Causis Pro Eis
Capitulo 3: Anexiones inesperadas
Personajes: México, Guatemala (mención de España, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica)
Ambientación: Revoluciones Atlánticas.
Ahora mismo dentro de su cuarto, acostado boca abajo en su cama, en una posición que detonaba cansancio y frustración, México cerró los ojos queriendo despejar su mente.
Era tarde, no más de las tres. El sol picaba de una manera odiosa que junto al calor, solo hacía que la gente se desesperara. Y para rematar había tenido un día horrible;
Los recién nombrados diputados, parecían que solo tenían cabeza para hablar de asuntos triviales, dejando entre ver lo poco que le importaba la situación económica que había acarreado, su independencia. Ah, pero eso si que era algo que estaba en boca de la población ordinaria, que competía con su creciente molestia por la situación del recién formado país, ósea él.
Y su jefe… ¿Qué decir de él?
Aun tenía sentimientos encontrados por aquel hombre, pero esperaba que solo fuera por lo nuevo de la situación y que pronto (él y todos) terminaran acostumbrándose.
Uno golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos, sin quitarse las manos de la cara dio permiso de pasar. Una mujer que rondaría los diecinueve se dejo ente ver — Me han mandado a decirle que tiene visitas — era nueva supuso, porque no le parecía familiar su voz.
— Si es algún mensajero de la Junta Nacional, puedes decirle que…
Y antes de que la representación del recién creado país de México, hiciera conocer la facilidad de palabras e imaginación que tenía a la hora de insultar, la joven criada lo interrumpió.
— No, de hecho es una señorita. —
Nada de lo que le había dicho la mujer, le parecía que valiera la pena lo suficiente para levantarse de la cama. Hasta ahora.
— ¿La has visto? ¿Dijo quien era? — a sus dos preguntas, le llegaron dos cabeceos en negativos — No quiso decirlo, pero dijo que siempre han sido cercanos. Como hermanos —
Para entonces el joven de cabellos negros, ya se había puesto de pie acomodado sus ropas con tendencias francesas y sin fijarse más en la empleada domestica, salió rápidamente de la habitación. Teniendo en cuenta la prontitud de sus pasos, no le tomo más de un minuto llegar a la sala.
Ahí se encontraba una mujer o más bien una chica (porque no parecía mayor que él) sus ojos café la inspeccionaron; su tez morena, sus ojos más oscuros, su cabello castaño rizado ahora corto, ese vestido afrancesado, por su porte y la forma con la que tomaba el té, daba el acierto de decir que era toda una señorita.
— ¿Guatemala? — dijo el nombre expresando cierta duda.
La otra al fin había notado su presencia — No te preocupes, ese todavía es mi nombre. Aunque no puedo decir lo mismo de ti, ¿México, cierto? —
El nombrado asintió, para entonces la chica ya se había levantado para saludarlo con dos besos.
Una vez ambos sentados en los muebles de la sala uno frente al otro, México dejo salir las preguntas que le parecieron más oportunas — ¿Qué haces aquí? ¿No crees que España se enterara? —
— De hecho, sobre él quería hablarte. Más bien de la situación en la que me encuentro. Necesito tu ayuda — le contesto la otra aun con su porte serio.
A México esa última frase le sonó a independencia, que era igual a problemas (más que nada económicos) y el no estaba precisamente, como para solapar mas ideas revolucionarias. Con las de su pueblo bastaba, gracias.
— Es interesante, que hayas pensado en mí. Pero te seré sincero, no me encuentro en posición para sostener discordias extranjeras — declaro el de cabello negro, esperando ahorrarse un conflicto.
— Y yo tampoco. Por eso acabo de independizarme — contesto mientras daba un sorbo a su te. Notando con cierto gusto, la cara de sorpresa del más alto.
— ¿Pero no escuche de ninguna guerra? — dijo confundido el mayor de los dos.
— Es porque no hubo — hablo como si fuera algo sin importancia la otra ex colonia.
— ¿Y como se lo tomo España? — volvió a preguntar México, no creyendo lo que oía.
— Eso no fue problema, pero diría que no es lo peor que le pasado los últimos cincuenta años — Pero por si las dudas, hizo que la carta donde declaraba su independencia quedara hasta en la última fila, de la lista de pendientes del ibérico. Con suerte para cuando se diera cuenta, ella ya habría logrado estabilidad en su gobierno.
— Entonces, ¿que quieres de mí? — hablo con extrañeza el joven hispano.
— Quiero que me ayudes a mantener en orden mi situación política, tan solo eso — dijo mientras agregaba mas leche a su tasa.
— A ya, tan solo eso — hablo con ironía.
Guatemala suspiro y deicidio a sincerarse, no tenía nada que perder — El Salvador, esta insoportable. Y que Honduras junto a Nicaragua lo solapen, no ayuda a la situación. —
El tono de su voz, aunque serio, dejo notar el disgusto por la situación que estaba pasando con sus otros hermanos. Pero debía mantener la cabeza fría. Si sometía al primero, era más fácil convencer a los otros dos de mantener la unión. En cuanto a Costa Rica, ella era la última de sus preocupaciones. Como siempre.
Siguió hablando, dejando esta vez la tasa sobre la mesita — Varios de los que me independizaron, están de acuerdo en mantener el orden monárquico, porque es lo unico que puede mantener la unión con las personas de las cinco provincias —
— ¡momento, momento!, ¡¿me estás diciendo que-?! — México ya no supo como continuar.
— Sí, ¿aceptas? —
¿Que no se supone que él debía preguntar aquello?
— ¿Los demás están de acuerdo? — quiso saber, antes de dar una respuesta a todo ello.
Guatemala levanto una ceja con extrañeza — ¿Has escuchado algo de lo que he dicho? Están disgustados conmigo, ya no quieren hacerme caso en nada, es precisamente él porque estoy aquí —
Entonces esto era a sus espaldas.
— ¿Y tú a mi me has escuchado? — Contraatacó — Tengo problemas por todo mi territorio, no creo tener tiempo para sentarme y discutir los suyos también —
Haciendo un ademan de burla, la más bajita hablo — Siempre me he hecho cargo de mis problemas con ellos, mientras tu atiendes los tuyos. Eso no es algo que espero que cambie. — De hecho, era lo último que quería que cambiara, si se anexaban a México.
— Entonces, si te doy autonomía, ¿Cómo se que te mantendrás fiel a mi jefe? — Un buen punto a su favor, casi se aplaudió por plantearlo.
— Mientras allá un rey, mi gente no tendrá ninguna queja — Claro que tendrían quejas, pero habrían más quejas si se separaban de las otras provincias.
México se mantuvo impasible, pensando en los pros y contras, de tal situación. Y pese a que últimamente no estaba seguro de nada (y esto no era excepción) asintió — Tenemos que comunicárselo a mi jefe, no creo que sea un problema su aceptación —
Guatemala se levanta de su asiento que estaba frente a México, se acerco a él y con una sonrisa lo abrazo — Gracias, en serio —
El se lo devolvió. Y a su mente vinieron los recuerdos de él con varios de sus hermanos; los revoltosos que eran Honduras y El Salvador, lo pretenciosa que era Nicaragua y la siempre apartada Costa Rica. Tal vez volver a estar en familia no sería tan malo.
— Por cierto, quiero que me ayudes solo un poco para persuadir a El Salvador —
Solo tal vez…
