Hasta mañanaaa, un saludo :3
El agua fría golpeteaba su piel, pero a ella no la afectaba la temperatura. Miraba a un punto indeterminado en la pared, parada de pie en medio de la ducha, sin saber que hacer. Habían pasado tres días desde que vio a Ymir por última vez, y estaba preocupada. La rosa aún descansaba en su mesilla de noche, pero no había ni rastro del ángel. Había tratado de llamarla miles de veces, pero no pasaba nada, y ya había tirado la toalla. Sin embargo, algo la apretaba dentro del pecho. Una horrible sensación se había apoderado de su ser, y sabía que no podría deshacerse de ella hasta verla de nuevo. Si era un producto de su imaginación enloquecida, ¿Por qué no volvía? La frustración la estaba matando. Cerró furiosa el grifo, salió de la ducha sin mirar donde pisaba y se resbaló. Puso las manos ante su rostro inconscientemente, pero el suelo nunca llegaba. Algo suave cubrió su cuerpo, y tras unos segundos se atrevió a abrir los ojos. Tenía una toalla tapándola, y una chica abrazándola.
-Perdón por el retraso, ama.
-¡YMIR!-se aferró a ella-Estaba tan preocupada...¿Estás bien?
-Y...yo-se había quedado sin palabras-Sí, claro-afianzó su agarre y la acarició dulcemente el pelo-Siento haberla preocupado.
-¿Cómo...cómo están tus alas?
-Véalo usted.
Se apartó unos pasos y soltó su capa, que cayó al suelo. Sus plumas brillaban con un purísimo blanco, pero a los pocos segundos fueron degradando al hermoso azabache que Krista había visto antes del incidente.
-¿Pero...por qué..?
-Creo que es hora de explicarla todo esto, ama.
-Claro, eh...ve al salón, ahora voy.
-¿Por?
-Bueno...-tiró suavemente de la toalla-No estoy muy cómoda así.
-Oh, si es por eso...puedo arreglarlo.
La alzó la barbilla y unió sus frentes. La pequeña notó el aliento de la joven chocando contra su boca, y algo se encendió dentro de ella. Suspiró y apretó los puños. A los pocos instantes la otra se separó con una sonrisa, y la rubia la miró sorprendida. Su pelo estaba completamente seco, y tenía un par de trenzas a modo de tiara que se lo apartaban de la cara. Llevaba un vestido blanco suelto, por encima de las rodillas, con algo de escote y un cinturón que ayudaba a que se entreviese su figura.
-¿Cómo lo has...?
-Magia-dijo enigmática.
Recogió su capa del suelo, subió y bajó los brazos, y de repente la tela no estaba. Krista la sintió en sus hombros, y acarició la prenda negra, maravillada.
-¡Genial!
-¡Y el último! ¿Está preparada?
-¡Ajá!-asintió, impaciente.
Abrió y cerró las manos, respiró hondo y chasqueó los dedos. Su capa volvía a estar sobre sus hombros, el vestido blanco en su mano, y la rubia estaba en ropa interior.
-Tachaaan.
-¡Y...Ymir!-se cubrió con los brazos, avergonzada, con un fortísimo sonrojo en sus mejillas.
-¿La gustan mis trucos, ama?-rió, burlona. La tiró la prenda y, cuando esta tocó su cuerpo, se puso sola tan rápido que ni lo vio.
-Me tratas de usted y luego me haces esto. ¿No crees que es un poco absurdo?
-Puede ser. Entonces...-se apoyó en el marco de la puerta y se inclinó hacia delante. Extendió una mano-¿Prefiere que pare de hacerla esto...o de tratarla de usted?
Comenzó a mover sus dedos en el aire y, aunque no la estaba tocando, la otra sintió su tacto. De nuevo algo se retorció en su vientre, y la apremiante necesidad de deshacerse de esa sensación la hizo tocar ella misma las partes del cuerpo en las que sentía al ángel. Las yemas de sus dedos se pasearon sin prisa por su mejilla, hombro y pecho, para acabar reposando en su cadera. La mayor cerró un tanto la mano y la chica sintió su agarre.
-¡Krista!-gritó-¡Llámame Krista!-su voz sonaba dos octavas más aguda de lo normal.
-Krista...-susurró con voz grave. Bajó la mano y la sensación de contacto desapareció. No por ello su cuerpo dejó de temblar-Vayamos al salón. Tengo mucho que explicar.
La siguió con paso tambaleante, hipnotizada por el elegante andar del ser que iba delante suyo, por el movimiento de sus alas, de sus caderas. Por toda ella. Se mordió el labio y miró al suelo. ¿Qué la estaba pasando?
