Este es un capítulo muy importante para mi, es el mas largo hasta el momento, el que mas me a costado y el que me ha hecho llorar! aunque yo lloro por todo...looooo que sea, espero que lo disfrutéis, un saludo!


Tal y como prometió, a la tarde volvió junto a ella. La encontró dormida, tumbada en el sofá. Sonrió dulcemente y cogió una manta. Sin embargo, antes de poder taparla, algo llamó su atención. Su sudadera tenía manchas rojas en ambas muñecas. Chasqueó los dedos y tanto esta como su camiseta desaparecieron. Apretó los dientes, frustrada, al ver que sus peores temores eran ciertos. La blanca piel de la joven estaba surcada por decenas de pequeños cortecitos, claramente visibles, aunque no graves. La volvió a poner la ropa y la despertó, tratando de ocultar su enfado.

-¡Ymir! ¡Hola!-tiró de ella alegremente, instándola a abrazarla, y la otra lo hizo de mala gana.¿Estás bien?

-Si, solo estoy cansada...No le des importancia. ¿Quieres hacer algo?

-¿Qué algo?

-Pues...no sé. Ir a pasear, o al cine o algo así.

-Pero...¿Puedes?

-Krista, por favor...-la tapó los ojos con unas sonrisa pícara-La duda ofende.

Ante ella había ahora una joven alta y esbelta, con ropa oscura y un tanto provocativa y, sobretodo, con ausencia total de alas. La dio la espalda y se levantó el top casi transparente. Toda su piel estaba cubierta por un tatuaje de dos alas grises que nacían en los omóplatos y se perdían en sus pantalones. A Krista la pareció ver el final en una pequeña franja de piel de su tobillo.

-Es...wow...

-Lo sé-fanfarroneó-Venga, vamos. ¿Quieres ir al cine?

-¡Sí!

Tres horas más tarde una sonrojada Krista salía por las puertas dobles con la cabeza gacha, mientras su novia reía a carcajadas.

-¿Estás bien ya?-se burló

-¡50 Sombras de Gray! Lo has hecho a posta, ¡¿Verdad?!

-Mentiría si te dijese que no digo que sea mentira. No, espera, es mentiría si dijese que no es verdad...¿O era...?-se paró, para hacer un fuerte movimiento con la cabeza y seguir andando-Vamos, que sí.

Fueron a cenar, y a tomar unas copas, como una pareja normal. Volvieron a casa en taxi, como una pareja normal sin coche. Estando en la entrada, con la menos peleándose con las llaves, Ymir decidió hablar.

-¿Qué es eso?

-¿Uhm? ¿El qué?

La agarró y la subió a su hombro como si de un saco se tratase. Cuando la dejó en el suelo de nuevo, estaban en el cuarto de la chica, y ella estaba en ropa interior. En menos de un segundo se vio sujeta contra el colchón. Los ojos ámbar que la observaban brillaban de ira.

-¡Tus brazos, joder! ¿¡Qué has hecho!?

-Y...yo...-su pecho ardía, y no podía pensar con claridad en esa postura.

-¿No vas a contarlo? ¿¡Acaso te comió la lengua el gato!?

-Cálmate Ymir, por favor...me haces daño...

-¡Cuando me lo digas me calmaré!-sin embargo, soltó un poco sus muñecas. Sus alas empezaban a doler, sabía que si volvía a aterrorizar a la pequeña, todo lo que había logrado se iría al traste. Tenía que controlarse.

-¡DÉJAME!-las lágrimas comenzaron a caer-¡No lo sé! Solo no sabía que hacer...-volvió el rostro-Llevaba meses sin hacerlo, lo juro...No me odies...

-Krista...

Se inclinó y besó los cortes, mientras acariciaba delicadamente las piernas de la joven. Comenzó a sentir un agradable calor donde la besaba, y cuando miró, las heridas habían desaparecido. En su lugar ahora tenía un tatuaje exactamente igual en cada brazo: dos enredaderas que subían hasta su codo alrededor de todo el antebrazo, con flores negras y rojas.

-Lo siento, Ymir...

-No lo sientas, yo también tengo la culpa-unió sus frentes-Krista, no hagas eso. Cuéntame todo lo que te preocupe, lo arreglaré para ti. Esperé sesenta años para poder protegerte de nuevo, y esta vez no fallaré.

-¿De...nuevo?

-Yo...-se sentó a su lado, abrazando sus rodillas. La otra nunca la había visto en una posición tan...débil-Yo tuve una novia,. Hace muchísimos años. Se llamaba Historia Reiss, y era...tan igual a ti. Todos nos reencarnamos, dicen, cuando llegamos a redimirnos. Ella tenía grandes pecados, los peores que un ser humano puede cometer. Y tú, sin embargo, eres tan pura como los mayores altos cargos angélicos que mandan sobre mí. No voy a dejar que también te corrompan en esta vida.

-Así que venías a mí...solo porque me parezco a ella...

-¡No! Ese era mi plan, pero luego...luego te conocí. Créeme, llevaba guardándote en la sombra desde que naciste, vigilante, procurando no dejarte caer desde demasiado alto, frustrada por no poder sujetarte siempre. Solo una vez tuve que bajar a por ti. Eras muy pequeña, es comprensible que no me recuerdes...Solo tenías cinco años cuando el hijo de puta de tu padre...-tragó saliva

-Sigue, por favor.

-Bien-se apartó una gota salada de la mejilla-Tu padre fue el que encargó el asesinato de tu madre. Después de eso, dijeron que dejarte viva sería demasiado peligroso. Intentaron acabar contigo también, cuando apenas sabías lo que significa la muerte. No podía permitirlo, y bajé. Mis alas al morir eran grises, tras eso eran tan negras como el carbón, e igual de muertas. Irrumpir en el mundo humano por alguien que no es tu amo es el mayor pecado que se puede cometer.

-Ymir...-la puso una mano en el hombro.

-Me enamoré de ti. Es imposible no hacerlo. Si estoy aquí es por ti, no por Historia. El que os parezcáis me hizo vigilarte. Tú me hiciste amarte. Y siento tantísimo no haber podido cuidarte desde el mismo día en que llegaste al mundo...Desde el mismo día en el que tu padre renegó de ti, por no ser quien te engendró. Desde el mismo día en que tu madre empezó a odiarte por ser la causa de que tu padre la pegase día si y día también. Tu verdadero padre no es él, es...era, un buen hombre. Pero ya se encargaron de él también. Lo siento. Le amenacé para que te mantuviese hasta que pudieses emanciparte, entonces ya pude tomarle el relevo.

-Oh...yo...no sé qué decir...

-¿Quieres que me vaya, y te deje pensar?

-¡NO! No quiero estar sola. ¿Puedes quedarte?

-Claro.

-Ymir...tengo mas heridas de las que has curado...tantas, y tan profundas...

-Lo sé, y me odio por ello. Krista...-la volvió a poner en la posición anterior, pero con suma delicadeza, y se inclinó hasta rozar su oído-Déjame curarte.

Antes de que la pudiese contestar, una cruel mordida en su cuello la hizo perder la noción de todo. Un beso en su boca, y su padre pasó a un tercer, cuarto o decimonoveno plano. Los tatuajes de Ymir comenzaron a brillar. La rosa también. El ángel hundió sus penas en el cuerpo de la rubia. Cada caricia, cada beso, cada embestida era lo que en aquel momento calmaba su alma. No pensaba irse sin luchar.


Hasta mañanaaa