Bueeenas que tal? :3 Aquí esta el capítulo de hoy


El temblor de sus piernas la iba a hacer caer en cualquier momento. Se sentó en el sofá y suspiró. La otra se quedó de pie ante ella, apoyada en la mesa de madera, mirándola profundamente. Se sentía tan pequeña.

-¿No te sientas? Me...me pones nerviosa.

-Ya llevas nerviosa un rato, si no me equivoco-sonrió de medio lado, pero la hizo caso. Tiró de una silla y se sentó al revés, abrazando el respaldo-Bien, ¿Qué quieres saber?

-¿Eres...un ángel?

-Joder, eres lista, ¿Eh?

-¡Cállate!-se sonrojó-¿Eres real o estoy loca?

-Que yo sepa, soy real.

-¿Por qué estás aquí?

-Soy tu ángel de la guarda.

-¿Ángel de la guarda?

-Verás...cuando morimos con pecados, nos quedamos en unas especie de limbo hasta que se nos presenta la oportunidad de redimirnos. Mi oportunidad fuiste tú.

-¿Te asignaron a mí?

-No, yo te elegí.

-¿Cuánto tiempo llevas muerta?

-Sesenta años.

-Wow. Y...¿Y por qué me elegiste a mi?

-No sé...quizá me recordabas a mí.

-¿Te recuerdo a ti?

-...en absoluto-por su gesto, no parecía querer hablar mas del tema.

-¿Cuál fue tu pecado? El que no te dejó...irte.

-Maté a un hombre. Y volvería a hacerlo, para ser realistas. Se lo merecía.

-Y...¿Con cuántos años falleciste?

-A los dieciocho.

-Oh...Lo siento.

-Yo no.

-¿Cómo fue?

-Me suicidé.

-¿¡Qué!? ¿¡Por qué!?

-Porque...era un monstruo entre humanos. Nadie me quería, todos me temían y repudiaban, no vivía. Sobrevivía. Me arrepentí de mi decisión tarde, pero ahora ya da igual. Es mejor así.

-¿Mejor?

-Sí. Así pude conocerte a ti. No quiero que cometas el mismo error que yo.

-Entiendo-decidió cambiar el enfoque de las preguntas, pues temía ponerse a llorar en cualquier momento, y la daba la sensación de que a la otra también se la iban enrojeciendo los ojos-¿Por qué tienes las alas negras?

-Porque no soy pura. Cuando logre redimirme, se volverán blancas.

-¿Qué fue lo del otro día?

-Al convertirme en tu ángel de la guarda, firmé un contrato. Si sufres, sufriré, si algo bueno te sucede, lo mismo será para mí. Así como mis alas se van aclarando a medida que cumplo mi misión, se van rompiendo más y más a medida que fallo. Llegados a un punto desaparecerán y no tendré salvación. Caeré al averno. Si consigo que se vuelvan completamente blancas, alcanzaré el paraíso. Tengo diez intentos, diez favores que ofrecerte. Ya llevo dos. Cuando tu rosa tenga diez pétalos, mi tiempo que habrá acabado.

-Y...te irás.

-Así es. Sea para bien o para mal, ya no tendré mas oportunidades.

-Oh...uhm.

-No pareces muy contenta con eso.

-Oh, es solo que...no me gusta...estar sola. Además...creo...que yo te...-miró al suelo y se mordió el labio-No importa, disfrutaré lo que tengamos.

-Yo también querría quedarme más, Krista.

La miró a los ojos, y su respiración se entrecortó. Se levantó, ágil como un gato, con las alas brillando tenuemente. Su pulso se aceleró cuando el ángel comenzó a acercarse a ella con paso lento, con la elegancia que parecía caracterizarla. Se echó hacia atrás inconscientemente, hasta que su espalda tocó el sofá. Un hormigueo surgió en su vientre, una sensación entre agradable y desquiciante que subía y bajaba. Se fijó en las manos de la joven. Sus dedos se movían al compás de las descargas que recorrían su piel, y entendió que de nuevo estaba usando sus poderes. Empezaba a amar esos trucos. Se paró junto a ella, a apenas unos centímetros. Su presencia la ahogaba, embriagaba sus sentidos. Un suave gemido escapó de sus labios, suplicando por más, y la mayor extendió sus alas, saltó sobre ella y las usó para cubrirlas a ambas. Solo el brillo blanquecino de sus plumas alumbraba el recinto que el ángel había creado. La rubia repasó sus facciones con la punta de los dedos hasta llegar a su cuello, donde los enredó en su cabello, y tiró hacia sí. Sus labios se unieron a los pocos segundos, y las falsas caricias pasaron a unas muy reales que las dos agradecieron enormemente. Se separaron apenas unos instantes, solo para recuperar el aliento. Minuto a minuto, las alas se volvían más y más claras. Minuto a minuto, Ymir odiaba más sus alas.


Hasta mañanaaaa :)