Hermione recorrió largos pasillos, subió y bajó varias escaleras sin ver por dónde iba, con los ojos empañados y el corazón latiéndole unas mil veces por hora vagó por el castillo hasta rincones que aún en sus ocho años en Hogwarts todavía no conocía. Caminó por un oscuro corredor buscando alguna aula vacía abierta donde esconderse pero todas las puertas estaban cerradas, probó y probó cerraduras hasta que encontró un aula sin llave al final del corredor y entró, a pesar de su estado notó que goteaba en algunos sectores del techo por lo que una parte de su cerebro registró el hecho de que debía encontrarse en las mazmorras bajo el lago.
Se acurrucó en un rincón resguardada por la penumbra y dio rienda suelta a sus sentimientos, comenzó a llorar desesperadamente sin contenerse ni una lágrima, dejó salir todo el despecho que sentía, ira, frustración, el miedo, la angustia y la desesperación. Todo. Se abrazó a sí misma para mantenerse unida pues sentía que de lo contrario se desmoronaría allí mismo en aquel apartado rincón y jamás nunca nadie la encontraría. Siguió llorando por lo que creyó que fueron horas, no había palabras que describieran el sentimiento de desazón y vacío, el sentimiento de haber recibido un golpe en los pulmones que no la dejaba respirar, la sensación de ahogamiento que percibía, sentía que se hundía cada vez más en un agujero y que nunca podría salir de allí, que se consumiría por el frío y la desgracia.
Estaba cegada por las lágrimas, apoyada en la pared húmeda comenzó a tener escalofríos, estaba desabrigada para andar en ese sector donde no había antorchas que iluminaran ni caldearan el ambiente. Se abrazó aún más fuerte y se dejó ir en un letargo que la iba embargando segundo a segundo, dando gracias porque su mente se nublara y finalmente después de soltar la última lágrima se quedó dormida teniendo algún hipido ocasional.
Unas horas después, o eso le pareció a ella notó el sonido de la puerta del aula al abrirse, los fuertes brazos que la sujetaban y alzaban, no tenía fuerzas ni ganas para resistirse, notó a la persona que caminaba con ella en brazos llevándola a Merlín sabía que destino, pero no le importó. Estaba demasiado perdida y desolada así que dio las gracias en su mente por la calidez de aquel cuerpo humano y se agarró débilmente con una mano a la camisa blanca de quien la encontró para entregarse nuevamente a la niebla y se durmió para no pensar.
Despertó desorientada, con la cabeza en blanco sin saber dónde estaba ni lo que había pasado, sentía el latido de la sangre en medio de la cabeza por lo que se llevó una mano hacia esa zona para apaciguar el dolor. Abrió los ojos y lo primero que vio fueron los doseles de la cama con cortinas de terciopelo verde botella lo que la desorientó aún más. Giró la cabeza a un costado y lo que captaron sus ojos casi la mató de un paro cardíaco. Draco Malfoy. Draco Malfoy sentado en una butaca a medio metro de la cama observándola, recostado sobre el respaldo y con el pie derecho encima de su rodilla izquierda.
Malfoy al ver que Hermione por fin se había levantado enarcó una ceja.
-Buenas tardes Granger, ya estaba decidiendo si tirarte un aguamenti o zarandearte para ver si estabas muerta. No tuve tanta suerte- Dijo Malfoy como si fuera la cosa más normal del mundo.
-¿Qué…? ¿Cómo…? ¿Dónde estamos?- Se decidió por fin la castaña echándole por primera vez una ojeada a toda la habitación. Habían tres camas más iguales a la suya, todas con cortinas atadas a los costados, unos cuantos muebles de roble oscuro con relieves adornaban las esquinas además de unos cuantos estantes con libros y objetos varios. Entonces fue cuando cayó en la cuenta de dónde estaba. En la habitación del maldito secuestrador.
-¿Dónde crees? En el país de Nunca Jamás claro.- Rezongó Malfoy poniendo los ojos en blanco.
Hermione abrió la boca pero no supo que decir, la situación era tan… particular, que no tenía ni idea que hacer, salir corriendo era su primera opción, hasta que se dio cuenta que más allá de esa habitación estaba la Sala Común de Slytherin, un nido de víboras esperando para comérsela viva. No gracias.
Sopesó seriamente la opción de tirarse por la ventana, pero eso no llevaría a nada bueno… Y se quedó sin más opciones.
Malfoy observó la confusión extrema en los ojos de la Gryffindor y decidió sacarla de aquel estado antes de que se volviera una loca total e hiciera explotar su habitación.
-Te encontré prácticamente desmayada y no supe donde llevarte… Así que te traje aquí- Explicó.
Entonces Hermione recordó todo lo que había pasado, las cosas que Ron le confesó, como salió corriendo y dónde terminó. Al enterarse que Malfoy la había encontrado se le subió la sangre al rostro ruborizándola tanto que parecía iluminar de rojo la habitación, vio que el Slytherin sonreía de lado al verla de esa forma, así que decidió decir lo primero que se le ocurrió.
-Hubiese preferido que me dejaras donde estaba- Contestó altiva y testaruda Hermione.
-Tranquila que puedes irte cuando quieras a desmayarte por ahí y la próxima vez no seré tan caballero- La increpó Malfoy. Se estaba comportando como un verdadero idiota, había sido un gran error buscarla por medio Hogwarts hasta encontrarla, un grave error traerla a la Sala Común de Slytherin corriendo el riesgo que cualquiera los viera y un muy estúpido error esperar a que se despertara para comprobar que estuviera bien. Eso del instinto protector se estaba pasado. Se preguntó si durante la guerra no le frieron un par de neuronas.
Pero por sobre todo el irritaba que ella se comportara de esa manera, no es que esperara un gracias por parte de la terca pelodearbusto, pero le desagradaba que lo despreciara. Encima de haberse tomado el trabajo de sacarla de esa oscura habitación… Y entonces recordó la sensación de opresión en el pecho que lo embargó cuando la vio allí semiacostada contra una pared, rodeando su cuerpo con los brazos, temblando y con los ojos hinchados, de hecho aún los tenía rojizos por el llanto. Recordó como se le estrujo el corazón ante tal imagen que no fue capaz de no hacer nada, así que la alzó en brazos y la llevó al primer lugar seguro que se le ocurrió. Y allí estaba teniendo que dar explicaciones por lo que él consideraba la buena acción del milenio.
-Lo siento… Supongo que debería darte las gracias… Así que gracias- Respondió la Gryffindor titubeando mientras arrugaba las sábanas entre sus manos y no apartaba la vista de la cama mientras se sonrojaba aún más. –Aunque sabes, podrías haberme llevado a la enfermería en todo caso- Agregó levantando la vista hacia su acompañante.
-Si claro, y que me culparan de haberte echado algún maleficio o algo. No soy suicida ¿Sabes?- Dijo Malfoy poniendo los ojos en blanco nuevamente. No entendía el sentido de tener que explicar todo, se suponía que estaba con la hechicera más inteligente del colegio. Bufó ante ese pensamiento.
Hermione ya estaba comenzando a irritarse ante todas las respuestas sarcásticas del rubio. Ella no le había pedido nada a nadie, así que no tenía por qué aguantar las ineptitudes de Malfoy. Se levantó de la cama y fue hacia la ventana cruzándose de brazos ignorando al Slytherin.
Al voltearse para dirigirle la palabra nuevamente, vio con asombro que Malfoy se había acercado silenciosamente hasta ella y ahora lo tenía pegado a su nariz, acorralándola contra la ventana.
-¿Qué fue lo que pasó?- Preguntó seriamente Malfoy, parándose derecho enfrente de la Gryffindor, le llevaba media cabeza mínimamente.
-Yo…- Hermione miro al suelo. La situación se salía totalmente de control, era como si hubiese entrado en un universo paralelo al dormirse en aquella aula.
-¿Qué fue lo que pasó?- Volvió a preguntar Malfoy acercándose tanto que Hermione terminó sentada sobre el alfeizar de la ventana en un intento de poner algo de distancia. La voz del Slytherin era grave e impregnada de autoridad, la castaña no pudo resistirse a ese tono de… ¿Preocupación? Sacudió la cabeza. Imposible. Aun así respondió como hipnotizada.
-Ronald… Él… Lo siento, no puedo. Es algo personal y tú no tienes por qué meterte- Contestó Hermione enderezándose y apartándolo con un brazo. Caminó hasta la otra punta de la habitación y lo miró a los ojos tratando de entender que pretendía, se sentía hechizada por una sensación de protección que nunca había sentido, ni siquiera con Ron, como si verdaderamente a él le importara lo que le pasara a ella.
Malfoy la observó alejarse y entrecerró los ojos. Sabía lo que había ocurrido, había escuchado al estúpido de Weasley hablando con el cara rajada durante el desayuno en el Gran Salón, contándole cómo le había confesado la verdad a Hermione aquella mañana y cómo ella había salido corriendo a Merlín sabía dónde, suponía que a algún baño de chicas, intentó seguirla pero no tenía el valor para mirarla ni hablarle.
Cobarde pensó el Slytherin, en ese momento fue cuando se levantó de la mesa y se retiró apresuradamente a inspeccionar el castillo, él por el contrario sospechaba que cualquier mujer al terminar con su novio lo único que querría era estar sola y más tratándose de alguien ya de por sí solitario como ella, así que no perdió tiempo en los baños o la biblioteca, lugares normalmente concurridos. Decidió buscar en las aulas vacías de los pisos altos e ir bajando hasta las mazmorras, por eso le llevó una hora encontrarla.
-Weasley es simplemente un idiota y ya- Dijo Malfoy sin quitar la vista de Hermione. Sentía unas ganas extrañas de acercarse, su piel con aroma a caramelo lo llamaba a tocarla. Pero se mantuvo en su lugar, sobre todo porque aún no olvidaba el pequeño instante de alegría que tuvo al enterarse que aquella pareja había terminado. Y eso lo trastornaba, estaba al límite de dos mundos. Por un lado lo conocido, lo asumido y lo aprendido, él era un ex mortífago, enjuiciado y puesto en libertad, despreciaba a los que no eran de su clase y nadie llegaba a su altura, era el líder de su grupo y quien dictaba lo que se debía hacer. Por el otro lado lo desconocido, los sentimientos que estaban surgiendo, las cosas que estaba olvidando como su orgullo y dignidad y… Ella. Todo por ella. Desde la noche en que Bellatrix la torturó en su propia mansión sintió preocupación y miedo por alguien más que no fuera él mismo, desde aquella noche se sentía diferente, hubiese querido decir algo, más que eso, hubiese querido ayudarla y estuvo a punto de hacerlo sino hubiese sido por la aparición del elfo que los salvó antes que él.
Por eso sabía que no debía acercarse a ella, él no era bueno. No la había podido salvar, había dudado, no la merecía. Él no era mejor ni superior que nadie, sólo tenía dinero, algo material y en los ojos de la Gryffindor veía que necesitaría mucho más que eso para ser merecedor de su atención.
Desde que comenzó el curso trató de mantenerse alejado, apartado de todos sin meterse con nadie, pero no había funcionado, cada viernes en Pociones, cada martes en Cuidado de Criaturas Mágicas se encontraba a sí mismo observándola de lejos, deseando tener otro nombre y otra historia para poder acercársele. Pero todas sus precauciones se fueron al garete cuando la vio llorando por primera vez en la biblioteca y sintió el impulso de pedirle perdón por todo lo que había hecho y por lo que no había llegado a hacer también. Y ahora había mandado de nuevo todo al infierno para ir a buscarla y allí estaban, uno en cada punta de su habitación converdiscutiendo.
-Por primera vez estoy de acuerdo contigo- Suspiró la Gryffindor y se dejó caer en la butaca en que antes estaba sentado Malfoy. –No se… No puedo creer cómo…- Mientras titubeaba negaba con la cabeza para enfatizar la incredulidad que sentía.
-Yo sí- Contestó el rubio. –Después de todo Brown no es precisamente de las difíciles…- Agregó resuelto.
Hermione escuchó aquello y no pudo evitar lanzar una pequeña carcajada, un segundo después se sintió culpable por reírse de miembros de su propia cas… ¡Pero que rayos! Ellos me engañaron se lo merecen pensó para sí. Pero en ese momento la asaltó una duda.
-Malfoy tu y… ¿Cómo sabes que no es de las difíciles? Es decir, tu y ella…-Dejó la pregunta en el aire sintiéndose irritada por alguna razón que desconocía.
-Por dios Granger, no tengo tan mal gusto, además soy "algo" más selectivo- Contestó Malfoy sintiéndose ofendido, como si él fuese a estar con cualquiera.
Hermione se puso colorada ante la intensidad de su respuesta, la irritación desapareció y sintió mariposas en el estómago. Las cuales debería exterminar tomando ácido lo antes posible si era necesario.
-Un momento… ¿Y tu como sabes lo que pasó?- Preguntó Hermione con una acusadora mirada desde la butaca.
Ahora fue el momento de Malfoy de dudar y evadir su mirada. –Eso no importa- Contestó mirando por la ventana.
-Claro que importa, además ¿Cómo me encontraste? Es decir, nadie sabía dónde estaba, ni siquiera que Ron y yo nos habíamos peleado…-Dijo la Gryffindor levantando cada vez más la voz nerviosa.
-Basta Granger. Ya estás insoportable de nuevo lo que quiere decir que volviste a la normalidad, así que podremos volver- La cortó Malfoy sin dirigirle la mirada.
-¿Volver?- Hermione frunció el ceño sin entender.- ¿Y cómo rayos haré para volver pasando por tu Sala Común? No les tengo miedo a las serpientes, pero tampoco tengo intención de caer por un hechizo lanzado por la espalda- Sentenció cruzándose de brazos ceñuda.
El Slytherin enarcó una ceja divertido nuevamente, había logrado desviar el tema. –¿Crees que te traje aquí sin resolver ese detalle? Tranquila que no tengo interés porque te quedes a vivir aquí, se te hará difícil volver a estar sin mí pero así es el mundo real Granger- Dijo estas últimas siete palabras con tal amargura que Hermione terminó confundida. –No hay nadie en la Sala Común, es la hora del almuerzo así que todos están en el Gran Salón- Informó.
-¿El almuerzo?- Preguntó asustada la castaña. –Eso quiere decir que me perdí las clases de la mañana- Abrió los ojos como platos entrando en estado de pánico.
Malfoy al verla aterrorizarse por haber perdido dos simples clases a pesar de que seguramente ya se sabía los libros de memoria y todos los temas del curso no pudo evitar exasperarse, le dieron ganas de zarandearla para ver si entraba en razón.
-Granger cálmate, no empieces con el rollo rata de biblioteca por favor- Dijo Malfoy abriendo la puerta y haciéndole una seña para que salga.
-Malfoy púdrete- Contestó Hermione poniéndose de pie.
-Granger muérete- Rebatió el Slytherin sonriendo.
-Malfoy suicídate- Increpó la Gryffindor llegando a la altura de la puerta.
-Granger quiéreme- Suplicó Malfoy y se abalanzó sobre Hermione tomándola por la cabeza con una mano y colocando la otra en su cintura, aprisionándola con su cuerpo contra el marco de la puerta.
Hermione abrió la boca de sorpresa y fue en ese momento cuando Malfoy aprovechó para hundirse en ella, la besó como había soñado desde hacía un año, extasiado por el sabor de aquellos labios prohibidos se olvidó de todo y de todos. No iba a desperdiciar la probablemente única oportunidad que iba a tener en su vida y la beso con tal intensidad y desesperación que Hermione no tuvo ninguna oportunidad de rechazarlo. Era tal la devoción en ese beso que se entregó a la corriente y le respondió con la misma intensidad.
Era algo que nunca antes había sentido, pasión, desenfreno, lujuria, desesperación. Todo en uno, imposible resistirse, impensable apartarse. No tuvo ni un segundo para considerar si estaba bien o mal aquello, su cerebro se desconectó del mundo y sólo sintió los labios del Slytherin aprisionando los suyos, devorándolos como si no hubiese un mañana, su lengua invadiéndole la boca, explorándola, conquistando territorio desconocido, la mano en su cintura le producía electricidad y un cosquilleo en el bajo vientre, la mano en su cabeza la animaba a acercarse aún más a Malfoy, sus cuerpos se tocaban en todos los puntos posibles.
Ninguno lo pensó, ninguno lo analizó. Sólo se entregaron a los sentimientos más profundos que tenían, a los deseos que ocultaban y a las sensaciones que guardaban.
