Siento mucho el retraso, es que desde hace un tiempo tengo algunos problemas personales...pero bueno que eso aquí da igual, e aquí el cap de hoy! Trataré de ir al día
El despertador sonó a las 6 de la mañana, como siempre. El ángel lo apagó de un manotazo y acarició el cabello de su protegida, tras observarla dormir unos segundos con una tonta sonrisa de enamorada. hasta ella se sorprendió del gesto.
-Krista, arriba. Vas a llegar tarde.
-Si...-se estiró cual gatito, con una bella sonrisa en el rostro-Buenos días-se giró para coger el móvil, y miró de reojo la rosa. Casi gritó-7?! Es que los orgasmos los cuenta como favores?!
La castaña comenzó a reír sin poder evitarlo. La cogió en brazos y se la tumbó encima, dándola un suave beso en la frente.
-No sé bien lo que es favor y lo que no, la verdad. Quizá si los cuente.
-Ya veo...Cómo están tus alas?
-No sé. Espera.
Se levantó y dejó caer la sábana al suelo. Sus tatuajes empezaron a brillar y poco a poco surgieron las imponentes plumas. Ambas guardaron silencio. Eran de un color perla azulado, casi blanco. Y eso era muy mala señal.
-Ven aquí-suplicó, tumbándose de nuevo-Hoy también estoy mala.
Ymir llamó a la panadería, dijo que Krista tenía una fuerte gripe de la que tardaría al menos un par de días más en recuperarse, y volvió con ella. Recostada en la cama, con el pelo revuelto cayendo por sus hombros, sus antebrazos aún rodeados por el tatuaje de enredadera de rosas, parecía tan frágil que a la mayor se la encogió el corazón. Se acercó , y la chica la rodeó el cuello con ambos brazos y la instó a tumbarse sobre ella. Se dejó besar de buena gana, pero la sujetó las manos cuando intentó tocarla.
-Aún no se si los cuenta.
-Ymir...¡no quiero! ¡No te vayas!
-Yo tampoco quiero, ¡pero no es algo que se pueda elegir!
-Prefiero irme contigo que quedarme sola.
-No pienso dejarte hacerlo-endureció su agarre.
-¡¿Y que si quisiese hacerlo?! Es mi vida!
-¡ME IMPORTA UNA MIERDA!-rugió-¡¿Te piensas que voy a dejarte cometer el mismo puto error que yo?!
Una lágrima escapó de sus ojos, de pura ira, y quemó como fuego a la pequeña rubita cuando tocó su mejilla. La pasó la mano por el pelo, dejando que la yema de sus dedos dibujase sus facciones, y los cambió por sus labios cuando llegó a su boca. De nuevo se vio sujeta por las muñecas.
-Me da igual-susurró zafándose delicadamente-Lo necesito.
-No cuentan. Arrancaré los pétalos si es necesario.
-Te quiero...
Se la escapó un gemido. El primero de aquella agridulce mañana. Ninguna quería que ese momento terminase, creyendo que así podrían escapar a la maldición de la rosa.
