Causis Pro Eis

Capitulo 2: Ayuda para la Causa

Personajes: América, Francia, España, Prusia (mención de Inglaterra, Holanda, etc.)

Ambientación: La Revolución Americana.

Hacer un recorrido en barco de más de tres meses era agotador. Hacer ese recorrido, esperando no ser atrapado por la Royal Navy, era de miedo.

Ahora mismo, nada podía compararse al nerviosismo, temor y ansias, todas ellas juntas, de esperar la ayuda de las naciones del otro lado del atlántico.

Había una parte de él, que le decía que era ilógico que aceptaran ayudarlo.

¿Es decir, por qué habrían de querer hacerlo independiente? No, esa no era la pregunta. El no sería la primera colonia en la historia que intentaba ser independiente. Tal vez el primero del hemisferio occidental…

Pero lo que él quería no era solo ser independiente, quería, deseaba, tener una nueva forma de dirigirse para consigo mismo, un dogma completamente diferente del cual vivían las naciones de este lado del mundo y que el ya no aceptaba. La monarquía.

Todos y cada uno de ellos, lo veían como una forma de gobierno inalterable.

Incluso Francia que era el país más liberal de la época.

Aunque siendo sincero consigo mismo, América jamás espero que aquella charla con Inglaterra hubiera terminado en riña y posteriormente en su declaración de independencia.

Todo un giro de 360. Todo un nuevo punto de vista a partir de allí.

Los pasos de alguien acercándose lo sacaron de sus pensamientos, no le tomo mucho tiempo ver a una criada.

Le hablo en francés, y pese a que no era muy bueno manejándolo, entendió la corta frase de 'El señor lo espera, sígame'

Y sosteniendo el nudo de su garganta, América siguió a la mujer por el largo pasillo, después de algunos segundos se detuvieron en una puerta en particular.

Tocaron la puerta y esperaron por una respuesta. Obtenida, por supuesto en francés.

Dentro de la habitación, pudo comprobar la asistencia de tres individuos y de ellos a tan solo uno creía reconocer verdaderamente.

— América…acércate — dijo Francia en voz alta, haciendo un gesto con una mano libre apuntando a un asiento de la sala, mientras con la otra sostenía una copa con vino. — Quiero que disfrutes de mi hospitalidad todo lo que puedas. ¿Pero ese no es el motivo por el que estemos aquí reunidos, no? —

Una vez sentado en el lugar señalado el americano fijo su vista en los otros dos, supuso que también naciones, confirmación que le dio el galo al presentarlos como; Prusia y España, pero además de aquella mirada roja intensa y un pequeño saludo en español, no parecieron muy interesados en el.

Pero lo más curioso fue la charla, aquella que creyó que sería una de las más tensas de su vida. Fue por el contrario bastante amena; entre las charadas de Prusia y los comentarios vánales de España hasta la podría calificar de divertida. Aun así, no fue menos importante de lo que se hablo.

— Entonces España y yo vamos a apoyarte con dinero y recursos humanos — el galo hizo una seña a su amigo hispano, que este contesto con una sonrisa.

— Pero no esperes que me una a la guerra, tio — hablo el de ojos verdes con un aire juguetón.

Y es que España tenía "unos cuantos" motivos, para hacer de su apoyo algo discreto. Y no, no era por temor al cejón de Inglaterra.

— oui, oui, se que Holanda querrá aportar algo para la causa, ya mande una carta solo es cuestión de tiempo para hacer más formal su ayuda —

Se detuvo un minuto para observar a la tercera nación europea en la habitación — Y tu mi querido Prusia, no es que me queje, pero no recuerdo que mencionaras la razón de tu visita —

La peculiar risa del teutón no se hizo esperar — Estoy aquí, porque también me cae mal Inglaterra — soltó como lo más normal del mundo. Aunque la idea fue compartida por sus dos mal amigos.

— Además ¿ya viste bien a este mocoso? — América frunció el seño ante la pregunta hecha con desaprobación, no entendiendo el punto.

— Se nota que nunca ha estado en una guerra —

— He leído libros sobre ellas — se defendió el americano. Pero para su desagrado, la frase causo la burla de las naciones europeas.

— Los libros no ganan batallas, la experiencia lo hace — contesto el prusiano para luego beber hasta el fondo lo que tenía en una de sus manos que por el olor se diría que era cerveza.

España y Francia hicieran un gesto de cabeza, dándole la razón.

— Considera esta mi aportación, a tu causa — hablo de nuevo, con una sonrisa bastante petulante — Tendrás el honor, de ser entrenado por mi increíble persona —

América había venido a este lugar con la idea de pedir ayuda, y ahora ello había caído en su regazo con más abundancia de la que nunca podría esperar.

Por un momento todas sus dudas, sobre si hacia o no lo correcto, fueron disipadas y en su lugar quedo el sentimiento de seguridad.

Una nueva tanda de bebidas fue repartida, esta vez para brindar por la beligerancia, por la victoria e incluso por su independencia.