobre la mesa. Aunque Claire era su mejor amiga, se sentía incómodo al hablar de algo tan personal con ella.

— Espera… —dijo Claire sosteniéndolo del brazo.

— Ya es tarde y debes volver a Nueva York.

Claire revisó su reloj de pulsera y dijo: —Es verdad. Pero primero tenemos que ir a un lugar antes de ir al aeropuerto.

— ¿A dónde vamos? —preguntó Leon intrigado.

— Tenemos que comprar un regalo para tu hija. No puedes llegar a Chicago con las manos vacías —dijo Claire esbozando una sonrisa divertida.

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Una ligera nevada caía sobre la ciudad de Chicago; el viento helado movía lentamente las copas de los árboles y las calles estaban cubiertas por una fina capa de nieve. Leon aparcó su auto frente al edificio de apartamentos donde vivía Helena; miró la vieja construcción de ladrillo preguntándose cómo una mujer soltera con una hija pequeña podía vivir en un barrio tan peligroso como ese. Bajó del coche, abrió el maletero y sacó el oso de peluche que Claire eligió para Samantha. Se dirigió hacia la entrada principal bajo la mirada de una pandilla de chicos que estaban fumando y bebiendo cerveza en la acera de enfrente con la música a todo volumen, metió la mano al bolsillo interior de su chaqueta y siguió su camino apretando su arma; en su experiencia como policía, sabía que los pandilleros suelen ser muy territoriales, así que debía estar preparado por si se presentaba el caso.

Subió por el viejo elevador temiendo a que éste dejara de funcionar en cualquier momento. Se apoyó en una de las paredes interiores y cerró los ojos por un momento.

"No puedes alejarte más tiempo de tu hija."

Las palabras de Claire sonaban con un eco intermitente en su cabeza. Aunque continuaba enfadado con Helena, llegó a la conclusión de que tal vez ella tenía alguna buena razón para ocultarle la verdad, así que dejaría su orgullo de lado y le daría la oportunidad de hablar. El estridente sonido del metal rechinando dentro del elevador estaba poniéndole los nervios de punta, cuando por fin se abrieron las puertas, salió de deprisa y se dirigió al apartamento 410.

Leon tocó el timbre un par de veces sin que nadie respondiera. Sacó su móvil y buscó el número de Helena, quizá ella aún estaba en la estación, pero justo antes de llamarla, una mujer alta y rubia, vestida con un pijama de franela abrió la puerta.

—Hola, guapo. —dijo Jane dedicándole una sonrisa seductora.

Leon revisó el trozo de papel donde tenía escrita la dirección de Helena y comprobó que estaba en el lugar correcto.

— ¿Buscas a Len, cierto? —dijo Jane abriendo la puerta— Pasa.

Jane caminó hacia la cocina y sacó dos botellas de agua de la nevera.

Leon estaba de pie en la sala de estar mirando a su alrededor a detalle. A pesar de ser un lugar pequeño y modesto, estaba decorado con muy buen gusto; las cortinas rojas hacían juego con el color blanco de las paredes, en el centro, dos sofás de distinto color le daban un toque moderno y acogedor a la habitación. En una de las esquinas, estaban tres repisas llenas de libros y fotografías. Se acercó y tomó uno de los marcos de madera en el cual estaba enmarcada una foto de su hija con apenas unos meses de edad, acarició suavemente el cristal y de pronto sintió la necesidad de proteger a esa pequeña que era parte de él, a pesar de haberla visto una sola vez en toda su vida.

— Sientáte —dijo Jane entregándole una botella de agua—. Helena no está en casa, pero antes de que te encuentres con ella, me gustaría hablar contigo primero.

— ¿Y Samantha? —preguntó él.

—Fueron juntas a un parque que está a unas calles de aquí —dijo Jane sentándose frente a él—. Por cierto, soy Jane Stone.

—Leon Kennedy —inquirió extendiendo la mano.

—Así que tú eres el padre de nuestra Sammy, creí que jamás llegaría a conocerte. Cada vez que le preguntaba a Helena sobre aquel hombre misterioso, cambiaba el tema.

Leon dio un trago largo a su botella de agua sin entender porque Helena guardó celosamente la identidad del padre de Samantha.

—Así que, ¿Vas a ayudar a Helena a cuidar de Sammy?, ¿O cuál es tu plan, chico guapo? —inquirió Jane.

—Creo que ese asunto es algo entre Helena y yo —dijo él, evidentemente irritado.

—No sé qué sucedió entre ustedes dos, pero no dejaré que lastimes a mi amiga y a mi sobrina. Puede que Helena parezca una chica dura, pero en el fondo es sensible y ha hecho lo imposible por darle una buena vida a su hija.

Leon miró a Jane y vio un brillo de preocupación en sus ojos. En el fondo se sintió feliz de que aquella chica impulsiva fuera amiga de Helena.

—Te aseguro que jamás las lastimaría. Sólo quiero hablar con Helena y llegar a un acuerdo acerca de nuestra hija.

— Espera… ¡Oh por Dios! —Jane se levantó del sofá y comenzó a dar saltitos de alegría—. ¡Vas a casarte con Len!, ¿Traes un anillo contigo?, ¿Puedo verlo?

Leon comenzó a toser estrepitosamente y su rostro se puso rojo al escuchar las palabras de Jane.

—Un momento… no es lo que piensas —dijo Leon intentando recuperar el aliento.

— ¿No?... qué mal… —Jane se dejó caer en el sofá decepcionada—. ¿Y a qué te dedicas?

—Soy agente del gobierno.

—Ya veo. ¿Y vas a ayudar a Helena con los gastos de Sammy?

—Es mi deber —dijo Leon en tono serio.

—Me alegra escuchar eso. —Externó Jane esbozando una sonrisa—. Ya era hora que alguien le diera una mano a mi pobre amiga.

— ¿Tan mala es su situación financiera? —preguntó Leon intrigado.

— Helena se mudó de Washington con muchas deudas gracias a Deborah, su hermana gastaba mucho dinero en fiestas y en ella misma. Len jamás le negó nada, incluso aún debe lo del préstamo universitario. En Chicago la vida es muy cara, tenemos suerte de llegar a final de mes entre las dos.

—Entiendo.

—Oye, no le digas a Helena que te que dije acerca de las deudas, ¿de acuerdo?

—Será nuestro secreto— dijo Leon esbozando una sonrisa de complicidad.

—Gracias —Jane suspiró aliviada—. Comienzas a caerme bien, chico guapo.

—Tú también Jane. Presiento que nos llevaremos bien de aquí en adelante.

—No te conviene tener problemas conmigo.

Jane se acomodó un mechón detrás de la oreja, sonrió tímidamente y dijo: —Helena salió con Sammy al parque, está a tres calles de aquí.

—De acuerdo —Leon se levantó del sofá y caminó hacia la puerta.

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A pesar del frío y de que la nieve cubría gran parte de la ciudad con su manto blanco y cristalino, no fue impedimento para que Helena decidiera llevar a su hija al parque y pasar el resto de la tarde con ella. Había ido a la estación por la mañana para continuar con la investigación, no obstante, Sandra le impidió hacer su trabajo, alegando que Leon la dejó a cargo y que si quería ayudar, se mantuviera fuera de su camino.

Helena miraba a Samantha jugar con un grupo de niños desde una de las bancas del parque. La pequeña corría tras una pelota con su cabello rubio cubierto de copos de nieve y soltando risitas a su paso. Verla crecer sana y contenta, hacía que todo sus esfuerzos valieran la pena, aunque lamentaba el hecho de quizá su hija no tendría un padre en su vida, se aseguraría de que tuviera una vida feliz.

Se acomodó su abrigo y se frotó las manos intentando entrar un poco en calor. El frío era cada vez más intenso; Helena miró de nuevo a su hija, tal vez era tiempo de volver a casa. Tomó la mochila de Samantha y comenzó a recoger los juguetes del suelo.

— ¿Necesitas ayuda?

Helena sintió como su piel se erizaba al oír aquella voz masculina que la acompañó en sueños durante los últimos dos años.

—Leon, ¿qué haces aquí? —dijo Helena nerviosa.

—Es un país libre —respondió él mirando a su hija a lo lejos—. Es hermosa.

—Lo es — dijo Helena orgullosa—. Le gusta venir aquí y jugar con otros niños. Intento venir cada vez que puedo, pero a veces el trabajo en la estación no me permite pasar más tiempo con ella.

— ¿Puedo acompañarlas? —preguntó él.

—Estábamos a punto de volver a casa.

— Entiendo.

Helena notó una nota de decepción en su voz y dijo: —Pero puedes venir a cenar con nosotras.

— ¿Estás segura? —preguntó él sorprendido.

—Es hora de que Sam comience a pasar tiempo con su padre, además, hay algo de lo que debemos hablar.

—De acuerdo —Leon mumuró con una sonrisa.

Leon recogió el resto de los juguetes. Helena se dirigió a buscar a Sam, la tomó con mano temblorosa y la trajo de vuelta con ella. La niña de inmediato reconoció a su padre y corrió hacia él abrazándolo por las piernas.

—Hola, princesa —dijo él levantando a la niña del suelo.

— ¡Papá! —exclamó Samantha con una sonrisa en los labios.

Helena sintió un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas al ver a su hija en los brazos de su padre. Nunca antes había visto a Samantha sonreír de esa manera, de pronto, un sentimiento de culpa comenzó inundar su pecho, pensó en el tiempo en que separó a su pequeña del hombre que también le dio la vida y en cómo se dejó llevar por su orgullo herido.

—"No puedes cambiar el pasado, pero puedes mejorar su futuro dejando que él sea parte de la vida de tu hija… le debes al menos eso a los dos por el tiempo perdido" —pensó.

Bajó la vista al suelo y comenzó a patear la nieve. Una cálida mano se posó sobre su hombro sacándola de sus pensamientos; sacudió ligeramente la cabeza intentando recuperar la compostura.

— ¿Te encuentras bien? —preguntó Leon sosteniendo a su hija.

— Estoy bien —respondió ella sacudiéndose la nieve de sus botas—. ¿Te parece si nos vamos?, la nevada está haciéndose cada vez más fuerte.

Los tres caminaron hacia el edificio de apartamentos. Samantha no se separó de su padre y durante todo el camino la niña no dejó de jugar con él jalándolo de los cabellos. Helena avanzaba detrás a paso lento sin levantar la mirada. Miró su reflejo al pasar por una tienda de pasteles y lo que vio le encogió el corazón: por un momento lucían como una familia de verdad.

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Leon contemplaba la vista de la ciudad desde el balcón con cara de pocos amigos. La cena había sido un desastre. A pesar de Samantha demostró ser una niña con muy buenos modales para su edad, la tensión que había entre él y Helena podía cortarse con un cuchillo. Ella se mantuvo distante y pensativa, notó que apenas probó bocado y casi no cruzaron palabra durante toda la noche.

Aunque la nieve había cedido, el aire helado de la noche lo obligó a frotarse los brazos para entrar en calor, a pesar de que vestía una chaqueta de cuero.

— ¿Cómo pueden vivir en una ciudad con un clima como éste? —murmuró tiritando de frio.

— Te acostumbras a él —dijo Helena entregándole una taza de chocolate caliente.

— Gracias.

Helena se puso junto a él y miró al cielo. Él la vio por un momento; las ojeras comenzaban asomarse debajo de sus hermosos ojos oscuros, estaba más delgada que hace dos años y su rostro reflejaba cansancio. Claire siempre hablaba sobre lo difícil que era para su hermano y su cuñada cuidar de un bebé; el sólo imaginar a su ex compañera criando sola a una niña pequeña sumado a los problemas financieros que tenía, hizo que lejos de enfadarse con la madre de su hija, se sintiera mal por dejarla cargar con toda la responsabilidad del cuidado de Samantha.

—Supongo que viniste a hablar de Samantha —dijo ella sin quitar la vista de las luces de la ciudad.

— Sólo quiero entender por qué mantuviste en secreto su existencia, es decir, ¿acaso jamás ibas a decírmelo?

—Es complicado —Helena se apoyó contra el barandal y bajó la mirada.

— Al menos intenta explicarlo, soy todo oídos —dijo él en tono ácido. Escuchó tantas veces esa frase de los labios de Ada, que ya había dejado de tener sentido para él.

Helena respiró hondo y bebió de su taza de chocolate antes de continuar.

—Aquella noche en Atlanta, yo fui quien tocó tu puerta y te invitó a salir a un bar. Y después, también fui quien tuvo la idea pasar la noche en tu habitación.

— No entiendo —dijo Leon confundido.

—Yo soy la culpable de lo que sucedió aquella noche —dijo ella con amargura—. Samantha era mi responsabilidad, no tuya.

Lo último que Leon hubiera esperado era escuchar a Helena culparse de algo de lo cual también era responsable. No estaba arrepentido de lo que sucedió entre ellos en Atlanta, a decir verdad, si ella no hubiese sugerido ir juntos a aquel viejo hotel, tal vez él lo habría hecho sin pensarlo.

—Te llamé días después de que Sam nació —continuó ella con voz cortada—. Pero una mujer respondió, supuse que estabas con alguien y no quise arruinar tus planes.

—Seguramente marcaste el número equivocado. No suelo llevar mujeres a mi apartamento.

—Sé lo que escuche —espetó Helena molesta—. En fin, creo que eso ya no importa.

Leon recordó entonces que Claire solía quedarse en su apartamento cada vez que viajaba a Washington por trabajo, ya que ella odiaba los hoteles de la ciudad. Quizá la llamada de Helena coincidió con una de las visitas de su mejor amiga.

—Tal vez fue Claire la que respondió —dijo él.

— ¿Quién es Claire?

—Una amiga que usa mi apartamento cada vez que viaja a Washington.

— ¿Una amiga?... —inquirió Helena arqueando una ceja.

— ¿No me crees, verdad?

—Tu vida privada no es asunto mío —respondió ella en tono gélido.

Leon hizo un esfuerzo por contener una sonrisa burlona. A juzgar por la respuesta de Helena, parecía que a ésta no le hacía mucha gracia que Claire durmiera en su apartamento.

—Parece que todo fue un mal entendido —dijo él.

—Aún así, no estás obligado a cuidar de Sam.

—Pero voy hacerlo. Es mi hija, y quiero que sepa que puede contar con su padre no importa lo que pase.

—Leon…

Helena desvió la mirada en un gesto por ocultar las lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos. Aunque no tenía la menor idea de cómo debía ser un buen padre, ya que no tuvo el mejor ejemplo del suyo durante su niñez, Leon estaba dispuesto a aceptar el reto y también a tomar su parte en el cuidado de su hija.

—Seremos compañeros de nuevo… esta vez creo que será por mucho tiempo —dijo Leon en tono de broma intentando romper la tensión que había entre ellos, y por la sonrisa de ella al parecer dio resultado.

—Va a ser una misión muy larga, te lo advierto —afirmó ella limpiándose los ojos con el dorso de la mano.

—Soy un hombre de retos, aunque siendo honesto, este trabajo va a ser un poco más difícil de lo que pensé —dijo él llevándose la mano a la nuca.

—Yo tampoco sabía cómo ser madre y después de casi dos años aún tengo dudas de ello —Helena sonrió—. Pero Samantha lo hace muy fácil. Es una niña grandiosa.

—Me gusta el nombre que elegiste para ella —Leon la tomó por los hombros y su mirada se fijó en ella —. Haremos que esto funcione.

—De acuerdo —dijo ella con una tímida sonrisa—. Perdóname por no haberte dicho la verdad antes.

—Tranquila, no estoy molesto contigo.

Estuvieron unos minutos en silencio hasta que Leon volvió hablar.

—Creo que será mejor que me vaya, mañana nos espera un día difícil en la estación. ¿Han tenido algún avance en la investigación?

Helena negó con la cabeza.

—Sandra no me dejó echarle un vistazo los videos de seguridad, dijo que tú la dejaste a cargo.

—Eso no es verdad.

—Lo sé —Helena se abrazó a sí misma intentando entrar en calor—. Estuve trabajando con Drake por mi cuenta. Interrogamos cerca de ochenta testigos y pudimos obtener un retrato hablado del culpable. Mañana tendrás mi informe en tu escritorio.

—No dejas de sorprenderme, agente Harper —dijo él asombrado de que ella no se dejó intimidar por Sandra.

—Ya no soy agente.

—Para mí siempre serás la agente Helena Harper, mi compañera.

Sus miradas se encontraron y por un momento él sintió que el mundo se detuvo. Lo único que podía escuchar era el ritmo frenético de sus latidos. La luna comenzó a brillar entre las espesas nubes negras que cubrían el cielo como un manto lúgubre y oscuro. Bajó su vista y ella se humedeció suavemente los labios con la lengua, logrando despertar su propio deseo. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por tomarla entre sus brazos y adueñarse de aquella boca tentadora que lo invitaba a probarla cual fruta prohibida.

Leon sacudió ligeramente la cabeza y dio un paso atrás. Avanzó hacia la sala de estar y antes de salir por la puerta dijo: —Es tarde. Que tengas buenas noches.

—Hasta mañana —dijo Helena.

Salió del edificio y caminó hacia el estacionamiento. Una ligera nevada comenzó a caer sobre la ciudad. Leon dio una última mirada a la ventana que daba al apartamento de Helena y vio que la luz aún estaba encendida. Ahora más que nunca debía tener una buena relación con Helena por el bien de su hija, y si eso implicaba dejar de lado el fuerte deseo que sentía por ella, entonces así lo haría.