Ahora sí que si, se acabó la historia. Les agradezco mucho su apoyo, ¡me animan a seguir escribiendo! Por favor, díganme que les ha parecido. ¡Hasta la próxima! :3
El despertador sonó a las 6, pero la joven ya estaba despierta desde hacía unos minutos. Lo apagó y dejó el móvil. Dedicó una mirada cariñosa a la foto que adornaba el estante que tenía en frente. Ya se veían sus alas, desde hacía casi dos años se había aclarado completamente la imagen. Cogió el jarrón que tenía al lado, y cambió el agua de la rosa que contenía. No la hacía falta y lo sabía, pero la daba igual.
-Quizá debería comprar las bolitas esas raras de adorno en vez de dejarla solo con agua. ¿Tú que crees?-un gran perro blanco ladró una sola vez y lamió sus piernas-Basta titán, ¡me haces cosquillas!
El can la siguió por la casa. La chica tiró una galleta con forma de hueso por encima de su hombro, y él la cogió al vuelo.
-Me voy a duchar, hasta ahora-le acarició la cabeza y entró en el baño.
Salió varios minutos más tarde, ya vestida. Tras despedirse del perro, cogió las llaves del coche y de casa, y cerró la puerta desde fuera. La de ahora estaba situada en un barrio mucho mejor, nada peligroso. La herencia de su verdadero padre la había cundido mucho, y la indemnización de su padrastro también la había ayudado. Aún así no le veía desde que logró que lo encarcelasen. Ni lo iba a hacer. Aparcó frente a la panadería, como siempre. El jefe había puesto un aparcamiento para empleados justo en la puerta cuando la chica se sacó el carné, seis meses atrás, aunque solo Annie y ella lo usaban. Sasha seguía prefiriendo la bicicleta. Daba igual los años que pasasen, ¡la chica no cambiaba! Abrió la puerta, y una lluvia de confeti la golpeó la cara.
-¡Feliz cumpleaños!-gritaron sus amigos desde el interior.
En el mostrador se encontraba una enorme tarta de nata, la más famosa de la tienda, con una vela con el número veinte encima.
-Chicos...¡no hacía falta! ¡Muchísimas gracias!
-¡Todos los años dices lo mismo!-rieron
-Y aún así, aún me sorprendo.
-Por supuesto, hoy tenemos todos el día libre-anunció Erwin.
-¡Hurra por el mejor jefe del mundooo!
-¡Hurra, hurra, hurra!-gritaron a coro todos los presentes.
La pequeña fiesta improvisada fue perfecta, aunque la de verdad seria a la noche, Krista sabía que no podría librarse de eso. Sin embargo, a media mañana, se desencadenó una fuerte tormenta. Estaba tan oscuro que parecía de noche. Dieron las luces, pero no había forma de hacerlas funcionar. Un relámpago alumbró el cielo y todos se quedaron mudos. Una sombra se recortó en la puerta. Parecía una mujer, pero en sus hombros y hasta casi el techo unas enormes alas hacían que la figura resultase aterradora. Todos dieron un paso atrás. Eren dio un paso al frente. Mikasa le puso detrás suyo de un tirón. Krista se quedó helada. El ser alzó las manos a la capucha que cubría su rostro.
-Krista...-las luces volvieron, la tormenta se detuvo, y la figura se convirtió en una joven en pantalones negros y chaqueta morada con capucha, completamente empapada. Las gotas resbalaba por su cabello y mojaban el suelo-He vuelto.
La rubia estalló en llanto. Se zafó del agarre al que Sasha la había sometido al asustarse y corrió hacia la entrada.
-¡Ymir!
Lejos de allí, en el estante, el jarrón estaba vacío. Mucho, mucho más lejos de allí, un hombre alado sonreía.
-Está bien lo que ha hecho, señor?
-No todos nacemos para ser ángeles. ¿Verdad, Historia?
-Así es, señor-miró la escena unos segundos-Así es.
