Las semanas siguientes pasaron sin sobresaltos, a mediados de noviembre, Hermione se encontraba en una clase de pociones compartida con los Slytherin esperando a que el profesor Slughorn llegara cuando notó la mirada de Ron sobre ella, llevaban dos semanas distanciados, apenas si se saludaban y los besos eran como tímpanos de hielo, sólo se acercaban el uno al otro al saludarse por las mañanas y despedirse por las noches, sus interacciones eran más por inercia que por verdaderas ganas. Se sentía mal por haber discutido con él, pero es que a veces Ron la sacaba de sus casillas queriendo manejarla y controlarla, extrañaba al chico tierno, dulce e inseguro que solía ser, pero ahora era como volver a tercer año y ya estaba harta de la inmadurez del pelirrojo.

Slughorn entró al salón y la sacó de sus pensamientos con un anuncio.

-Hoy formarán parejas para la clase, tendrán que hacer el Filtro de los Muertos Vivientes y como lleva mucho trabajo, lo harán de a dos para poder terminar antes de finalizar la clase- Explicó el profesor al llegar. Observó a sus estudiantes que enseguida se pusieron a dar vueltas como ratitas por todo el aula buscando a un compañero.

-Alto, alto. ¿Es que no lo dije? Las parejas se harán por sorteo- Dijo mostrando una bolsita de tela color vino con cordeles dorados. –Por eso he tardado hoy, me he tomado el trabajo de escribir en un pergamino los nombres de todos, para hacerlo un poco más interesante- Sonrió a su incrédulo alumnado que se miraban entre sí rezando porque les tocara un compañero decente.

-Bueno, comencemos- Dijo metiendo una mano dentro de la bolsa y revolviendo los pergaminos, sacó el primero y leyó –Parkinson… Va con… Brown- Levantó la mirada para buscar a las dos chicas que poco a poco se juntaron en una mesa atrás de todo. –Muy bien, sigamos…- Volvió a meter la mano y sacó el tercer pergamino- Potter! Tu compañero será… La señorita Patil, muy bien-

Harry lanzó un suspiro de alivio y le dirigió una sonrisa a Parvati que emocionada se acercó a él cargando su caldero y los ingredientes con una mega sonrisa en los labios que haría a Ginny echar fuego por la nariz.

-Bien bien, a ver… -El profesor de pociones revolvió un poco la bolsa –El señor Zabini, cuya pareja será…. Ah muy bien, la hechicera más inteligente, señorita Granger salió usted- Dijo Slughorn dejando los pergaminos que habían salido a un lado.

Hermione apretó los labios y sin mirar a Ron pero sintiendo sus ojos abrazadores sobre su nuca, busco a Zabini con la mirada y vio que este la observaba. Claro, como iba a esperar que él se molestara en ir hasta donde ella estaba, suspiró, agarró sus cosas y se dirigió a la mesa de los Slytherin, sintiendo que entraba a la boca del lobo.

-Apresuremos la cosa, sino no llegaremos señores- Expresó Slughorn ante los ansiosos estudiantes. –Weasley, a usted le toca con… Gregory Goyle- El profesor de pociones ni siquiera se molestó en levantar la mirada para ver la desesperación del prefecto de Gryffindor. Hermione a la distancia sintió compasión por su amig… novio. Ya ni siquiera sabía en que situación se encontraban.

-Malfoy- Siguió Slughorn. –Te toca con… Nott-

Malfoy miró a su compañero y ambos se sonrieron, aliviados que no les haya tocado con algún ignorante Gryffindor, se quedaron donde estaban, pues se sentaron juntos en esa clase.

El profesor siguió sacando pergaminos al azar hasta que todos tuvieron a su compañero -Muy bien, tienen hora y media… Comiencen… YA- Dio la vuelta a un reloj de arena que tenía en el escritorio para controlar el tiempo. Todas las parejas se pusieron manos a la obra, excepto Ron y Goyle que sólo se limitaban a mirarse con odio.

Media hora más tarde, cuando el aula estaba impregnada de vapores y los alumnos apenas podían respirar Hermione se dio cuenta de algo -Rayos, me quedé sin raíces de valeriana- Dijo mientras rebuscaba algún frasquito en su bolso, iban bastante adelantados, para su sorpresa, Zabini era bastante bueno en las pociones y hasta el momento no le había dicho nada desagradable.

-Aquí tengo yo- Le oyó decir al Slytherin mientras veía como le echaba un poco de polvo gris de ajenjo al caldero que emanaba un vapor blanquecino.

-Eh… Bien, bueno- La castaña consultó su libro- Ahora necesitamos judías soporíferas, pero no dice de cual color, si las moradas o las azules…- Y se quedó frunciéndole el seño al libro, como si así este le fuera a revelar que tipo de planta debían usar.

-Depende del efecto, las azules son para que dure más tiempo- Dijo Zabini echándole una ojeada al libro.

-¿Cómo lo sabes?- Preguntó desconcertada Hermione.

-Porque en mi familia solían hacer cada dos por tres esta poción- Se limitó a contestar el Slytherin.

Al otro lado de la mesa Malfoy escuchaba la conversación de su amigo con la Gryffindor mientras fruncía el entrecejo. ¿Qué rayos le pasaba a Blaise? ¿A qué se debía el trato decente con Granger? Ese chico era capaz de cualquier cosa por una buena nota. El rubio sonrió mientras observaba como Nott arrojaba al caldero unas gotas de ajenjo.

Mientras Hermione ajena a los pensamientos de Malfoy, analizaba lo que le había contado Zabini, veía como cortaba en tiras las raíces de valeriana y antes de pensarlo le preguntó –¿Y para qué necesitaban una poción que hiciera dormir a una persona hasta el punto de parecer muer…?- Ya antes de terminar la frase, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y decidió cerrar la boca y desviar la mirada a su libro.

-Después de la muerte de mi padre, mi madre no soportaba estar despierta más de unas cuantas horas, la depresión casi la mata- Contestó Zabini.

Hermione escuchó eso con la vista fija en el libro sin leer, sin poder creérselo levantó la vista y vio que Zabini la miraba fijamente esperando su reacción.

-Ah, lo siento… No quería ser invasiva ni metiche ni nada de eso…- La Gryffindor se sonrojó ante tal situación.

-Estuvo así un año, luego se recuperó y bueno…- Zabini dejo la frase por la mitad y siguió con la corteza del árbol.

Hermione sabía que venía después, había escuchado los rumores sobre la madre de Zabini, quien luego de la muerte de su padre se había casado con varios hombres y todos ellos habían muerto dejándole sustanciosas fortunas.

-Es una suerte entonces, sino supieras que tipo de judía nos conviene nos habríamos atrasad…- Se cayó al instante dándose cuenta de la burrada que acababa de soltar. ¿Cómo iba a ser una suerte que su madre haya entrado en un pozo depresivo hasta casi morir? ¡Hermione que te pasa!.

-Si, al menos tendremos la mejor nota- Respondió el Slytherin echando un vistazo alrededor alzando una ceja, viendo que la mayoría apenas iban cortando el asfódelo.

-Lo siento de nuevo, no quise decir eso… Es que…- La castaña no supo como seguir con la frase.

-Es que no quiso decir que es tan patética que hasta le importa más una simple nota que la vida de alguien, claro siempre y cuando ese alguien no sea uno de sus amiguitos con complejos de héroes- Dijo Malfoy lo suficientemente alto como para que sólo esa mesa lo escuchara.

-Esos amiguitos con complejos de héroes fueron los que te salvaron el pellejo en la Sala Multipropósito hurón, así que no te metas en donde no te llaman- Le soltó Hermione avergonzada porque Malfoy haya estado escuchando su conversación con Blaise. Ok ¿Desde cuándo es Blaise y no Zabini en mis pensamientos?

-Si no fuera por esos inútiles nunca hubiese estado ahí para empezar, así que no le debo nada a nadie, de hecho hasta era su obligación en todo caso- Le respondió el rubio echándole una mirada asesina.

Hermione estaba tan desconcertada por cómo veía las cosas Malfoy que soltó una carcajada provocando que Zabini y Nott la miraran con recelo. –Malfoy están tan tocado, que ya esta vez el mundo al revés- Murmuró la Gryffindor mientras se concentraba de nuevo en su poción.

Zabini le echó una mirada a su amigo y tuvo que ocultar su sonrisa al ver que este cerraba los puños sobre la mesa. Negó con la cabeza y siguió en lo suyo, compadeciendo a Nott quien por el momento estaba haciendo todo solo.

-TODOS PAREN- Anunció el profesor Slughorn –Es la hora- dijo señalando que la arena ya había caído por completo en su reloj. –Tomen una muestra de su caldero y déjenlo sobre mi mesa, la clase que viene recibirán las notas-

Hermione siguió las instrucciones y con orgullo dejó su muestra que era tal cual decía el libro de un color azul oscuro, aunque lo había sido gracias a Zabini, mientras guardaba sus cosas se quedó pensando en el intercambio de comentarios que tuvieron...

-¿Herms estás lista? Me muero de hambre- Le dijo Harry a su amiga, mientras se agarraba el estómago a modo de ilustración. Esta sonrío y al terminar de guardar todo, el trío salió para dirigirse al Gran Salón, era viernes y ya sólo le quedaban Transformaciones y Encantamientos a la tarde y tendrían un fin de semana entero para disfrutar.

-¿Te pasaste al lado de la luz?- Le soltó Draco a Blaise mientras se dirigían entre la multitud a comer. –¿Ahora eres del club de fan de los pobres y desposeídos?- Preguntó el rubio con sorna.

-¿Celoso Draco?- Contestó Zabini arqueando una ceja.

- Si claro, ya todos quisiéramos recurrir a Granger de psicóloga ¡Oh gran ratita, ayúdame con mis problemas de imagen!- Se burló Malfoy mientras tomaban asiento en la mesa de Slytherin. –Aunque quien necesita ayuda de imagen es ella, pero no creo que ningún dios ni mortal tenga el poder para arreglar semejante desastre, el único con estómago suficiente para fijarse en ella fue Weasley, si hasta Krum salió corriendo apenas tuvo oportunidad- Suspiró Draco como si en verdad sintiera pena.

Zabini le dio un codazo y le señaló con la cabeza a la mesa de al lado. Malfoy giró el rostro y contempló a la Gryffindor con la vista fija en él, cuando las miradas se encontraron ella bajó la suya, pero el rubio captó lo que Blaise le había querido decir. Ella lo había escuchado. Y que más daba pensó para sí, ya era sorprendente que nadie le haya dicho la verdad, mejor que lo escuchara de él de una vez.

Media hora después Malfoy observó su plato, pero se le había quitado el apetito, miró disimuladamente a la mesa de Gryffindor pero no encontró lo que buscó.

-Se fue hace unos minutos- Le murmuró Blaise adivinando lo que él buscaba.

Draco volvió la vista a su plato y con un creciente malestar de estómago se levantó de la mesa y salió del comedor ignorando a todos aquellas que lo seguían con la mirada. Sin saber a dónde ir comenzó a dar vueltas por el castillo hasta que terminó en la puerta de la biblioteca, vacía en ese momento, pues todo el colegio estaba almorzando. Malfoy iba a dar media vuelta cuando escucho el ruido inconfundible de un llanto. Y más precisamente, el llanto de una mujer. Era fácil reconocerlo, pues él había provocado cientos en sus largos años de colegio, corazones rotos en las cuatro casas pensó con orgullo.

Dio un paso al interior indeciso, podría marcharse y dejar a la pobre desgraciada tranquila o entrar y burlarse de ella si era fea, si era linda podría consolarla y obtener un poco de diversión a cambio. Pero claro, las mujeres lindas de Hogwarts no suelen esconderse en la biblioteca a llorar. Solían hacer como Pansy y limitarse a mostrar los sentimientos sólo entre gente conocida.

La curiosidad le ganó y siguió el ruido del llanto entre los estantes hasta que encontró a la causante. Hermione Granger se hallaba acurrucada en una esquina de la Sección Prohibida mientras abrazaba un libro y soltaba lágrima tras lágrima.
La visión impactó tanto en Malfoy que no supo que hacer, nunca la había visto romperse así, siempre habían discutido e incluso llegado a los golpes (Bueno, para ser caballero, sólo en el caso de ella) Pero nunca, nunca en toda su vida la había visto tan débil… Exceptuando aquella vez en la Mansión Malfoy cuando Bellatrix la había torturado, los recuerdos de esa noche le revolvieron el estómago y agradeció no haber probado bocado.

Hermione sintió la presencia de alguien y levantó la vista hacía el rubio, como un rayo se incorporó y limpió las lágrimas lo más rápido que pudo. -¿Qué haces aquí? Si tienes ganas de seguir burlándote de mí no tengo tiempo para tus boberías- Y decidió apartarlo del camino para salir de allí.

Malfoy le agarró del brazo cuando esta intentó apartarlo haciendo que frenara su inminente escape. –Granger… Yo…- La castaña lo miró incrédula, dirigiendo su vista del brazo que la agarraba hasta su dueño una y otra vez. Malfoy la soltó inmediatamente como si quemara. –Mira….- La imagen de la Gryffindor retorciéndose de dolor en el suelo de su mansión se superponía a la de Granger abrazada al libro llorando de hacía unos minutos. Y el Slytherin no pudo evitar que un sentimiento protector se apoderara de él. –Yo… No quise de-decir e-eso- Tartamudeó sintiéndose un idiota.

Hermione entrecerró los ojos mirándolo directamente a la cara –Si es otra de tus bromitas, ya dije que te las ahorre hurón- Y se acercó un paso a él, sólo le llegaba hasta el cuello por lo que tenía que levantar la vista –No necesito los consejos de un patético ex–mortífago que está tan vacío que sólo tiene su ego- Le soltó con desprecio en el rostro, no pensaba dejar que aquella serpiente la vuelva a humillar nunca más.
Y dicho eso dio media vuelta dispuesta salir de aquel lugar, cuando llego a la entrada de la Biblioteca la voz del rubio le llegó en un murmullo parecido al viento… Siento lo que pasó.

La castaña no se quedó a ver si se lo había imaginado o no y con más prisa que de costumbre salió casi corriendo hacia su Sala Común confundida. Al llegar al retrato se limitó a decir la contraseña "Pendientes de Hada" y pasó como una ráfaga hacia su dormitorio.
Una vez adentro se dejó caer sobre la cama y se tapó la cara con las manos. ¿Acababa de pasar lo que ella creía? ¿El hurón de Malfoy se había disculpado por sus dichos en el comedor…? Hermione sentía que había algo más. Había algo más en la mirada del Slytherin, ¿Culpabilidad? No lo sabía, tampoco lo creía posible… Pero se había disculpado por algo, sabía que no había sido imaginación suya, su capacidad creativa no llegaba a tanto.
Sacudió la cabeza pensando que tenía problemas más urgentes de los que ocuparse, de repente se levantó de la cama y decidió dejarse de portar como una chiquilla quinceañera, ya era mayor de edad ¡Por Dios! Tenía que dejar de ser tan sensible e insegura con respecto a si misma.
En ese mismo instante se prometió a si misma jamás volver a reaccionar como lo había hecho, jamás volver a poner en tela de juicio su propia valoración y determinada a ser ella misma sin importar lo que los demás piensen, sean quienes sean.

Animada por su nueva autovaloración, dejó el dormitorio atrás para reunirse con Harry y Ron quienes deberían estar ya esperando para entrar a la clase de Transformaciones... Ron… Tendrían que sentarse a hablar y aclarar algunas cosas. Se dirigió hacia la segunda planta, donde estaba el aula que la profesora McGonagall utilizaba para sus clases, y ya antes de llegar se encontró con ambos Gryffindors quienes la miraban con cautela, como quien espera que un enfermo comience a vomitar.

-Hermione ¿Qué paso en el Gran Salón que te fuiste tan apurada?- Preguntó un preocupado Harry.

-Pensamos que te habías descompuesto o algo y estábamos por seguirte cuando Ginny dijo que era mejor que te dejáramos sola- Agregó Ron sin entender nada.

Justo en ese momento, la flamante directora de Hogwarts abrió la puerta del aula para que pasaran los alumnos, salvando así a Hermione de tener que inventarse alguna historia, pero por las miradas suspicaces que le dirigían su amigo y su novio cada cinco minutos, se dio cuenta que ALGO les iba a tener que explicar.