El de hoy es más cortito, pero bueno...un saludo!


Despertó en su cama, en los brazos de Ymir. Recorrió su abdomen con los dedos, mientras sus mejillas se teñían de rojo. De pronto recordó algo, y soltó una maldición mientras se ponía de pie de un salto. Cogió el móvil tan bruscamente que casi se la cae, y con temor le dio al botón de desbloquear. Ninguna llamada perdida, treinta whatsapps. Eran las doce y media, pasadas.

-¡Mierda, mierda, mierda! ¡Maldición!

-Hey, hey. ¿Qué pasa, Krista?

El ángel la abrazó por detrás, tapándola con la misma sábana que usaba ella. Dejó caer la cabeza hacia atrás y la apoyó en su hombro.

-¡Me van a despedir! ¡Llego horas tarde a trabajar!

-Tranquila, ya lo sabía-enredó los dedos con los suyos-avisé de que estabas mala y no podrías ir. De nada-besó su sien y se separó.

Cuando la destapó, estaba completamente vestida con unos vaqueros, una sudadera grande y deportivas. Incluso su pelo estaba recogido en una cómoda cola de caballo. Casi por instinto se giró hacia la mesilla. Cuatro pétalos formaban ahora la rosa.

-Son grises-escuchó decir a Ymir, y supo a qué se refería.

-¿Puedo verlas?

La dio la espalda y dejó caer la tela que la cubría. Sus plumas tenían un tono gris oscuro parecido a las de las palomas. Algo se apretó en su pecho, y la entraron ganas de llorar. Se acercó y la tocó el hombro. Cuando de giró, se lanzó sobre ella.

-Krista...-la apretó contra sí-Te quiero.

-Y yo. No me dejes, por favor...

-No quiero hacerlo, lo juro. ¡Pero no puedo elegir!-la alzó la barbilla con un dedo-Lucharé por no dejarte, lo juro. Aunque me cueste la vida. Aunque...¡ya estoy muerta! Jajaja.

-Idiota-se secó las lágrimas con un atisbo de sonrisa.

-Tengo que irme...-la abrazó con fuerza y la dio un corto beso-Volveré más tarde, lo prometo.

-Está bien...Hasta luego.

La despidió con la mano. El ángel dio una vuelta, dejando su capa ondear, y se desvaneció. La rubia se dejó caer en la cama, mirando al techo. Sus sábanas olían a Ymir, cosa que la hizo sonrojarse. Demasiadas emociones para ser tan temprano, pensó, tumbándose boca abajo. Acababa de encontrar a alguien especial, alguien a quien querer. Debería estar feliz, ¿No? Entonces...¿Por qué lloraba? Sin poder evitarlo, sus sollozos comenzaron a hacerse más presentes. No podía imaginar que lejos, infinitamente lejos de allí, unos ojos ámbar lloraban con ella.


Hasta mañanaaa