Aquí está el capítulo de hoy, esto está empezando a acabarse...Mañana no podré publicar, tengo excursión con el instituto (yeeeeeey no clase) Hasta el sábadoooo


-¡Para, para, para!-casi gritó entre jadeos.
-¡¿Que pasa?!-detuvo sus manos al instante, y las puso en alto como si de un criminal ante la policía se tratase.
-Mira la rosa...
Poco a poco, un nuevo pétalo surgió. El ángel gruño, y trató de agarrar la planta, pero se vio sujeta.
-¡Los cuenta! ¡¿Como puede...?!
-No lo hagas. No sabes que pasaría después.
-¡...joder!
Chasqueó los dedos y en apenas un instante vestía de nuevo su túnica y su capa, con capucha incluida. Krista se incorporó, y se vio cubierta por unos pantalones vaqueros claros de tiro alto y una blusa blanca. Una trenza a un lado recogía todo su cabello excepto un mechón rebelde que caía sobre su frente.
-Ymir...
-Ocho-susurró-Ocho putos pétalos. ¡Odio esta mierda!
-¿Cómo están...?
-¡No sé si quiero saberlo! ¡Ojalá pudiese solo cortarlas!
-Ymir cálmate. Déjame verlas, por favor.
El ángel la obedeció a regañadientes. La dio la espalda y dejó caer la tela. Las plumas tenían el mismo color que un glaciar, de un precioso blanco azulado/violáceo. Se las acarició con la punta de los dedos, y los hombros de la mayor se tensaron y relajaron en apenas un segundo. Y otra vez. Y otra. Estaba llorando. Krista la abrazó protectoramente, controlando sus propias lágrimas. El dolor que la atenazaba el pecho la impedía siquiera decir una palabra, sabiendo que si abría la boca sería para soltar un sollozo. La besó el hombro y el cuello, y finalmente y con manos temblorosas la giró el rostro y unió sus labios.
-No llores tú también. Te lo suplico. Si tengo que irme quiero que sea viendo tu sonrisa.
Se secó las gotas de un manotazo y sonrió dulcemente, con los ojos mas tristes que Ymir la había visto poner jamás. La partía el corazón, pero sabía que no era algo que pudiesen cambiar. Tragó con fuerza y la palmeó la espalda, tratando de infundirla unos ánimos que ni ella sentía. Se secó las mejillas y la pegó contra su cuerpo.
-Al menos podrás irte donde quieres ir, no? Llevas muchos años esperando esto.
-¿Y de qué me sirve si no estoy junto a ti? Krista, preferiría abandonar mis alas, mi paraíso y esa estúpida reencarnación que dejarte sola. El infierno no es tan malo si el porqué de que éste allí eres tú.
-Ymir...-la dio la espalda, y se abrazó a si misma-Quiero ir contigo
-¡No! ¡Ya te dije que no!
-¡Pero estoy sola! Sin embargo, allí yo...
-No. Y no pienso hablar más de esto.
-¡No puedes prohibirme nada!
-¡Puedo y lo haré!-rugió-¡Deja de ser la chica buena! ¡Empieza a vivir por ti! ¡¿Acaso buscas la redención en entregar tu vida solo porque alguien lo quiere?!
-Y...yo...¡no!
-Empieza a vivir por ti misma, sin que te importe una mierda el resto de la humanidad. Desearía que alguien me hubiese dicho esto a mi hace sesenta años.
-Ymir...Gracias. De verdad...
De pronto un brillo las sacó de la conversación. Nueve. Se miraron, aterradas. Ya no había tiempo.