Ya casi era de noche pero eso no les importaba. La luz de tres farolas era suficiente para poder disfrutar de un buen partido de basket.
Eso sería posible, ¡si fueran capaces de decidirse a formar los malditos equipos! Había pasado media hora y cinco de ellos todavía no sabía en qué grupo estaba. La irónico era que Kagami y Aomine fueron los primeros que tuvieron claro cuál era su equipo; el contrario del otro. Al final hubo que recurrir a un simple "piedra, papel y tijeras" para que Kagami, Midorima, Hyuuga, Izuki y Kasamatsu se enfrentasen a Aomine, Kise, Takao, Imayoshi y Sakurai. Kuroko entraría a sustituir a cualquiera que necesitara un respiro.
Cualquiera que pasara por allí al cabo de otra media hora pensaría que en esa cancha se estaba librando una batalla sangrienta en vez de un juego amistoso entre adolescentes. Kasamatsu pateaba a Kise cada vez que éste corría a que su senpai le felicitase por hacer una buena jugada. Midorima parecía molesto cada vez que Takao le hacía buenos pases a Aomine o a Kise, así que inconscientemente sólo se dedicaba a intentar robarle el balón al base de Shutoku, Takao aguantándose la risa y provocando descaradamente al peliverde. Imayoshi se dedicaba a sacar de sus casillas a Hyuuga, pegándose al él con su mejor escalofriante sonrisa con la escusa de que sólo le bloqueaba, y Hyuuga se desahogaba con Izuki y Sakurai, que no podían hacer nada, pues desde hacía un rato casi ni habían visto la pelota. Mientras tanto, al otro lado del campo tenía lugar el peor de los enfrentamientos dentro de esa particular guerra.
Aomine había recibido el balón, y sin pensarlo, sus ojos azules habían buscado rojo a su alrededor. En el momento en el que se encontraron, todo lo demás se quedó en silencio y se volvió de tonos grises, sólo se distinguía el rojo y el azul de sus miradas, y el naranja del balón rebotando en su mano derecha. Aomine lo recordaba, recordaba esa sensación a la que no podía poner nombre ni podía describir, pues hasta hace poco más de un mes casi había olvidado lo que era esa ansiedad, esa inquietud. No se consideraba una persona impaciente y no había muchas cosas que pudieran ponerle nervioso, pero no podría negarle a nadie que una parte suya tembló de emoción en el instante en el encontró a Kagami parado delante de él. Esa parte de su cuerpo anhelaba ese sentimiento, extrañaba tener delante a esa persona. Había echado de menos a Kagami.
Espera ¿qué? Nonono. Le daba la razón a Satsuki, desde hacía un par de semanas estaba de mal humor con ganas de jugar al baloncesto, pero sin nadie decente al que desafiar. Eso es lo que había echado un "poco" de menos, no al pelirrojo. Sí, es cierto que el jugador estrella de Seirin sería el primero contra el que querría jugar si le preguntasen, y lo que Kagami había dicho de que era emocionante enfrentarse a él le había alegrado un poquito, pero nada más. No es como si el idiota le cayera bien, no era su amigo y no quería serlo, se le pegaría la tontería si se juntase con él. Le consideraba un buen rival, casi a su altura (aunque nunca jamás lo diría en voz alta), pero no por eso estaba deseando desde hacía días estar ahí, frente a frente a Kagami, a punto de disfrutar de un uno contra uno que prometía un nuevo desafío y un buen subidón de adrenalina. No, de verdad que no era así.
Pero entonces, ¿por qué parecía que su cuerpo entero temblaba y que su corazón se aceleraba? ¿No era sólo que hacía más calor allí? Porque hacía más calor allí ¿verdad?
Bah es igual, sólo quiero jugar, no sé en qué estoy pensando pero no me importa – pensó Aomine, ignorando el cosquilleo que le recorría de arriba a abajo.
"¡Pero si estabas aquí Bakagami! ¡Cuánto tiempo sin verte!, ¿vuelves a que te destruya otra vez?" – dijo el peliazul con la mejor sonrisa burlona que tenía apareciendo en su cara y un brillo malicioso en sus ojos.
¡¿Ah?! ¡Serás…! ¡Deja de creerte tanto y juega Ahomine! ¡El que va a recibir una paliza eres tú! – le gritó Kagami furioso a Aomine. El peliazul se estaba burlando de él como siempre, y no le gustaba nada esa sonrisa de satisfacción que tenía, le daban ganas de pegarle un puñetazo, pero mejor se la borraba derrotándole en el juego. Colocándose en posición de defensa, y sin dejar de mirar al moreno, se preparó para detener el ataque, concentrándose al máximo para notar cualquier brillo extraño que pudiera aparecer esos ojos azules, vacilones, pero intensos y concentrados igual que los suyos.
Kagami sabía que no iba a ser fácil ganar al otro ala-pívot. No sería fácil ni bloquearle siquiera, pero no se iba a acobardar por nada. Si el otro le pasaba, correría detrás de él para detenerle. Si se caía, se levantaría todas las veces necesarias para impedir que Aomine tirase a canasta. Si el peliazul metía el balón, seguiría jugando el tiempo que hiciera falta hasta ganarle. Kagami sabía que no iba a ser fácil, lo veía en los ojos del jugador de Too, esos ojos azules que parecían atraparle e impedir que apartara la vista. El pelirrojo sentía algo raro cuando miraba a los ojos de Aomine, oscuros y profundos, sentía como si se perdiese en ellos, y eso no le gustaba pues perdía la concentración, pero una voz en su cabeza le decía que no dejase de mirar, que nadase un poco más en ese océano que parecía extenderse ante él.
Estos pensamientos no duraron mucho, Aomine se había lanzado hacia la izquierda a toda velocidad, y el medio segundo que tardó Kagami en recuperarse fue suficiente para que tuviera que dar media vuelta y correr detrás del cinco para que no llegara al final del otro campo.
Aomine estaba cerca, estaba a punto de lanzar la pelota, ya se había sumado los puntos en su cabeza, pero un instante después algo le impedía seguir. El diez de Seirin había conseguido alcanzarle y le bloqueaba el paso. Ah pero eso no era suficiente para detenerle. Saltando e inclinado su cuerpo hacia atrás, lanzó el balón hacia la canasta con fuerza, en un ángulo que a la mayoría le parecería imposible pero que él sabía, era perfecto. Y sí, el balón habría pasado por el aro apenas rozándolo, si la persona que tenía delante no hubiera saltado a una altura que a la mayoría le parecería inhumana, pero que él sabía, podía haber llegado mucho más alto. Kagami había conseguido derribar el balón en el aire y nada más tocar el suelo ya salía disparado con él hacia el otro extremo de la cancha. Aomine estaba eufórico, ya no pensaba ni en negar que había echado de menos al diez, no había nada mejor que aquello. Y lo mejor de todo era el ponérselo difícil al pelirrojo; quería ver hasta dónde podía llegar Kagami, quería saber cuánta fuerza podían llegar a reflejar esos ojos, y quería seguir sintiéndose así de poderoso, como si el mundo girase en torno a ellos dos en ese momento.
Igual que antes, cuando Kagami ya pensaba que había ganado el duelo, Aomine estaba a su lado, corriendo y sonriendo, pero con una mirada amenazadora y brutal, intentando quitarle el balón, que el pelirrojo cambió a su mano izquierda. Una finta, un giro, otra finta, una carrera, otro giro, un paso hacia atrás y a correr hacia delante, esquivando los intentos del otro de robar la pelota. Parecía no acabar nunca y nadie habría podido parar lo que parecía un baile coordinado entre dos bestias salvajes que disfrutaban peleándose sólo para decidir quién mandaba allí. Momoi y Kuroko habían observado la escena desde el principio. El once de Seirin sonreía y miraba a sus dos luces con aprecio, contento de verles así, disfrutando de lo que tanto les gustaba. Momoi no sabía si reír o llorar, emocionada de ver a su amigo de la infancia sonriendo de nuevo, otra vez, mientras jugaba al basket, y agradecida a Kagami por haber logrado lo que hace sólo unos días ya creía imposible. El resto de jugadores había dejado de discutir cuando habían notado cómo las estrellas de Too y Seirin se enfrentaban en la cancha como había ocurrido en la Winter Cup. Incluso ellos dirían que, en todo lo que conocían del deporte, no había nada parecido, tan apasionado, a ver a esos dos adolescentes en su propio mundo de uno contra uno.
Lo que pasó a continuación, eso sí no lo esperaban ver ninguno de ellos. Kagami, con mucho esfuerzo, había conseguido esquivar a Aomine lo justo para poder saltar y meter el balón en la canasta. Pero Aomine también saltó para impedirlo, y lo consiguió; echó la pelota a un lado, sólo que en vez de volver al suelo, y como si surgiera otro desafío entre ellos, tanto Aomine como Kagami se agarraron al aro, quedando colgados en el aire. Kagami estaba a punto de gritarle a Aomine, furioso además porque no había conseguido los puntos, cuando se escuchó un ¡crack!
Lo siguiente que veían los dos ala-pívot era al otro sentado en el suelo, agarrando todavía el aro de la canasta, y con una mezcla de ligero dolor y total sorpresa en su cara.
Pasaron unos 10 segundos antes de que se escuchara a nueve personas y un perro estallar casi de manera exagerada, Takao volviendo al suelo que tanto parecía gustarle ese día. Kuroko y Midorima sólo temblaban, aunque Kuroko había tenido que agacharse y abrazarse para no caerse. ¿Cómo podía siquiera suceder algo como eso? ¿Por qué tenía ese par que ser tan idiotas? ¡Debería haber un límite para el nivel de estupidez que podían alcanzar!
Intentando ignorar a sus supuestos "amigos" riéndose de él y el dolor que sentía en su trasero, Kagami soltó el círculo de metal y metió la cabeza entre las rodillas para esconder su vergüenza y la indeseable pequeña sonrisa que no podía quitarse de la cara. Aomine por su parte no sabía cómo reaccionar. Sólo había hecho lo de agarrar el aro para ver cómo reaccionaba el pelirrojo. Parecía que le gustaba ver a Kagami gruñendo y maldiciendo por culpa de su actitud y sus comentarios, por eso lo había hecho, pero para nada vio venir ese final, que había sido acabar con el culo dolorido y el resto de personas presentes divirtiéndose como nunca por ello. Iba a mirarles mal y mandarles callar cuando se dio cuenta del estado de Kagami. El idiota tenía la cara casi tan roja como su pelo, el color especialmente oscuro en sus orejas, y aunque claramente estaba avergonzado, sus hombros temblaban y su mano intentaba tapar una sonrisa que no se le escapó al peliazul. Aomine volvía a tener su cara llena de sorpresa. Nunca había visto así a Kagami y nunca pensó que lo haría, mucho menos que le pareciera… ¿adorable?
Nonono. Nada de eso, ni siquiera debería conocer esa palabra – pensó Aomine cambiando rápidamente a su típica cara desinteresada y levantándose como si no hubiera pasado nada.
"Mira que eres torpe Bakagami, acabando el partido con el culo pegado al suelo ¿ves lo que le pasa a la gente cuando es tan tonta?"
"¡Oye bastardo, no hables como si no te doliera el culo a ti también! ¡Además ha sido culpa tuya! ¡¿Quién te ha mandado colgarte de la canasta eh?!"
"Tch" – Aomine caminó hacia los bancos a un lado de la cancha, ignorando a Kagami, que parecía echar humo por la cabeza, y fulminando a los otros con la mirada para que dejaran de desternillarse, pero sólo sirvió para que alguno se riera con más ganas, acabando con la paciencia del moreno.
"¡Bueno vale ya! ¡¿Vais a parar y moveros, ya que está claro que el partido se acabó!? Aunque está claro quién ha ganado."
"¡No te lo crees ni tú, Ahomine! ¡No has ganado, como mucho hemos empatado! ¡Pero si es verdad que podíais callaros ya! ¡Y vamos a cenar que tengo hambre!"
"Antes de eso deberíais llamar a alguien para que vengan a arreglar la canasta cuando sea posible. Es un delito dañar el mobiliario público, Kagami-kun, Aomine-kun" – Kuroko había sido el primero que había conseguido recuperar, casi, toda la cordura, y aunque los culpables del destrozo querían protestar, esos ojos celestes y la falta de excusas hicieron que se tragaran sus quejas y siguieran las órdenes.
"Vale jaja creo que ya estoy bien jajaja. ¡Nunca pensé que pudieras hacer eso Kagami pfft! ¡Hasta has hecho reír a Shin-chan, increíble!"
"¡Aominecchi, Kagamicchi, tenéis un sentido del humor envidiable!"
"Pareces un profesional en el asunto Aomine-ya, deberías mostrar a tu equipo más a menudo tus oh habilidades especiales."
"Ha sido todo un espectá-culo" – Izuki…
¡OH VAMOS!
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Kagami y Aomine habían querido irse a casa nada más salir de la cancha, pero la idea de Kuroko de ir a cenar al Maji Burger, y el chantaje emocional, y no tan emocional de Momoi (cualquier cosa por sus revistas de Mai-chan), habían conseguido convencerlos para acabar en el restaurante al que tanto les gustaba ir. Imayoshi y Kasamatsu fueron los únicos que sí se fueron a casa, con los exámenes para entrar a la universidad, la misma de hecho, y algunos asuntos más, tenían muy poco tiempo libre del que poder disfrutar, así que se despidieron, hablando de repetir lo de esa tarde alguna vez.
Mientras Kagami esperaba a que le dieran su pedido de hamburguesas (Kuroko le había "aconsejado" que dejase pedir al resto primero para no crear una cola kilométrica), el resto de ellos se sentaban alrededor de cuatro mesas que habían juntado, asegurándose, casi descaradamente, que quedase un sitio libre a la derecha de Aomine. Éste no se había dado cuenta de ello, y estaba a punto de morder la primera de sus 4 hamburguesas Teriyaki, cuando vio aparecer y acomodarse a su lado a Kagami y una bandeja con una montaña de al menos 20 hamburguesas con queso, haciendo que casi se atragante y que se pregunte, temiendo la respuesta, si el pelirrojo pensaba alimentar a toda la gente que había en el local.
"¿Qué es eso Bakagami?"
"¿Tú qué crees Ahomine? ¡¿Está claro que es mi cena no?!" – Kagami no sabía por qué el otro le estaba preguntando esa tontería con esa cara de estúpido.
"¿Cómo que tu cena? ¡¿Cena para cuántos días?! ¿Acaso piensas comerte todo eso hoy?" – Aomine recordaba haber notado alguna vez que el pelirrojo era un adolescente saludable con un apetito no del todo saludable, pero eso no era para nada sano, era demasiado, ¡ni siquiera un tigre hambriento podría comer tanto!
"¿Por qué iba a comprar comida y dejar que sobrara? ¡Hoy tengo mucho hambre así que me voy a comer un par de hamburguesas más que otros días!" – dijo Kagami ofendido mientras engullía a la primera de sus víctimas.
¿Un par más? – pensó el moreno. No, definitivamente ese tipo no estaba bien, tenía alguna clase de problema. Cualquiera que viera como algo normal cenarse 22 hamburguesas tendría que recibir ayuda especial de alguien ¿cierto? ¿Qué clase de estómago tenía ese idiota? ¿Tenía algún monstruo dentro de él que se tragaba todo lo que comía, tenía una puerta astral en alguna parte de su cuerpo que enviaba la comida a otra dimensión, o era simplemente un agujero negro en ese estómago la explicación? Una de esas tres teorías tenía que ser la razón, si no ¿por qué el jugador de Seirin no estaba gordo? Era imposible que se metiera esa cantidad de comida varias veces al día y que no tuviera consecuencias. Porque Aomine no le había visto desnudo, ni siquiera sin camiseta, pero a simple vista parecía que Kagami tenía un buen cuerpo, más bien envidiable, con la espalda ancha y músculos bien definidos, y esas piernas que le hacían correr y saltar de esa manera…
Bueno bueno, tampoco sería para tanto ¿verdad? Él sí que tenía un cuerpo increíble – se decía Aomine – él sí que podía presumir de ello, así que no tendría que estar pensando esas cosas de nadie, mucho menos de un tío. Era cierto que Kagami estaba bien desde un punto de vista atlético pero de pensar eso a opinar que el pelirrojo era tan atractivo físicamente, no quería ni tenía la idea de ser él quien lo hiciera. Aunque ya lo había hecho.
¡Arrg ese no es el tema! La cosa es que no es de ninguna manera natural comer así y punto. Tampoco era asunto suyo, era problema del Bakagami. Cuando se vaya haciendo mayor y el comer así le pase factura, ya vendrá llorando. Convenciéndose con eso, y con la excusa de "ayudar" con sus buenas intenciones, el peliazul alargó el brazo para retirar una hamburguesa de la montaña de ellas a su derecha.
"¡Oye tbu dega ezo ahí ahora mizbmo! ¡No tze he dado permizo pada robarme nada baztardo!"
"Kagami, es muy desagradable verte hablar con la boca llena, nanodayo."
"¿Y quién te ha dicho qué necesito tu permiso Bakagami? Además lo estoy haciendo por tu bien, no necesitas comer tanto, es malo para tu cuerpo – Aomine había dejado a un lado su propia hamburguesa para comerse la de Kagami, esperando a ver con qué nueva reacción exagerada le sorprendía su agresivo rival.
"¡No me jodas Aomine, mentiroso! ¡Te he dicho que me devuelvas mi hamburguesa! – le gritó el diez a la vez que se lanzaba contra el otro para derribarle y recuperar su cena, lo que acabó en un forcejeo entre los dos, produciendo más que satisfacción en Aomine, una ira casi palpable en el aire en Kagami, y una irritación bastante general en el resto de los que estaban sentados en la mesa, que no paraba de moverse, revolviendo la comida que había sobre ella.
"¡Dai-chan para ahora mismo o le diré a tu madre lo del último examen!"
"¡Kagami-kun compórtate o triplicaré tus entrenamientos toda la semana!"
"Vais a tener que limpiar todo el restaurante como sigáis así, Kagami-kun, Aomine-kun."
Haciendo el mayor esfuerzo de su vida por contenerse, Kagami se volvió a colocar en su silla, con los brazos cruzados y mirando de reojo con odio a Aomine, que también se había detenido, pero que tenía la sonrisa más exasperante que Kagami podía imaginar pegada en la cara. Ese cretino se las pagaría de alguna manera, ya lo iba a ver, eso era un asunto pendiente a partir de ese momento. ¡Oh! Hablando de asuntos pendientes…
"¡Prepárate el próximo fin de semana Ahomine, te voy a aplastar totalmente en un uno contra uno así que no hagas planes el viernes!"
"¡¿Ah?! ¿De qué demonios estás hablando?" – preguntó Aomine, un poco confuso y sorprendido de las palabras del otro.
"Tenemos que jugar el uno contra uno aplazado del año pasado para que tus botas de basket sean mías de verdad cuando te gane" – le dijo Kagami, con sus ojos totalmente serios, pero con un gesto vengativo algo infantil.
Oh. Todavía se acordaba de eso. Aomine pensó que aquel día cuando dijo que acabarían el partido otro día el pelirrojo no le daría ninguna importancia y se olvidaría. Las botas habían sido un pequeño gracias sin palabras, o algo así, no había pensado mucho en ello. ¿Tantas ganas tenía Kagami de jugar con él? Que va, sería simplemente su orgullo herido por haberse llevado el regalo sin ganárselo. Quién sabe, igual un poco sí que eran ganas de jugar con el peliazul también. Y eso le animaba, un 'poquito', o algo así.
"Como quieras" – murmuró Aomine sin más.
"Oooh Aominecchi, no sabía que le habías hecho un regalo así a Kagamicchi, qué detalle-ssu."
"Pfft tened cuidado y no provoquéis un desastre natural o algo jajaja ¡Shin-chan, aségurate de mirar bien el horóscopo del viernes!
"La tormenta que se avecina me atormenta."
"¡Izuki, cállate!"
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Terminaron la cena casi sin ningún contratiempo, sólo Aomine intentando robar alguna patata de Kagami, Midorima corrigiendo a todo el mundo, con la risa de Takao oyéndose de fondo, y Kise y Momoi haciéndole mimos a Kuroko y Nigou, para estrés de Riko. Ahora se encontraban en la calle a la salida del Maji Burger, preparándose para despedirse y marcharse a casa.
"Espero que nos veamos pronto-ssu y no pase tanto tiempo esta vez-ssu. Te llamaré Kurokocchi. ¡¿Pero tienes que contestarme eh?!"
"Que tengas una buena semana Tetsu-kun. Oh y podríamos hablar pronto para tener un partido de práctica chica talla B."
"¡Grrr como me vuelvas a llamar eso no habrá partido que valga! ¡Vámonos chicos!"
"Si alguna vez hacéis planes divertidos, avisadme a mí, Shin-chan no se atreverá a contestar, es demasiado tímido el pobre."
"¡Takao, deja de decir tantas tonterías!"
Kagami y Aomine apenas se dedicaron una mirada, el pelirrojo aún molesto por su hamburguesa y dos de sus patatas (en realidad cuatro, pero las últimas ni las vio), y Aomine sin ningún interés en las despedidas. Así que así sin más, se marcharon en tres grupos por tres caminos distintos. Sólo cuando habían avanzado unos metros, Kuroko vio que tenía que intervenir o la cosa se quedaría ahí.
"¿No deberías pedirle a Aomine-kun su número de teléfono si tienes pensado quedar con él, Kagami-kun?"
"¿Eh? ¿Es necesario? Mmm puede que tengas razón pero ¿no me lo puedes dar tú y ya está?" – a Kagami no le entusiasmaba mucho la idea de ser él quien le pidiera el número al bastardo ese, y por alguna razón también le daba algo de vergüenza, no sabía por qué, sólo eran simples cifras, no era como si las necesitase para nada más que enviar un simple mensaje la próxima semana ¿no?
"No estoy seguro de tener su número" – mintió Kuroko – "además aquí por educación la persona que va a llamar es la que debería pedir el número a esa persona."
"Tsk, está bien, está bien, espera aquí un momento" – dijo la luz de Seirin mientras corría en la dirección de la que venía, el resto de su equipo mirando con curiosidad.
A veces me olvido y me sorprendo de lo simple que eres Kagami-kun – pensó Kuroko, sonriendo afectuosamente y acariciando a Nigou, que descansaba en su cabeza.
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"¡Aomine!"
El dueño de dicho nombre se giró sorprendido. ¿Qué estaba haciendo ahí otra vez Kagami?
"¿Qué quieres Kagami? Quiero irme a dormir sabes"
"¡Dame tu número de teléfono!" – le voceó el diez, jadeando por la carrera, y un poco colorado por el esfuerzo y algo más.
"¿Eh?" – preguntó Aomine, tardando unos segundos en reaccionar a lo que acababa de oír. – "¿Y tú para qué quieres mi número, Bakagami?"
"¡Para qué va a ser Ahomine! ¡¿Cómo quieres que quedemos para el viernes que viene?! ¡¿Te grito desde lo alto de la torre de Tokyo?!"
"No te haría caso ni aunque hicieras eso" – Aomine dudó un momento, pero cedió al no encontrar ninguna excusa o razón para negarse. – "Dame tu teléfono."
Ignorando la sonrisa maliciosa de Kise, y la risita algo nerviosa de Satsuki, Aomine grabó su número en el aparato de color rojo, para luego enviarse el número del otro a su propio teléfono, de color azul.
"Toma, ya está. Ahora lárgate y déjame irme a la cama."
"Ok, thank you."
Aomine observó unos segundos al pelirrojo pero no dijo nada más y se giró para seguir caminando, no sin darle antes una buena colleja a Kise.
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En los 15 minutos que tardó en llegar a su casa desde que se despidió de sus compañeros, y hasta que por fin se quedó dormido en su cama, Kagami no dejó de preguntarse por qué había hecho eso. No es que fuera totalmente necesario pedirle el número de teléfono a Aomine, podría habérselo pedido Kuroko en vez de él, o podría haberle dicho a Kuroko que Momoi le pasase el mensaje al otro. Pero por algún motivo no se le iba la idea de que era algo bueno poder contactar con el jugador de Too para otras cosas, en cualquier momento. No iba a llamarle para nada en concreto, no tenía ninguna razón para ello, pero era como si su cabeza estuviera ya buscando las razones para hacerlo. Seguramente era porque al final podía decir que había disfrutado bastante de la tarde. Aunque se había enfrentado a algún buen jugador estas vacaciones en Estados Unidos, había algo en Aomine que siempre le llevaba al límite, le hacía sentir diferente que el resto, y no sabía qué era, pero sí sabía que no lo podía comparar con nada más y, aunque le ponía nervioso el no conocer una parte de sí mismo, Kagami estaba casi seguro de que lo que sentía no le disgustaba. Y eso era extraño, porque Aomine era un bastardo ¿cierto? No era más que un capullo arrogante que sólo se divertía molestando y provocando a la gente. Había escuchado la historia de lo que ocurrió en Teiko por Kuroko, pero aunque quería intentar entender al jugador estrella, no podía tampoco borrarse el recuerdo de Aomine burlándose y humillándoles a él, a Kuroko y a su equipo. El muy imbécil había hecho llorar a Kuroko y ni siquiera le había pedido perdón cuando por fin parecía que había entrado en razón. Eso es lo que pensaba, y aún así, podía asegurar que no odiaba al moreno. No era odio lo que sentía hacia su rival. Tal vez resentimiento, pero también estaban esas sensaciones de las que tanto disfrutaba cuando se enfrentaba a él, así que se encontraba un poco confuso. Además, hoy Aomine había vuelto a sonreír mientras jugaba. Kagami le había visto sonreír claramente, incluso le había escuchado reírse a carcajadas de las bromas de sus amigos. Y, eso también era extraño, porque el ver a su mejor rival así le había producido una sensación extraña en el estómago, y nunca le había ocurrido antes con nadie más. En ese momento, Kagami, especialmente no podía llegar a una conclusión que explicase por qué aunque había toda una semana por delante, las ganas de que llegase el siguiente viernes casi le impedían dormir por la promesa de otro de esos uno contra uno que casi le dejaban sin respiración. Al final, después de 40 minutos, Kagami consiguió quedarse dormido, con los recuerdos del partido contra Too de la Winter Cup y el color azul del mar ocupando toda su mente.
Aomine, en su propia cama, también le estaba dando algunas vueltas a lo sucedido aquel día. Había disfrutado de aquel día. Lo había hecho, pero no sabía cómo reaccionar al respecto. Creía haber olvidado lo que era salir y hacer algo con gente, con "amigos", más aún reír como lo había hecho. Y ese pensamiento le producía una sensación incómoda en el pecho. Había pasado mucho tiempo en el que estaban sólo él y sus "no" preocupaciones, y le había ido bien. O eso creía, pero ahí se encontraba pensando que al final no cambiaría ese día por otro en el que se hubiera quedado en casa, solo, mirando el techo, su ordenador, sus revistas eróticas, y otra vez el techo. Aún así no sabía qué hacer, no sabía si podía estar con esas personas. Después de lo que había pasado los últimos dos años, ¿estaba bien para él estar ahí entre ellos? No estaría mal hacer algo como lo de hoy alguna otra vez, de eso estaba seguro. Y parecía que el resto había pensado igual, además Kagami había jugado con él al baloncesto. Kagami había dicho de volver a jugar pronto. Podía volver a salir de casa a jugar con alguien con ganas de hacerlo, y no se aburría al pensar en ello. Aomine no se consideraba una persona impaciente, y no había muchas cosas que le pusieran nervioso, pero el peliazul no podía evitar revolverse entre sus sábanas preguntándose qué pasaría dentro de una semana. Hoy había sido un día interesante, además había aprendido cosas nuevas también interesantes. Kagami es Bakagami, A Bakagami no le gustan los perros, Bakagami es un auténtico glotón, Bakagami tiene un cuerpo "demasiado" atlético (y no sabe por qué sigue pensando en eso), le gustaba provocar y enfadar a Bakagami, a Bakagami le gusta jugar al basket con él en contra, y a partir de ahora a él también le iba a gustar jugar uno contra uno con Bakagami. Incluso podríamos llevarnos bien – pensó Aomine, antes de quedarse dormido mirando la luz roja de la pantalla de su portátil.
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Notas: lo primero, muchas gracias a las 3 personas que comentaron sobre el primer capítulo, ha sido gracias a ellos que pude seguir ya que casi puede conmigo el miedo a que no gustase la historia. :(
Espero que no parezca muy lento el fic. Siempre me han gustado las historias largas y me gusta describir las emociones que pueden llegar a sentir dos personas, como cuando se miran por ejemplo. :)
Soy un poco desastre, ni siquiera tengo perfil pero es que aún no sé qué poner jejeje.
Si os apetece dar ideas que os gustaría encontrar en futuros capítulos pues ¡todas las que queráis! También pueden ser ideas para otros AU de la pareja, que seguramente escribiré. Cualquier comentario por breve que sea me ayuda mucho mucho.
Espero que os haya gustado el capítulo ¡a por el siguiente! ^^
