Aquí está el último capítulo. Luego subiré un epílogo
La noche ya se cernía sobre la ciudad, implacable, y las jóvenes seguían en la casa. Sentadas en el sofá, con Krista entre las piernas de Ymir y apoyando la espalda en su pecho. Temían moverse por miedo a que el décimo pétalo marcase su sentencia. No estaban preparadas para separarse, no aún. Solo disfrutaban de la presencia de la otra, sin hablar, solo acariciando lentamente sus manos. Era demasiado doloroso el pensar en su separación, así que simplemente no pensaban en nada. Pero sabían que no podrían permanecer así eternamente, y eso solo las animaba a quedarse aún mas tiempo. De pronto, el timbre sonó.
-¡Oee, Kristaaa! ¿Estás en casaa?
-Es Sasha...
-Ábrela, estará preocupada. Lleva días sin verte.
-Pero...
-Vamos, no la hagas eso. Es tu amiga.
-Bien...pero no te vayas, por favor.
-Que intenten obligarme.
La rubia fue a por su amiga, y cuando volvió ya no había un ángel en su salón. Solo una chica con vaqueros y camiseta corta de metálica que las sonreía ampliamente mientras bajaba el volumen de la televisión.
-Por fin hablamos sin un teléfono en medio.
-¡Oh! ¿Tú eres Ymir?
-Así es. Un placer conocerte, Sasha.
Se puso en pie y la dio dos besos. Su camiseta estaba rota por detrás, y mostraba sus tatuajes a la perfección. Cuando se giró, la chica lo vio.
-¡Wooo! ¡Son geniales!
-¿El qué? Oh, gracias-sonrió con un deje triste-Pero ahora me arrepiento de ellas.
-No deberías. Quizás sólo estás cansada, pero nunca hay que arrepentirse. Sólo tienes que recordar la razón por la que lo hiciste, y la ilusión de tenerlas volverá a ser como al principio.
-...vaya. Muchas gracias, lo haré.
-¿Que os pasa? Os noto tristes a las dos.
-Sólo es...que Ymir volverá a su ciudad pronto-mintió
-Aaa...¿y?
-¿Como que "y"?
-¡Os volveréis a ver! ¡No hay que pensar en la parte mala! Además, el amor a distancia es muy romántico~
-¿A...amor?
-Si. Me dijo que es tu novia. ¿Me mintió?
-No, no, es solo que...me sorprende que te lo haya dicho así.
-Perdón si te molesta, cariño-la abrazó por la espalda y la dio un beso en la mejilla.
-¡Awww! ¡Qué monas que sois!
-Gracias...-aguantó las lágrimas. No podía llorar frente a ella.
-Bueno, yo venía a ver que tal estás, como estabas mala y tal...
-Era mentira, era para estar con Ymir hasta que se vaya...
-Me lo imaginé-rió-Lo entiendo. Una chica nueva vino a cubrirte estos días. Se llama Annie Leonheart. Da un poco de miedo...pero tiene buen fondo. El jefe no quiere echarla, así que a puesto dos mostradores. ¡Ahora seremos tres!
-Genial.
-Y se lleva muy bien con Mikasa. Creo que solo se lleva bien con ella...a mi me odia-lloriqueó-Aunque creo que odia a todo el mundo.
-Será tímida. Ya verás como acabaremos siendo amigas.
-Seguro Diosa, ¡nadie se resiste a tus encantos!-la dedicó una caricia-Bueno, yo me tengo que ir ya, ¡es súper tarde! Me van a matar por llegar a estas horas.
-¿Quieres que te acerque en coche o algo?-ofreció Ymir
-No, gracias. No te preocupes. Si salgo ahora, llego a coger el bus.
-Vale...
-Pero antes...¡Una foto! ¡Para tenerla hasta que vuelvas!-sacó triunfal una pequeña cámara.
-¿Por qué no?
-Patataaa~ ¡Oh, salimos genial! Aunque Ymir, sales como...rara. Detrás tuyo hay algo...
-No lo pienses mucho. Será un reflejo-lo dijo con voz calmada, pero se veía a la legua que no quería que hablase mucho de eso.
-Oye Sasha. ¿Te importa sacarnos una foto a nosotras dos solas?
-¡No, claro! Poneos.
La menor pegó un tirón de su novia y la besó suavemente en los labios, mientras cogía sus manos. Tras un nanosegundo de sorpresa, su compañera hizo la foto.
-Muchas gracias.
-¡Nada! Salís preciosas-se quedó mirándola de nuevo-Joder Ymir, enserio que tienes algo raro detrás. Casi parecen alas...
-¿Oye, no vas a perder el bus?
-¡Mierda! ¡Es cierto! ¡Adiós chicas!-las tiró un beso desde la puerta a la que salía corriendo-¡Fríooo!-escucharon desde dentro.
El ángel cogió la cazadora que la chica se había olvidado y abrió la ventana.
-¡Pilla!
-¡Gracias!-exclamó cogiéndola a la que pasaba corriendo-Bye byeee~
Cuando la vio perderse, volvió a su forma real con un suspiro de alivio. Se apretó los hombros y puso una mano en su cuello.
-Espero que no mire mucho las fotos...
-¿Por qué salen?
-Sólo puedo disimularlas, pero siguen estando hay. Salen en las fotos, y depende de con qué luz se me vea, también. Con luz ultravioleta brillan como un puto cartel de neón.
-¿Las sigues odiando?
-...no-sonrió-He recordado por qué las tengo. ¿Sigues triste?
-No-sonrió también-El amor a distancia es muy romántico.
-Volveremos a vernos.
-Seguro.
-Me cae bien esa chica. No te alejes de ella.
-No lo haré.
-Y ahora...aprovechemos bien lo que nos queda-la tapó los ojos-Ama...la mesa está servida.
Cuando la destapó, su salón no era su salón, sino el restaurante más romántico que había visto jamás. Solo una mesa, para dos. Velas, música y bellos adornos de época. Parecía sacado de una película. Se dejó llevar, dejó que la ayudase a sentarse, y descubrió que su plato favorito estaba frente a ella. Se sonrojó. Sí, iba a irse, y estaba claro que quería dejarla un buen sabor de boca. La dio por fijarse en su ropa. Llevaba un elegante vestido color vino, y notaba su cabello recogido, aunque no sabía bien como. Miró a la otra, y su boca se abrió sin ser consciente. Llevaba un precioso vestido negro, escotado, de tirantes y largo hasta el suelo, pero abierto de la cadera hasta el final en el lado derecho. Nada de alas. Maquillaje suave en las mejillas, labios rojos y ojos oscuros. El pelo recogido en una discreta cola de caballo con un broche. Tampoco podía hacer más, le tenía muy corto. Pulseras casi hasta el codo y un discreto colgante con un zafiro en el centro. Pendientes largos con el mismo color que el colgante. Tacones abiertos de aguja, no demasiado altos, pero lo suficiente. Nunca se hubiese imaginado que pudiese estar así.
-Ymir...estás...preciosa.
-Gracias-susurró-Tú también.
La velada discurrió tranquila. Nada de llantos ni tristeza, disfrutaron cada minuto. Bailaron después de cenar en una hermosa pista que estaba donde debería estar su cocina, hasta que escucharon de lejos las campanas de la iglesia cercana dando las doce. Solo entonces caminaron de la mano hasta su cuarto y se atrevieron a ver la causa de sus alegrías y penas. El décimo pétalo completaba la rosa más hermosa que nunca hubiesen visto.
-Así que...ya está.
-Así es...La ley me da media hora para despedirme de ti.
-Media hora, ¿eh?-sonrió-Entonces...-se apoyó en la pared y tiró suavemente del ángel, que no puso ninguna queja en acorralarla con sus brazos-Acabemos bien el día-la bajó uno de los tirantes del vestido con la yema de los dedos.
En la mesilla, el color de la flor iba degradando de su bello negro original. Poco a poco, al pasar los minutos, el blanco iba tiñendo toda su superficie. Finalmente, solo su corazón permaneció tal y como solía estar. Y para cuando eso sucedió, Krista se encontraba sola, durmiendo en su cama, con una capa negra tapándola. Aún en sueños, comenzó a llorar. Su alma estaba incompleta de nuevo, pero no iba a seguirla. Lo había jurado. Una nueva Krista renacería de las deprimentes cenizas de antaño.
