Me aburro – pensó Aomine, tumbado en la azotea de Too, mirando al cielo desde hacía una hora, con una de sus revistas de Gravure Idol a su lado. Era la escena típica en la que sabías que encontrarías al moreno día sí y día también, a pesar del frío que hacía esa mañana. El lunes había ido a clase, a todas las horas menos a una, e incluso fue al entrenamiento de por la tarde, aunque llegó lo suficientemente tarde como para que Wakamatsu no dejara de gritarle durante 5 minutos. El miércoles sólo había ido a su primera clase, y Wakamatsu le había gritado unos largos 20 minutos. Era jueves y las intenciones de levantarse para ir a la práctica se desvanecían más a cada segundo que pasaba. Me aburro – repitió, mirando el móvil por decimosexta vez ese día. No había recibido ningún mensaje esa semana (los cinco mensajes que recibió de Kise fueron considerados spam y eliminados de inmediato). No es que estuviera esperando que en la pantalla de su teléfono apareciera nada especial, pero Aomine estaba completamente seguro de que hace unos días le había dado su número a alguien, y que esa persona debería haberle informado ya sobre sus planes para la "cita" de mañana. Bueno, si el pelirrojo había perdido el interés o lo había olvidado, pues peor para él que no disfrutaría de su valiosa compañía. O igual era mejor para él, así no perdería el uno contra uno de manera humillante, como Aomine 'sabía' que iba a ocurrir. Seguro que se ha asustado y tiene miedo de enfrentarse a mí porque sabe que va a perder – se dijo el perezoso sonriendo maliciosamente. No, en realidad Aomine sabía que Kagami sería la última persona que se daría por vencido en algo, él y Kuroko eran las personas más insistentes del mundo, nunca rindiéndose ni ante una causa perdida, siendo el diez especialmente impulsivo, cabezota, terco…
¿Es que acaso esperaba el tonto ese que fuera él quien le hablase? ¿Para qué le había pedido su número de móvil así entonces? ¿Había perdido el interés de verdad? Vale, pues sí es así Aomine podía hacer mejores planes para el fin de semana. Podría ir de compras con Satsuki, o incluso quedar con alguna de las chicas de su agenda, o ir a jugar al basket con…
…
Me aburro…
Está bien, vamos a molestar al idiota, es una buena forma de pasar el rato – decidió Aomine, escribiendo un mensaje a su desafortunada víctima.
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La semana transcurría sin ninguna novedad en el instituto Seirin. Las clases, los deberes atrasados y los entrenamientos intensivos, había dejado a Kagami con muy poco tiempo para pensar en nada más. Aún así, de vez en cuando se acordaba de su "compromiso" acordado para ese viernes. Tendría que avisar al imbécil de Aomine en algún momento, y lo sabía, pero también pensaba que no pasaría nada si esperaba a hacerlo en el último momento, total, sólo iba a mandar un mensaje en el que pusiera lugar y hora, nada más. No tenía porqué reflejar de manera alguna las ganas que tenía de que llegase el día siguiente para poder jugar por fin un poco de baloncesto de verdad. Más bien, no tenía nada de qué hablar con el jugador de Too, ¿pero parecía que quería tener motivo para hacerlo?
Kagami se encontraba en clase distraído en esos pensamientos cuando de pronto su móvil vibró en un bolsillo de la chaqueta de su uniforme. Extrañado, vio que había recibido un mensaje.
Sigues vivo bakagamiiii? pense q querias ajustar cuentas xo ya veo q x fin aceptaste q NUNCA podras ganarmeee
Perdiendo la cuenta de cuántas venas se le hincharon en tiempo record, y olvidando dónde estaba, Kagami se apresuró a responder.
Shut up AHOMINE! t iba a decir la hora mañana y parece q no t enteras xo t recuerdo q ya t gane una vez perdedor!
Kagami se aseguró a sí mismo que iba ignorar cualquier cosa que le pudiera decir el otro a partir de ese momento, pero su convicción sólo duró lo que tardó en leer el mensaje que llegó pocos segundos después.
No cuenta BAKAGAMI! mal dia lo tiene cualquiera y no ganaste tu solo xo espero q disfrutases dl momento xq no s repetira nuncaaa aunq siempre s bonito soñar
El puñetazo que dio en la mesa atrajo casi toda la atención de la clase. Kuroko ya se imaginaba qué estaba pasando al ver delante suyo a su compañero maldiciendo a su móvil con un aura asesina a su alrededor.
¡El q va a tener q soñar cn lo q es ganar eres tu a partir d mañana bastardo! a las 5 n la cancha ve preparandote
No le iba a decir nada más. Nada de nada.
Asegurate entonces d no caer d culo como la ultima vez ¿aun t duele?
Grrr, le iba a matar, tenía que pensar en algún modo de acabar con él, lento y doloroso. Kagami temblaba de ira, con su cara casi del color de su pelo, pero no pudo responder más mensajes porque el profesor le había visto y le había tirado a dar con una tiza para que atendiera. Sin dejar de jurar y gruñir, el pelirrojo se hundió en su silla, con más ganas que antes de que llegase mañana, pero por motivos no demasiado agradables.
Terminada la clase, y de camino al gimnasio para la práctica de ese día, Kagami aún no se había calmado del todo, y la mirada que le dedicaba Kuroko, indicando que sabía lo que ocurría para variar, no ayudaba para nada. Tenía que intentar dejar de pensar en ello o afectaría a su entrenamiento y se llevaría más de un golpe de la entrenadora. Era increíble como una persona podía cabrearle tanto sin ni siquiera estar presente, en eso también pensaba Kagami que no había nadie que superase a su rival. Su carácter irascible parecía volverse homicida cuando se relacionaba con ese imbécil y no podía hacer nada por evitarlo, explotaría si se aguantaba. Además parecía que el peliazul le provocaba con lo que más odiaba, que era perder contra él. Ah pero ya vería, le iba a dar una lección que iba a recordar toda su, a este ritmo, corta vida.
"¿Estás bien Kagami-kun? Espero que no estés pensando en asesinar a nadie, eso sería malo para mucha gente así que por favor háblalo con alguien antes de hacerlo."
"¡Cállate Kuroko! Si alguien se lo busca de esa manera entonces es que se lo merece. Pero tranquilo que ya le voy a dar yo dónde más le duele."
"¿De quién estamos hablando Kagami-kun?" – Kuroko sabía perfectamente quién era la única persona que podía exaltar tanto a su amigo, pero quería que fuera él quien se lo "confirmara" – "parece alguien importante."
"¡Ja, eso es lo que se cree él, Don Importante! ¡Pero a partir de mañana va a llorar cada vez que se acuerde de su patético 'el único que puede vencerme soy yo'!" – Kagami ni se daba cuenta de lo que pretendía e insinuaba su invisible compañero.
"Se te ve con muchas ganas de encontrarte con él. Casi parece una cita. ¿Sabes que tienes que tomar precauciones, verdad, Kagami-kun?"
"¿Por qué precauciones? ¿Qué me puede hacer el idiota ese? El que tiene que tener cuidado es Aomine. Lo que me voy a reír cuando te venga llorando porque no puede conmigo muajaja."
"…que te diviertas Kagami-kun" – Kuroko optó por dejar la broma esta vez, viendo que su excesivamente inocente luz no captaba nada de ella. Aunque Kuroko no llamaría exactamente broma a la intuición que tenía respecto a la relación de sus dos luces, pero primero tenía que observar cómo evolucionaba el asunto, antes de intervenir si viera necesario hacerlo.
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Cuanto más rápido quieres que pase el tiempo, más lentos se te harán los segundos. Kagami hoy lo había comprobado durante toda la mañana. A la salida del instituto, se había despedido de Kuroko rápidamente, quedando en hablarse mañana para ir a la práctica que Riko había adelantado del domingo al sábado por tener asuntos familiares ese día. Kuroko no le había entretenido más y ahora estaba en su casa, vistiéndose con ropa de deporte y preparando su bolsa de deporte con un par de toallas, una botella de agua, cartera, móvil y llaves. Tras asegurarse que tuviera todo lo que necesitaba y mirar el reloj, eran las 16:45, se puso una sudadera bastante gorda encima de su camiseta, se calzó las botas de Aomine, planeando que a partir de mañana fueran completamente suyas, y salió de su apartamento para ir a la cancha del otro día, caminando rápido porque si no llegaría tarde, y no quería darle motivos a Aomine para que se burlase de él. Tampoco es que tuviera que darle explicaciones de ningún tipo al peliazul si llegaba tarde, pero no era correcto. Además si alguien iba a llegar tarde, seguramente sería el otro. Kagami sabía que Aomine era un irresponsable de cuidado, y si era capaz de llegar tarde a un partido oficial como ya había hecho en varias ocasiones, pues entonces seguro que no se molestaría en llegar puntual a jugar un uno contra uno con él. Pues si tenía pensado tardar mucho no se iba a molestar en esperarle. No, Kagami se iría a casa para no perder el tiempo y consideraría que el jugador de Too era un gallina que llegado el momento de la verdad no se había atrevido a asomar su fea cara. No le gustaría que no apareciera, porque de verdad quería darle una buena lección, pero si el muy estúpido era así pues no podía hacer nada al respecto.
Eso era lo que andaba dando vueltas en la cabeza del jugador de Seirin cuando de pronto empezó a escuchar el familiar golpeteo de un balón rebotando en el suelo y se dio cuenta de que había llegado a su destino. Siguiendo el sonido, que ahora escuchaba a la perfección, vio dentro de la cancha algo que de verdad no esperaba ver. Ahí estaba Aomine, con unos pantalones negros que sólo le llegaban a las rodillas y una camiseta blanca de tirantes que Kagami ya había visto antes ¿es que no tenía frío? Pero entonces, mientras observaba al peliazul enfrentarse a un adversario invisible, el diez se dio cuenta de que el otro ala-pívot estaba sudando ligeramente, veía como le brillaban los brazos y la cara, por donde resbalaban pequeñas gotas de sudor, que salían disparadas cada vez que hacía algún giro brusco o cuando echaba a correr hacia la canasta, esquivando a cualquiera que se le pusiera delante, aunque esas personas no estuvieran ahí en ese momento. Kagami se había sorprendido al ver a Aomine. Había llegado a la hora que le había dicho. No, espera, a juzgar por su estado, ya llevaba allí un buen rato. ¿Cuánto tiempo había estado jugando y esperando? ¿De verdad había querido venir? La sorpresa inicial iba desapareciendo del rostro del pelirrojo a medida que seguía mirando al otro adolescente. Según iban pasando los segundos parecía que iba entrando en un trance, como si los movimientos de Aomine le hipnotizaran. Realmente su baloncesto era increíble. Kagami le admiraba por ello (aunque no se lo dijese a nadie), nunca había visto a nadie que jugase igual, ni creía que existiera alguien que se le pareciera. Era todo agresividad, agilidad y fluidez, impredecible y salvaje, ningún movimiento igual al anterior. Y parecía que el cinco estaba hecho para ello. El mismo Aomine tenía un aspecto salvaje, especialmente cuando sus ojos olvidaban su aburrimiento y se concentraban en algo, llenándose de furia e intensidad, y también tenía un aire exótico, con esa piel morena, de aspecto sedoso, casi delicado, y el color azul de ojos y pelo combinando a la perfección. Todo él era una combinación de provocación, misterio y… cómo decirlo… algo erótico.
"¿Se te han acabado las pilas Bakagami?"
Oír esa voz, sacó de golpe a Kagami de sus pensamientos. Por unos instantes olvidó dónde se encontraba, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí parado, y ahora estaba totalmente extrañado por lo que había estado pasando por su cabeza, algo asustado por cómo había estado mirando a su rival y lo que había pensado de él. Del propio Aomine. Nunca antes le había pasado con nadie y no sabía cómo reaccionar, aunque sabía que no era algo típico de todos los días.
"¿…Eh?" – preguntó embobado.
"Si crees que observándome descubrirás cómo derrotarme, vas a tener que seguirme a todas partes durante toda tu vida, y no creo que me apetezca mucho tenerte de acosador." – respondió Aomine, mirando al pelirrojo con su casi constante media sonrisa burlona, ignorante del caos mental del que intentaba librarse Kagami.
"¡¿Quién querría acosar a un bastardo como tú Ahomine?! ¡Además no te estaba observando, sólo estaba pensando!" – le gritó el diez, que había conseguido olvidar de momento el lío de su cabeza y se acercaba al moreno con el ceño fruncido.
"¿…Pensando, en serio?" – Aomine le miraba incrédulo pero no se molestó en esconder su tono sarcástico, para mayor irritación del otro – "Con esa actitud no le vas a gustar por mucho tiempo a tu novia."
"¡¿Qué novia?! ¡Yo no tengo novia!" – Kagami estaba enfadado y cada vez sabía menos el porqué.
"Ah no me extraña, nadie se atreve a salir contigo ¿verdad? Apuesto a que no has estado nunca con nadie. ¿Sabes lo que son las chicas verdad?"
"¡Pues claro que sé lo que son idiota! Para que lo sepas, me ha besado más de una. ¡Pero si no he salido con nadie antes es porque no me ha interesado nunca! ¿Es que acaso tú tienes mucha experiencia, Aomine?"
"Bueno, digamos que algo así" – no era del todo mentira, al menos sabía que tenía más experiencia que el pelirrojo por lo que se veía. Seguro que había besado a más chicas que él, y con alguna había llegado al roce. Nunca había llegado hasta el final porque perdía el interés muy pronto. Ninguna de sus relaciones había durado mucho y nunca han sido nada serio porque al final todas las chicas se volvían insoportables y aburridas, siempre reclamando cosas y quejándose de lo mismo. Pero Kagami podía pensar lo que quisiera – "Además las chicas con las que he estado eran increíbles, y todas con unos pechos enormes."
"¡¿Y-y e-eso qué importa?! ¿P-por qué dices eso?" – balbuceó Kagami, intentando no sonrojarse con las palabras de Aomine, que por lo visto sí tenía bastante destreza en el tema femenino (o eso creyó el pobre Kagami), pero fallando en el intento.
"Porque las mejores chicas son por supuesto las que tienen las tetas grandes, y así es como me gustan para que lo sepas" – dijo Aomine con gesto arrogante, aunque cambió a una mueca divertida cuando vio cómo había conseguido avergonzar a su rival – "¿Te avergüenzas sólo con eso? Pues sí que eres virgen Bakagami. ¿Al menos te masturbarás no?"
"¡Cállate AHOMINE! ¡No me interesa conocer tus gustos! ¡Y no tengo porqué decirte nada de lo que hago, eres un pervertido!" – la cara del jugador de Seirin ya parecía más un tomate que otra cosa. ¿Y qué si era virgen? No era para tanto, no le preocupaba serlo. Ya aparecería la persona indicada algún día.
"Sí, sí, lo que tú digas, ¿íbamos a jugar o no?" – preguntó el peliazul metiéndose el dedo meñique en la oreja con una cara de total indiferencia. Así que Kagami era virgen. No es que le interesase a Aomine, ni siquiera sabía cómo había salido el tema, pero había sido gracioso ver al idiota reaccionar así, otra cara nueva para recordar. Ah pero si se había besado con alguna mujer eh. Sus labios tocando otros labios. ¿Cómo sería besar a Kagami? Parecían bastante besables esos labios. Eran carnosos y perfectos para… espera ¡¿QUÉ?¡
"¡Pues claro que vamos a jugar, y espero que estés listo porque he venido a ganar!" – el pelirrojo le había quitado la pelota de las manos y ya estaba preparándose en el centro de la cancha para el partido. Aomine se encontraba en un pequeño shock, ¿de verdad acababa de imaginarse besando a otro hombre? ¿Y a Bakagami de entre todas las opciones posibles? Nonono, sólo había sido un error momentáneo, de ninguna manera Aomine Daiki podría querer besar a un hombre. A él le gustaban las chicas, sólo las chicas, con pechos grandes, enormes y blanditos, no tíos como Kagami, sin tetas de ningún tamaño, sólo unos pectorales duros y firmes, musculosos y bastante perfectos para… ¡Arrrg, basta ya! ¡Esto es una locura! El frío le estaba afectando a la cabeza, eso es, ya se le pasaría así que vamos a jugar para olvidarnos del tema.
"Puedes intentarlo Bakagami, pero no esperes buenos resultados. Gana el mejor de 50." – Aomine se colocó delante de Kagami con una postura defensiva, y los dos dejaron que comenzase el juego."
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De verdad no había nadie que llevase a Aomine tan al límite como Kagami. Poco les había faltado para entrar en la Zona, pero habían acordado que era mejor no hacerlo. Aún así, los dos juegos habían sido de los más intensos que habían tenido en su vida, y a pesar de que ninguno de los dos ala-pívot había dado el 100% de lo que tenían, habían estado muy igualados. Aunque al final, estaba claro que a Kagami le faltaban cosas por aprender, y aunque sólo había perdido d puntos, Aomine había ganado. Y lo había hecho con una sonrisa en la cara, contento de haber tenido difícil conseguir la victoria.
"¡U-una vez más A-aomine!" – gritó Kagami, aún intentando respirar normal a causa de todo el esfuerzo que había hecho.
"¿Ah? Pero qué dices tonto, por mucho que juguemos el resultado va a ser el mismo. Además estoy cansado y tengo hambre. Llevamos aquí 2 horas."
"¡Sólo un rato más!"
"No"
"¡Venga vamos sólo u…!
"¡Qué no!" – dejando al niño despotricando y llamándole cosas que no merece la pena mencionar siquiera, Aomine se dirigió al banco donde había dejado sus cosas. Mirando su móvil, eran las 19:20, pensó que de verdad tenía hambre, pero maldijo por lo bajo porque tenía que coger el tren para llegar a su casa y tardaría al menos media hora. Mirando de reojo a su rival, que aún seguía de mal humor, se preguntó si el pelirrojo tendría planeado ir a cenar al Maji Burger o a algún otro sitio. Preferiría no tener que ir con él, no sea que la gente pensara que eran amigos, pero es que estaba hambriento y era un poco triste ir solo. Podía actuar un poco como si no conociera al otro y ya está, le interesaba únicamente la comida al fin y al cabo – "Oye Kagami, ¿qué tenías pensado hacer para cenar?"
"¿Eh? Ah, no había pensado en nada especial. Supongo que me haré algo en casa."
"Tch, entonces me voy. Qué aburrido, ahora a esperar al tren."
"¿Quieres venir y cenar antes? Te puedes marchar después – Kagami había preguntado antes de pensar en lo que estaba haciendo. No sabía qué cables se le cruzaron para invitar a Aomine a cenar a su casa, y algo le decía que no era buena idea, pero ya lo había dicho y no estaría bien echarse atrás. ¿Qué podía pasar? Sólo le iba a dar de comer y ya está.
"¿…Huh? No me puedo creer que me hayas propuesto eso" – y es que de verdad Aomine no lo vio venir para nada. No creía que tuvieran la confianza para hacer eso. No se llevaban bien, no eran amigos ni compañeros, sólo conocidos que jugaban bien al basket. Y algo le decía que era mala idea ir así que mejor rechazaba la idea – "además ni siquiera le has preguntado a tus padres, así que mejor me marcho."
"…Emmm…vivo sólo y ya iba a cocinar algo para mí así que no es ninguna molestia en realidad" - por qué seguía insistiendo.
"¿Cómo que vives solo? Espera, ¿tú cocinas? ¿Y sigues vivo? ¿De verdad puedes cocinar?" – a Aomine le costaba procesar tanta información y cada vez se negaba 'menos' a ir a casa del otro, la curiosidad llamándole más que otra cosa.
"¡Pues claro que puedo imbécil! ¿Cómo crees que sobreviviría si no supiera cocinar?" – otra vez estaba el bastardo subestimándole y burlándose de él. No sólo sabía jugar al basket. ¿Tan difícil era de creer? – "Pero da igual, vete a tu casa. Nos vemos Ahomine. Juro que te ganaré la próxima vez"
"¡Espera, espera, no te pongas así! Es sólo que no me esperaba que alguien como tú cocinase, eso es todo. Normalmente los de nuestra edad no cocinan ni nada por el estilo." – Aomine había recogido sus cosas y estaba siguiendo al pelirrojo. No le iba a decir que no a comida gratis, y ya que vivía solo.
"Tch, pues yo llevo cocinando 6 años así que algo sé del tema. ¿Qué te apetece comer?"
"Hamburguesa Teriyaki"
"¡Para eso te vas al Maji Burger! ¡Elige otra cosa!"
"¿Entonces para qué preguntas? Mmm omurice."
"…Ok."
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Habían conseguido llegar milagrosamente al apartamento de Kagami con sólo unos pocos más insultos repartidos entre ellos. Al entrar, habían dejado sus cosas a un lado y, después de quitarse los zapatos, se dirigieron por el pasillo hacia la sala principal, donde Kagami le dijo a Aomine que se acomodara mientras él preparaba la cena. Aomine no respondió, demasiado asombrado con el lugar dónde se encontraba, mirando a todos lados del salón de la casa que hasta hace media hora no pensaba visitar nunca, y sin entender cómo otro chico de su edad podía vivir allí solo, sin nadie que le molestase con órdenes y tareas.
"Lo que podría hacer cualquier adolescente con una casa como ésta, y tú dices que no tienes interés en las chicas. ¡Qué injusto es el mundo!"
Kagami no le respondió, demasiado ocupado con los ingredientes y utensilios para la cena como para contestar a un comentario que consideró demasiado estúpido.
"¿Cómo es que vives sólo? ¿Tan molesto eres que te mandan a vivir por tu cuenta?" – insistió Aomine, sin pensar mucho en sus palabras.
"…yo tenía que volver a Japón, se suponía que mi padre vendría conmigo, pero al final, el trabajo es lo más importante y, como sospechaba, acabé viviendo sólo" – respondió esta vez el pelirrojo. No era nada del otro mundo, ni un asunto muy delicado. Para él era algo normal con lo que llevaba conviviendo mucho tiempo, y no le importaba contárselo al otro.
Pero a Aomine no le gustó la cara que puso Kagami. El peliazul se mordió la lengua en cuanto comprendió que no había dicho nada bueno y que ese no era un tema de conversación agradable en esta casa. Y de verdad no le gustó la expresión de Kagami, nunca había visto tristeza o melancolía en esos ojos tan apasionados, y preferiría no haberlos visto ni volver a verlos de esa manera.
"Me gusta tu casa, parece cómoda."
Y solitaria. Aomine veía una casa amplia, limpia y ordenada (también sorprendentemente), pero no un hogar. Estaba todo demasiado vacío. Había pocos muebles, pocas fotos, poco de todo en general. Se notaba lo que le gustaba a Kagami, veía unas pesas, un balón, revistas de baloncesto y de ¿surf?, ¿Bakagami surfea?, y eso es ¿un cactus? Bueno el caso es que se notaba que la estrella de Seirin no hacía mucha vida en el apartamento aparte de comer, dormir y guardar sus cosas.
"Bueno, no está mal. A los de mi equipo les gusta bastante. Cuando hay alguna reunión fuera del instituto siempre me invaden el apartamento, pero no puedo quejarme."
"Mmm" – bueno al menos no estaba solo siempre – "¿cuánto vas a tardar Kagami? Tengo hambre y me aburro."
"¡¿Qué tienes, 8 años?! Tardaré unos 20 minutos. Vete poniendo la mesa."
"¿Ah? No quiero, estoy cansado, avísame cuando esté la comida" – declaró Aomine mientras se tumbaba a lo largo del sofá negro en el centro de la sala.
"Entonces supongo que me lo comeré todo yo."
"…¿Dónde están los platos?"
Servida la cena en la mesa (omurice y gyoza), Kagami con una ración el triple de lo normal y sentado en el suelo frente a Aomine, los dos rivales se prepararon para comer.
"Itadakimasu" – Aomine, con un poco de miedo, cogió uno de los gyozas del plato con sus palillos y se lo llevó a la boca. Se dijo a sí mismo que no esperase nada bueno de ello por si acaso, por eso cuando empezó a masticar la empanadilla, se llevó la mayor sorpresa del día, y eso que ya iban unas pocas – "¿Qué? ¡Esto está buenísimo! ¿Cómo lo has hecho Kagami?"
"Gyoza es mi especialidad, siempre hago de sobra y los congelo porque me gustan mucho. ¿Te gusta?"
"¿Es broma? No había comido ninguno igual" – Aomine entonces probó su omurice, y no pudo evitar sonreir, encantado de estar probando la mejor comida que recordaba desde que descubrió las hamburguesas Teriyaki del Maji Burger – "¡Y este omurice es hasta mejor que el que hace mi madre!"
"…Gracias" – Kagami por su parte, no pudo evitar ruborizarse por completo. Sentía el calor de sus mejillas y sabía que tenía coloradas las orejas, pero es que la cara de Aomine no tenía precio. Era como si tuviera 6 años menos y de verdad parecía alguien… adorable. No sabía cómo tratar con un Aomine así porque no sabía siquiera que existía – "Me alegra que te guste. Pero, ¿por qué parece que le tienes miedo a la comida?
"Oh créeme, si hubieras tenido que tragar comida cómo la que hace Satsuki, si no te hubieses muerto ya, serías tan desconfiado como yo. No sé cómo es capaz de hacer lo que hace con unos pocos ingredientes. Es un crimen, su modo de 'cocinar'."
"Jajaja, eso me suena extrañamente familiar. Mi entrenadora hace cosas como esas así que sé de lo que hablas" – Kagami no dejaba de mirar a Aomine, con una extraña sensación de satisfacción y contento, que se revolvía en su estómago al ver al otro disfrutar así de la cena que le había preparado. Entonces se dio cuenta de algo - "Parece que Momoi y tú os lleváis bastante bien. Siempre os veo juntos."
"Podría decirse que sí. Pero no pienses nada raro, conozco a Satsuki desde que éramos pequeños así que es como una hermana para mí. Además ya deberías saber que está obsesionada con Tetsu."
"Sí lo sé, no había pensado nada raro. Es sólo que por cómo te visto comportarte con la gente desde que te conozco, no pensé que tuvieras amigos, o que te interesara tenerlos siquiera."
"¡No hables tanto de algo que no sabes, Kagami!" – el comentario del pelirrojo le había dolido un poco, por muy cierto que fuese. No era un asunto del que le gustara hablar, y mucho menos con alguien que no había estado allí cuando pasó todo aquello desde lo de Teiko. Aunque lo irónico era que Kagami había sido el que lo había "solucionado", más o menos.
"Yo sólo estoy hablando por lo que he visto. Pero no es asunto mío mientras no afecte a Kuroko o mi equipo así que lo dejaré estar."
El silencio que hubo durante los 2 minutos siguientes fue uno de los más incómodos de la vida de Aomine. No sabía qué decir, ni quería decir nada en realidad. Disculparse no era lo suyo, y tampoco creía que una disculpa fuera lo idóneo en esa situación. Sabía muy bien lo que había hecho el año pasado, pero es que entonces no pensaba igual que ahora, no pensaba en nada de lo que piensa ahora.
Kagami notó un poco de preocupación en la mirada del otro; nunca le había visto así. Notó que estaba dándole vueltas a lo que había pasado, aunque intentaba disimularlo con su típico gesto desinteresado. No es que no le reprochase un poco su comportamiento al moreno, pero tampoco quería ser el causante de ese malestar en su rival, mucho menos cuando estaban cenando a gusto hacía menos de 5 minutos.
"Lo siento si lo que he dicho te ha molestado, no pensé en tu situación al decirlo, así que olvídalo. Mientras no vuelvas a hacer algo como lo que le hiciste a Kuroko, todo estará bien. Además ya no tiene sentido que te deprimas por algo así, siempre podrás encontrar un nuevo desafío si te lo propones."
¿Por qué te resulta tan fácil disculparte? – pensó Aomine, asombrado por las palabras del otro. Había ocurrido lo mismo cuando Kuroko le dio las gracias después del partido contra Seirin, cuando le enseñó a tirar. Era Aomine el que estaba agradecido, pero no dijo nada, Tetsu se le adelantó. Y ahora lo mismo, Kagami había dicho que lo sentía, cuando él no podía. Pero las palabras de la estrella de Seirin le habían vuelto a confortar, cómo cuando perdió contra él y le dijo que no era más que el principio, que volvería a enfrentarse a él cuando quisiera. No, no tenía pensado volver a ser cómo lo había sido. No podía volver a ser el Aomine de antes de Teiko, pero ahora veía las cosas con más claridad que nunca, y eso era gracias a Kagami y a Kuroko (aunque tampoco se lo iba a decir en voz alta).
"¿Ahora también eres psicólogo además de cocinero Bakagami? Debes de ser el primero de tu clase."
"¡Oye, déjate de chorradas que hablaba en serio! ¡Podías responderme, que hasta me he disculpado!"
"¿Tienes algún juego interesante? Veo que tienes la PS3 pero no creo que tengas porno ¿verdad?"
"¡No me ignores bastardo! ¡No, claro que no tengo porno pervertido! ¡Y no hay juego que valga hasta que no recojamos la mesa!"
¿Por qué es tan fácil hacer que se altere tanto? Es demasiado fácil. Y demasiado divertido. Podría ser mi nuevo pasatiempo favorito – pensó Aomine mientras se levantaba protestando para ayudar a limpiar.
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Aomine había decidido quedarse un poco más y coger el tren de las 10. No había clase al día siguiente después de todo, y ya tenía permiso de su madre. Además no se lo estaba pasando mal allí en casa de Kagami, recostado como estaba en el, a partir de ese día, "su sofá" cuando estuviera en el apartamento. Porque sí, sorprendiéndose a sí mismo había pensado que no le importaría volver si ello significaba volver a probar la comida del pelirrojo y poder molestarle más con otras cosas. Se sentía bien, muy bien…
O no. Ya no.
Kagami había decidido poner un juego de carreras de motos, y Aomine estaba perdiendo todas las partidas, eso si conseguía llegar a la meta y no se quedaba tirado en el suelo a medio camino sin poder volver a levantarse. Se estaba cabreando tanto que ya se veía más el color rojo en su cara que su moreno habitual.
"¡Esto está trucado Bakagami! ¡Cambia de juego y tira este a la basura! ¡Y tira el mando también que hace trampas!"
"¿Cómo va a hacer trampas un mando Ahomine? ¡Asume que eres malo y ya está! ¡En esto sí que nunca podrás ganarme muajaja!"
"¡Deja de reírte así, bastardo! ¡No tiene ningún mérito ganar en algo así, es más bien patético que sólo me ganes en esto BAKAGAMI!"
"¡Cómo puedes llegar a ser así sólo para no reconocer que eres un perdedor AHOMINE! ¡Eso si es patético, no tienes honor alguno!"
"¡¿Qué honor y qué mierdas?! ¡A cualquiera que juegue a este juego con este mando le pasará lo mismo, estoy seguro!"
"¡El otro día jugué yo contra Kuroko con ese mando y gané yo! ¡Hasta Kuroko es mejor que tú en esto, idiota!"
"¡Bueno vale YA! ¡Si digo que el mando hace trampas, es que hace trampas! ¡Si digo que el juego es una mierda, es que es una mierda! ¡Tetsu sólo tuvo suerte! ¡Y ya no quiero jugar más!"
"¡¿En serio me vas a salir con ESA actitud?!"
"¡Pues SÍ!"
"¿De verdad?"
"¡Qué SÍ!"
"¡Pues vale!"
"¡Pues eso!"
Arggg. Kagami no se lo podía creer. Lo siguiente que tendría que hacer sería llamar a una niñera para que se llevara a Aomine y le acostase en la cuna. Hasta el sabía que tenía un orgullo enorme, pero el de Aomine era más que descomunal, no llegaba a entender cómo podía caber tanta autosuficiencia en ese cuerpo. Y él iba y se lo perdonaba así. Grrr. Kagami estaba muy cabreado, además de indignado, y parecía que hasta estaba haciendo pucheros, cuando de repente sintió un dedo pinchándole en la mejilla. Sorprendido, el diez se giró para ver a Aomine clavándole el dedo índice de su mano derecha en su mejilla izquierda, mientras le miraba con una cara llena de curiosidad con un toque infantil, como si estuviera comprobando algo que acababa de descubrir.
"¿Se puede saber qué haces Ahomine?" – preguntó Kagami, con su cara repleta de confusión y desconcierto, sin saber muy bien cómo responder a esa chocante situación.
"Me he dado cuenta de que cuando comes, y a veces cuando te enfadas, se te hinchan los carrillos como los de una ardilla, y quería comprobar cómo se sentían."
"¿AH?"
"Son blanditos de verdad, ¿te pasa igual en algún otro sitio?" – preguntó Aomine a la vez que le clavaba el dedo bajo las costillas.
"¡Pfft ja!" – Kagami se tapó la boca con la mano e intentó alejarse lo máximo que le permitía su lado del sofá.
"…¿Qué fue eso Kagami?" – en la cara de Aomine estaba apareciendo una sonrisa que no le gustaba nada al pelirrojo. Le recordaba un poco a la de Imayoshi. Era perversa y con ninguna buena intención – "¿Acaso tienes cosquillas Bakagami?" – la voz de Aomine le gustaba incluso menos, más aguda de lo normal, y ahora ya empezaba a asustarse de verdad – "¿Me dejas comprobarlo?"
"¡No!" – gritó Kagami, pero Aomine ya se había lanzado sobre él y sus manos estaban atacándole por todo su pecho, especialmente por su abdomen y alrededor del ombligo – "¡Jajaja Ao-aomine jajaja para, pa-para jajajajajaja!"
"¡Vale pfft, pero sólo cuando digas 'Aomine-sama es el mejor' jaja!" – el peliazul seguía atacando sin darle ni un descanso al otro. Y lo estaba disfrutando mucho; no tenía suficiente de ver así a su rival, retorciéndose de la risa mientras intentaba librarse de él, sin éxito porque Aomine le tenía acorralado contra la esquina del sofá, y aunque Kagami era un poco más musculoso que él, la estrella de Too se estaba aprovechando al máximo de sus 2 centímetros más de altura para incapacitar al pelirrojo, que parecía tener problemas para respirar con normalidad.
"¡Jajaja si-sigue soñando bastardo jeje pfft, no te di-diría eso ni aunque jejeje me mu-muriera puajajaja!" – Kagami hizo uso de toda la fuerza que le quedaba, no mucha después de esa tortura, y consiguió volcar hacia la derecha a Aomine, con la mala suerte de que éste le agarró bien fuerte y le arrastró con él, acabando en el suelo los dos y rodando un par de veces. Para mayor desgracia de Kagami, Aomine había vuelto a quedar encima de él y volvía de nuevo a la ofensiva – "¡Pa-para jijiji en serio A-aomine para jajaja paraaa!"
"¡No hasta que di-digas las palabras má-mágicas jejeje!" – ya se oían más jadeos en la respiración de Aomine también y estaba empezando a sudar, a causa del forcejeo y de las risas. Pero es que no podía, no quería parar.
"¡jijiji aaah Por-por favor Aomineeee jajaja ya va-valeee!" – Kagami ya no podía más, se le saltaban las lágrimas y empezaba a pensar que las cosquillas eran uno de los peores y más crueles inventos de la historia.
Fue entonces cuando el tiempo pareció congelarse. Aomine se detuvo primero, al darse cuenta del estado en el que se encontraba el hombre que tenía debajo de él. Kagami tenía su camiseta negra de manga corta un poco subida, por lo que podía ver sus abdominales, y respiraba con dificultad, veía como su pecho subía y bajaba más de lo que normalmente haría. Las manos del pelirrojo le agarraban con fuerza las muñecas, en su inútil intento de frenar a Aomine. Y el rostro de Kagami… Aomine había visto ya un par de expresiones interesantes en el otro ala-pívot, pero nunca imaginó verle así, con su cara brillando ligeramente por el sudor, con esos ojos como rubíes a medio cerrar, llenos de lágrimas que habían forzado su salida, su boca entreabierta, con los labios húmedos, y mejillas y orejas teñidas de un rojo que parecía confundirse con el pelo de su cabeza. La mente de Aomine estaba bloqueada, con esa imagen grabándose a fuego en ella, sin ser capaz de asimilar nada más.
Kagami reaccionó unos segundos más tarde, recuperando la respiración poco a poco a la vez que intentaba entender la escena en la que se encontraba. Entonces vio que tenía a su rival perfectamente situado por encima de él, con un brazo a cada lado de su cuerpo, atrapándole, y él a su vez agarrándole sus muñecas. Al peliazul también le costaba respirar, y cuando Kagami por fin fijó su mirada en esos ojos azules, vio algo en ellos que le dejó sin respiración completamente. Esos ojos azules se veían casi negros, más profundos aún de lo que parecían antes, y reflejaban una mezcla de emociones que dieron algo de miedo al pelirrojo. Parecía que Aomine le devoraría en cualquier momento, no era muy diferente de ver a un depredador observando y vigilando a su presa, hasta creyó ver al otro enseñando sus colmillos por un instante. Pero también veía algo más cálido, igual de pasional pero menos bestial, y Kagami no sabía qué era. Nunca nadie antes le había mirado así. No, nunca antes se imaginó que alguien le pudiera mirar así, como si fuera algo… algo único. Eso si terminó por alarmarle del todo, no podía pensar en ninguna razón lógica por la que Aomine le estuviera mirando así y el no saber exactamente qué le estaba pasando ni lo que sentía en ese momento estaba acabando con su cordura. Porque eso no era normal ¿verdad? ¿Verdad que no?
"¿A-aomine?" – preguntó Kagami, algo temeroso de la reacción del otro, y no seguro del todo de querer salir de esa situación, ni cómo hacerlo.
Aomine sintió como si hubiera roto un hechizo de seducción y se levantó de un salto todo lo alto que era. Ya de pie bajó la mirada de nuevo hacia Kagami, que no se levantaba aún del suelo, y tras unos segundos recapacitando, volvió a poner su gesto arrogante, sonriendo vacilón.
"No sabía que tenías un punto tan débil Bakagami, igual me aprovecho de él hasta que digas lo de que soy el mejor."
Kagami sintió una punzada de decepción en el pecho al ver la reacción del moreno, pero no permitió que le afectara, lo ignoró y se levantó para enfrentar al peliazul.
"¡Te he dicho que ni en tus sueños Ahomine! ¡Y ya me cuidaré para que no vuelvas a hacer nada así!"
"¡Ja! Espero que sepas cómo protegerte porque si no lo vas a pasar mal." – y diciendo esto Aomine se dio la vuelta para coger su móvil y dirigirse hacia la entrada – "yo ya me voy que mañana tengo cosas que hacer. Igual hasta voy a la práctica."
"¡Más te vale que vayas o empezarás a quedarte atrás!"
"Eso no pasará nunca Bakagami. Me voy."
"¡Aomine!"
"¿Qué?"
"Podemos repetir el plan de hoy otro día. No voy a parar hasta que te gane."
"No hay días suficientes entonces. Ya hablaremos" – dedicándole al pelirrojo una última sonrisa arrogante, se alejó haciendo un gesto con la mano.
"¡Que te den capullo!" – le gritó por último Kagami al cinco antes de cerrar la puerta.
Había sido un día muy largo. Kagami sentía como si estuviera en una nube pero a la vez estuviera cayendo en un descenso lento e interminable. Se estaba hundiendo en algo que desconocía casi por completo. Ordenando los hechos en su cabeza, sacaba en limpio que, en general hoy se había "divertido". Aomine le enojaba más en un día que lo que cualquier otra persona en toda una vida. Pero desde la Winter Cup, y más esta última semana, había empezado a comprender que tal vez el moreno no era la persona que creía que era y le había juzgado un poco mal. Hoy había comprendido por completo que, aunque el peliazul le enfadase cada 2 minutos, no le disgustaba realmente, era hasta entretenido e incluso a veces él hacía lo mismo y conseguía molestar al otro. Hoy también había descubierto que con Aomine nunca se aburría, tanto dentro como fuera de la cancha (irónico, ya que el moreno se aburre constantemente, o eso dice), y en cuanto a lo que había pasado en el salón hace 10 minutos… seguramente sólo ha sido la emoción del momento. No había conocido a nadie así antes y tal vez así es como empezarían a llevarse bien realmente. Aunque lo que sintió Kagami, no sólo por su parte, sino por la de Aomine también, y lo mismo por la tarde, era ¿atracción?
¡Arggg no lo sé! Igual tengo que hablar con Kuroko, sé que él me lo explicará para que yo lo entienda – pensó Kagami antes de apagar las luces y dirigirse a su habitación para dormir, estaba cansado de tanto pensar.
Mientras tanto Aomine había conseguido llegar a tiempo de subirse al tren y se encontraba pensando cosas parecidas, pero a la vez distintas a su manera. De verdad que ya no sabía qué mosca le había picado. Había pasado de estar molestando a su rival. aprovechándose de sus cosquillas que tan casualmente había descubierto, a que de pronto a su cuerpo y mente les dieran unas ganas casi irrefrenables de atacar al pelirrojo, en el estado en el que se encontraba. Algo, no, todo lo que había visto en el pelirrojo en ese instante le había incitado a hacer ciertas cosas, y ninguna buena. Había sido un buen día, había jugado al baloncesto y fue increíble, la cena había sido más increíble aún, y sí, lo había pasado bien el rato de después en compañía de Kagami (aún seguía pensando que debería tirar a la basura el maldito juego de las motos). Con todo ello al final había aceptado que estaría bien hacer cosas como esas con su rival de vez en cuando. Pero, cómo había sucedido lo otro, eso no podía comprenderlo. No una, sino dos veces había sentido la tentación de bes ar a Kagami hoy, y lo hubiera hecho si la voz del pelirrojo no le hubiera devuelto a la realidad. ¿Por qué querría besar a Kagami? Nunca había querido hacerlo con ningún otro hombre. ¿Tan necesitado estaba? Tal vez debería quedar con alguna chica para desfogarse. Sí, eso sería lo mejor. Así se me pasará esta tontería y veré a Kagami como otro tío cualquiera. Igual el próximo día que nos veamos ni siquiera pienso en ello. Y con esa idea Aomine dejó de pensar en el diez para ponerse a soñar despierto con Mai-chan, la única chica que parecía interesarle en ese momento. Aunque tal vez un poco menos de lo habitual. Qué raro.
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Notas: parece que estoy bastante inspirada, además de tener tiempo libre y no dormir muy bien, así que estoy subiendo capítulos bastante rápido. Espero no estropear un poco la historia al correr tanto, pero estoy bastante emocionada y no puedo evitarlo. Cuando la termine seguramente la repase y cambie alguna cosilla. :)
Otra vez muchas gracias por comentar, y siento que haya expresiones que algunos no entiendan, que ya me ha pasado jajaja. Jo, es que a mí me hicieron gracia y acabé poniéndolas. =S
Espero que os siga gustando y no se haga pesado, que además creo que algún capítulo se alargará. A mí me parece que va avanzando. ¡Hasta la próxima! ^^
