Hermione le rodeo el cuello con los brazos mientras se apretujaba aún más a él, el corazón se le aceleró cuando sintió la mano del Slytherin deslizándose por su cintura, descendiendo hasta sus muslos. Quería seguir más allá, se sentía extasiada ante esas nuevas sensaciones, la lujuria se apoderó de su cuerpo y apoyó una de sus manos sobre la cabeza de Malfoy, revolviéndole el pelo.

Ante ese contacto el rubio sintió una descarga eléctrica que bajo directo a su vientre y más al sur, no sabía hasta donde podrían llegar, tampoco tenía interés en pensar sólo quería seguir aprisionando los labios de Hermione con esa furia que lo hacía morderla, apretarla contra el marco de la puerta, querer sentir hasta el último centímetro de sus torneadas piernas y zonas aún inexploradas.

La Gryffindor deseaba que Malfoy la estrechara con más fuerza de ser posible, cada vez que este tomaba sus labios ente los dientes soltaba un gemido de placer que enloquecía al rubio, sin embargo no sabía en qué momento su conciencia volvió a tomar las riendas de sus pensamientos, pero trágicamente ese momento coincidió con el instante en que se separaba para tomar algo de aire. El oxígeno llegó a su cerebro y fue catastrófico.

Malfoy la sintió frenarse así que abrió los ojos y vio el torbellino en los de la Gryffindor y supo inmediatamente lo que iba a ocurrir, así que se acercó a su rostro y le susurró suavemente mientras acariciaba la mejilla de Hermione con la nariz aspirando su dulce aroma.

-La contraseña es Elixir Mortífero-

Estas palabras acariciaron el oído de la Gryffindor que cerró los ojos para sentir el frío aliento del Slytherin bajando por su cuello y cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, le dio las gracias mentalmente a Malfoy por darle un escape y emprendió la cobarde retirada antes que todo pudiera salirse de control. Más de lo que ya se había salido. Malfoy la vio alejarse mientras se ralentizaba su respiración, se pasó una mano por el pelo despeinándose inconscientemente y de pronto golpeó el marco amarronado de la puerta con el puño derecho mientras apoyaba la cabeza sobre su brazo izquierdo con los ojos cerrados… Había estado tan cerca de perder el control, de cometer una locura imperdonable, se había descubierto. Ahora que ella sabía lo que él sentía sólo tenía que esperar y afrontar las consecuencias de sus actos, suspiró y se dirigió al baño para darse una ducha de agua fría y dirigirse a clase y con suerte, morirse en el camino.

Hermione atravesó corriendo la SC de Slytherin sin siquiera desviar la vista para apreciar la decoración o satisfacer su curiosidad, pues ningún estudiante ha podido visitar otra Sala Común que no sea la de su propia casa a excepción de Harry y Ron. Salió por la puerta disimulada en un muro y corrió por el pasillo y escaleras arribas hasta llegar al hall de entrada, donde la recibió una masa de estudiantes que iban y venían del Gran Salón, algunos le dirigieron miradas de soslayo pero nadie pareció preocuparse por la repentina aparición de la Premio Anual agitada y proveniente de las mazmorras, si algún estudiante notó algo extraño no lo mencionó.

Respiró profundamente varias veces hasta recuperar el ritmo natural y caminó entre el gentío hacia las escaleras subiendo dos pisos sin detenerse hasta su destino: El Baño de Myrtle la Llorona. Entró y cerró la puerta con un conjuro, luego fue hasta los lavabos y se dejó caer al lado de uno mientras se agarraba la cabeza como si eso fuera a echar el tiempo hacia atrás. ¿Qué había pasado en las últimas horas? Todo su mundo se encontraba revuelto, el bueno se había convertido en el malo, el malo la besaba, ella huía. Nada tenía sentido y comenzó a sentir un dolor de cabeza que iba aumentando pensamiento tras pensamiento. Malfoy me besó. Yo lo seguí. Quise seguir. Me gustó. Él me besó. Fue Malfoy. Ron me engañó. Malfoy. Ron. Lavender. Quiero volver a hacerlo. Espero volver a hacerlo. ¿Qué estoy pensando? No puede ser. Quiero sentir todo de nuevo.

Agotada y con una jaqueca más que considerable se masajeó las sienes considerando la idea de comprar un pensadero, se levantó, se echó agua en la cara y miró su reflejo. Ojos rojizos, el pelo encrespado, los labios hinchados, se pasó los dedos por estos y cerró los ojos rememorando el latido de su corazón acelerado, la sensación de no poder sostenerse con las piernas, el estómago cerrado lleno de mariposas revoloteando…

-Basta- Le dijo a su reflejo e inmediatamente bajó la mano, se arregló el pelo y se echó un poco más de agua en la cara. Cuando estuvo decentemente arreglada salió del baño para dirigirse a la primera clase de aquella tarde, Herbología, por lo que salió del castillo y fue directo al Invernadero 3 donde se reunía un grupito de alumnos de Hufflepuff pero ninguno de su casa a la vista lo que la alivió y le dio unos minutos para pensar que historia inventaría por su desaparición durante toda la mañana, pero cuando distinguió a sus amigos acercarse, sus expresiones le hizo pensar que no necesitaría ninguna historia.

-¡Hermione! Te estuvimos buscando, mira esto- Harry le entregó El Profeta que había recibido durante el desayuno.

Ataque en Hogsmeade. Una historia que se repite.

"Si el mundo mágico pensó que luego de la guerra llegarían tiempos de paz, estaba muy equivocado. En la pasada noche se registraron hechos de extrema violencia en el pueblo de Hogsmeade, dejando una veintena de heridos pero ningún muerto según fuentes oficiales.
El cuartel de Auror en pleno se hizo presente en la madrugada al detectar el siniestro, todavía se desconoce si ha habido algún detenido pues el Ministro de Magia Kingsley Shacklebolt se negó a hacer declaraciones a este diario. Sin embargo nuestros reporteros tuvieron acceso a los testimonios de importantes testigos que prefirieron permanecer en el anonimato por cuestiones de seguridad. Según la señora…"

-Pero… Aquí no dice nada si fueron Mortífagos o imitadores o nada de los culpables- Se quejó Hermione siguiendo leyendo el artículo.

-No hace falta, ¿Quién más lo haría?- Preguntó sarcásticamente Harry.

-No conocemos Mortífagos que hayan quedado sueltos… Todos están en Azkaban- Opinó la castaña al finalizar de leer. –De todos modos deberíamos hablar con alguien…-

-No todos están en Azkaban- Contradijo Ron. –Malfoy y los demás Slytherin también fueron mortífagos y están aquí sueltos- Añadió cuando sus amigos lo miraron.

Hermione lo observó con una expresión de no haber entendido y abrió la boca para decir algo, pero no supo qué. La repentina llegada de la profesora Sprout la sacó de su estupefacción.

-Muy bien alumnos, entren que tenemos un tema muy extenso hoy, veremos la Belladona- Anunció la Jefa de Hufflepuff al llegar. Inmediatamente el trio ingresó al Invernadero 3 olvidándose de la desaparición mañanera de Hermione y cavilando sobre Mortífagos sueltos.

Llegó Diciembre y con él el clima empeoraba, si antes había tormenta ahora era un vendaval de nieve tan fuerte que las salidas al pueblo y las clases exteriores quedaron suspendidas. A medida que se acercaba Navidad, el clima dentro del castillo también comenzó a enfriarse, los alumnos empezaron a anotarse para volver a sus casas, muchos estaban nerviosos por el ataque a Hogsmeade y sumado a la incertidumbre general siguió un parco silencio pues en ninguna otra edición se nombró al ataque.

Al llegar las vacaciones navideñas, Harry y Hermione leían en la Biblioteca con las cabezas juntas una carta enviada por el mismo Ministro, donde les afirmaba que seguían investigando pero que no tenían pistas de ningún tipo, habría sido como un relámpago oscuro en medio de una calma noche, media docena de magos aparecidos de la nada que comenzaron a incendiar el sur del pueblo, pero la rápida acción de los aurores evitó la catástrofe. Sospechaba que sería acción de un reducido grupo no de Mortífagos ya que no había señales de la Marca Tenebrosa, sino de algunos imitadores que pretendían sembrar el caos.

-¿Y? ¿Qué piensas?- Le preguntó Harry a su amiga mientras guardaba la carta en su mochila.

-No lo sé Harry, yo… La verdad es que a ti no te ha dolido la cicatriz desde la Batalla, así que es poco probable que Mortífagos sueltos entren en acción sin un líder.- Opinó la castaña.

-¿Recuerdas el Mundial de Quidditch? Me suena parecido…- Dijo el Gryffindor dando un vistazo alrededor controlando que nadie los oyeras. -¿Si en ese tiempo actuaron solos, porque ahora no?-

-Porque ellos mismos vieron como Voldemort murió Harry, no se atreverían a hacer algo así medio año después de terminada la guerra, no sin apoyo, no sin alguien lo suficientemente fuerte que los respalde, y ahora mismo no creo que haya nadie con esas características a excepción de ti- Indicó Hermione.

-¿Yo?- Preguntó desconcertado Harry.

-Van a pasar cien años y todavía seguirás subestimándote. ¡Claro que tú! Héroe de guerra, sobreviviste incontable veces a Voldemort, y fuiste instruido personalmente por el mejor Mago de todos los tiempos, Dumbledore. Así que a no ser que estes reclutando a una panda de locos pirómanos, no. Esto no tiene que ver con Mortífagos- Concluyó la castaña mirando a su amigo.

-No tiene que ver con Voldemort en todo caso- Corrigió Harry. –Pero se trata de alguien que tiene relación con la magia negra y ningún problema en intentar asesinar personas. No se tú, pero para mi esa es la definición de Mortífgos- Se obstinó el morocho.

Hermione no rebatió el argumento, a lo largo de los años había aprendido a no contradecir el instinto de Harry, la existencia de la Cámara Secreta y de las Reliquias de la Muerte le habían dado una lección.

También acertó cuando sospechó que Malfoy era un Mortífago.

-No, no pienses en eso- Se dijo en voz alta.

-Dirás lo que quieras Hermione, pero estoy casi seguro de lo que digo- Contestó Harry pensando que le hablaba a él.

-Ehh si si, claro- La Gryffindor sacudió la cabeza y se reprendió mentalmente por su desliz. –Mira mejor dejemos todo este tema y sigamos con los deberes de DCAO-

Harry se mordió la lengua pues prefería hacer los deberes en la Sala Común, pero desde que sus amigos se pelearon ya no se hablaban, ni siquiera se miraban, era como estar en sexto de nuevo. Aunque él le daba la razón a su amiga era mejor no meterse en tema de parejas, o mejor dicho ex-parejas.

Ron había pasado por todos los estados de ánimo esas últimas semanas. Culpabilidad, frustración, negación, culpabilidad de nuevo y ahora hacía como si nada hubiese pasado. Harry tenía la sensación de que no volverían a ser amigos nunca más y después de todo lo ocurrido temía tener la razón.

Hermione por su parte evitaba a Ron hasta el punto de volver a la Sala Común muy entrada la noche y salir después del amanecer, así se aseguraba de evitar también a Lavender quien en toda ocasión que se encontraban buscaba hablarle para pedirle disculpas. Como si eso fuera a arreglar algo, pensaba la castaña. Pero es que el rumor de la separación ya se había extendido por todo Hogwarts y los estudiantes se daban vuelta a mirarla cada vez que caminaba por los pasillos, ahora sabía lo que sintió Harry en todos sus años de Hogwarts, pero esperaba que con el tiempo la gente se olvidara de todo el chismoseo y se centrara en otras cosas nuevas, como solía pasar.

Pero parecía que la suerte no estaba de su lado, Navidad se acercaba cada vez más y la perspectiva de quedarse en el castillo con Harry, Ron y Malfoy la atraía tan poco como meterse en el bosque prohibido sola. No había vuelto a cruzar palabras con el Slytherin desde que se besaron e incluso Hermione sospechaba que ella no era la única que evitaba gente, pues no había vuelto a ver al rubio por los corredores ni las patrullas nocturnas, sólo en el Gran Salón a la hora de las comidas. Se había sorprendido a sí misma mirando a hurtadillas, buscándolo por los pasillos pero sin resultado, de todos modos no sabía cómo iba a actuar si se lo encontraba a solas… ¿Saludarlo? ¿Cómo? ¿Hablar? ¿Charlar? Sacudió la cabeza ante tales pensamientos, era muy ingenuo de su parte pensar que algo cambiaría, fue sólo un desliz de una sola vez, ella estaba vulnerable, él estaba… Estaba… No lo sabía, pero estaba segura que Malfoy jamás volvería a hacerlo, probablemente tenía sólo curiosidad, o quería probarse a sí mismo.

-Eres una estúpida Hermione, uno te engaña y ahora resulta que el resto te utiliza vaya a saber por qué- Se reprendió en voz alta la Gryffindor mientras recorría la segunda planta buscando a estudiantes fuera de la cama.

Entró a algunas aulas vacías y no vio nada fuera de lugar, por lo que al terminar su recorrido se reunió con el resto de prefectos en la puerta del Gran Salón para dar parte a la profesora McGonagall e irse a la cama.

El trayecto a la torre Gryffindor fue tranquilo a excepción de Ron caminando unos pasos por detrás de ella, no se dirigían la palabra y él había perdido el interés por darle ninguna explicación, por eso la sorprendió el hecho de que él le interrumpiera el paso cuando se disponía atravesar el retrato de la Dama Gorda.

-Hermione tenemos que hablar- Dijo seriamente el Pelirrojo. –No podemos continuar así…- Agregó torciendo el gesto.

-¿Qué quieres que te diga Ronald?- Contestó ofuscada la castaña. –Confié en ti como en nadie, me traicionaste. Eso no se olvida en unos días, en una semana o en un mes. Necesito tiempo para mí-

-¿Más tiempo?- Preguntó Ron frunciendo el ceño. –Llevamos un mes sin hablar, prácticamente no te veo a no ser en las comidas, Harry está de aquí para allá con uno y con otro. Parece el hijo de un matrimonio divorciado, creo que en Navidad deberemos regalarle doble por el posible trauma.

Esa comparación hizo sonreír a Hermione quien imaginó a un mini Harry de la mano con ella. Ron al ver la sonrisa de esta sintió una brisa de esperanza, pero no se ilusionó, sabía que su ex-novia tenía una vena de orgullo un tanto fuerte, y la voz de su parte más noble le recordó que tenía todo el derecho de tratarlo como quisiera y si lo consideraba necesario no volver a hablarle nunca.

-Mira, no es simple… Es difícil para mi, no creo que podamos volver atrás- Susurró la Gryffindor desviando la vista hacia un costado.

-Sé que no podemos volver atrás y no es eso lo que te pido- Contestó Ron tomándole del mentón para poder verla a los ojos. –Sé que te lastimé, sé que me equivoque, sé que no debí hacerlo y me reprocho cada día y noche por haberlo hecho. Sé que no merezco que me hables ni mucho menos, lo que te pido es un alto a la Ley del Hielo… Hemos sido amigos muchos años, no quiero perder eso también…- Confesó.

Hermione sintió como el escudo que había levantado durante esas semanas se resquebrajaba y un sentimiento de pertenencia afloraba en su corazón. Había pasado tantas cosas con aquel imbécil… Por ahí tenía razón y algo se podría salvar de su relación, por ahí si lo intentaba…

-No te prometo nada Weasley- Concedió por fin la castaña e hizo que Ron sonriera con nostalgia de una vieja amistad.

-Sólo pido eso- Contestó y juntos entraron a la Sala Común para dirigirse cada uno hacia su cama.

El día de Navidad amaneció nevando, las afueras del castillo parecían una postal congelada, en las mazmorras, varios chicos de Slytherin discutían sobre los acontecimientos de los últimos meses.

-Es él- Decía constantemente Theo Nott en la habitación que compartía con Zabini, Malfoy y Goyle, aunque este último ya había ido a desayunar.

-Por quincuagésima vez en el mes Theo, no lo sabes- Contestó hastiado del tema Zabini poniendo los ojos en blanco.

-¿Quién más puede ser?- Refutó Theo acostado en su cama mirando el techo con los brazos en la nuca. –Y si tengo razón va a venir a buscarme y no quiero que ustedes se entrometan en ese caso- Agregó el Slytherin apoyándose de costado, en un brazo para dirigir la mirada a sus dos amigos.

-Ni lo sueñes amigo, estuvimos en una guerra ya. Estaremos en la segunda- Sonrió con suficiencia Blaise.

Theo negó con la cabeza y miró a su otro compañero. –¿Tú qué opinas?- Le preguntó a Malfoy, quien había estado muy callado, no sólo esa mañana, sino que todo el mes.

Este fue hacia la ventana y se paró de perfil con los brazos cruzados. –Si habrá que pelear de nuevo, lo haré- Aseguró seriamente.

Theo y Zabini se cruzaron una mirada rápida y fue este último el que preguntó -¿Qué rayos sucede Malfoy? Y no hablo de tu parquedad esta mañana, sino la de este mes. Haz estado serio durante las dos últimas semanas de clase y las vacaciones de Navidad. ¿Qué ocurrió?-

-Nada- Contestó el rubio sin darle importancia. –Enfoquemosno en lo importante.- Dijo dirigiéndose hacia una butaca que le trajo recuerdos de cierta castaña. -Hogsmeade. Ese ataque no fue de novatos, no atraparon a nadie, la pregunta es ¿Qué haremos?-

-Si es él, no tendré otra opción que enfrentarlo, vendrá por mi.- Aseguró Theo seriamente.

-¿Por qué?- Preguntó de repente Malfoy. -¿Por qué estás tan seguro que tendrás que enfrentarlo? Si se libró de Azkaban fue porque pensaron que estaba muerto. Por qué arriesgarse a volver?-

Theo le lanzó una mirada a Blaise antes de contestar. Había llegado la hora de la verdad.

-Porque él lo sabe.- Contestó el Slytherin

-¿Él sabe qué?- Repreguntó Malfoy frunciendo el ceño.

-Que estoy enamorado de una mestiza, de una amiga de Harry Potter, de una de las salvadoras de Hogwarts, de una a la que yo salvé precisamente de él, de una Ravenclaw que sólo está viva porque me atreví a enfrentarlo en la última Batalla.- Confesó Theodore Nott. - Él sabe que le lancé una maldición imperdonable para evitar que matara a Luna Lovegood y ahora mi padre ha vuelto para cobrarse la traición- Finalizó mirando a sus amigos.

Luego de lo que parecieron horas finalmente el rubio platino reaccionó.

-Tú…-Tartamudeó con la boca abierta. –Tú y Lunática…-

-No la llames así- Contestó Nott entrecerrando los ojos.

-Lo siento, es que… - Miró a Zabini esperando alguna explicación pero este se limitó a encogerse de hombro.

-Ahora dime que tú también sigues con todo ese rollo de los sangre limpia y te uniras a mi padre y a su pequeña manada de locos pirómanos para llamar la atención- lo atacó Theo más por nerviosismo que por otra cosa.

-Cálmate, yo no he dicho eso.- Bufó Malfoy, justo él con la idea de la supremacía de sangre… Si sus amigos tan sólo supieran lo mucho que deseaba a una sangre suc… -Aún no sabemos si es Nott padre quien está detrás de todo esto, así que cálmate Theo, en cuanto a lo tuyo con la chica Lovegood no es mi problema, eres libre de enredarte con quien quieras.-

Blaise estuvo a punto de abrir la boca para preguntar quien era ese extraño que había usurpado el cuerpo de su amigo Malfoy y que demonios quería, cuando Goyle interrumpió la conversación entrando con un montón de pequeños budines traídos del desayuno. Por lo que decidieron dar por terminada la discusión hasta otro momento.

Aquella tarde Draco se la pasó sentado en el linde del bosque analizando su entorno y vida en general, el frío le ayudaba a pensar y le gustaba sentirlo en el rostro, lo mantenía despierto y alerta.

Así que Theodore Nott, ex-mortífago se había enamorado de una Ravenclaw… De Lovegood nada más ni nada menos, y ahora pensaba que su padre había resucitado de los no-muertos para vengarse por haberlo traicionado en medio de la batalla… Lo que a Malfoy le intrigaba a decir verdad, no era el amorío serpiente-águila, no le podía importar menos, ellos eran libres de hacer lo que quisieran. Lo que lo intrigaba era saber desde cuando Nott estaba enamorado… ¿Se dio cuenta en la batalla? ¿Antes? ¿Cuándo? ¿Cuándo fue? ¿Cuándo fue que terminó importándome más tu que yo? ¿Cuándo fue que decidí perder la cabeza por tu simple cercanía? No lo séNo lo sé… Y se dio cuenta que ya no pensaba en su amigo.

Malfoy se masajeó las cienes abrumado por esos pensamientos, no la había visto directamente desde esa fatídica tarde en la que hizo de caballero andante. No era tonto, sabía que ella lo buscaba, pero tenía temor de enfrentarla, de ser rechazado… Y también sabía que después de lo de Hogsmeade irremediablemente tendrían que hablar, si no era con ella, con Potter. Estaba seguro que él y sus amigos serían los primeros en ser señalados, pero hasta no estar seguro de la culpabilidad del padre de Nott, no podría decir nada.

-Estoy jodido- Se dijo simplemente sonriendo de lado. Su vida jamás sería simple, cuando pensaba que tendría un poco de paz, dejando a los ineptos Hufflepuff, pues siempre serían ineptos, creyó que de una vez por todas podría tener una vida normal. Pero no.

Tenías que aparecer tú con tu jodida moral y tu jodida forma de ver el mundo. Y tenía que aparecer otro tipo queriendo poder… Y tenía que estar de nuevo yo entre medio de todo.

Con tan felices pensamientos se levantó y agachando la cabeza decidió volver al castillo, daría una vuelta antes por la lechucería. Era hora de aclarar las cosas. De aclarar ciertas cosas al menos.

Aquella noche, cuando una lechuza golpeó su ventana Hermione se levantó sobresaltada, luego de la patrulla de corredor ese día había tenido unas cuantas pesadillas con mortífagos y fuego, se dio cuenta que era un ave del colegio, lo que la hizo fruncir el ceño. Cuando abrió el diminuto pergamino vio solo cuatro palabras y cuatro números con esmerada caligrafía:

"Hoy 02:00 Aula de Encantamientos"

Su corazón comenzó a latir desbocado, sabía quien le escribía. Nadie podría ser tan mandón a la madrugada, ni siquiera preguntaba, simplemente ordenaba. Pero la Gryffindor sabía que algo así ocurriría, de hecho lo estaba esperando. Si él no daba el primer paso, lo haría ella, pero ciertos temas tenían que ser tratados. Ya estaba harta de que en todas las conversaciones con sus amigos aparecieran las palabras "Malfoy" y "Mortífago" seguidas.

-Vamos a poner los pergaminos sobre la mesa.- Se dijo a sí misma y curiosamente al salir de la Sala Común se dio cuenta que no tenía miedo por ir al encuentro de un Slytherin a las 2 de la madrugada, sino que se encontraba más bien ansiosa, no estaba preocupada por lo que pudiera pasarle, sino por lo que él pudiera confesarle. –Madre mía, ya perdí la cabeza- Murmuró al llegar a la tercera planta.

Se paró frente al aula y respirando hondo abrió con cuidado la puerta y entró. Las mesas se encontraban apiñadas unas encima de otras en la parte trasera del aula, él ya se encontraba allí, estaba sentado en el alféizar de una ventana, con el pelo sobre los ojos mirando la luna, cuyos rayos lo hacían parecer aún más pálido, con los primeros botones de la camisa desabrochados, el cuello alto y las mangas arremangadas hasta el codo. Era una visión que dejaba sin aliento.

Él giró la cabeza hacia ella al darse cuenta del silencio, esperaba que al entrar gritara o le pidiera explicaciones, pero la sorprendió observándolo. Se sostuvieron la mirada unos segundos hasta que Hermione la apartó.

-¿Para qué me hiciste venir hasta aquí a estas horas?- Preguntó la Gryffindor luego de aclararse la garganta y dar unos pasos hacia la ventana.

Malfoy enarcó una ceja -¿No te imaginas por qué?- Repreguntó

-Por lo de Hogsmeade.- Anunció Hermione, no era una pregunta, sino una afirmación. Él la había llevado hasta allí para confesarle que tuvo algo que ver con el ataque, sus miedos vueltos realidad.

Draco vio el cambio del semblante de la Gryffindor e inmediatamente bajo del alfeizar, no le hacía falta la legeremancia para conocer sus pensamientos, el tono de voz le había dicho todo.

-Antes que nada, quiero dejar en claro que ninguno de nosotros tuvo nada que ver con ese ataque- Comenzó.

Hermione se dio cuenta que utilizó el "nosotros" claro, ninguno de nosotros los ex seguidores de Voldemort fuimos esta vez. Pensó en Zabini, en que se estaba llevando mejor con él y hasta habían intercambiado unas cuantas palabras, por lo cual se tranquilizó ante la declaración de Malfoy.

-Entonces… ¿Sabes quienes fueron? ¿O quién está detrás de todo esto?- Preguntó la Gryffindor en un susurro.

El rubio tardó unos segundos antes de contestar. –Todavía no… No estamos seguros, pero tenemos una idea. Hay una posibilidad que esto no tenga nada que ver con el Señor Tenebroso ni con Potter, así que esta vez se va a tener que guardar la faceta de héroe- Y sonrió de lado.

Hermione puso los ojos en blancos pero inmediatamente se concentró en sus palabras. Si no tenía nada que ver con Voldemort… Entonces llevaba la razón, había alguien más, alguien lo suficientemente fuerte como para ser un líder… ¿Pero quién? Bellatrix era la segunda al mando y murió… Lucius… Hermione miró a Draco unos segundos y desechó la idea. Los Malfoy ya habían sufrido bastante, no podrían ser ellos…

La Gryffindor siguió sus pensamientos mientras daba vuelta por el aula con la cabeza gacha cavilando sobre las diferentes posibilidades. De repente se chocó con algo cuando pasaba por al lado de la ventana y ese algo… Era Malfoy, que la miraba intensamente.

La había observado dar vueltas y vueltas y podría jurar haber oído el zumbido de los engranajes de su cabeza trabajar a mil por hora, pero no podía haberlo evitado, cuando sus miradas chocaron, ambos supieron lo que iba a pasar a continuación, lo que estuvieron esperando que se repita por un mes.

Y fue entonces cuando cayeron en la cuenta de:

Que estaban en terreno peligroso era un hecho

Que debían frenar todo aquel torbellino de sentimientos era un hecho

Que no pensaban hacerlo era el más contundente y alocado de los hechos.

Entonces fue cuando se estrecharon sin pensarlo, sus labios se encontraron con una furia tal que jamás se separarían, la desesperación fue amainando y dando paso a una tersa calma en la que las caricias tomaron protagonismo, la mano de ella recorriendo su firme espalda, la de él posada en su pequeña cintura, ambos besándose disfrutando del sabor, de la paz, de la tranquilidad que les trasmitía estar juntos. Como si un rompecabezas estuviese completo, como si el ying, hubiese encontrado a su yang. Eso eran, luz y oscuridad fusionándose, fuego y agua, cielo y tierra. Era un hecho que estando juntos se completaban, era el más cruel del destino, el más improbable, el menos pensado, el menos imaginado. Pero era un hecho.