Voy con prisa, llego tarde por acabar de subir el capítulo! Si mis amigos no me matan por hacerles esperar, mañana va el siguiente! Saludooos C:
Estuvo corriendo hasta las nueve y media por la orilla del río, a las afueras de la ciudad. Cogió el autobús, y para las diez y media llegó a última parada. De nuevo el oscuro y solitario camino hasta su barrio. Odiaba aquello, pero no había alternativa. Cogió aire y echó valor. Apartó sus pensamientos de la realidad, fantaseando con que al día siguiente era su día libre. Lo único que quería hacer era dormir hasta las tantas y olvidarse del mundo. Comenzó a imaginar que podría hacer. Quizá viese una película sentada en el sofá, con las luces apagadas y un enorme bol de palomitas, o acabase ese libro que no conseguía leer nunca, aunque quería. También podría tirarse la mañana en la bañera, con el agua tibia y las sales de rosa que la regaló Sasha en su último cumpleaños, o estar en la cama escuchando música hasta que el estómago la suplicase levantarse a comer. Sabía que acabaría haciendo limpieza general, y que por la tarde estaría tan cansada que dormiría hasta que su alarma la avisase de que tenía que salir a entrenar, pero en sus veinte minutos sobrantes de la mañana...Iba tan centrada en esto que no se dio cuenta de que alguien la seguía hasta que fue demasiado tarde. La adelantaron por la izquierda y la frenaron el paso dos jóvenes. Se dio la vuelta todo lo rápido que pudo, pero otros dos más la esperaban ahí. Apretó los puños, poco más podía hacer, y se esperó lo peor. Todos llevaban camisetas de tirantes negras, pantalones pirata vaqueros y deportivas. También tenían el mismo tatuaje en el hombro. Krista conocía la marca, era la banda que mandaba en esa zona. No solían molestar demasiado, a no se que otro grupo tratase de quedarse con el barrio. También se alteraban de vez en cuando, no se sabía por qué, y robaban a alguna que otra desvalida. Estaba segura de que, en aquella ocasión, la había tocado a ella.
-¿Que pasa, preciosa? Te noto tensa-sus amigos rieron-Vamos, pareces lista, ya deberías saber que queremos.
-No tengo nada-mintió con voz firme.
-Ohh...ya veo...es una pena. Aunque...-se acercó. Ella dio un paso atrás-Eres muy mona...quizá podríamos entretenernos de otra forma.
La agarró del brazo, y la pequeña trató de zafarse desesperadamente. El coro de murmullos y risas, el olor a alcohol y marihuana, y la sensación de pánico la estaban poniendo enferma. Comenzó a gritar, pero sabía que los vecinos tenían demasiado miedo a esa panda como para hacer algo. Había cuatro con ella, pero eran muchos más. El chico pegó un tirón de su cazadora. La cremallera saltó. Los de detrás tiraron de su mochila, quitándola con ella la prenda rota, y la arrojaron lejos. El terror era cada vez mayor. Sus gritos cada vez más bajos. De pronto se escuchó algo, como una ráfaga de aire, y unos pasos. Todos se giraron. Ante ellos, en el halo de luz que ofrecía la farola medio apagada, una figura permanecía de pie.
-Soltadla-los ojos de Krista brillaron. Conocía esa voz.
-¿O sino qué, eh friki?-de nuevo el sonar de hienas-Anda pírate, nos estas jodiendo la diversión.
-¿Eres sordo,? He dicho que la sueltes.
-Te me estás poniendo chula...¿Acaso no sabes quién soy yo?
-Un idiota.
-No
-¿Tonto?
-¡No!
-¿Gilipollas quizá?
-¡Se acabó! ¡A por ella!
-Por fin-sonrió-Veamos qué tenéis.
Uno de ellos lanzó el primer puñetazo. La figura se hizo a un lado y le dio un codazo en la espalda que le hizo caer al suelo. Una patada, y le devolvió rodando junto al resto. El siguiente trató de placarla, y acabó volando por los aires y golpeándose la cabeza contra la pared. Otro, de un rodillazo en la boca del estómago, besó la farola con la nuca. El último, el que parecía ser el jefecillo, trató de pegar un puñetazo.
-Contigo me voy a divertir-rugió la encapuchada.
Sus puños chocaron. Se escuchó el crujir de huesos de ambos y la maldición de él. El otro brazo, con idéntico resultado. Un intento desesperado de patada en esa ocasión. La encapuchada se hizo a un lado, y con la pierna derecha le alcanzó la entrepierna. Cuando él se entretuvo en aullar de dolor, ella le agarró del cuello, alzándole varios centímetros del suelo. Adelantó un pie, echó el brazo hacia atrás y lanzó. A un lado de la calle, una valla metálica, cinco metros de caída, y el río. Se llevó la valla con los dientes, e hizo un fuerte ruido al tocar el agua.
-¿Segunda ronda?
Todos salieron corriendo del lugar como ratas, y la figura se acercó a la cazadora y la mochila de Krista, las cogió y la ayudó a levantarse y ponérselas con un gentil gesto. Acto seguido de dio la vuelta y comenzó a caminar.
-¡Espera!-suplicó la rubia-Muchas gracias...
-No es nada.
-¿Quien eres?
-Nadie que debas conocer-intentó marcharse de nuevo.
-¡Por favor!
-Está bien...-pegó a la joven a su cuerpo, y la rodeó tanto con sus alas como con su brazo-Soy Ymir-la alzó la barbilla con un dedo y se inclinó-Tu ángel de la guarda-besó su frente.
Todo empezó a tornarse negro, y lo último que la menor vio fueron unos ojos. Unos fieros y hermosos ojos ámbar
